viernes, junio 30, 2006

Entre dos extremos



MODA


POR JIM HWANG
FOTOS DE CHANG SU-CHING

En 2000, los consumidores de la isla gastaron más de US$7.200 millones en ropa, o casi cien veces más que hace cuatro décadas.



Como en la mayor parte de Asia, salir de compras es un pasatiempo popular en Taiwan. No obstante, a la hora de buscar artículos de moda existen pocas opciones entre las boutiques caras y las tiendas en cadena baratas. ¿Cuál ha sido el desarrollo en este aspecto y qué pueden esperar los consumidores en el futuro?

La zona este de Taipei es probablemente el paraíso para los compradores en Taiwan. La Avenida Chunghsiao Este y la Avenida Tunhua Sur, junto con las calles y callejones de sus alrededores, están repletas de tiendas por departamento y boutiques que venden ropas, zapatos y accesorios, y de vendedores ambulantes que venden más ropa, más zapatos y más accesorios. La mercancía varía de las marcas internacionales más finas con precios exorbitantes a artículos de marca a precio de ganga que se venden en las secciones de rebaja. Lo que la gente compra depende de la ocasión, las aspiraciones y estilos personales, las influencias de los amigos y el grado de riqueza.

En el año 2000, según la Dirección General de Presupuesto, Contabilidad y Estadísticas, los consumidores gastaron más de NT$248.000 millones (US$7.200 millones) en ropa, o casi cien veces más que en 1961. Antes de los años sesenta, explica Yeh Le-chang, instructor en el Departamento de Diseño de Moda de la Universidad Shih Chien, la gente en la isla se centraba en estabilizar y desarrollar la economía. “La textil era una de las principales industrias que iban a ser desarrolladas, y la exportación de textiles contribuyó enormemente al crecimiento económico del país”, dice Yeh. “Pero las tendencias de la moda y los estilos eran temas poco relevantes para el público general. Los vestidos eran sólo simples y funcionales”.

En aquella época si los consumidores deseaban adquirir unos pantalones hechos en el extranjero, iban a las llamadas tiendas de remesa que vendían ropas y accesorios de marcas importadas por los propietarios o sus familiares o amigos. Estas tiendas no ofrecían una variedad completa de tallas y estilos, no había servicio de posventa, y los precios eran escandalosos. La situación comenzó a mejorar en los años sesenta a medida que la economía se desarrollaba, y más gente comenzaba a prestar atención a cómo le quedaba la ropa. El Bazar Chunghua en el Distrito de la Puerta Oeste abrió en 1961, y la tienda por departamento pionera de Taiwan, la Primera Tienda por Departamento, comenzó sus operaciones del otro lado de la calle en 1965. Ambas ofrecían un lugar para que la gente que recién se estaba concientizando de la moda, buscara entre las perchas un vestuario más moderno. Y quizás como Taiwan había estado bajo el régimen colonial japonés durante cincuenta años hasta 1945, el vestuario importado de Japón se volvió popular.

El uniforme del hombre trabajador. Un promedio de 200.000 trajes listos para usar se venden en Taiwan cada año —el 95 por ciento de color gris, negro o azul oscuro.



En esa misma época, otros eventos tales como concursos de belleza y el lanzamiento de la primera estación de televisión de Taiwan, contribuyeron también al creciente sentido del estilo y las tendencias internacionales de la moda. Igualmente, el primer departamento de diseño de moda de Taiwan fue establecido en el Colegio Shih Chien (actualmente la Universidad Shih Chien) en 1961. Antes de ésto, mucha gente que esperaba hacer de ésta su carrera, se convirtió en aprendiz de modisto, ya que las destrezas de costura eran el único requisito que se consideraba necesario para hacer una prenda de vestir, explica Yeh. Poco a poco, los graduados de Shih Chien ayudaron a introducir el concepto de diseño en el mercado local. Pero aunque el sector privado estaba comenzando a abrirse a las nociones de la moda, el Gobierno se mantuvo bastante conservador. Las mujeres que llevaban faldas consideradas demasiado cortas o los hombres con pantalones acampanados eran arrestados y multados por “socavar la moral pública”. Aunque las restricciones no eran estrictamente aplicadas, las redadas ocasionales mantenían a raya a la gente.

En los años setenta, la crisis energética tuvo un serio impacto en la economía mundial. A pesar de que Taiwan se recuperó rápidamente, los pedidos de prendas de vestir del exterior disminuyeron notablemente. Para evitar las pérdidas, los fabricantes de prendas de vestir listas para usar se centraron en los consumidores locales en lugar de los mercados occidentales. Estos vestidos un poco grandes pero modernos tenían un precio razonable y se volvieron populares entre los consumidores de la isla. Animados por la reacción positiva, los empresarios ajustaron las tallas y las estrategias de mercadeo.

La década de los setenta fue también una época de frustración política en Taiwan. Los reveses diplomáticos, tales como la pérdida del escaño en las Naciones Unidas, forzaron a la gente a reexaminar su identidad y cultura, y algunos diseñadores locales aprovecharon esta oportunidad para intentar establecer sus propias marcas comerciales. El más bajo perfil en la arena política internacional, sin embargo, no desaceleró las actividades económicas de Taiwan con las naciones extranjeras. La occidentalización de la moda local continuó a medida que firmas extranjeras de marcas famosas reconocieron el potencial de consumo en la isla. En 1974, Christian Dior se convirtió en la primera marca internacional prestigiosa en establecer una boutique de ropa y accesorios para damas y caballeros en Taipei. Cuando el Gobierno derogó la prohibición para el turismo exterior en 1979, el poder adquisitivo de los isleños quedó constatado por sus “giras en grupo para ir de compras”, que atrajeron la atención de otras importantes marcas y las incentivó a capturar un porcentaje del mercado. El gasto local en vestidos aumentó de NT$7.000 millones (US$203 millones) en 1971 a NT$46.500 millones (US$1.300 millones) en 1981.

A pesar de que los más altos costos de producción y la disminución de las exportaciones debilitaron la competitividad global de la industria textil en los años ochenta, el mercado consumidor local continuó creciendo. El mayor cambio en los hábitos consumistas ocurrió entre la generación más joven. El Ministerio de Educación derogó la reglamentación que tenía décadas en vigencia sobre el estilo de corte de cabello de los estudiantes, que les permitía sólo el corte de pelo al rape para los chicos, y el largo del cabello hasta los lóbulos de las orejas para las chicas. “Según las antiguas directrices, los jóvenes sentían que sin importar que vistieran, se verían igual porque todos llevaban el mismo corte de cabello”, dice Yeh Le-chang. “Como resultado, no les importaba lo que luciera bien o lo que se usara en el resto del mundo”. A juzgar por lo que visten los jóvenes de hoy, parece que el largo del cabello tiene mucha influencia en lo que visten.

La disponibilidad y fácil acceso a las tiendas en cadena menos costosas han influenciado la introducción de la última moda en ropa casual.



Mientras que el próspero mercado doméstico animaba a los jóvenes diseñadores a establecer sus propias marcas, más revistas de moda --publicaciones locales y ediciones taiwanesas de publicaciones internacionales sobre moda, tales como Vogue o Marie Claire-- se ponían a la venta. Aunque lo que le queda bien a una modelo de ojos azules no necesariamente se ve bien en las calles de Taipei, estas revistas representaban un sofisticado concepto de la moda que puede aplicarse a los estilos de vestir en cualquier lugar. Y gracias a la liberalización comercial y reducciones arancelarias en las importaciones de textiles a finales de los años ochenta, los compradores locales tuvieron acceso a una selección más amplia de marcas internacionales a precios más razonables. La alta moda ya no era exclusivamente para la gente adinerada.

A medida que el mercado local fue desarrollándose, las tiendas por departamento reemplazaron a las tiendas de remesa, desempeñando un importante papel en la importación de alta moda. Un ejemplo es la Tienda por Departamento Sunrise, que se estableció a sí misma como líder de la alta moda. A finales de 1989, la compañía renovó toda la tienda, y aprovechó esta oportunidad para cambiar su enfoque principal, de artículos para el hogar y vestidos tradicionales a ropa importada. En 1991, la compañía transformó su departamento de compras en una entidad comercial separada, Chung Hseng Corp., autónoma completamente en cuanto a financiación, administración y mercadeo de marcas importadas. Chung Hseng intentó ganar todos los derechos exclusivos de las marcas famosas populares. Ahora, funciona como agente de marcas reconocidas, tales como Giorgio Armani, Emporio Armani, Dolce & Gabbana, Genny y Byblos.

No todos los diseños extranjeros atraen a los asiáticos, pero ésto no ha sido mucho problema en Taiwan. “Hubo una época cuando mucha gente estaba obsesionada con marcas famosas”, dice Faye Kao, jefa de sección en el departamento de ventas de Chung Hseng. “Lo único que importaba era usar la misma marca de la cabeza a los pies, por dentro y por fuera --con un logotipo enorme en todas las piezas”. Según la Federación Textilera de Taiwan, el valor total de importación de vestidos aumentó de US$250 millones en 1990 a US$843 millones en 2000. La ciudad de Taipei continúa siendo el centro principal, pero las marcas de diseñadores internacionales se hallan disponibles por todo Taiwan. Faye Kao indica la significativa diferencia entre los gustos de los consumidores en diversas partes de la isla. “La gente en Taipei tiende a preferir colores y diseños sutiles, pero en el sur a la gente le gustan los grandes logotipos y los colores brillantes que se pueden ver a kilómetros de distancia”, dice Kao. “Esto no es un asunto de buen o mal gusto. Son simplemente preferencias diferentes debido a influencias diferentes”.

La mayor disponibilidad de etiquetas extranjeras ha beneficiado a los consumidores, pero también ha puesto más presión en los diseñadores locales que están luchando por establecer su reputación y presencia en el mercado. James Yang, subdirector del Departamento de Planificación de la Tienda por Departamento Sunrise, señala que Taiwan constituye virtualmente todo el mercado para los diseñadores locales. El reducido tamaño del mercado y los altos costos de producción dificultan a los diseñadores locales el poder brindar productos a precios competitivos. “Las ropas de diseñadores locales son frecuentemente sólo un poquito más baratas en comparación con los asombrosos precios de las marcas de diseñadores extranjeros”, dice Yang. “Como las marcas internacionalmente famosas no son sólo símbolos de prestigio sino que también tienen buena reputación por su calidad, los consumidores tienden a invertir en vestidos procedentes de las capitales de la moda de Europa”. Sunrise es una de las pocas tiendas donde se encuentran marcas locales, tales como Shiatzy, Isabelle Wen, Nadia Lin, Lu Fong Chih y Jamei Chen. Yang ha visto en muchas ocasiones cómo los diseñadores locales rebajan sus precios para poder sobrevivir, disminuyendo su nivel. También están teniendo problemas para establecer sus propios estilos distintivos. “Para llamar la atención de los consumidores locales que siguen las tendencias de las moda occidental, los diseñadores locales deben hacer concesiones”, dice Yang. “Muchos de ellos simplemente toman ideas de las últimas revistas de moda, cambian algunos detalles, y colocan sus nombres en estos vestidos de ‘diseñadores’”.

Muy cerca de este campo de batalla de la alta moda se encuentra el de la menos costosa ropa casual. Las tiendas en cadena, tales como Giordano y Hang Ten, han logrado acaparar una considerable porción del resto del mercado desde finales de los años ochenta. Sus productos de precios bajos y gran número de tiendas les han ayudado a volverse populares entre el público general. No obstante, la ausencia de etiquetas con precios astronómicos no significa la ausencia de estilo y diseño. “Estas marcas tienen sus propios departamentos de diseño y siguen muy de cerca las tendencias de la moda mundial”, dice Yeh, de la Universidad Shih Chien. “Su disponibilidad y accesibilidad los hacen aún más influyentes a la hora de introducir las últimas modas —especialmente en ropa casual— a los consumidores locales”.

Lo que la gente decide ponerse depende de la ocasión, el estilo personal, la influencia de los demás, y el nivel de riqueza. Este autobús de Taipei “exhibe” un par de vaqueros. “La cadera es el centro de atención”, dice el anuncio.

El mercado ha sido capaz de ofrecer una amplia variedad de selecciones en términos de precios y estilos, sin embargo, ¿qué han aprendido los hombres y mujeres de Taiwan sobre qué comprar y qué ponerse? “No hay ninguna estadística sobre el nivel de madurez del estilo de la gente”, dice James Yang. “Lo único que puedo decir es que más y más gente ha dejado de estar obsesionada con las marcas famosas y comenzado a vestir lo que les queda mejor. “Están estableciendo su propio estilo”. Según Faye Kao, quien ha estado en el negocio durante más de una década, las mujeres han progresado mucho más que los hombres en esta área.

Mike Tsai, quien ha trabajado en la industria de la moda durante dieciocho años, está de acuerdo en que la moda masculina no ha cambiado mucho. Tsai es actualmente el gerente de marca en Carnival Industrial Corp., una empresa local que fabrica ropa masculina y femenina, y la responsable principal de convencer a los hombres de vestir trajes listos para usar, en lugar de los hechos a la medida. Según Tsai, la demanda doméstica de trajes de hombre listos para usar es alrededor de 200.000 al año, y Carnival produce entre el 20 y 25 por ciento. Las estadísticas de la compañía muestran que durante muchos años, los trajes de color gris, negro o azul oscuro, representaban el 95 por ciento del mercado. Los trajes de colores más claros requieren de un sentido de color más sofisticado a la hora de elegir corbata y camisa, explica Tsai, y los hombres taiwaneses prefieren evitar ese problema. A pesar del clima cálido y húmedo, los hombres locales prefieren también los trajes de lana. El lino y el algodón se consideran inacceptables por su tendencia a arrugarse.

Aparte de los trajes, la moda masculina no es muy interesante. En situaciones donde no prevalece el código de vestir, muchos hombres se ponen ropa de golf porque es la única moda casual con la que están familiarizados. “Hay una gran diferencia entre la ropa de golf y la ropa casual, pero la mayoría de los hombres no se dan cuenta de ello”, dice Tsai. “Como resultado, las muchas posibilidades que existen entre la una y la otra son ignoradas”. Desde el punto de vista comercial, sin embargo, las posibilidades ignoradas sugieren una oportunidad potencial. De hecho, muchas compañías incluyendo Carnival, han notado este mercado sin explotar, y han introducido marcas extranjeras de ropa casual. Tsai cree que aún queda mucho espacio por desarrollar, aunque la competencia puede ser dura. “Los trajes de hombre tienen su estructura básica, por lo que no hay cambios dramáticos en estilo. En otras palabras, es difícil para las marcas individuales establecer un estilo único”, explica. “Pero es diferente en la ropa casual porque hay mucho más espacio para que los diseñadores y marcas establezcan su propio estilo”.

En comparación con los hombres, las mujeres taiwanesas son mucho más sensibles a las tendencias de las capitales occidentales de la moda, y son generalmente mucho más capaces de mantener el ritmo. “Hasta cierto grado, las mujeres son aún juzgadas por su apariencia, mientras que a los hombres se les reconoce por su habilidad”, dice Yeh Le-chang. “Por lo tanto, las mujeres tienden a prestar más atención a lo que se ponen, mientras que los hombres centran la mayor parte de su energía en su trabajo”. El hecho de que muchos de los centros de fitness de Taipei están llenos de mujeres, tratando de perder peso para poder meterse en un vestido de diseño francés, parece reforzar la opinión de Yeh.

Gracias a la popularidad de la televisión por cable e Internet, la generación más joven está adoptando muy rápidamente las tendencias de la moda extranjera. Faye Kao indica que la gente joven de hoy gasta tanto dinero en artículos de moda como los consumidores mayores. Es sabido que algunos estudiantes o personas recién empleadas trabajan todo un verano para comprarse una prenda de vestir cara. La disponibilidad general de crédito también ayuda a aumentar las ventas, permitiendo a muchos jóvenes y compradores impulsivos la oportunidad de usar ahora y pagar luego.

Es cierto que los vendedores ambulantes no ofrecen servicio de posventa y los compradores corren el riesgo de adquirir artículos de baja calidad, pero los precios son más asequibles que los de las boutiques.

El esparcimiento de las modas internacionales también es facilitada por el fácil acceso a los medios internacionales y una sofisticada red de distribución. Según la Federación Textil de Taiwan, la importación de prendas de vestir de Hong Kong alcanzó los US$348,5 millones en 2000, ó 41 por ciento del total; siguió Italia con US$109,5 millones, ó 13 por ciento. Vietnam y Japón alcanzaron los US$80,9 millones (10 por ciento) y US$ 71 millones (8 por ciento) respectivamente; mientras que las importaciones de Corea del Sur, China continental y Francia, cada una fue de US$30,35 millones, o el 4 por ciento. Dondequiera que las prendas de vestir hayan sido fabricadas, la moda en las calles de Taiwan está generalmente influenciada por los diseñadores estadounidenses y europeos, mientras que la generación más joven prefiere ropa y mercancía japonesas.

El mundo de la moda de Taiwan ha cambiado mucho en las últimas décadas, pero algo sigue intacto ?la ausencia de un estilo distintivamente taiwanés. Yeh indica que Japón es un ejemplo de un país que ha establecido su propio sentido de la moda, a pesar de la dominación mundial de la cultura de la moda occidental. Algunos diseñadores japoneses, tales como Kenzo Takada o Issey Miyake, han mezclado exitosamente las características de su cultura en sus diseños y han logrado elogios y popularidad en el mercado global. Pero en Taiwan, toda la mercancía es importada o copiada de los diseños extranjeros con muy pocos cambios. “Hemos discutido muchas veces en clase y en otras situaciones cómo hallar alguna característica que sea única de la cultura de Taiwan o quizás una dirección en el diseño de moda que pueda ayudar a cultivar tales características”, dice Yeh Le-chang. “Con pesar, no hemos tenido éxito hasta ahora”. Dada la situación actual del mercado, parece que los consumidores de Taiwan continuarán teniendo que elegir entre Armani y Giordano. En otras palabras, entre prendas de vestir caras y baratas.

Ventas callejeras...



TOMADO DEL BLOG PUNTO ZERO - EL BLOG DE ADRIANA


Es increíble, no sé si a veces la gente haga cosas inconcientemente o realmente tenga fundamentos para actuar con promociones o estrategias para aumentar las ventas.

Me refiero a que esta semana estuve por ahí en la calle, me antojé de un manguito biche (son mi debilidad) y me pareció raro cuando el muchacho que los vendía me devolvió más de lo acostumbrado. Entonces, le pregunté: a cómo los mangos? Me dijo: a $300 pesos, entonces dije: cómo así? No eran pues a $500 pesos? Y me dijo: he decidido rebajarlos todos por completo… cosa que me causó gran impresión, pues ese tipo de productos antes que rebajarlos, siempre los encuentras al mismo precio en todas partes y nadie los rebaja, por el contrario, los suben (lo digo con propiedad porque soy frecuente compradora de esta deliciosa fruta).

El muchacho, al ver mi inquietud (ya que es un precio realmente regalado por un producto de muy buena calidad) lo que me lleva a pensar que su ganancia es poca, incluso, me atrevería a decir que escasa, me respondió: Mira, es que como el mango está en cosecha y ha llegado a un precio tan barato eso me permite venderlo más barato, porque a mi lo que realmente me interesa es que más gente me compre a mi.

Entonces concluí lo siguiente, primero: el tipo compró buena cantidad de mangos a un precio bien asequible lo que significa que tiene que venderlos rápido, pues es un producto perecedero y en un día o 2 ya su cáscara tendrá otra textura lo que dificultará su venta, segundo: cómo es el único que en ese sector piensa en rebajar los precios pues seguro sus ventas aumentarán y más si tenemos en cuenta que su punto de venta está ubicado en los alrededores de un colegio de niños pequeños, que regularmente no mantienen mucho dinero en sus bolsillos, sobre todo al salir de la institución.

Tercero: el vendedor sin querer queriendo… jejeje está aplicando una estrategia de mercadeo referente a las promociones cuando es mucha la oferta de productos, aumentando la demanda del mismo.

Pero por el tipo de trabajo, no creo sinceramente que lo haya hecho concientemente, hablo que haya estudiado su público y se haya interesado realmente en el tema del mercadeo, pero me resulta una estrategia bien inteligente, teniendo en cuenta la forma en la que trabaja la competencia, no?

Al igual que este simple vendedor de mangos en la calle, me resulta bien particular las ventas ocasionales que se originan con base en eventos o fechas especiales, ayer que celebrábamos el día de la Madre me pareció curioso como nunca faltan las flores, los dulces y miles de objetos callejeros para esta fecha… Y ni hablar de las sombrillas, que justo encuentras un vendedor con muchas de ellas en el momento que más lo necesitas (menos mal), o los plásticos cuando vas a fútbol y de repente se larga el aguacero… Uyyyy esos si que caen bien, por lo menos pa’ poder acabar de ver el partido, no? Acá en Antioquia los paisas tenemos fama de rebuscadores, trabajadores, avispados e ingeniosos, en fin… no nos varamos por nada, pero en cuestión de ventas no sé si se trate de la llamada “malicia indígena” o visión pa’ los negocios o será que tenemos alma de culebreros? Porque acá se vende hasta lo que menos sirva, eso se le busca el uso sea como sea, pero bien, aún me queda la duda de ese mercadeo que vemos a diario en las calles y que me atrevería a decir que se realiza de manera empírica, sólo basta con tener algo que vender y se busca la forma o la estrategia perfecta para sacarle utilidad (ganancia).

¿será que en el fondo tenemos alma de vendedores?

El boca-a-boca como técnica: prometedor pero riesgoso




El marketing del boca a boca suele definirse como una táctica mediática, a menudo online, en la cual un mensaje es transmitido por personas neutrales a una comunidad más amplia a través de canales como e-mails reenviados, blogs o redes sociales.


Los afectos a las estadísticas dicen que está creciendo el interés en las técnicas no convencionales de marketing. Se calcula que el gasto publicitario en blogs, podcasts y sistemas de archivos compartidos llegará en 2006 a US$ 49,8 millones, o sea un aumento de 144,9% con respecto al año pasado.

En realidad, el boca-a boca existió desde los albores de la humanidad, pero con la actual tecnología existe la oportunidad de compartir información con la gente en forma anónima y útil. Cuando un empresario debe comprar equipos que valen mucho dinero, lo más probable que lo primero que haga es consultar con colegas.

Novell ha decidido comenzar a aprovechar este recurso. La compañía mantiene actualmente tres blogs estratégicos (PR Blog, CMO Blog y CTO Blog) además de muchos blogs de empleados. Para la compañía, los blogs permiten hacer boca-a-boca, porque entablan una conversación con el mundo exterior, explica Phil Juliano, vicepresidente de marca y comunicaciones. "Como no hacemos censura de ninguna clase, es un verdadero diálogo con el mercado."

Allí, sin embargo, está uno de los peligros más grandes del boca-a-boca. Muchas empresas evitan ese diálogo por temor a lo que les pueden decir. "Hay que ser valientes y estar dispuestos a aceptar lo bueno y lo malo”, dice Juliano. En cuanto a la gente de publicidad y marketing, lo que resienten es perder el control sobre la comunicación. Y sin embargo, explica Joe Chernov, (RRPP de BzzAgent) cuanto más control rescinden, más eficaz puede llegar a ser la campaña.

junio 2006

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Cafeteros compran una cadena en E.U.


EL COLOMBIANO

La empresa de Federacafé tendrá una capitalización de $20.000 millones.


Bogotá
Procafecol, la holding que maneja los negocios e inversiones de la Federación Nacional de Cafeteros, anunció una capitalización de 20 mil millones de pesos, ya aprobada por la Superintendencia Financiera, que les permitirá el acceso a unos 10 mil productores de café como socios de la firma.

Con esos recursos, la compañía busca expandir sus mercados con la marca de Tiendas Juan Valdez. Asimismo, anunció que acaba de adquirir una cadena de tiendas de café en Filadelfia (Estados Unidos) como parte del mismo proceso de crecimiento.

El negocio se concretará en los próximos días y, según la Federación de cafeteros, estos puntos se convertirán en Tiendas Juan Valdez, "lo que nos permitirá crecer más por la vía de las adquisiciones", explicó el gerente, Gabriel Silva Luján.

Las Tiendas Juan Valdez ya están presentes en tres de las más importantes ciudades de Estados Unidos: Washington, Nueva York y Seattle.

Hoy abre en Neiva
El programa de crecimiento también incluye la apertura de más tiendas Juan Valdez en algunas ciudades, entre ellas, en Neiva, que se dará al servicio hoy mismo.

Hace pocos meses La Federación Nacional de Cafeteros y Procafecol inauguraron un café Juan Valdez en el almacén Carrefour del Centro Comercial Santa Ana, al norte de Bogotá, dentro de un nuevo formato que busca conquistar a los clientes de los almacenes de grandes superficies.

Silva Luján ionformó que la idea con el nuevo Juan Valdez, presentado ayer en Bogotá, es que éste personaje también participe en proyectos de valor agregado, pues "uno de los cambios tiene que ver con que el personaje no sólo participe en la promoción del café sino en otras iniciativas, y por eso lo hemos visto acompañando al Presidente Uribe en eventos como la misma apertura de tiendas", dijo.

Promoción de títulos
En cuanto a la emisión de acciones de Procafecol, señaló que esta primera aprobación de la Superintendencia Financiera para promocionar los títulos hará de ésta una de las sociedades anónimas con mayor cantidad de socios en Colombia.

Esta empresa, además de colocar la franquicia de la marca Juan Valdez, se dedica a promover inversiones que le ofrezcan mayor valor agregado a la producción de café. FJA

jueves, junio 29, 2006

"Sin el cierre del TLC, nos sacan de E.U.": textileros


TOMADO DE EL COLOMBIANO - MEDELLÍN - COLOMBIA

La situación es alarmante y así selo han planteado al Gobierno nacional.
Un agravante: Congreso de Perú ya ratificó el TLC cerrado con E.U.
Ya se negocian pedidos para primer semestre de 2007, con o sin aranceles.


Por
Francisco Javier Arias R.
Medellín

La situación de los confeccionistas que exportan a Estados Unidos es alarmante: si no se cierra pronto la revisión de los textos para la firma del TLC, podrían perder gran parte del terreno abonado en ese mercado dado que, desde enero de 2007, se quedarían sin un tratado en vigencia y sin las preferencias arancelarias que les otorga el Atpdea hasta el 31 de diciembre de este año.

Los empresarios de la cadena textil le reclaman al gobierno que agilice la conciliación de textos dado que el proceso que le espera al TLC aún es incierto tanto en los congresos de los dos países, como en la Corte Constitucional de Colombia proceso que, en ambos casos, podría tomarse unos seis meses.

Guillermo Valencia Jaramillo, presidente de Industrias El Cid, explica que "no resultó cierto que en febrero hayamos cerrado las negociaciones, porque no se han cerrado". Dijo que con el pago de aranceles desde enero de 2007, muchos compradores americanos han trasladado ese pago a los productores colombianos como condición para cerrar los pedidos para la primavera 2007.

"La cosa es muy grave y estamos en un momento muy crítico. El tema lo vamos a plantear al gobierno", dijo Valencia. "El mensaje de los compradores es muy claro: si Colombia no está libre de aranceles, vamos a colocar los pedidos y la producción en otra parte... Si los exportadores no asumen el pago del arancel, se van a otro país".

El empresario alertó sobre un ingrediente que agrava más el panorama y que se convierte en una razón de más para cerrar los textos del TLC: el Congreso de Perú ya ratificó el tratado negociado con Estados Unidos, que llegará al 12 de julio a la Comisión de Medios y Arbitrios y muy pronto, a la Comisión de Finanzas del Congreso americano.

En el mismo sentido, Luis Fernando Restrepo, presidente de Medias Crystal, dijo que si se cerrara la conciliación de textos esta semana, el TLC se firmaría en 90 días, es decir, a principios de octubre, para pasar a los congresos de los dos países. "Si estamos de buenas, entraría en diciembre al Congreso de Estados Unidos y, en Colombia, en octubre, para pasar luego a la Corte Constitucional", explicó.

En esta negociación, indicó el empresario, lo primero que nos preguntan es si estamos dispuestos a asumir el arancel desde enero de 2007, cuando ya no existan los beneficios del Atpdea. "Yo le compro, pero usted asume el arancel, es lo que nos han dicho muchos clientes".

Las cifras del sector indican que, en 2005, las exportaciones totales de confecciones sumaron 961 millones de dólares, de los cuales 592 millones se dirigieron a Estados Unidos sin pagar arancel.

Y se estima que, sin Atpdea, esas exportaciones tendrían que pagar aranceles del 18 por ciento en promedio. Eso indica que si en 2007 se exportara lo mismo que en 2005, los aranceles costarían unos 100 millones de dólares, según cálculos de la industria.

Javier Díaz Molina, presidente de Analdex, alertó sobre el tema ayer, en la reunión del Consejo Gremial y dijo que una empresa de confecciones de Estados Unidos ya decidió no comprar más en Colombia, mientras que otra está pensando la misma decisión.

Cláusula retroactiva
Los confeccionistas insisten en que la firma del TLC es un paso clave para esperar su ratificación en los congresos y su vigencia desde julio de 2007. Una vez lograda la conciliación de los textos, también reclamarían que se haga efectiva la cláusula de retroactividad pactada -aunque hay dudas de que quede incluida en el texto final-, para que se les reconozca el arancel pagado entre enero de 2007 y la fecha en que empiece a regir el tratado.

"Lo importante es que tengamos un tratado firmado, con una cláusula de retroactividad", insiste Guillermo Valencia.

Otros exportadores dijeron que también sienten las presiones de los compradores americanos para definir los pedidos para el primer semestre de 2007, cargándoles el pago de los aranceles lo que, obviamente, influye en el precio y en la competitividad de la cadena en Estados Unidos.

Además, con la aprobación del TLC en el Congreso de Perú y la vigencia del Cafta, los productores peruanos, mexicanos y centroamericanos, sin contar a los asiáticos, podrían sacar del mercado a la producción colombiana.

"El riesgo es muy grande y la presión de los compradores es muy fuerte", dijeron.


Ayuda al lector
El Congreso de Perú ratificó el Tratado
La agencia AP informa desde Lima que el Congreso de Perú ratificó en la madrugada de ayer el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Fue aprobado por mayoría absoluta, de 79 votos a favor y 14 en contra, pero solo votaron 99 de los 120 congresistas. El Tratado se había suscrito en Washington el 12 de abril y, ahora, continúa el trámite de aprobación en el Congreso de Estados Unidos. Empieza a regir en enero de 2007 y ratifica los beneficios arancelarios (Atpdea) para el ingreso de más de 7 mil productos peruanos a ese mercado. El Congreso también aprobó una partida de 34 millones de dólares para pagar compensaciones a los agricultores que siembran los tres productos más sensibles: maíz, trigo, y algodón. El primer ministro peruano, Pedro Pablo Kuczynski, dijo que "es un buen día para el Perú", e indicó que el gobierno busca la aprobación en Estados Unidos antes del 28 de julio, cuando termina el mandato de Alejandro Toledo.

martes, junio 27, 2006

La era de los centros comerciales gigantes


Piedad Gómez y Luisa Pinto, detrás del megaproyecto Santafé

Mauricio Sojo Vásquez


Dijo alguna vez José Saramago, ganador del Nobel de Literatura y autor de La Caverna, que “antes la mentalidad se formaba en una gran superficie llamada catedral, y ahora se forma en otra gran superficie llamada centro comercial, que es la catedral de nuestro tiempo, y quizá también la universidad de nuestro tiempo”. Y al dar una mirada al centro comercial Santafé, una imponente mole que se levanta a un costado de la Autopista Norte, justo en la entrada de Bogotá, se entiende fácilmente la idea de Saramago.

Al menos arquitectónicamente, tanto la catedral como el centro comercial son concebidos desde sus cimientos para generar asombro en sus visitantes, para causar una sensación de sobrecogimiento, de comodidad y de tranquilidad. Estas máximas se cumplen al pie de la letra en Santafé, el proyecto comercial más grande de Colombia en los últimos años, construido por Pedro Gómez & CIA en un terreno de Inversiones La Bastilla.

Hablemos de cifras. Dicen de Santafé que es el centro comercial más grande de Suramérica, y si esto no es del todo cierto, de seguro sí lo es en Colombia. Con 480 locales (391 en la primera etapa y 89 en la segunda, que se concluirá en diciembre de este año), en 215.000 metros cuadrados de construcción (incluyendo parqueaderos para 2.500 vehículos) y con una inversión de 280.000 millones de pesos, ningún otro centro comercial del país se acerca al tamaño del Santafé.

Detrás de esta enorme catedral moderna está el trabajo de dos mujeres, Luisa Pinto y Piedad Gómez, de Pinto & Gómez Arquitectos, encargadas del diseño del que es el centro comercial más ambicioso del país. Se conocieron hace unos años cuando comenzaron a trabajar en el Departamento de Diseño de Pedro Gómez & CÍA, donde estuvieron a cargo de proyectos de cierto tamaño. Por su mesa de dibujo pasaron los planos de por lo menos media docena de centros comerciales en varias ciudades del país e incluso en Panamá.

Hoy, Luisa y Piedad son socias de la firma de arquitectura especializada en centros comerciales de más renombre en Colombia. Tienen el negocio en la cabeza, lo comprenden a la perfección, lo manejan con la experticia que sólo da la práctica. Saben que las reglas ineludibles en cualquier proyecto comercial parten de espacios amplios, pocas columnas, generosidad en las áreas comunes, y líneas limpias. Pero a partir de estos simples parámetros arquitectónicos, el diseño de centros comerciales es una ciencia que se ha perfeccionado con los años.

De San Diego a Santafé

Hace 32 años, Tomás Santamaría y Rodrigo Mora Montoya inauguraron el primer centro comercial de Colombia, el San Diego, en Medellín, y a partir de ese momento la historia del comercio en Colombia empezó a cambiar. Hoy existen más de 300 centros comerciales en el país y una treintena viene en camino, la mayoría en Bogotá, para atender la creciente demanda del público en materia de consumo, recreación, tecnología y espacios culturales. Sin embargo, los expertos consideran que en un país que sobrepasa los 40 millones de habitantes hablar de ese número es aún muy bajo.

Los centros comerciales son un invento relativamente nuevo, aunque en poco tiempo su diseño ha cambiado. Antes, el comercio era lo importante, y al rededor de los locales giraba todo el entorno. Unicentro, por ejemplo, que hace poco cumplió 30 años, no contaba con una plaza de comidas ni con un complejo de cines, servicios que se añadieron en reformas posteriores.

La nueva tendencia es construir espacios donde predomine el entretenimiento. “Los centros comerciales se están volcando hacia el área de diversiones, pero si ésta no está articulada con una gran zona comercial, no tiene sentido”, explica Piedad Gómez. Sin embargo, en los centros comerciales de la llamada Tercera Generación, priman más la diversión y la cultura, antes que el mismo comercio, a diferencia de lo que sucedía hace 30 años. Hoy son inconcebibles sin sus zonas de comidas, bancos, teatros, boleras, cines, centros de esparcimiento, zonas de espectáculos e hipermercados. Incluso, en algunos países cuentan con estaciones subterráneas donde convergen las líneas del metro y las rutas de los buses.

Hoy, los centros comerciales deben responder a las necesidades de esparcimiento, compra y reunión de los usuarios. “Son los puntos de encuentro. La gente no sólo viene a comprar sino también a caminar, a socializar, a comer, a tomar un café, a ver cine, en fin. Es el lugar donde podemos sentirnos seguros, es agradable, cómodo y siempre está limpio. No es como la calle con sus inclemencias, con sus aceras destruidas y sucias, con la lluvia y la contaminación. Mientras estás dentro del centro comercial te sientes protegido”, asegura Piedad Gómez.

Pero todas estas virtudes no significan, en opinión de Luisa Pinto, que el comercio de calle tenga sus días contados, porque son diferentes y pueden convivir. Una muestra es la Carrera 15, al norte de Bogotá, una vía en decadencia, sucia y ruidosa, hasta que se intervinieron sus andenes y se le dio una cara más amable para el peatón. Ahora, es una de las principales vías comerciales de la ciudad.

Según Piedad Gómez, aparte de los servicios que se ofrezcan, la funcionalidad es la base de los grandes proyectos comerciales. Lo más importante es que la construcción permita que las vitrinas sean protagonistas. El espacio debe ser agradable, generoso, luminoso y con diseños adecuados de pisos, barandas y acabados. Debe ser confortable para los compradores, con lugares de descanso y zonas de baños. Además, su diseño debe ser atemporal, alejado de modas y tendencias, para que con los años y con el paso de las modas no se vea obsoleto.

Alto impacto

Santafé es particular porque no fue concebido como una alternativa zonal sino como un centro comercial de impacto metropolitano, con la intención de aportar a la ciudad, desde una perspectiva arquitectónica, de esparcimiento y de comercio. Tras el anuncio de sus descomunales dimensiones se formó una expectativa igual de grande en los bogotanos, a tal punto que luego de su inauguración el flujo de curiosos sobrepasó los cálculos.

El resultado fue un caos de tránsito que desató la polémica en torno al impacto de las grandes construcciones sobre la ciudad. Aunque los trancones interminables en la Autopista Norte, una de las principales vías de entrada a la ciudad, ya existían desde mucho años antes de la apertura del Santafé, fue sólo cuando el centro comercial abrió sus puertas que este problema se hizo evidente. Como es natural, todos los dedos inquisidores señalaron a los constructores de la mole.

“Pero cualquier proyecto de cierta envergadura produce un impacto en su entorno. Bogotá, de hecho, es un caos de tráfico, y las obras lo acentúan. La realidad, y lo que debería ser el verdadero debate, es que existe un atraso vial evidente. Si no es por los problemas de tráfico que produjo inicialmente el Santafé, nunca nadie se abría fijado en las condiciones caóticas que ofrece la Autopista Norte. Desde siempre la Autopista ha sido un embudo, pero sólo ahora que hay un doliente empiezan los señalamientos”, dice Luisa Pinto.

Lo que queda en evidencia es que la ciudad no está preparada en términos de infraestructura para asumir el desarrollo que proponen los constructores. “La gente culpa a Santafé por el caos en la Autopista”, se queja Piedad Gómez, “pero la verdad es que en el interior del predio está resuelto el control de tráfico, al generar las filas de entrada internamente. Sólo los más recientes centros comerciales en Bogotá incluyen en sus diseños un estudio de tránsito aprobado. Unicentro no lo tuvo. Andino no lo tuvo. Como constructores y diseñadores nosotros minimizamos el impacto de los proyectos, pero el Distrito también tiene que desarrollar a la par, porque no importa si se trata de proyectos comerciales o de vivienda, siempre habrá un impacto en el tránsito”.

En el caso de Santafé, la Autopista Norte se amplió un carril frente al centro comercial, se generaron accesos amplios para que las filas de entrada o salida quedaran dentro del predio y se tiene proyectada la construcción de un puente vehicular cuyos diseños están listos desde hace un año pero no se ha empezado a levantar, según explica Piedad Gómez, por la lentitud en la entrega de permisos por parte del Distrito. Mientras tanto, al problema de movilidad en la Autopista Norte se le ha dado una solución de pañitos de agua tibia. Pero no es suficiente.

“En la ciudad se construye para solucionar los problemas que revientan, pero nunca para prever los que puedan surgir en el futuro. Si en Bogotá no se intensifica el desarrollo vial, éste quedará rezagado, generará problemas de movilidad y empezará a limitar la construcción”, sentencia Piedad Gómez.

Y hoy, en pleno auge de la construcción de centros comerciales, se podría anticipar que el futuro vendrá con megaestructuras levantadas en los extremos de la ciudad, en zonas relativamente despobladas, lo cual será un reto para la movilidad. El Distrito lo debe empezar a prever. Así como en la construcción de catedrales existió el auge de los espacios descomunalmente grandes, ahora el turno del gigantismo es para los centros comerciales. Se esperan lugares que agrupen la solución a todas las necesidades de los compradores y de los vendedores. Ante esta perspectiva, el Santafé, aún con todas las críticas que ha recibido, es un anticipo de la magnificencia de la era de los grandes centros comerciales. Visto así, Saramago tenía razón.

Más de la mitad de las personas que poseen una tarjeta de puntos nunca los han cambiado


TOMADO DE EL ESPECTADOR

A punta de puntos

Juan Fernández

Un viejo cliente es más valioso que un nuevo cliente. Eso lo saben las compañías que comercializan productos de manera masiva, que, desde hace años, han usado estrategias de mercadeo para recompensar a sus consumidores en función de la cantidad y tipo de mercancía que compren.

Para seducirlos y atraer a otros nuevos, implementaron el uso de programas de lealtad mediante descuentos, cupones y programas de acumulación de puntos. Las cadenas de supermercados fueron pioneras en valerse de la estrategia y en 2000 Vivero lanzó la primera tarjeta de puntos del país. Le siguieron Carulla, Olímpica, Éxito y decenas de almacenes, restaurantes y hasta bancos.

Los planes de lealtad buscan incentivar a los consumidores a frecuentar más los lugares de compra, retenerlos y obtener valiosa información para descifrar sus hábitos de consumo. No en vano, cada vez que un cliente pasa su tarjeta por el código de barras de la caja, todas sus compras quedan registradas. Con esa información, es posible armar grupos de consumidores y, lo más importante, identificar a los mejores clientes para nunca dejarlos ir. Asimismo, es posible distinguir las diferentes categorías de clientes de un almacén y construir enormes bases de datos.

Pero seis años después de que los consumidores se volcaran a inscribirse en programas de este tipo, las empresas y en especial los supermercados tienen un gran camino por recorrer. Así por lo menos lo revela un estudio de la firma Yanhaas, que encontró que en Colombia un 52,22% de las personas que poseen una tarjeta de acumulación de puntos nunca los han cambiado por los premios ofrecidos. Una cifra notable si se tiene en cuenta que el 57,06% de los encuestados por Yanhaas afirma que la calidad de los premios obtenidos es buena o muy buena.

Los supermercados y los bancos, que también han entrado en la onda de los puntos, aseguran que los puntos sí se están canjeando y que todavía hay muchas oportunidades sobre la mesa. Sin embargo, algunas aerolíneas, por ejemplo, ya están empezando a sentir en sus balances el peso de las millas sin redimir, por lo que ahora gran parte de sus esfuerzos se enfocan en motivar a los viajeros para que utilicen sus millas acumuladas.

Diego Conroy, vicepresidente de tarjetas de crédito en Colombia del Citibank, dice que estos son programas que están madurando, y los niveles de redención están aumentando día a día. “Los clientes sí redimen sus puntos, pero hemos encontrado que una de las razones por las que se demoran en hacerlo es que muchas veces prefieren esperar y seguir acumulando para después buscar un premio más significativo”, señala. Durante esa espera, las bolsas de puntos que se acumulan pueden ser importantes.

Pero la principal crítica de los programas de fidelización es que muchas veces los productos que se ofrecen son casi imposibles de alcanzar debido al gran número de puntos que se deben acopiar. “Los programas de puntos son revisados periódicamente para lograr que los productos sean más alcanzables para los consumidores de acuerdo con sus promedios de consumos”, responde Conroy, quien sabe que no puede descuidar las estrategias de fidelización que, en últimas, hacen que sus clientes compren más. “Experiencias previas nos han demostrado que una tarjeta con el programa adecuado para las necesidades o prioridades del cliente hace que éste la utilice más”.

Lealtad a toda prueba

Las cadenas en Estados Unidos están a la cabeza en el tema de la fidelización y se calcula que cada consumidor norteamericano participa, en promedio, en cerca de cuatro programas de este tipo. El número puede llegar a 10 según Frederick Newell, autor del libro Loyalty.com: Customer Relationship Management (Lealtad.com: Gerenciamiento de Relaciones con el Cliente).

Según Newell, 60% de los supermercados estadounidenses tienen programas de lealtad, pero una encuesta demuestra que hasta los más grandes compradores hacen en el supermercado preferido sólo la mitad del gasto en almacén. “Hay que admitir que muchos de estos programas logran aumentar las ventas. Pero pocos están fabricando clientes leales”, señala uno de los apartes del libro. ¿Por qué? “Porque la lealtad no se compra”, señala Newell. “La novedad de los programas de premios está pasando –cualquier competidor puede crear rápidamente uno que supere el de otro– y la gente está cansándose de tener la billetera llena de tarjetas de lealtad sólo para obtener a cambio un pequeño descuento. En parte, porque los gerentes suponen, erróneamente, que la lealtad del consumidor se mantiene sobornándolo con descuentos y rebajas en forma de puntos acumulados”.

Para Newell, no se puede crear una relación rentable con todos los clientes. “Pero tampoco es necesario. En los negocios que se han estudiado, 30 a 40% de las ventas totales de la compañía se origina en 10% de los clientes. Todavía hay algo más sorprendente: poco más del 1% de los clientes aporta 10% de la ganancia total. Esto quiere decir, apenas 1.500 clientes en una compañía que tenga 150.000, y es un número bastante manejable”.

Entonces, ¿cómo fidelizar más clientes? “Innovando”, dice Luz Elena Mora, de Yanhaas. Y ahí es donde tienen puestos los ojos las empresas y cadenas de supermercados. A la cabeza de TuCarrera, una firma colombiana que ha reunido a 36 empresas nacionales y multinacionales en torno a la creación de un programa de responsabilidad social empresarial, Juan Francisco Tamayo está intentando cautivar clientes altamente leales en el tiempo.

El objetivo de la iniciativa es ofrecer al consumidor la posibilidad de que mientras realiza compras en supermercados, almacenes, entidades financieras, restaurantes y otras categorías de productos de consumo masivo, acumule un porcentaje de dinero destinado exclusivamente a la educación superior de sus hijos o de las personas que decida beneficiar.

“TuCarrera surge al conocer la necesidad de educación que tiene Colombia, en donde solamente el 25% de nuestros jóvenes entre los 18 y lo 23 años de edad están actualmente en la universidad, y en donde la mayor motivación de los colombianos para ahorrar es para el futuro de sus hijos y en especial para su educación”, dice Tamayo, y agrega que por cada compra de productos participantes en los supermercados y establecimientos afiliados a TuCarrera, el consumidor recibirá entre el 1% y el 5% del valor de su compra antes del IVA.

“El dinero será consignado por las empresas patrocinadoras directamente a la entidad fiduciaria del Citibank, para ser destinado exclusivamente para el pago de estudios superiores de los beneficiarios que hayan sido inscritos previamente en el programa”, explica Tamayo, quien estima que un consumidor que prefiere las marcas participantes; entre las que se encuentran Carrefour, Colsubsidio, Alkosto, Cafam, Coca-Cola, La Campiña, Crush, Oliosoya y Alpina, entre otras, y que tenga al menos otro familiar o amigo aportándole a su cuenta, podría acumular lo suficiente para pagar un semestre de educación superior por cada cinco años que permanezca en el programa.

Así, punto a punto los consumidores se vuelven más exigentes, incluso para morder los anzuelos con los que el comercio busca fidelizarlos. Ahora no basta con ofrecer puntos, también es necesario garantizar que éstos sean redimidos y ofrecer programas y premios más innovadores.

Puntos y más puntos

(Algunas conclusiones del estudio de Yanhaas)

Yanhaas encontró que un 44,39% de los encuestados afirma utilizar tarjetas de supermercados para acumulación de puntos, mientras un 54,20% no las utiliza. En los estratos 4, 5 y 6 es donde se presenta mayor penetración de estas tarjetas (62%), precisamente porque son las personas pertenecientes a estos grupos las que tienen un contacto más cercano con el canal de supermercados. “Los resultados muestran que los estratos 1, 2 y 3 tienen un contacto mucho mayor con las tiendas de barrio que con los supermercados”, dice Luz Elena Mora, de Yanhaas.

Los consumidores más jóvenes son los que muestran mayor acogida en planes de acumulación de puntos. Entre los 25 y 34 años, el 50,61% de los encuestados menciona utilizar tarjetas de almacenes para acumularlos. Le siguen las personas entre 18 y 24 años, donde el porcentaje asciende a 46,27% y las personas de 35 a 40 años (45,93%), encontrando las menores proporciones de utilización para las personas entre los 45 y 55 años (35,27%) y de 55 años o más (39,19%).

Barranquilla es la ciudad de Colombia con mayor aceptación frente al tema de acumulación de puntos en tarjetas de supermercados con un 74,78% de personas que aseguran usarlas, seguido por Bucaramanga con un 49,62% y en tercer lugar Bogotá con un 43,77%.

A la pregunta de Yanhaas sobre cuál marca de tarjeta de puntos tiene usted, el estudio dice que el líder es el Éxito con 48,22%, seguido de Carulla (25,58%), Olímpica (25,58%), Vivero (13,29%) y Comfandi (3,34%).

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