EL COLOMBIANO..
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La mayoría de los tenderos están enjaulados, revela estudio en Medellín.
Medellín
El arroz es el principal producto de venta en las tiendas de barrio, seguido por la leche y las gaseosas, aunque el margen de ganancia es menor.
Así se desprende del estudio realizado por la firma Mercadeo Virtual entre 2.749 tiendas del área metropolitana.
La investigación se llevó a cabo entre diciembre de 2004 y febrero de 2005 y será de gran ayuda para las empresas y entidades que tienen en las tiendas de barrio uno de sus canales de distribución.
El estudio fue presentado ayer en el Centro Comercial Sandiego ante 350 tenderos de barrio e incluyó una jornada de capacitación sobre los diferentes servicios a los que tienen acceso en entidades como el Sena, Microempresas de Antioquia, Famiempresas y el Banco de las Oportunidades.
Juan Carlos Muñoz Palacio, gerente de Mercadeo Virtual, destacó que la información sobre las tiendas de barrio revela lo que está pasando en este sector y su importancia como fuente de abastecimiento de los hogares.
Dominan los hombres
De acuerdo con el estudio de Mercadeo Virtual, el 57,47 por ciento de los tenderos son hombres y un 42,53 por ciento son mujeres.
La tienda tradicional está en el estrato 2, seguido por el estrato 3 y por el 1, donde prima la ventanita.
En el estrato 3 las tiendas compiten con el superete o minimercado.
Las líneas básicas con las que surten las tiendas son cereales y productos de panadería, bebidas alcohólicas y cigarrillos, artículos de limpieza y hogar y artículos de aseo y cuidado personal.
Algunos tenderos están diversificando los productos que ofrecen, pues están haciendo presencia el pescado y productos de mar.
Otros le están sumando al surtido bisutería y misceláneas y hasta alquiler de vídeos.
Además, se encontró que el 67 por ciento de las tiendas estudiadas vende artículos escolares frente al 25 por ciento que ofrece tubérculos y plátanos. Muy pocas venden frutas por ser perecederas.
El 53,81 por ciento de las tiendas de barrio vende entre 250.000 pesos y un millón de pesos a la semana, una cifra que muestra lo que se mueve en productos básicos de la canasta familiar, observó Juan Carlos Muñoz.
Dichas ventas, agregó, son en su mayoría al fiado, pues según el estudio esta modalidad representa el 80 por ciento de la facturación, cuyo pago se hace cada 15 días o cada mes, que es cuando los clientes reciben su salario.
El fiado, señaló, es la única forma en que las personas pueden comprar su mercado o lo que necesiten para el diario y en este caso el tendero realiza también una labor social, pues a los proveedores sí les tiene que pagar de contado.
El que tiene tienda...
"El tendero es esclavo de su trabajo", afirma Muñoz Palacio. "Todas las tiendas abren de lunes a lunes. No cierran. Casi todas las tiendas de barrio no presentan bajas sustantivas en festivos. Empiezan a trabajar a las 7:00 de la mañana y cierran a las 10:00 de la noche. El día que dejen de vender es dinero que pierden para su subsistencia. No se pueden ni enfermar", observa.
Otra situación que reveló el estudio de Mercadeo Virtual es que el tendero está enjaulado, pues el 77,15 por ciento de las tiendas tiene reja piso-techo, como sistema de seguridad, lo que ha cambiado el mercadeo porque el cliente se tiene que parar en la calle para que lo atiendan. Además, se limita el servicio, no puede escoger el producto que quiere llevar.
La generación de empleo en promedio de las tiendas de barrio es de 1,51 personas, es decir, que no se cuenta personal disponible para hacer domicilios. Es así como solamente 10 de las tiendas estudiadas tienen bicicleta para prestar domicilios, pues no hay quien haga la vuelta.
Otro dato obtenido en el estudio es que el 51,65 de las tiendas dispone de radio y escuchan música durante la jornada de trabajo. La primera emisora es Radio Uno, la segunda es Radio Paisa y la tercera Radio Reloj. Cambian a ratos para escuchar noticias. Muy pocas tienen televisión.
El 40,50 por ciento de las tiendas tiene entre 11 y 20 proveedores, lo que revela su importancia. UCM
Soy uno de los pioneros del Retail Hard Discount en Colombia y LATAM . Asesor Estratégico en Entrada a Mercados, Transformación y Crecimiento Escalable, miembro de Discount Retail Consulting y Asociación Colombiana de Retail, igomeze@colombiaretail.com
jueves, junio 23, 2005
QUE EL CLIENTE SE SALGA CON LA TUYA
El encabezado de esta columna no esta equivocado, hace parte de una singular definición de ventas que me encontré leyendo sobre el tema hace algunos días. Se la leí a Manuel Tallada, consultor y profesor de ventas y negociación., nos dice además: "..antes en los cursos sobre técnicas de venta se trabajaba mucho el argumento, el tratamiento, de, objeciones... Se planteaban recetas para liar al cliente, manipularlo y conseguir ventas a corto, plazo. Ahora, lo importante es conseguir la empatía con el cliente, y ello con un objetivo muy claro: la venta a largo plazo. El vendedor de antes cambiaba de chaqueta en función del cliente. Ahora lo que se precisa es capacidad de adaptación". Todos los clientes no son iguales, no es lo mismo vender en Medellín que en Barranquilla, no es lo mismo venderle a Sofía que a Raquel, debemos como vendedores adaptarnos a cada situación, conocer al cliente. La venta se cierra con emociones, incluso cuando se trata de productos industriales. Porque lo más importante para el cliente es su negocio o su puesto de trabajo por encima de toda racionalidad. ¿Hasta qué punto hay que darle importancia al poder de la mente? Según Francisco de Andrés, consultor de Tatum, "el escenario donde se produce la venta es en la mente del cliente. El argumento no lo construye el vendedor sino su interlocutor. Hay que hacer que el otro construya imágenes mentales sin darle los elementos, lo que requiere habilidad".
Tony Buzan y R. Israel, en su obra Esquemas mentales para vender mejor, nos proponen como vendedores trabajar diez destrezas mentales para comunicarse mejor: Los números. Se utilizan en los precios, descuentos, dimensiones, medidas, cuotas de mercado, códigos... Las palabras. Son poderosas, pueden construir, bloquear o incluso arruinar una entrevista de ventas. La lógica. Por ejemplo, se utiliza para planificar la entrevista de ventas de manera eficiente y eficaz. Las listas. Precios, tamaños, referencias... ayudan a hacer el seguimiento y poner orden en la información. Los detalles. Son importantes para asegurar que el cliente recibe exactamente lo que desea: tamaño, color... Las imágenes mentales. El vendedor competente logra pintar palabras-imágenes en la mente del cliente. La imaginación. Ayuda al cliente a sentir las ventajas de su compra. El color, juega un papel importante en los envases, catálogos, anuncios y ¡en las entrevistas de ventas cromáticas!. El ritmo, en la conversación dé ventas, el ritmo de la voz hace qué ésta sea interesante y digna de recordar. El espacio, en el caso de la entrevista de ventas cara a cara, hay que analizar el espacio entre el vendedor y el cliente.
Como vendedores, al final todos lo somos, debemos sentir nuestra profesión es muy respetable, enormemente gratificante,, divertida, enriquecedora y formativa. José Luis Fonollosa director de un taller Comercial, dice al respecto: "La motivación está ligada a la planificación", debemos planificar, trabajar, persistir, aprender a recibir un " NO" como el combustible para seguir. Recordemos siempre que vender es "lograr que el cliente se salga con la tuya"
Ignacio Gómez Escobar
e-mail igomeze@geo.net.co
LA GUERRA DE LAS COLAS
POR: IGNACIO GOMEZ ESCOBAR
Email: igomeze@geo.net.co
Los que tienen cercanía al mercadeo y hasta quienes no, han oído sobre "la guerra de las colas", la competencia encarnizada mundial entre Coca cola Y Pepsi. Pero de esta guerra no quiero hablar. Tampoco de las "colas de caballo", peinado común en las mujeres de todas las edades. Nada quiero decir de las colas de las modelos, en los comerciales que venden blue jeans y "pantys". Ni siquiera quiero tocar aquí, las ya famosas colas del Seguro Social y a las de las instituciones públicas, no. Me refiero a las modernas, actuales y muy eternas colas en los bancos públicos y privados.
Cuando escuchamos y vemos los mensajes publicitarios de estas entidades, cargados de inspiradora confianza, de sonrisas con todos los dientes, de amabilidad de verdad; nos dirigimos a ellos convencidos de que nos van a atender como a clientes únicos. Esos mensajes y esas imágenes nos dan derecho a pensar que estaremos cómodamente sentados esperando, mientras degustamos un delicioso café colombiano, o que al menos nos atenderán rápidamente. Llegamos a sus puertas y nos encontramos con tamaña sorpresa: ¿por qué tanta gente? ¿Están atracando el banco? ¿A quién le dio un infarto? ¿Qué pasaría? ¡OH SORPRESA! Nos espera una larga, despaciosa y retorcida cola como una serpiente.
Murphy es invitado especial cuando a usted le va a tocar el turno: el cajero o cajera tiene que ir al baño; se cae el sistema; aparece alguien a quien le estaban cuidando el puesto, o el que está antes que usted tiene consignaciones de la empresa que tiene vendedores en todos los municipios del departamento. Sólo nos falta que vendan los puestos y que aparezcan los vendedores de "bonice", de agua, de bombones o le pidan a usted una colaboración en plena fila bancaria.
Si usted reclama le informan que existen varias alternativas para realizar sus transacciones sin tener que hacer filas, es probable, pero esto no le resuelve su problema.
Las utilidades de los bancos crecen en la misma progresión geométrica que la pérdida de tiempo de los clientes. ¿Cuánto tiempo pasa su mensajero en el banco? ¿Qué costo tienen esas gestiones bancarias? ¿En dónde está la tan cacareada atención preferencial y el servicio al cliente? La más común regla de urbanidad enseña que a la gente no se le hace esperar y mucho menos de pié.
Algunos defensores del sistema pensarán que esta es una manera de generar empleo, que si antes se necesitaban dos mensajeros, ahora se necesitan cuatro.
Sé que una golondrina no hace verano. Que no voy a lograr cortarle la cabeza a la serpiente y ni siquiera la cola; pero ya todos conocemos cual es en realidad la verdadera "guerra de las colas".
miércoles, junio 22, 2005
Makro, ¿encontró su rumbo?
Tomado de la revista DINERO - Colombia -
La cadena holandesa se lanza con todo por un mercado mayorista que hace 10 años no supo conquistar, pero que ahora conoce al dedillo. Valores agregados al por mayor.
No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Makro empezó con el pie izquierdo su historia en Colombia y debió esperar casi una década para ordenar la casa y enderezar el camino. Ahora, la multinacional está lista para crecer y adelanta un ambicioso plan de inversiones con el fin de apoderarse del competido mercado mayorista. De hecho, en 2004 vendió $342.000 millones -la cifra más alta desde cuando inició operaciones- y este año invertirá $30.000 millones, abrirá su noveno almacén y sacará su mejor repertorio para crecer por encima del 20%.
Mientras hace 6 años sus ventas caían 36,9% con respecto al año anterior y el ejercicio daba pérdidas, en los últimos 5 años la cadena holandesa ha logrado mantener un crecimiento promedio superior al 12%. Su política desde 2003 es cubrir las nuevas inversiones con utilidades y, por eso, el año pasado recurrió a $7.000 millones para la remodelación de 3 tiendas. Así, aunque castigó márgenes en el corto plazo, mantuvo un endeudamiento financiero bajo (2% de sus ventas).
Pero la cadena tiene grandes competidores, en varios y diversos sectores. No en vano su formato es único en el mercado colombiano y aunque en principio parecía competir con las grandes superficies, enfrenta en realidad al atomizado mercado de los mayoristas. Y ganar fidelidad con ellos es casi imposible, pues su acción de compra está absolutamente ligada con el factor precio. Sin embargo, ante tanta oferta económica similar, es indispensable tener elementos de diferenciación más contundentes.
Con ese fin, mientras reorganizaba, reenfocaba y reposicionaba la compañía, Makro se dedicó a conocer su cliente: hábitos, preferencias y necesidades. Para eso tuvo que hacerse primero las preguntas ¿a quién le quiero vender? Al cliente profesional e institucional. Luego, ¿qué me quiere comprar ese cliente? Productos con valor agregado y a su medida. Y finalmente, ¿cómo hago para venderle eso que necesita, pero más barato? Desarrollando proveedores.
Y a partir del conocimiento al dedillo que logró en toda la cadena, diseñó una estrategia de mercadeo relacional que ahora empieza a marcar su rumbo, para no cometer los errores del pasado.
Primero, lo primero
Cuando Makro arrancó en Colombia, sin querer envió al consumidor el mensaje de que se trataba de un gran supermercado. Los clientes individuales llegaron en masa a buscar ofertas, pero descubrieron que debían tener un pasaporte, que las cantidades eran exageradas y que el servicio dejaba mucho qué desear. La novelería, sin embargo, alcanzó para llenar las 5 tiendas que abrió en principio la cadena en Bogotá (2), Barranquilla, Medellín y Cali, y permitió que las ventas llegaran hasta $279.000 millones en 1997.
Pero en 1998 vino el desastre. En medio del dilema sobre conservar a ese comprador final inesperado o buscar al cliente profesional e institucional previsto desde un comienzo, la multinacional desvirtuó su esencia y entró en crisis. "Tuvimos que terminar con la novia y salir a conseguir una nueva", explica Jorge Bello Tovar, gerente de mercadeo de Makro.
Así comenzó un proceso de reestructuración que duró casi 3 años, dirigido a ganar eficiencias y optimizar el funcionamiento de la organización, el cual estuvo acompañado por una riesgosa pero necesaria estrategia de reposicionamiento externo para capturar su nicho. Casi sin presupuesto publicitario y con la sensación de estar 'pateando la lonchera', la empresa se lanzó a 'desmercadear' ese consumidor final que a esa altura era su principal comprador.
No obstante, en medio del desestímulo a las compras de productos al menudeo y la búsqueda de los llamados 'clientes profesionales' (comercializadores de productos y servicios), la empresa mayorista terminó la reestructuración (2000); abrió su sexto almacén, en Dosquebradas, Risaralda (2001), el séptimo en Bogotá (2002) y el octavo en Ibagué (2003), y remodeló sus tiendas de Bogotá (Villa del Río), Cali y Barranquilla (2004). En silencio, durante esos años de reflexión y austeridad, reivindicó la utilidad del Pasaporte Makro, pues gracias a ese registro armó una gran base de 500.000 clientes profesionales, de los cuales 250.000 son compradores frecuentes, con la información necesaria para hacer el mercadeo relacional requerido y optimizar sus inversiones.
Uno a uno
El conocimiento de su base de clientes le permitió a Makro hacer más proactiva su relación. La cadena mayorista llega a los consumidores por medio del Makro Mail -revista propia que circula cada mes-, en la cual destaca los productos que quiere impulsar (solo a determinados compradores); también comunica sus ofertas con volantes que reparte en la zona de influencia de sus tiendas y publicidad en medios especializados, y mediante su TeleMakro (call center) hace seguimiento, promociones puntuales y sondeos permanentes para conocer las necesidades de cada cliente.
Ese feedback llevó a la compañía a mejorar en 2004 su área de perecederos e irse con todo a ganar el desatendido segmento de los procesadores de alimentos. Con ese fin, remodeló sus hipermercados y ahora ofrece novedades especiales en surtido y zonas especializadas como pescado fresco y carnicería, ideales para negocios de catering (restaurantes, casinos, etc.). Sin duda, este segmento ganó importancia por su enorme potencial.
El objetivo es aumentar la frecuencia de compra de los clientes, que la multinacional divide en cuatro segmentos diferentes. Makro es reconocido como un hipermercado mayorista ideal para surtir a los comercializadores de alimentos (tenderos), pero este grupo de compradores apenas representa para la cadena el 30% de sus ventas. El 25% corresponde a los procesadores de alimentos (restaurantes, hoteles, panaderías, etc.); 24% a comercializadores de productos diferentes a alimentos, y 21% a prestadores de servicios. Hay mucho terreno por ganar, pero competidores igualmente fuertes en todos los segmentos. "Tenemos el mejor precio en perecederos", asegura José Gonzalo Romero, gerente de Corabastos.
Con sello propio
La disputa del mercado dependerá entonces de los valores agregados que los mayoristas adicionen a su oferta de precios bajos. La estrategia de Makro es desarrollar proveedores pequeños que produzcan según los requerimientos de sus clientes, en cuanto a cantidades y presentaciones, garantizándoles a ellos volumen y a los compradores, precios bajos. Además, casi siempre esos proveedores se vuelven clientes compradores de insumos.
Por eso, este año, Makro introdujo al país sus marcas de distribución exclusiva M&K (productos básicos), Baldaracci (confitería y galletería) y Clean Line (productos de aseo), con las cuales busca responder a la necesidad manifiesta de los tenderos de mejorar sus márgenes y ganar competitividad frente a las grandes superficies. "Hace 2 años comenzamos a producir leche condensada marca M&K, y con el apoyo de Makro aumentamos las presentaciones del producto y entramos a proveerles mermelada en frascos. Pasamos de obtener ingresos mensuales de $5 millones a $70 millones", afirma William Torres, gerente financiero y administrativo de la pyme Tropical Crop S.A.
Makro también desde hace varios años promueve la participación de empresas medianas y pequeñas para fabricar su marca propia Aro (dirigida a procesadores y transformadores de alimentos) y anuncia movimientos similares para impulsar en el mercado otras suyas de distribución exclusiva como Q-Biz (artículos de oficina y accesorios para computador) y MK-Tech (electrodomésticos pequeños y computación). En total, la compañía ha desarrollado cerca de 500 proveedores nacionales.
Finalmente, como solo recibe pago en efectivo, la multinacional agregó hace poco la posibilidad de los cheques posfechados. "Hicimos una alianza con Fenalco y CrediValores para darle al cliente la facilidad de financiar sus compras, pues no exigimos cuota inicial, con cheques a 30 días para alimentos y a 30, 60 y 90 para productos diferentes a alimentos", explica Jorge Bello, vocero de Makro.
La competencia ahora es al por mayor, pues la lucha por el mercado mayorista es diaria. En ese contexto, el gran reto de Makro será poder salir a crecer agresivamente, pero sin perder la esencia que tanta falta le hizo en un comienzo.
La cadena holandesa se lanza con todo por un mercado mayorista que hace 10 años no supo conquistar, pero que ahora conoce al dedillo. Valores agregados al por mayor.
No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Makro empezó con el pie izquierdo su historia en Colombia y debió esperar casi una década para ordenar la casa y enderezar el camino. Ahora, la multinacional está lista para crecer y adelanta un ambicioso plan de inversiones con el fin de apoderarse del competido mercado mayorista. De hecho, en 2004 vendió $342.000 millones -la cifra más alta desde cuando inició operaciones- y este año invertirá $30.000 millones, abrirá su noveno almacén y sacará su mejor repertorio para crecer por encima del 20%.
Mientras hace 6 años sus ventas caían 36,9% con respecto al año anterior y el ejercicio daba pérdidas, en los últimos 5 años la cadena holandesa ha logrado mantener un crecimiento promedio superior al 12%. Su política desde 2003 es cubrir las nuevas inversiones con utilidades y, por eso, el año pasado recurrió a $7.000 millones para la remodelación de 3 tiendas. Así, aunque castigó márgenes en el corto plazo, mantuvo un endeudamiento financiero bajo (2% de sus ventas).
Pero la cadena tiene grandes competidores, en varios y diversos sectores. No en vano su formato es único en el mercado colombiano y aunque en principio parecía competir con las grandes superficies, enfrenta en realidad al atomizado mercado de los mayoristas. Y ganar fidelidad con ellos es casi imposible, pues su acción de compra está absolutamente ligada con el factor precio. Sin embargo, ante tanta oferta económica similar, es indispensable tener elementos de diferenciación más contundentes.
Con ese fin, mientras reorganizaba, reenfocaba y reposicionaba la compañía, Makro se dedicó a conocer su cliente: hábitos, preferencias y necesidades. Para eso tuvo que hacerse primero las preguntas ¿a quién le quiero vender? Al cliente profesional e institucional. Luego, ¿qué me quiere comprar ese cliente? Productos con valor agregado y a su medida. Y finalmente, ¿cómo hago para venderle eso que necesita, pero más barato? Desarrollando proveedores.
Y a partir del conocimiento al dedillo que logró en toda la cadena, diseñó una estrategia de mercadeo relacional que ahora empieza a marcar su rumbo, para no cometer los errores del pasado.
Primero, lo primero
Cuando Makro arrancó en Colombia, sin querer envió al consumidor el mensaje de que se trataba de un gran supermercado. Los clientes individuales llegaron en masa a buscar ofertas, pero descubrieron que debían tener un pasaporte, que las cantidades eran exageradas y que el servicio dejaba mucho qué desear. La novelería, sin embargo, alcanzó para llenar las 5 tiendas que abrió en principio la cadena en Bogotá (2), Barranquilla, Medellín y Cali, y permitió que las ventas llegaran hasta $279.000 millones en 1997.
Pero en 1998 vino el desastre. En medio del dilema sobre conservar a ese comprador final inesperado o buscar al cliente profesional e institucional previsto desde un comienzo, la multinacional desvirtuó su esencia y entró en crisis. "Tuvimos que terminar con la novia y salir a conseguir una nueva", explica Jorge Bello Tovar, gerente de mercadeo de Makro.
Así comenzó un proceso de reestructuración que duró casi 3 años, dirigido a ganar eficiencias y optimizar el funcionamiento de la organización, el cual estuvo acompañado por una riesgosa pero necesaria estrategia de reposicionamiento externo para capturar su nicho. Casi sin presupuesto publicitario y con la sensación de estar 'pateando la lonchera', la empresa se lanzó a 'desmercadear' ese consumidor final que a esa altura era su principal comprador.
No obstante, en medio del desestímulo a las compras de productos al menudeo y la búsqueda de los llamados 'clientes profesionales' (comercializadores de productos y servicios), la empresa mayorista terminó la reestructuración (2000); abrió su sexto almacén, en Dosquebradas, Risaralda (2001), el séptimo en Bogotá (2002) y el octavo en Ibagué (2003), y remodeló sus tiendas de Bogotá (Villa del Río), Cali y Barranquilla (2004). En silencio, durante esos años de reflexión y austeridad, reivindicó la utilidad del Pasaporte Makro, pues gracias a ese registro armó una gran base de 500.000 clientes profesionales, de los cuales 250.000 son compradores frecuentes, con la información necesaria para hacer el mercadeo relacional requerido y optimizar sus inversiones.
Uno a uno
El conocimiento de su base de clientes le permitió a Makro hacer más proactiva su relación. La cadena mayorista llega a los consumidores por medio del Makro Mail -revista propia que circula cada mes-, en la cual destaca los productos que quiere impulsar (solo a determinados compradores); también comunica sus ofertas con volantes que reparte en la zona de influencia de sus tiendas y publicidad en medios especializados, y mediante su TeleMakro (call center) hace seguimiento, promociones puntuales y sondeos permanentes para conocer las necesidades de cada cliente.
Ese feedback llevó a la compañía a mejorar en 2004 su área de perecederos e irse con todo a ganar el desatendido segmento de los procesadores de alimentos. Con ese fin, remodeló sus hipermercados y ahora ofrece novedades especiales en surtido y zonas especializadas como pescado fresco y carnicería, ideales para negocios de catering (restaurantes, casinos, etc.). Sin duda, este segmento ganó importancia por su enorme potencial.
El objetivo es aumentar la frecuencia de compra de los clientes, que la multinacional divide en cuatro segmentos diferentes. Makro es reconocido como un hipermercado mayorista ideal para surtir a los comercializadores de alimentos (tenderos), pero este grupo de compradores apenas representa para la cadena el 30% de sus ventas. El 25% corresponde a los procesadores de alimentos (restaurantes, hoteles, panaderías, etc.); 24% a comercializadores de productos diferentes a alimentos, y 21% a prestadores de servicios. Hay mucho terreno por ganar, pero competidores igualmente fuertes en todos los segmentos. "Tenemos el mejor precio en perecederos", asegura José Gonzalo Romero, gerente de Corabastos.
Con sello propio
La disputa del mercado dependerá entonces de los valores agregados que los mayoristas adicionen a su oferta de precios bajos. La estrategia de Makro es desarrollar proveedores pequeños que produzcan según los requerimientos de sus clientes, en cuanto a cantidades y presentaciones, garantizándoles a ellos volumen y a los compradores, precios bajos. Además, casi siempre esos proveedores se vuelven clientes compradores de insumos.
Por eso, este año, Makro introdujo al país sus marcas de distribución exclusiva M&K (productos básicos), Baldaracci (confitería y galletería) y Clean Line (productos de aseo), con las cuales busca responder a la necesidad manifiesta de los tenderos de mejorar sus márgenes y ganar competitividad frente a las grandes superficies. "Hace 2 años comenzamos a producir leche condensada marca M&K, y con el apoyo de Makro aumentamos las presentaciones del producto y entramos a proveerles mermelada en frascos. Pasamos de obtener ingresos mensuales de $5 millones a $70 millones", afirma William Torres, gerente financiero y administrativo de la pyme Tropical Crop S.A.
Makro también desde hace varios años promueve la participación de empresas medianas y pequeñas para fabricar su marca propia Aro (dirigida a procesadores y transformadores de alimentos) y anuncia movimientos similares para impulsar en el mercado otras suyas de distribución exclusiva como Q-Biz (artículos de oficina y accesorios para computador) y MK-Tech (electrodomésticos pequeños y computación). En total, la compañía ha desarrollado cerca de 500 proveedores nacionales.
Finalmente, como solo recibe pago en efectivo, la multinacional agregó hace poco la posibilidad de los cheques posfechados. "Hicimos una alianza con Fenalco y CrediValores para darle al cliente la facilidad de financiar sus compras, pues no exigimos cuota inicial, con cheques a 30 días para alimentos y a 30, 60 y 90 para productos diferentes a alimentos", explica Jorge Bello, vocero de Makro.
La competencia ahora es al por mayor, pues la lucha por el mercado mayorista es diaria. En ese contexto, el gran reto de Makro será poder salir a crecer agresivamente, pero sin perder la esencia que tanta falta le hizo en un comienzo.
martes, junio 21, 2005
Se debe buscar dominar los mercados
Proveedores, fabricantes, mayoristas, minoristas y pequeños comerciantes deben buscar permanentemente la forma de dominar el mercado. La respuesta reside en dominar la cadena de demanda y en poseer la habilidad de penetrar en la mente del consumidor.
En el ambiente hipercompetitivo de la venta minorista del siglo XXI, dice el consultor y profesor de marketing Roger D. Blackwell, la llave del éxito será la habilidad para penetrar la mente del consumidor; y para eso es inadecuada la tradicional cadena de suministro que lleva los productos del fabricante al minorista. Éstas son las ideas centrales que desarrolla en su nuevo libro "From Mind to Market. Reinventing the Retail Supply Chain".
Las empresas van a tener que forjar alianzas más estrechas, formando "cadenas de demanda" altamente integradas que interpreten la mente del consumidor y vuelquen al mercado las ideas resultantes. Blackwell cree que nada menos que una "reinvención radical del minorismo" será suficiente para el mercado hipercompetitivo que se avecina e ilustra sus ideas con ejemplos de empresas que ya lo están han hecho, como Wal-Mart, AT&T, Kinko’s The Gap, JCPenny y The Limited.
El autor presenta un compendio de las últimas tendencias, estrategias y técnicas de marketing para un mercado globalizado y con una aceleración del cambio impresionante. Blackwell demuestra cómo y por qué reinventar la cadena de distribución minorista puede construir o destruir la rentabilidad de una empresa en la nueva economía. Cuando las empresas adoptan estrategias de marketing activamente orientadas al consumidor en lugar de las tradicionalmente pasivas relaciones consumidor / proveedor, no sólo se vuelven más rentables sino que también llegan a posiciones de liderazgo de mercado. El libro explora qué significa ser líder con la mente en el mercado y cómo cualquier compañía, grande o pequeña, puede derrotar a sus competidores empleando estrategias visionarias.
Estamos entrando en la "era de la compresión", dice Blackwell, en la que una amplia variedad de factores está confluyendo para aumentar la presión competitiva. Mientras la clase media se reduce cada vez más, el espacio en góndolas sigue siendo escaso, los consumidores cuidan cada vez más su dinero y están cada vez más presionados por el tiempo. No sorprende, entonces, que proveedores, fabricantes, mayoristas, minoristas y pequeños comerciantes busquen permanentemente la forma de dominar el mercado. La respuesta reside en dominar la cadena de demanda y en poseer la habilidad de penetrar en la mente del consumidor.
Blackwell muestra que las empresas que forman alianzas estratégicas para entender mejor y satisfacer las necesidades y deseos de sus clientes ganarán ventajas competitivas. No es suficiente saber quién está comprando, sostiene. Los líderes de la "cadena de demanda" deben entender cómo se toma la decisión de compra y cómo se usa el producto. Blackwell analiza compañías que ya han abrazado la metodología "de la mente al mercado" y las técnicas de "cadena de demanda". Son empresas que han aprendido a juntar información de sus clientes y actuar en función de ella, a analizar y aplicar datos demográficos y psicográficos y a cambiar las responsabilidades dentro de la cadena de la demanda para mejorar la eficiencia y servir al cliente.
Con permiso de reproducción de Estrategia en Acción SLADE Sociedad Latinoamericana de Estrategia
En el ambiente hipercompetitivo de la venta minorista del siglo XXI, dice el consultor y profesor de marketing Roger D. Blackwell, la llave del éxito será la habilidad para penetrar la mente del consumidor; y para eso es inadecuada la tradicional cadena de suministro que lleva los productos del fabricante al minorista. Éstas son las ideas centrales que desarrolla en su nuevo libro "From Mind to Market. Reinventing the Retail Supply Chain".
Las empresas van a tener que forjar alianzas más estrechas, formando "cadenas de demanda" altamente integradas que interpreten la mente del consumidor y vuelquen al mercado las ideas resultantes. Blackwell cree que nada menos que una "reinvención radical del minorismo" será suficiente para el mercado hipercompetitivo que se avecina e ilustra sus ideas con ejemplos de empresas que ya lo están han hecho, como Wal-Mart, AT&T, Kinko’s The Gap, JCPenny y The Limited.
El autor presenta un compendio de las últimas tendencias, estrategias y técnicas de marketing para un mercado globalizado y con una aceleración del cambio impresionante. Blackwell demuestra cómo y por qué reinventar la cadena de distribución minorista puede construir o destruir la rentabilidad de una empresa en la nueva economía. Cuando las empresas adoptan estrategias de marketing activamente orientadas al consumidor en lugar de las tradicionalmente pasivas relaciones consumidor / proveedor, no sólo se vuelven más rentables sino que también llegan a posiciones de liderazgo de mercado. El libro explora qué significa ser líder con la mente en el mercado y cómo cualquier compañía, grande o pequeña, puede derrotar a sus competidores empleando estrategias visionarias.
Estamos entrando en la "era de la compresión", dice Blackwell, en la que una amplia variedad de factores está confluyendo para aumentar la presión competitiva. Mientras la clase media se reduce cada vez más, el espacio en góndolas sigue siendo escaso, los consumidores cuidan cada vez más su dinero y están cada vez más presionados por el tiempo. No sorprende, entonces, que proveedores, fabricantes, mayoristas, minoristas y pequeños comerciantes busquen permanentemente la forma de dominar el mercado. La respuesta reside en dominar la cadena de demanda y en poseer la habilidad de penetrar en la mente del consumidor.
Blackwell muestra que las empresas que forman alianzas estratégicas para entender mejor y satisfacer las necesidades y deseos de sus clientes ganarán ventajas competitivas. No es suficiente saber quién está comprando, sostiene. Los líderes de la "cadena de demanda" deben entender cómo se toma la decisión de compra y cómo se usa el producto. Blackwell analiza compañías que ya han abrazado la metodología "de la mente al mercado" y las técnicas de "cadena de demanda". Son empresas que han aprendido a juntar información de sus clientes y actuar en función de ella, a analizar y aplicar datos demográficos y psicográficos y a cambiar las responsabilidades dentro de la cadena de la demanda para mejorar la eficiencia y servir al cliente.
Con permiso de reproducción de Estrategia en Acción SLADE Sociedad Latinoamericana de Estrategia
domingo, junio 19, 2005
LAS MARCAS…EN SUS MARCAS, LISTAS..
Por: Ignacio Gómez Escobar
Las marcas hoy son como un maratón en el que participan varios competidores: marca de fabricante, marca propia, marca blanca, marca de distribuidor, marca privada, marca de primer precio, el precio como marca y hasta el genérico de marca y la que podríamos denominar marca-marca. Todas participan en la lucha por ganarse el mercado.
En la disputa por los favores del mercado, desde inicios de la década de los 90, y tal vez un poco antes, llega al mercado un nuevo protagonista: La marca propia, también conocida como marca de distribuidor, marca blanca o marca privada, con algunas pequeñas diferencias de concepto entre unas y otras. Las grandes superficies comerciales, también conocidas como grandes cadenas o hipermercados, desarrollan sus propias marcas apuntándole inicialmente a los productos y marcas líderes y contratando la maquila de éstas con productores que les garanticen los mismos ingredientes y procesos de la marca tradicional. Pocas veces lo logran.
Estas marcas llegan al mercado a competir con las marcas de fabricantes que siempre habían ocupado los espacios privilegiados en las estanterías: las góndolas. Vienen como apoyo a la política de “precios bajos siempre” de casi todos los hipermercados. Además, porque las “marcas propias” son una fuente directa de ingresos, regularmente con un margen de utilidad mejor que las marcas de fabricante, aportan a la diferenciación entre los hiper, porque son marcas exclusivas de éstos y aportan al desplazamiento de poder del fabricante al distribuidor, en este caso el hiper.
A medida que se aumenta la oferta de marcas propias y marcas de primer precio, el precio mas bajo de la categoría, tiende a disminuir la oferta de marcas de fabricantes y en éstas dejan sólo a los lideres y de amplio apoyo publicitario o buena rentabilidad por centímetro cuadrado de exhibición. Las marcas de las franjas medias (pymes) se quedan sin participar en el lineal y tienen que buscar mercados alternos. En la mayoría de los casos estas marcas de hiper tienen una calidad similar a la del fabricante que quieren sustituir y un precio de venta inferior en un 15% a 20%.
Los hiper, al desarrollar sus marcas, son conscientes de la importancia de la utilización del punto de compra, como un lugar en el cual se potencia la marca. Las marcas de hipermercados se fundamentan también en este aspecto y en “la sombrilla” que les da el nombre del negocio. Así mismo, en la premisa que la exhibición es determinante en la compra y que los clientes son mas sensibles a la impresión e información que reciben de los almacenes que a la confianza en los nombres de las marcas o a la publicidad que les dice que deben comprar.
Algunos autores hablan del “retail” de tercera generación en donde las marcas propias pasaran de una competencia de precio a una competencia de posicionamiento, incursionando de frente en un mercado de marcas. Pero las marcas fuertes no aparecen de un día para otro, son construidas en el tiempo mediante procesos que implican decisiones estratégicas. Se deben definir los valores importantes para las personas, la segmentación y el posicionamiento.
Según el Boston Consulting Group, en Gran Bretaña en el 2002 ya habían llegado las marcas propias a una penetración del 39% de las ventas, en Estados Unidos al 15.6%.
Con todas estas apreciaciones aparece la pregunta: ¿qué pasa con los mercados tradicionales, y aquí incluimos lo que en Colombia llamamos la “Tienda de Barrio”, y cómo se reparte la torta entre éstas y los grandes? Las cifras nos hablan de un 61%: superettes 15%. Tiendas de barrio 46%. Grandes superficies el 39%. Cifras que tienden a ser estables.
Si afirmamos que la fundamentación del Neoliberalismo está en “manda el mercado” y si partimos de esa premisa nos preguntamos ¿manda el Hipermercado? Podemos responder ¡NO!, MANDA LA TIENDA, no obstante, la entrada de marcas propias y marcas de primer precio y el fortalecimiento de éstas, pueden “mellar” los mercados tradicionales.
Este tema tiene mucha mas “tela para cortar” y seguramente nos referiremos luego, por ahora, sigamos presenciando esta competencia pues hace mucho se dio la largada con: “En sus marcas,listos,¡ya!” la competencia esta en pleno furor y esperamos que sea el consumidor al final el ganador.
Las marcas hoy son como un maratón en el que participan varios competidores: marca de fabricante, marca propia, marca blanca, marca de distribuidor, marca privada, marca de primer precio, el precio como marca y hasta el genérico de marca y la que podríamos denominar marca-marca. Todas participan en la lucha por ganarse el mercado.
En la disputa por los favores del mercado, desde inicios de la década de los 90, y tal vez un poco antes, llega al mercado un nuevo protagonista: La marca propia, también conocida como marca de distribuidor, marca blanca o marca privada, con algunas pequeñas diferencias de concepto entre unas y otras. Las grandes superficies comerciales, también conocidas como grandes cadenas o hipermercados, desarrollan sus propias marcas apuntándole inicialmente a los productos y marcas líderes y contratando la maquila de éstas con productores que les garanticen los mismos ingredientes y procesos de la marca tradicional. Pocas veces lo logran.
Estas marcas llegan al mercado a competir con las marcas de fabricantes que siempre habían ocupado los espacios privilegiados en las estanterías: las góndolas. Vienen como apoyo a la política de “precios bajos siempre” de casi todos los hipermercados. Además, porque las “marcas propias” son una fuente directa de ingresos, regularmente con un margen de utilidad mejor que las marcas de fabricante, aportan a la diferenciación entre los hiper, porque son marcas exclusivas de éstos y aportan al desplazamiento de poder del fabricante al distribuidor, en este caso el hiper.
A medida que se aumenta la oferta de marcas propias y marcas de primer precio, el precio mas bajo de la categoría, tiende a disminuir la oferta de marcas de fabricantes y en éstas dejan sólo a los lideres y de amplio apoyo publicitario o buena rentabilidad por centímetro cuadrado de exhibición. Las marcas de las franjas medias (pymes) se quedan sin participar en el lineal y tienen que buscar mercados alternos. En la mayoría de los casos estas marcas de hiper tienen una calidad similar a la del fabricante que quieren sustituir y un precio de venta inferior en un 15% a 20%.
Los hiper, al desarrollar sus marcas, son conscientes de la importancia de la utilización del punto de compra, como un lugar en el cual se potencia la marca. Las marcas de hipermercados se fundamentan también en este aspecto y en “la sombrilla” que les da el nombre del negocio. Así mismo, en la premisa que la exhibición es determinante en la compra y que los clientes son mas sensibles a la impresión e información que reciben de los almacenes que a la confianza en los nombres de las marcas o a la publicidad que les dice que deben comprar.
Algunos autores hablan del “retail” de tercera generación en donde las marcas propias pasaran de una competencia de precio a una competencia de posicionamiento, incursionando de frente en un mercado de marcas. Pero las marcas fuertes no aparecen de un día para otro, son construidas en el tiempo mediante procesos que implican decisiones estratégicas. Se deben definir los valores importantes para las personas, la segmentación y el posicionamiento.
Según el Boston Consulting Group, en Gran Bretaña en el 2002 ya habían llegado las marcas propias a una penetración del 39% de las ventas, en Estados Unidos al 15.6%.
Con todas estas apreciaciones aparece la pregunta: ¿qué pasa con los mercados tradicionales, y aquí incluimos lo que en Colombia llamamos la “Tienda de Barrio”, y cómo se reparte la torta entre éstas y los grandes? Las cifras nos hablan de un 61%: superettes 15%. Tiendas de barrio 46%. Grandes superficies el 39%. Cifras que tienden a ser estables.
Si afirmamos que la fundamentación del Neoliberalismo está en “manda el mercado” y si partimos de esa premisa nos preguntamos ¿manda el Hipermercado? Podemos responder ¡NO!, MANDA LA TIENDA, no obstante, la entrada de marcas propias y marcas de primer precio y el fortalecimiento de éstas, pueden “mellar” los mercados tradicionales.
Este tema tiene mucha mas “tela para cortar” y seguramente nos referiremos luego, por ahora, sigamos presenciando esta competencia pues hace mucho se dio la largada con: “En sus marcas,listos,¡ya!” la competencia esta en pleno furor y esperamos que sea el consumidor al final el ganador.
viernes, junio 17, 2005
Supermercados del Infierno
Esta no es propiamente una nota sobre que pasa en el comercio. Pero vale la pena leerla y tratar de asimilarla a la realidad.Este artículo esta tomado de: http://fbenedetti.blogalia.com/historias/10667 y lo transcribo sin comentarios
"Esta es la historia de aquellos que perecieron en Al Campo de batalla."Supermercados. Hipermercados. Grandes superficies. Grandes almacenes. Cajas. El paraíso y el infierno del consumidor, juntos, en enormes naves comerciales, rodeadas por miles de plazas de aparcamiento, luces navideñas que iluminan la noche, música impersonal que se repite hasta la saciedad, mensajes publicitarios escupidos por los altavoces internos, como ordenes subliminales en un campo de concentración capitalista.Este suplicio me gusta y me aterra.Porque en verdad se trata de una emocionante hazaña. Todos los buenos cristianos se amontonan los sábados por la mañana a comprar en estos lugares de perdición. Como un manso rebaño de ovejas, la gente se deja llevar, penetra en el matadero de su bolsillo y, allí, se pierde. Lo que en un principio eran "cinco minutos para comprar agua y azúcar" se traducen, de repente, en dos horas y media de paseo entre estanterías, y un desembolso no inferior a los sesenta euros. El supermercado está pensado para alargar el dolor y el sufrimiento, para empobrecer a las masas y dominarlas.Llega el comprador típico con su autovehículo, y busca una plaza de aparcamiento: tarea complicada, pues las plazas libres son pocas, las calles de tránsito rebosan de antropoides. Aparcar sin matar, he ahí el gran dilema. Tras posicionar el coche en un lugar decente, topas con un yonki pidiendo monedas para un bocadillo. Le das un bocadillo. El yonki te envía a tomar por culo. Realmente la gente no sabe lo que quiere. Y así, más perplejo que enfadado, intentas obtener el símbolo de máximo poder y estatus social: el carrito de la compra.El carrito de la compra de un supermercado es una especie de jaula metálica, llena de herrumbre, que se obtiene mediante el encaje una moneda de un euro. Sus ruedas son un accesorio meramente estético, y para controlar un carro en su trayectoria hace falta un hyperdrive y algunos oficiales de la marina galáctica (pues un carro lleno de artículos adora la inercia de forma casi diabólica). Dentro de cada carro suele haber una o dos sorpresas, como bolsas de plástico, viejos catálogos, niños abandonados, y verdura podrida. La barra de plástico del carro, que sirve para empujarlo, es una fértil colonia de suciedad y bacterias; algunos han intentado el suicidio lamiéndola. Algunos carros, pocos, llevan una especie de soporte para niños o bolsos - pues los niños adoran meterse dentro del carro de la compra y sentirse, por unos instantes, imbéciles temerarios.Ahora que posee un carrito de compra, el consumidor siente el optimismo y la euforia de aquél que todavía no conoce su triste destino. Atravesando sagradas puertas de apertura automática, un chorro de aire acondicionado que apesta a jamón le da la bienvenida, como en El Paraíso según Oscar Mayer. Para alcanzar la entrada, el consumidor debe atravesar una extensa galería comercial, dotada normalmente de servicios tan indispensables como:• Una peluquería• Una peluquería canina• Una tienda de animales sin animales• Una joyería• Dos tiendas de gadgets y lámparas de lava• Una tienda de golosinas• Una guardería (para los niños)• Un prostíbulo (para los mayores)• Una tienda de gafas• Una zapatería para mujeres• Un par de bares de tapas• Una tienda de periódicos• Cajeros automáticos sin dineroSorteando columnas, otros carritos, vendedores de enciclopedias, payasos mascota que no hacen gracia, guardias de seguridad que pasean con una vieja automática Astra que no dispara desde hace quince años, más yonkis, niños que corretean alegremente por el averno, alemanes haciendo picnic y demás fauna típica. Con suerte, el consumidor llega sano y salvo a la entrada, custodiada por una gentil guardia de seguridad con sobrepeso que, al ver que llevas bolso, se acerca con cara de pocos amigos."Tiene usted que sellar el bolso al vacío o dejarlo en taquilla", dice."Pero si todos vuestros artículos llevan banda magnética... y hay cámaras. Oiga, que yo necesito mi bolso""Lo siento, así funciona nuestra política de seguridad", insiste."Váyase a la mierda, ¿acaso tengo cara de ladrón?", te gustaría decir. Pero en realidad lo que dices es:"¿Puedo hablar con el director o el maxi-presidente general, o quien lleve el chiringuito éste?"Y de repente la guardia de seguridad, empleada temporal, siente un frío miedo trepar por su espalda. Después de diez minutos llega el director del centro comercial, un tipo con camisa y corbata, delgado, gafas Armani. Para él todo debe ir sobre ruedas, el cliente siempre tiene razón: escupe una serie de razones como si fuera una presentación en Powerpoint, mira la otra de forma indescifrable y luego deja entrar al pobre poseedor de bolso, como si nada hubiera ocurrido. Mientras tanto, un gitano está saliendo a dos metros de distancia, comiendo algunos bollos que ha pillado en la sección de pastelería.Con el humor hecho trizas, el cliente sigue su periplo infernal. El antro pecaminoso empieza por los artículos de menor necesidad: cámaras de fotos, una selección pobre de ordenadores, libros de bolsillo y de cocina, algunas bicicletas de Taiwán, posters de Pamela Anderson y Tolkien, sección de jardinería, alfombras, bombillas, limpiaparabrisas. La sección de accesorios para el coche no lleva cámara de seguridad, y sin embargo es el lugar donde la mayoría de ladrones quita el código de barras de los productos. Curioso.Para llegar a las estanterías de agua, azúcar, y demás ultramarinos indispensables, hay que recorrer cien metros, debajo de enormes lámparas de sodio, saturando el oído con ofertas ofertosas de pescado y marisco, y sorteando los demás carros. Las mujeres suelen perderse a la altura de la sección textil, internándose en probadores de escasa calidad. Los hijos menores, se pierden en la sección de juguetes, llorando como posesos por un muñeco de plástico tóxico. Los hijos mayores, se pierden por otro lado en la sección friki-techno, o en la de discos y libros. El supermercado rompe la familia, la descompone. Luego toca ir a caja central y dejar que la pava de turno mencione el nombre del hijo por el interfono. En tales casos, hace falta tener un nombre eufónico, so pena de convertirse en un hazmerreír:"Casimiro Monfort, acuda a caja central por favorrrrr"Y el pobre Casimiro no se acerca, porque le da vergüenza hacerlo. Dos mil personas que de repente ven al cretino de Casimiro, que se había quedado ensimismado mirando el DVD de Shrek sentado en el suelo. La mejor forma de olvidar el asunto es echarse en una gran nevera para congelados y despertar después de un puñado de siglos. Y por algo así uno pierde a un hijo. La vida es cruel. Pero todavía no ha terminado esta odisea. Oh no.El carro ya se desborda con miles de objetos. Deshidratados, nuestros héroes acuden a las cajas, sólo para descubrir que todas están llenas, y con cola. Una cola interminable. La llamada Caja Rápida, es la más lenta de todas. Las cajeras, todas con su anillo de casadas y su maquillaje agua y jabón, pasan los códigos de barras con pereza, y la cinta transportadora, pringada por sustancias que sería mejor no mencionar, arrastra de todo. Llega finalmente tu turno, pero no antes de que uno de los hijos haya visto un pack de chicles en uno de los mostradores terminales. O un conejito de Duracell. Me cago en la mar.Has llegado a la caja. El fin está cerca. La cuenta crece. La hábil cajera hace ella misma los bolsos, metiendo el pan junto a la lejía, gran mezcla, sí señora, es usted una artista. Bip, bip... ups. Un artículo no pasa por el lector. Digita el número. Media hora. Tampoco. Llama Caja Central y se desactiva, pasando a un estado de standby. Llega una pava con patines, dice el precio, y todo se reanuda. Suspiros de alivio en toda la cola. Alguien quiere aplaudir. Se oyen gemidos de llanto y conmoción."200 euros. ¿Tarjeta o al contado?"Mejor al contado. Porque la mayoría de veces los lectores de tarjetas no funcionan, y podríais dar la falsa impresión de que habéis caído en desgracia recientemente, como en esas películas de Wall Street con ejecutivos que pasan de ricos a miserables en dos horas. Estáis a punto de pagar, de alejaros de allí a toda velocidad, saliendo del parking y del infierno, cuando, de repente, un hijo vuelve a pasar por el escáner con su juguete. Salta la alarma, ensordecedora. La cajera llama a seguridad. Ni siquiera os mira a los ojos. Llega el guardia."Sígame a caja central, por favor""Oiga, que el juguete ha sido pagado. Mira, está en el ticket""Sígame, por favor"De improviso sientes el deseo de pillar la cabeza de la cajera, apoyarla a la cinta transportadora y pisar el botón de aceleración hasta cambiar el color de la cinta de negro a rojo oscuro. Y acto seguido, empujar el carro de compra contra la pelvis del guardia, haciéndole caer sobre el suelo de linóleum, aplastándole luego los huesos con una gran sandía que había costado tres euros. Y la paz se convierte en anarquía, y los pueblos se rebelan, y la luna se tiñe de sangre, y el día del gran saqueo final se cumple. Pero nada de eso ocurre: sigues al guardia, le explicas el malentendido, y después de haber tirado otra media hora, sales a buscar el coche. Alguien lo ha robado.Los supermercados son magníficos.SE HABLA ESPAÑOL
"Esta es la historia de aquellos que perecieron en Al Campo de batalla."Supermercados. Hipermercados. Grandes superficies. Grandes almacenes. Cajas. El paraíso y el infierno del consumidor, juntos, en enormes naves comerciales, rodeadas por miles de plazas de aparcamiento, luces navideñas que iluminan la noche, música impersonal que se repite hasta la saciedad, mensajes publicitarios escupidos por los altavoces internos, como ordenes subliminales en un campo de concentración capitalista.Este suplicio me gusta y me aterra.Porque en verdad se trata de una emocionante hazaña. Todos los buenos cristianos se amontonan los sábados por la mañana a comprar en estos lugares de perdición. Como un manso rebaño de ovejas, la gente se deja llevar, penetra en el matadero de su bolsillo y, allí, se pierde. Lo que en un principio eran "cinco minutos para comprar agua y azúcar" se traducen, de repente, en dos horas y media de paseo entre estanterías, y un desembolso no inferior a los sesenta euros. El supermercado está pensado para alargar el dolor y el sufrimiento, para empobrecer a las masas y dominarlas.Llega el comprador típico con su autovehículo, y busca una plaza de aparcamiento: tarea complicada, pues las plazas libres son pocas, las calles de tránsito rebosan de antropoides. Aparcar sin matar, he ahí el gran dilema. Tras posicionar el coche en un lugar decente, topas con un yonki pidiendo monedas para un bocadillo. Le das un bocadillo. El yonki te envía a tomar por culo. Realmente la gente no sabe lo que quiere. Y así, más perplejo que enfadado, intentas obtener el símbolo de máximo poder y estatus social: el carrito de la compra.El carrito de la compra de un supermercado es una especie de jaula metálica, llena de herrumbre, que se obtiene mediante el encaje una moneda de un euro. Sus ruedas son un accesorio meramente estético, y para controlar un carro en su trayectoria hace falta un hyperdrive y algunos oficiales de la marina galáctica (pues un carro lleno de artículos adora la inercia de forma casi diabólica). Dentro de cada carro suele haber una o dos sorpresas, como bolsas de plástico, viejos catálogos, niños abandonados, y verdura podrida. La barra de plástico del carro, que sirve para empujarlo, es una fértil colonia de suciedad y bacterias; algunos han intentado el suicidio lamiéndola. Algunos carros, pocos, llevan una especie de soporte para niños o bolsos - pues los niños adoran meterse dentro del carro de la compra y sentirse, por unos instantes, imbéciles temerarios.Ahora que posee un carrito de compra, el consumidor siente el optimismo y la euforia de aquél que todavía no conoce su triste destino. Atravesando sagradas puertas de apertura automática, un chorro de aire acondicionado que apesta a jamón le da la bienvenida, como en El Paraíso según Oscar Mayer. Para alcanzar la entrada, el consumidor debe atravesar una extensa galería comercial, dotada normalmente de servicios tan indispensables como:• Una peluquería• Una peluquería canina• Una tienda de animales sin animales• Una joyería• Dos tiendas de gadgets y lámparas de lava• Una tienda de golosinas• Una guardería (para los niños)• Un prostíbulo (para los mayores)• Una tienda de gafas• Una zapatería para mujeres• Un par de bares de tapas• Una tienda de periódicos• Cajeros automáticos sin dineroSorteando columnas, otros carritos, vendedores de enciclopedias, payasos mascota que no hacen gracia, guardias de seguridad que pasean con una vieja automática Astra que no dispara desde hace quince años, más yonkis, niños que corretean alegremente por el averno, alemanes haciendo picnic y demás fauna típica. Con suerte, el consumidor llega sano y salvo a la entrada, custodiada por una gentil guardia de seguridad con sobrepeso que, al ver que llevas bolso, se acerca con cara de pocos amigos."Tiene usted que sellar el bolso al vacío o dejarlo en taquilla", dice."Pero si todos vuestros artículos llevan banda magnética... y hay cámaras. Oiga, que yo necesito mi bolso""Lo siento, así funciona nuestra política de seguridad", insiste."Váyase a la mierda, ¿acaso tengo cara de ladrón?", te gustaría decir. Pero en realidad lo que dices es:"¿Puedo hablar con el director o el maxi-presidente general, o quien lleve el chiringuito éste?"Y de repente la guardia de seguridad, empleada temporal, siente un frío miedo trepar por su espalda. Después de diez minutos llega el director del centro comercial, un tipo con camisa y corbata, delgado, gafas Armani. Para él todo debe ir sobre ruedas, el cliente siempre tiene razón: escupe una serie de razones como si fuera una presentación en Powerpoint, mira la otra de forma indescifrable y luego deja entrar al pobre poseedor de bolso, como si nada hubiera ocurrido. Mientras tanto, un gitano está saliendo a dos metros de distancia, comiendo algunos bollos que ha pillado en la sección de pastelería.Con el humor hecho trizas, el cliente sigue su periplo infernal. El antro pecaminoso empieza por los artículos de menor necesidad: cámaras de fotos, una selección pobre de ordenadores, libros de bolsillo y de cocina, algunas bicicletas de Taiwán, posters de Pamela Anderson y Tolkien, sección de jardinería, alfombras, bombillas, limpiaparabrisas. La sección de accesorios para el coche no lleva cámara de seguridad, y sin embargo es el lugar donde la mayoría de ladrones quita el código de barras de los productos. Curioso.Para llegar a las estanterías de agua, azúcar, y demás ultramarinos indispensables, hay que recorrer cien metros, debajo de enormes lámparas de sodio, saturando el oído con ofertas ofertosas de pescado y marisco, y sorteando los demás carros. Las mujeres suelen perderse a la altura de la sección textil, internándose en probadores de escasa calidad. Los hijos menores, se pierden en la sección de juguetes, llorando como posesos por un muñeco de plástico tóxico. Los hijos mayores, se pierden por otro lado en la sección friki-techno, o en la de discos y libros. El supermercado rompe la familia, la descompone. Luego toca ir a caja central y dejar que la pava de turno mencione el nombre del hijo por el interfono. En tales casos, hace falta tener un nombre eufónico, so pena de convertirse en un hazmerreír:"Casimiro Monfort, acuda a caja central por favorrrrr"Y el pobre Casimiro no se acerca, porque le da vergüenza hacerlo. Dos mil personas que de repente ven al cretino de Casimiro, que se había quedado ensimismado mirando el DVD de Shrek sentado en el suelo. La mejor forma de olvidar el asunto es echarse en una gran nevera para congelados y despertar después de un puñado de siglos. Y por algo así uno pierde a un hijo. La vida es cruel. Pero todavía no ha terminado esta odisea. Oh no.El carro ya se desborda con miles de objetos. Deshidratados, nuestros héroes acuden a las cajas, sólo para descubrir que todas están llenas, y con cola. Una cola interminable. La llamada Caja Rápida, es la más lenta de todas. Las cajeras, todas con su anillo de casadas y su maquillaje agua y jabón, pasan los códigos de barras con pereza, y la cinta transportadora, pringada por sustancias que sería mejor no mencionar, arrastra de todo. Llega finalmente tu turno, pero no antes de que uno de los hijos haya visto un pack de chicles en uno de los mostradores terminales. O un conejito de Duracell. Me cago en la mar.Has llegado a la caja. El fin está cerca. La cuenta crece. La hábil cajera hace ella misma los bolsos, metiendo el pan junto a la lejía, gran mezcla, sí señora, es usted una artista. Bip, bip... ups. Un artículo no pasa por el lector. Digita el número. Media hora. Tampoco. Llama Caja Central y se desactiva, pasando a un estado de standby. Llega una pava con patines, dice el precio, y todo se reanuda. Suspiros de alivio en toda la cola. Alguien quiere aplaudir. Se oyen gemidos de llanto y conmoción."200 euros. ¿Tarjeta o al contado?"Mejor al contado. Porque la mayoría de veces los lectores de tarjetas no funcionan, y podríais dar la falsa impresión de que habéis caído en desgracia recientemente, como en esas películas de Wall Street con ejecutivos que pasan de ricos a miserables en dos horas. Estáis a punto de pagar, de alejaros de allí a toda velocidad, saliendo del parking y del infierno, cuando, de repente, un hijo vuelve a pasar por el escáner con su juguete. Salta la alarma, ensordecedora. La cajera llama a seguridad. Ni siquiera os mira a los ojos. Llega el guardia."Sígame a caja central, por favor""Oiga, que el juguete ha sido pagado. Mira, está en el ticket""Sígame, por favor"De improviso sientes el deseo de pillar la cabeza de la cajera, apoyarla a la cinta transportadora y pisar el botón de aceleración hasta cambiar el color de la cinta de negro a rojo oscuro. Y acto seguido, empujar el carro de compra contra la pelvis del guardia, haciéndole caer sobre el suelo de linóleum, aplastándole luego los huesos con una gran sandía que había costado tres euros. Y la paz se convierte en anarquía, y los pueblos se rebelan, y la luna se tiñe de sangre, y el día del gran saqueo final se cumple. Pero nada de eso ocurre: sigues al guardia, le explicas el malentendido, y después de haber tirado otra media hora, sales a buscar el coche. Alguien lo ha robado.Los supermercados son magníficos.SE HABLA ESPAÑOL
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