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viernes, julio 03, 2015

Big Data: Así se hacen los negocios hoy, explicado por un jugador de póker y un experto en big data. Noticias de Alma, Corazón, Vida

Big Data: Así se hacen los negocios hoy, explicado por un jugador de póker y un experto en big data. Noticias de Alma, Corazón, Vida


Así se hacen los negocios hoy, explicado por un jugador de póker y un experto en 'big data'

La idea de que el fracaso es positivo es ya un lugar común, aunque la gente no lo vea así. Pero no es su culpa, es sólo que no saben como funcionan las cosas en el "club de la apuesta"



¿El 'big data' revolucionará los negocios? ¿Cómo? (iStock)

AUTOR
ESTEBAN HERNÁNDEZ


“Yo me dedico a fracasar. Intentamos descifrar el futuro y eso nos lleva al fracaso”. Lo dijo ayer Xavier Capellades, Head of Beta Products de Telefónica Innovation, en Innodata, una jornada dedicada al smart data, pero otros muchos lo han dicho antes y, por lo visto, nos queda bastante tiempo aún hasta que la retórica que alaba el fracaso desaparezca del discurso empresarial. Testimonios del orden de “monté diez empresas en 20 años y me hice rico con la undécima” son recurrentes en el mundo del management como demostración de que la esencia del éxito consiste en no rendirse y ser persistente.

Sin embargo, este tipo de mensajes resultan un tanto extraños para la mayoría de la gente, que no acaba de entender la lógica que encierran. No sólo porque el fracaso sea visto como algo muy negativo, sino porque en realidad lo es: quizá alguien pueda consolarse pensando que si una iniciativa le está saliendo mal la experiencia le servirá para la próxima, pero para la mayoría de losemprendedores no habrá otra... simplemente porque carecerán del capital necesario para volver a intentarlo. El fracaso para la mayoría de las personas que inician un negocio es algo muy serio: hayan puesto en marcha una pequeña tienda de barrio o una empresa que pretende llegar a grande, que su iniciativa no prospere supone perder un dinero y un tiempo que quizá no vuelvan a tener. Hablar de lo positivo de que las cosas salgan mal se convierte en una especie de broma macabra.

La alianza entre el mundo de la inversión y el del póker no es infrecuente, ya que muchas firmas de Wall Street han contratado a jugadores como 'traders'

Es cierto que los mensajes como los de Capellades tienen otro sentido, mucho más ligado a nuestros tiempos, y en especial a la nueva economía digital. Lo que quiere decir es que se están adentrando en nuevos terrenos, que no saben a ciencia cierta dónde les llevan, y que por tanto lo único que pueden hacer esexperimentar y ver qué sale de ello. Gran parte de su trabajo consiste en hacer predicciones que pronto se revelan erróneas, hasta que alguna de ellas da en el clavo, y a eso le llaman fracasar. Nombrar así a las apuestas fallidas suena bien, porque va contra el sentido común establecido y porque permite hacer pasar por algo normal lo que debería ser poco habitual, como es equivocarse continuamente en el trabajo. La gente común no puede permitirse eso, pero la nueva economía no sólo lo tolera sino que lo promueve. Y esto es peculiar, porque muestra cómo la lógica de la apuesta está adentrándose en nuestra vida.

Como cuenta The Wall Street Journal, Brevan Howard, uno de los mayoreshedge funds del Reino Unido, ha contratado al griego Alexios Zervos, un ex jugador profesional de póker, para que forme parte de su plantilla londinense. La alianza entre el mundo de la inversión y el del póker no es infrecuente, ya que muchas firmas de Wall Street han contratado a jugadores como traders,argumentando que son capaces de tomar decisiones con rapidez, que están muy acostumbrados a manejar probabilidades y que cuentan con el carácter necesario para reponerse rápido de un mal día, tres cualidades esenciales en eltrading y que pocas personas pueden garantizar.
La promesa del gran éxito

El jugador de póker, desde esta perspectiva, está muy acostumbrado al fracaso, porque tiene que jugar muchas manos en las que pierde, y porque sabe que para que llegue una buena jugada debe pasar antes por muchas malas. Esa es la mentalidad que le hace apto para ese entorno empresarial, y esa es también la mentalidad que está imperando en la nueva economía.

Los jugadores de poker son buenos 'traders'. (iStock)


Cuando hablamos de emprender, la gente está acostumbrada a moverse en otros parámetros conceptuales: piensa en personas que reúnen un pequeño capital (habitualmente propio), montan una pequeña empresa, la organizan lo mejor posible y luchan para que salga adelante. Pero las nuevas empresas son diferentes: contratan o financian a figuras con talento a las que aportan capital para que vayan probando hasta que encuentren algo verdaderamente grande, y entonces intentan explotarlo al máximo. Estos nuevos expertos, que no se juegan dinero de su bolsillo y que saben que otro proyecto les estará esperando a la vuelta de la esquina, sólo tienen una tarea que realizar, la de mantener viva la promesa de que un día alcanzarán ese unicornio que brilla en la distancia.
Como el sexo entre adolescentes

Por eso, cada vez que se habla de innovación, el argumento central no es la bondad del producto o servicio que nos ofrecen, sino su carácter radicalmente necesario: nos están mostrando algo que cambiará un sector del mercado, el mercado mismo, la sociedad, nuestras vidas o todo ello al mismo tiempo. Podemos decir no, pero si lo hacemos, quedaremos fuera de juego. Esa es también la idea en que se sostiene el big data, del que no nos cuentan que será un instrumento útil, sino el instrumento por excelencia, utilizable para cualquier cosa. Esa expectativa es la que hace que muchos inversores entren en el juego y que muchas empresas lo adopten: si es lo que está por venir, no pueden quedarse fuera.

Los negocios hoy se parecen mucho a lo que dijo Dan Ariely del big data: “Es como el sexo entre adolescentes: todos hablan continuamente de ello, pero ninguno sabe realmente cómo funciona, pero como todos los demás ya lo están haciendo, ellos también dicen que lo hacen”. Esa es la ilusión a explotar: cuando quieres vender algo tienes hacer pensar a los compradores que si lo rechazan quedarán fuera de juego, porque no pueden dejar de hacer lo que suponen que los otros ya están haciendo. Por eso resulta adecuado utilizar expresiones como “fracasar es bueno”: es moderno, va contra el sentido común, y quienes la emplean suelen pertenecer a este club de la apuesta en que se ha convertido la economía, también la productiva.

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