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jueves, julio 14, 2005

Vendedores ambulantes

01-Dic-2004


El Consumidor: Artículos

Resumen: Conferencia presentada en lX Congreso Nacional de Estudiantes de Comunicación Social. COMUNICACIÓN VISUAL: Imagen para contar, sentidos por construir.

Por: María Mercedes Botero

Vivo entre tres poderes afectivos: el de mi marido, el de mis dos hijos y el mío propio; sin embargo, disfruto ampliamente el poder efectivo del “cuarto poder”. Muchas gracias por permitirme compartir con ustedes esta mañana de brisa caribeña en el X Congreso Nacional de Estudiantes de Comunicación Social.

La ciencia sensorial y de la percepción es una puerta abierta a mundos por descubrir. Recientemente se reunieron en Barcelona científicos de diversas disciplinas para reflexionar sobre la pregunta: ¿es posible la objetivación del análisis sensorial? En este encuentro se presentaron, entre otros, los siguientes temas: “La nariz electrónica, una nueva herramienta para analizar el aroma” y “Lenguas electrónicas con sensores químicos“. Hoy, en este escenario de la Universidad del Norte, entusiastas aprendices de la comunicación social se reúnen también, pero para contar imágenes y construir sentidos.

En esta conferencia-taller voy a trabajar realidades mentales y mundos muy posibles, realidades y mundos de imágenes que se soportan en dimensiones objetivas y subjetivas, que se sustentan en la psicología de lo cotidiano, en las ventas y los vendedores ambulantes.

Bienvenido el mundo de la percepción. En esta construcción de ideas trataré los siguientes temas: Los sentidos, y con especial interés el visual; la integración de los estímulos; los mecanismos cognoscitivos asociados, y las implicaciones de estos procesos en el comportamiento.

Ronald Rensick , científico titular del Visual Cognition Lab, perteneciente a la Universidad de British Columbia, ha investigado sobre el denominado «sexto sentido» o sentido de la intuición; su planteamiento obliga a revisar la linealidad de nuestros sensores biológicos y a admitir una nueva frontera para la complejidad sensorial. Abordar la funcionalidad de los receptores desde este prisma acaba provocando el replanteamiento de la estructura de la realidad que configura el entorno; no de su estructura física, sino de la estructura informacional, que es la que compete al proceso perceptivo.

Con base en la anterior tesis analizaré el caso de los vendedores ambulantes de café, conocidos comúnmente como “tinteros”, que aportan gran caudal informacional que permite descifrar el color de esa agua que se vierte de sus termos.

La información sensorial que recibimos cuando imaginamos o vemos llegar o pasar al “tintero” adquiere significado; es que en ese momento estamos percibiendo. Pero, ¿cómo ocurre este proceso? Hay en nosotros una representación interna del mundo exterior, y esto es lo que llamamos percepción, que consiste en algo más complejo que la simple recepción de información sensorial que obtenemos cuando vemos pasar a alguien cargando termos con variados colores. La percepción es un proceso individual y colectivo bastante creativo, que construye el cerebro con las herramientas que le da la cultura y la experiencia sensorial previa.

El “tintero” se ve pasar a sí mismo; se representa en su mundo cotidiano y en el mundo de quienes le miran y, por supuesto, en el de los que le compran. Diariamente hay historias y significados que, con el pretexto de hacer un pare en la rutina diaria, se negocian alrededor de la “chaza”.

En Colombia, la historia de los vendedores ambulantes de café se inició a principios del siglo XX en Medellín, aproximadamente en los años treintas. En esa época tomar tinto no era muy común, a pesar de que las grandes fortunas habían sido creadas mediante la exportación de café. Se estimuló el consumo interno y, poco a poco, las casas comerciales empezaron a vender café molido; de esta forma se aumentó en algo el consumo doméstico. Pero tomar tinto seguía siendo una costumbre de la clase alta, y sólo lo tomaban los señores después de las comidas, acompañado de un cigarrillo.

Hasta que a las hermanitas Melguizo (paz en sus tumbas) se les ocurrió, en buena hora, la idea de vender pocillos de tinto en las calles de Medellín. Estas paisas “contrataron muchachos para que cargaran termos, pocillos y platos de porcelana, azúcar y cucharitas en una caja de madera bien presentada, que colgaban de sus hombros por medio de una correa. Vendían café de oficina en oficina, de tienda en tienda, a la salida del teatro, en el Parque de Berrío y el Parque Bolívar. El café y su vendedor adquirieron nuevas representaciones” .

Las representaciones mentales que soportan la memoria explícita (voluntaria, consciente) son sensibles a toda la información perceptiva, contextual, espacial, temporal y semántica de los objetos y de las personas. Imágenes de transeúntes de las ciudades colombianas, comprando y vendiendo tinto en pequeñas porciones, hacen parte de los aforos de la memoria de corto y largo plazo.

En Barranquilla los tinteros son individuos flacos, no se sabe si por naturaleza o por el oficio; generalmente andan mal trajeados; son de caminar sereno, chiflan para anunciarse desde lo lejos; habitualmente viajan varias veces por la misma ruta todos los días, siempre vendiendo tinto, bebida que mantiene desde hace tres años su valor monetario de 200 “barras”.

Hasta aquí he planteado una noción bastante fotográfica del proceso perceptivo: ver el estímulo e interpretarlo. El lenguaje es común: compradores, vendedores, termos alineados, tapas de colores, formas, movimiento o posición de las personas en el espacio (diversos atributos de la escena visual) son procesados como señales nerviosas que viajan, inicialmente por el nervio óptico, para alcanzar el tálamo dorsal y luego la corteza cerebral (corteza visual primaria).

¿Pero, por qué esa agua, la de los “tinteros”, le da color diferente a la vida?

La corteza visual primaria no es la única región cortical implicada en el análisis de las señales visuales; desde esta zona las señales son enviadas hacia otras cortezas visuales (denominadas secundarias), donde tiene lugar el procesamiento de aspectos más complejos de la información visual, y posteriormente hacia otras regiones (cortezas asociativas) donde tiene lugar la asociación de los estímulos visuales con estímulos de otras modalidades sensoriales. En estas regiones asociativas se ‘enriquecen’ los estímulos al ‘añadirle’ otras informaciones no visuales. Es en las cortezas asociativas donde realmente se ‘reconocen’ formas complejas .

“Es que pueden pasar cinco o hasta diez vendedores, pero es a Juancho al que le compramos”, puede afirmar cualquier parroquiano. El gusto, el olfato se confabulan linealmente. ¿Será diferente el aroma y el sabor que él ofrece? ¿Cuáles son los argumentos y significados que están determinando que se elija ese vendedor en particular?

El flujo de información entre las cortezas primarias, secundarias y asociativas no es unidireccional, ni sigue un camino único; entre ellas se establecen múltiples vías de interacción. Esto posibilita que las señales ‘visuales’ sean procesadas en múltiples pasos, en cada uno de los cuales se hace más compleja la abstracción.

De algún modo, Juancho es portador de un gran caudal informacional. Su sonrisa, su manera de apodar a propios y a extraños, el ritmo que impone a su cuchara para revolver el azúcar, entre otros comportamientos, configuran una especie de patrones de identidad cultural que no siempre se sustentan en las mismas proporciones, es decir, en el análisis de los datos suministrados por los sistemas sensoriales, en ‘la realidad’, en el recuerdo de los aspectos conocidos de esa realidad, en ‘la memoria’ y en una cierta cantidad de predicción sobre el futuro inmediato de esa situación; esos patrones culturales también se sustentan en la fantasía, en la imaginación y en la expectativa. Tomarse un “tintico” es sentirse colombiano.

Juancho y todos los tinteros no son parte del paisaje de la urbe. Ellos encarnan la pedagogía cultural de Jerome Bruner; son personajes que obligan a las personas a pensar en sí mismas y en el mundo. Cuando ellos llegan o pasan, el mundo del trabajo se detiene. Tienen la habilidad de entender muchas mentes; son seres muy interpretativos. Sus imágenes mentales están representadas por múltiples simbolismos, los cuales comparten con gran generosidad.

La cualidad de los llamados “tinteros” es que han favorecido el aprendizaje imitativo; cada vez hay más de ellos y mayor número de prójimos que les esperan y les requieren. Su caudal informacional no se detiene; aplican el principio de reciprocidad porque aprenden y enseñan permanentemente. Tienen una activación intrínseca; se han vuelto exploradores y experimentadores de novedosas técnicas de mercadeo.

El agua que en principio objetivaba el análisis sensorial tenía color y olor a café; ahora se ha llenado de contenidos. Los “tinteros” en sus “chazas” no cuentan con narices ni lenguas electrónicas; cargan la imagen del mundo, la del mundo del desempleo, la del mundo de las añoranzas y la de los amigos. Sensores con sofisticación muy humana para reordenar o transformar los datos de modo que permitan ir más allá de ellos, ir hacia una comprensión. Estos personajes son verdaderos comunicadores sociales, que hacen con su medio de subsistencia un engranaje, donde son múltiples las imágenes para contar y los sentidos por construir.

Bibliografía
BRUNER, Jerome. Acción, pensamiento y lenguaje. Madrid: Alianza, 1984.
BRUNER, Jerome. Realidad mental y mundos posibles. (Los actos de la imaginación que dan sentido a la experiencia). Gedisa Bna, 1989.
GERGEN, Kenneth. Realidades y relaciones. Barcelona: Paidós, 1996.
VIGOTZKY, Lev. Pensamiento y lenguaje. Buenos Aires: Ediciones Fausto, 1995.

Fuentes en Internet:

http://www.cs.ubc.ca/~rensink/
Banco de la República

Esta ponencia se sustenta en trabajos de observación y análisis realizados por los estudiantes del Minor en Psicología Económica 2004.
Asignatura: Psicología del Mercado.

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