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martes, abril 04, 2017

Eje cafetero: un destino que no deja de sorprender

Eje cafetero: un destino que no deja de sorprender


TOMADO DE LA REVISTA DINERS


Eje cafetero: un destino que no deja de sorprender

POR MARTÍN FRANCO VÉLEZ IMAGEN: FERNANDO CANO - EDICIONES GAMMA - CREATIVE COMMONS OCTUBRE 5 DE 2015























Recorrer el paisaje cultural cafetero es la mejor manera de adentrarse en una zona de inigualable belleza que, durante buena parte del siglo pasado, se convirtió en el motor de la economía nacional.


El paisaje cultural cafetero fue declarado patrimonio cultural de la humanidad desde 2011. La Unesco destacó que la región –conformada por 47 municipios y 111 veredas de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca, y más de 24.000 fincas cafeteras– era “un ejemplo excepcional de un paisaje cultural, sostenible y productivo que se adapta a unas características geográficas y naturales únicas en el mundo”.

Esta distinción no es otra cosa que un merecido premio para una de las regiones más bellas del interior colombiano. Basta recorrer esas montañas adornadas con plantas de café que van una tras otra en perfecto orden para entender que ese paisaje es sencillamente un lujo para la vista. Y basta darse una vuelta por sus pueblos –muchos de los cuales conservan todavía esa arquitectura propia de la colonización antioqueña– para conocer de primera mano una cultura que durante el siglo pasado se convirtió en el motor de la economía nacional. Así fue. Durante la primera mitad del siglo XX la bonanza cafetera en esta región del país fue fructífera: de 1905 a 1935 el crecimiento del negocio fue tan constante que en 1930 Colombia se constituyó en el segundo país productor de café en el mundo.


Y aunque con los años el negocio ha perdido cierto esplendor, lo cierto es que el café continúa representando buena parte de la idiosincrasia nacional (no en vano a la selección nacional se le conoce en el mundo como “los cafeteros”). Si aún no ha tenido el privilegio de visitar la zona, quizás esta guía de lugares imperdibles le haga disipar todas las dudas.


Quindío, corazón del café


De los departamentos que conforman el llamado “Eje Cafetero”, sin duda el que más ha sabido aprovechar su potencial turístico es el Quindío. Prueba de ello son los pueblitos circundantes a su capital, Armenia, y las cientos de fincas que se han convertido en atractivo turístico para visitantes locales y extranjeros. Si hace un recorrido por la zona no puede perderse, por ningún motivo, dos de sus pueblos más hermosos: Filandia y Salento. El primero, antigua tierra de la comunidad quimbaya, conocida por muchos como “la colina iluminada”, cuenta con un mirador desde el cual se puede apreciar la belleza de sus tierras; el segundo no es solo el pueblo más antiguo del Quindío, sino uno de sus más pintorescos y representativos: casas de balcones con chambrana y calles empedradas resaltan su belleza colonial. Para completar el paseo, una gran opción consiste en ir a comer trucha en el restaurante Portal de Cocora, saliendo de Salento.


Apenas a unos metros de distancia encontrará el valle del Cocora, hábitat natural de la palma de cera (que es, sí, el árbol nacional) y un lugar privilegiado para apreciar la belleza natural del departamento. Para recorrerlo como es debido, lo ideal consiste en contratar un guía y prepararse para una caminata de aproximadamente cinco horas. Ahora, si lo que busca es un plan más aventurero, puede probar el balsaje sobre el río la Vieja, en Quimbaya, un recorrido por el corazón del paisaje cafetero a bordo de una balsa hecha de guadua.


Aunque la oferta hotelera resulta variada, lo ideal es hacer de su estadía toda una experiencia. Para eso, nada mejor que quedarse en una de las fincas tradicionales adaptadas especialmente para el turismo. Lugares como Villa Nora, una finca de arquitectura antioqueña construida hace más de 120 años, le ofrece, además, un tour especial por los cafetales con explicación incluida de su recolección, despulpado y secado. Otras opciones igualmente destacadas son la hacienda Bambusa y El Delirio.


El final del camino


Una vez recorrido el Quindío, no se salga de la ruta cafetera y enfile hacia los departamentos de Risaralda y Caldas. En el primero encontrará preciosos destinos naturales como el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya, una reserva natural llena de ríos y cascadas que contiene distintas especies de pájaros y mariposas. Si de aves se trata, no hay mejor sitio que el Parque Regional Natural Ucumarí: apodado la “tierra de los pájaros”, tiene en su haber más de 185 diferentes especies. Pocos lugares como estos para los amantes del avistamiento, que viajan miles de kilómetros tras especies como la reinita cerúlea, un ave migratoria que encontró refugio en la zona cafetera y que el escritor estadounidense Jonathan Franzen inmortalizó en su novela Libertad (Franzen, de hecho, ha venido en más de una ocasión a Colombia tras los pasos de esta ave).


En Pereira es preciso visitar el Bolívar Desnudo, ubicado en la plaza principal –obra que el maestro Rodrigo Arenas Betancourt inauguró en 1963 para conmemorar el centenario de la ciudad y que causó un tremendo revuelo en la época–, así como la Catedral de Nuestra Señora de la Pobreza, a pocos metros, que tras el terremoto de 1999 en Armenia reveló importantes vestigios arqueológicos ocultos bajo su estructura. Ya allí, no se pierda tampoco el Centro Cultural Lucy Tejada, una moderna edificación dotada de teatro y salones para exposiciones artísticas, entre otras, nombrada en honor de esta artista risaraldense.


Como lo ideal es no dejar de respirar el ambiente cafetero, la mejor opción a la hora de hospedarse siguen siendo las clásicas fincas cafeteras como Malhabar, San José, Sasagua, Mi Tierrita y Don Alfonso.


Al final del recorrido está Manizales, conocida por su popular feria anual, que se realizó por primera vez a comienzos de los años cincuenta emulando la de Sevilla, en España. “La ciudad de las puertas abiertas”, como se conoce, se ha convertido en un epicentro cultural importante: eventos como el Festival de Teatro –que casi 50 años de tradición lo convierten en el más antiguo del continente– atraen cada año decenas de turistas. Y aunque la ciudad tiene el conjunto más completo de arquitectura republicana del país –que se puede ver en edificaciones como el Palacio de la Gobernación, la antigua estación del ferrocarril y el Palacio Episcopal–, lo cierto es que su más grande atractivo turístico sigue siendo el Parque Natural de los Nevados, compuesto, entre otros picos montañosos, por el nevado del Ruiz, ubicado a 5.300 metros sobre el nivel del mar.


Para terminar con lujo de detalles, puede hospedarse en la hacienda Venecia, una preciosa finca cafetera que ofrece tour de café, caminatas y espacios para avistamiento de aves. O, si lo prefiere, dos hoteles tradicionales: Termales del Ruiz y Termales del Otoño

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