martes, diciembre 25, 2012

Diseño de supermercados y tiendas de alimentación en 3 claves


Ivan Cotado Diseño de Interiores

Diseño de supermercados y tiendas de alimentación en 3 claves

Diseño de supermercados y tiendas de alimentación en 3 claves.- Hoy traemos a la sección #en3claves uno de los negocios más antiguos de la humanidad… y no es el que estás pensando, picaruel@, aunque quizá algún día nos arranquemos con él. En el segundo artículo de esta serie hablaremos de los espacios retail destinados a la venta de alimentos, conocidos en un pasado como Ultramarinos y hoy en día por Supermercados.
Según nuestro criterio estos son los 3 aspectos más importantes sobre los que intervenir a la hora de diseñar un supermercado o tienda de alimentación.
Diseño de supermercados en 3 claves (Loblaws Maple Leaf Gardens en Ontario)
Loblaws Maple Leaf Gardens. Ontario. Mejor diseño en retail de los Australian Design Awards 2012

Diseño de supermercados y tiendas de alimentación en 3 claves

1) Imagen

Si bien para la mayoría de negocios “físicos” la imagen que irradian resulta de una enorme importancia, en el caso que nos ocupa este aspecto cobra un protagonismo mayor, capital diría yo, de ahí que lo destaquemos como la primera de las claves a tener en cuenta en todo buen ejemplo de espacio destinado a la venta de alimentos.
Cuando hablamos de imagen no nos referimos a la que todos esperamos y catalogamos como “buena” imagen, ya que una imagen “mala” puede ayudarnos a obtener más ventas. Si te has echado las manos a la cabeza espera a la explicación.
Existe una norma de manual en el mundo de los negocios y es que éstos deben ofrecer una calidad final percibida o experiencia de compra siempre por encima de las expectativas previas que se han creado en la mente del cliente. Para entender este concepto vamos a ejemplificarlo con dos marcas conocidas: Supercor (Supermercado de El Corte Inglés) y Supermercados Día.
El primero de ellos, Supercor, transmite una imagen de calidad y cuidada experiencia que genera en sus clientes altas expectativas a las que responden gracias a sus productos de excelencia. Resumen, calidad percibida por encima de las expectativas generadas.
En el extremo opuesto se encuentran Día, o Lidl, supermercados a los que sus clientes acuden con pocas expectativas de calidad (en Lidl ya habría que hacer otro estudio sobre esto) pero grandes expectativas de ahorro. ¿Cómo consiguen supermercados como Día o Lidl satisfacer las altas expectativas de ahorro de su target? Pues aparte de utilizar productos de precios reducidos, echan mano de un diseño “descuidado y ausente de ornamentos”, pero diseño de interiores al fin y al cabo.
En ambos casos su imagen está buscada, pretendida, no es fruto de la casualidad, y es uno de los aspectos fundamentales en su éxito como negocio.
Día no podría atraer al target de Supercor con su diseño de tiendas y Supercor tampoco atraerá nunca con su diseño e imagen al cliente en busca del ahorro. Y es más, Supermercados Día, no podría atraer al target ahorrador si no fuese con el diseño de tienda “poco cuidada” que asume como marca, focalizando toda su estrategia en el ahorro y la ausencia de gastos superfluos. No en vano, Supermercados Día ya cobraba las bolsas de plástico hace muchos años cuando los demás acaban de adoptar la medida (otro guiño al ahorro).
Una vez entendemos que la imagen descuidada, aparentemente desordenada e incluso caótica de los Día, Lidl y similares, está buscada, planeada y forma parte de su estrategia de negocio perfectamente definida y dirigida a su target, es más fácil aceptar que el diseño y la imagen están íntimamente ligados al éxito de un Supermercado, yo diría que de cualquier otro negocio.

2) Organización

Descrito el anterior punto, el siguiente no podía ser otro que la organización o categorización de productos, a su vez la principal arma para conseguir una imagen determinada.
Productos desordenados, almacenados o stockeados en masa, agrupados por precios muy llamativos son algunas de las armas empleadas por supermercados de “imagen media-baja” con productos a precios competitivos.
Por el contrario, los estantes con productos perfectamente alineados, ordenados en amplios pasillos y ubicados por categorías y no necesariamente por precios, son algunas de las técnicas a las que recurren los supermercados que buscan una “imagen de calidad”  con clientes de capacidad económica media-alta.

3) Iluminación

Pues sí, de nuevo hablando de iluminación. A estas alturas me imagino que ya estaréis al corriente de nuestra obsesión por la iluminación comercial, la cual entendemos y valoramos como una de las armas principales del buen Diseño Interior.
En los supermercados o tiendas de alimentación esta trascendencia adquiere mayor protagonismo si cabe debido a la complejidad de su diseño. Me explico, si bien en la mayoría de negocios con uno o dos tipos de luz solucionamos la iluminación del espacio, en los supermercados no es así y si elegimos un tipo de luz que no sea el adecuado para cada producto o sección, las ventas del mismo pueden verse afectadas negativamente.
Para la zona de pescadería, carnicería y frutería debemos conseguir una iluminación lo más cercana posible a la luz natural, con una buena reproducción cromática que resalte los colores propios del producto y su frescura. Antiguamente en las carnicerías se empleaba fluorescencia de tonos rojos-azulados para evidenciar y acentuar el color de la carne. Afortunadamente esta medida ha quedado obsoleta al generar una atmósfera demasiado artificial.
En otras zonas como la panadería o pastelería funcionan bien las luces cálidas que resaltan los marrones, ocres y dorados del producto, mientras que las luces brillantes, con potencia, son las ideales para resaltar productos cosméticos debido a sus packaging de vivos colores.
En definitiva, se trata de espacios con productos tan dispares y diferentes entre sí que cada cual requiere de una iluminación específica, concreta y definida para resaltar sus principales atributos siendo en cierto modo complejo, pero no imposible, conjugar todos estos tipos de iluminación bajo un mismo techo.
Y ojo, todo esto depende de tu estrategia comercial, es decir, de forma simplificada depende de si quieres ser un Día o un Supercor.
Para siguientes post estaremos encantados de escuchar proposiciones por vuestra parte. Si estás interesado en que analicemos algún negocio específico en esta sección háznoslo saber ¡Somos todo oídos!
Antes de terninar te recue


IGNACIO GOMEZ ESCOBAR igomeze@gmail.com skype: igomeze (+57) 3014152370

“Comunico, luego vendo” Ganador de la Blogosfera del Marketing 2012 (El camino)



“Comunico, luego vendo” Ganador de la Blogosfera del Marketing 2012 (El camino)

El 5 de Octubre fue viernes. Desde primera hora de la mañana, estaba trabajando en la presentación de mi última ponencia cuando el sonido de una notificación en mi teléfono móvil me hizo echar una mirada furtiva a su pantalla.
Era un tuit que me mencionaba, y lo que podía leer del texto, parecía algo tan grande que abrí la ventana de twitter en el ordenador para asegurarme de que no me había leído mal. Pero había leído bien y, al abrir el enlace, encontré, sobre una foto mía, un titular que no terminaba de creer a pesar de haberlo leído varias veces:
“Comunico, luego vendo, ganador de la Blogosfera de Marketing 2012”
Después de leer el texto que acompañaba al titular comencé a asimilarlo: El jurado de los Premios del Observatorio de la Blogosfera del Marketing había galardonado mi blog con el máximo premio, la categoría Oro.
Parece que, siendo políticamente correcto, hay que decir que no esperaba resultar premiado y que para mí el verdadero premio ya era estar entre los 25 blogs seleccionados para la final pero, en este caso, es la verdad.
Si esta situación se viese en una película, posiblemente el protagonista daría saltos de alegría o haría algún que otro aspaviento. Sin embargo, sumando lo inesperado del premio con lo poco dado que soy a efusividades, me quedé frente a la pantalla del ordenador un buen rato, sin hacer otra cosa que pensar.
Recordé entonces el proceso que me llevó a iniciar el blog, que comenzó mucho antes de que yo supiese lo que era un blog, durante uno de mis largos trayectos en coche, escuchando a Andrés Pérez Ortega en la radio, hablando de Marca Personal. Aquella entrevista, con el lenguaje directo y sin florituras característico de Andrés, hizo que en mi mente, como en las desaparecidas fotos Polaroid, fuera dibujándose la imagen de una situación que, hasta entonces, sólo había percibido como una sensación de que algo no iba bien.
Aún sin haber captado la profundidad que había tras el término Marca Personal, decidí que merecía la pena esforzarme en crear la mía. Aquella noche entré en el blog de Andrés y leí varias decenas de artículos hasta que mis ojos no aguantaron más, y continué haciéndolo durante varios días.
A través del blog de Andrés fui descubriendo otros blogs y aprendiendo mucho, pero no me decidía a dar el salto y crear mi propio blog. Cuanto más leía, más alto ponía el listón y más postergaba el inicio.
Hasta que Andrés Pérez se volvió a cruzar en mi camino.
Un día de Mayo de 2010 leí en su blog que vendría a Bilbao a ofrecer una ponencia dentro de un evento llamado “Hoy es Marketing”, organizado por ESIC Business & Marketing School. El plan era perfecto: ponencias del mundo del marketing, del que ya llevaba un tiempo estudiando y leyendo libros relacionados, y la posibilidad de escuchar en directo a Andrés, hablando de Marca Personal en un gran evento con entrada libre.
Era mi primer evento de este tipo y me fascinaron los ponentes, sus Power Points, la soltura con la que se manejaban y la visión del mundo que me regalaban. Todos eran muy correctos, muy académicos; muy “polite”, que dirían los ingleses.
Casi al final del evento salió Andrés al escenario. Ya por lo poco formal de su vestimenta, en contraste con el desfile de trajes y corbatas anterior, podíamos adivinar que era un ponente diferente al resto pero a los cinco minutos no quedó ninguna duda. La primera evidencia fueron las risas: primero tímidas, luego sin disimulo. A pesar del mensaje duro que estaba lanzando y de lo “terrenal” de su propuesta, transmitía optimismo y, quizás por el buen ambiente generado, lo que empezó siendo una ponencia divertida terminó siendo una arenga y una de las más grandes llamadas a la acción a las que he asistido.
Tanto es así que salí de allí con la determinación de lanzar el blog y, después de un mes de mucho trabajo, publicaba el primer post de “Comunico, luego vendo”.
Otro día quizás cuente la historia de la evolución del blog desde entonces, pero ese viernes 9 de Octubre, mientras veía mi foto en la pantalla del ordenador, bajo aquel titular que aún no terminaba de asimilar, recordé el inicio y sentí vértigo y una gran responsabilidad.
Me sentí como Sam en “El Señor de los Anillos” cuando, al inicio de su épica aventura, saliendo de La Comarca junto a Frodo y tras cruzar un campo de trigo, se queda inmóvil y dice:
“Se acabó. Si doy un paso más, será lo más lejos que he estado de mi hogar en mi vida”
En mi caso, este premio me ha llevado más lejos de lo que hubiese podido soñar aquel día que comencé a escribir mi primer post en una cuartilla, frente a una taza de café, en alguna cafetería que no consigo recordar.
Y es que, como le respondería después Frodo a Sam, recordando una frase de Bilbo Bolsón:
“Es peligroso, Frodo, cruzar tu puerta. Pones tu pie en el camino y, si no cuidas tus pasos, nunca sabes adonde te pueden llevar”
Pocas veces podemos imaginar el final del viaje, y eso lo hace atractivo. En ocasiones basta con saber que sigues el camino correcto. Aunque luego vayan surgiendo desvíos, lo importante es cuidar tus pasos y tener la determinación para seguir adelante.
Como Frodo y Sam encontraron la determinación gracias al apoyo de La Comunidad del Anillo, también Mi Comunidad me ha ayudado a llegar hasta aquí. La formáis mi familia, amigos y personas conocidas, pero también lectores ocasionales, blogueros, tuiteros o seguidores en las diferentes redes sociales. A muchos de vosotros os he llegado a conocer, y a algunos os  considero amigos. Suena a tópico de nuevo, pero todos habéis sido fundamentales para llegar hasta aquí y lo seréis para seguir recorriendo el camino, sea cual sea el destino.
A vosotros, Mi Comunidad, va dedicado este premio.
Muchas gracias,
Celestino Martínez.


IGNACIO GOMEZ ESCOBAR igomeze@gmail.com skype: igomeze (+57) 3014152370

lunes, diciembre 24, 2012

'Diciembre, mi padre y la nostalgia', relato de Juan Gossaín



'Diciembre, mi padre y la nostalgia', relato de Juan Gossaín

'Diciembre, mi padre y la nostalgia'

El periodista recuerda los días de su infancia y la Navidad en San Bernardo del Viento.

Cada vez que se publica una crónica mía en este diario, los lectores se dedican a tomarme el pelo -como si lo tuviera- en el correo de la página electrónica. Los más amables me llaman anciano persistente y con palabras de buena crianza me mandan a cuidar bisnietos. Los menos refinados me dicen, abiertamente, viejo cansón.
Reconozco que ambas partes tienen razón. La prueba irrefutable de mi decrepitud es que ya resolví ponerme en manos de los especialistas en geriatría, esa ciencia moderna que consiste en ayudar a que los viejos empeoren mejor. Confieso, además, y como si hicieran falta otros síntomas, que la nostalgia me está agobiando, sobre todo cuando llega diciembre, que es un mes cargado de añoranzas y evocaciones. En esta época del año uno se pone sentimental y como tristongo.
Mi padre solía decir que la verdadera vejez se inicia cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas. A propósito de diciembre, de mi padre y de la nostalgia, recuerdo que desde los últimos días de noviembre formaba una fiesta en la casa solariega de San Bernardo del Viento. Había llegado la hora de armar el pesebre.
Villancico y taconazo
Al anochecer, mientras duraba la novena de aguinaldos, el padre Benicio Agudelo sacaba el viejo armonio de la iglesia y lo tocaba él mismo, dándoles porrazos a las teclas. Siete hombres llevaban cargado aquel escaparate bíblico, adornado con telarañas, y lo instalaban en cada esquina.
Como no había luz eléctrica en el pueblo, las farolas de la procesión iluminaban de un color azuloso las noches en tinieblas, que eran tranquilas y frescas. El viento rugía entre los árboles. Brisa y velas estuvieron a punto de quemar algunos ranchos de palma. En cada estación se cantaba un villancico a grito pelado:
A la enanita enana, enanita enana,
enanita eaaaaa,
mi Jesús tiene sueño,
bendito sea,
bendito seaaaaaaa
Perdonen ustedes, pero es que como esos cánticos venían de España, en los pueblos ardientes del Caribe nadie había oído jamás la palabra "nana" y nosotros suponíamos que el villancico se refería a alguna enanita graciosa que estaba en el pesebre de Belén.
Entonces las mujeres de la casa respectiva salían al corredor y lanzaban sobre la muchedumbre de muchachos traviesos caramelos y cocadas. Se formaban unos zafarranchos descomunales en los que participaban hasta los perros callejeros, tratando de agarrar algo en el aire salpicado de polvo.
Harry Peinado, que cantaba boleros y se las daba de seductor, descubrió la manera de sacarle provecho al tumulto. Una noche tuvo la mala idea de pellizcarle la nalga a Uchi Morad, que siempre andaba elegante y era tan valiente como hermosa. En medio de semejante tremolina, Uchi se quitó el zapato y le sopló en la cabeza un porrazo con el tacón, delgadito y largo, llamado "tacón puntilla", que estaba de moda en esa época.
Al pobre Harry tuvieron que llevarlo de urgencia al consultorio del doctor Lepesqueur para que le sacara el tacón que, con zapato y todo, le quedó incrustado en el cráneo.
Colinas de papel encerado
Mientras tanto, mi padre iba armando el pesebre en una esquina de la sala. Lo primero que hacía era agarrar unos pedazos de papel muy grueso, endurecido con cera, en el que llegaban envueltos los bultos de mercancía que Coltejer le mandaba de Medellín. Empezaba a guardarlos desde enero. Los pintaba con una tintura verde y echaba sobre ellos motas de hierba recortada del patio, para dar la impresión de que eran las verdes praderas que florecen en la Tierra Santa.
No contento con eso, mandaba que le trajeran de la orilla del río unas piedras grandes y redondas que, metidas por detrás del papel encerado, daban la imagen auténtica de las colinas que rodeaban el establo donde nació Jesús. Con los restos de una vieja cortina de color celeste, que mis hermanas y yo habíamos desgarrado en una pelotera de agosto, mi padre inventaba una cascada que caía desde lo alto hasta un lago redondo. El lago era, en realidad, un pedazo del antiguo espejo del baño, donde él se afeitaba, que mi primo César había destrozado con un palo, tratando de cazar una lagartija.
Lo mejor venía después, a la hora de poner en sus puestos a los protagonistas del milagro. Resulta que mi padre, cuya imaginación no se detenía en las pequeñeces de la lógica, había reunido con paciencia sus figuritas navideñas en distintas partes y durante varios años, de modo que el Niño recién nacido era tres veces más grande que el buey y una garza de pasta blanca, que tenía la pata encogida, era más grande que el lago entero.
Los Reyes Magos y su helicóptero
Jamás renunció a disfrutar la alegría que le deparaba su obra maestra de cada año, ni siquiera en los últimos tiempos de su vida. Achacoso del cuerpo, pero no del alma, se valía del bastón en que apoyaba su pierna fracturada para ir agregándole al pesebre cuanto trasto viejo encontraba en la casa.
Ahora recuerdo, arrullado por la nanita nana de los años, la tarde aquella en que se le ocurrió poner, a mitad del camino que conducía hasta el nacimiento, a un hombre con chaqueta negra de cuero que subía en su motocicleta protegido por un casco. Eran los restos de un aguinaldo que su padrino le había regalado a mi hermano José 3 años antes.
Cuando llegó el 6 de enero, sin embargo, mi padre batió su propia marca de anacronismos: al lado de los tres Reyes Magos puso un viejo helicóptero de pasta que mi tío Abraham Chalita me había mandado de Cartagena para el cumpleaños. Se le había perdido la hélice, pero mi padre la reconstruyó con dos tablitas horizontales.
Si no me equivoco, ya dije que entonces no había alumbrado público en San Bernardo del Viento. No eran esas minucias tecnológicas las que iban a menguar el entusiasmo de mi padre. Con el ingenio que se gastaba para arreglar cachivaches inútiles, consiguió la batería de un tractor descompuesto y la hizo funcionar.
Epílogo con luz, burro y Papa
En un arbolito navideño, cubierto de cenizas del fogón del patio para que pareciera nieve -nieve en aquel pueblo ardiente en el que ni siquiera llovía-, instaló una cadeneta de la que colgaban bombillos de colores. La noche señalada estaba todo el pueblo reunido, a la expectativa, en la sala de nuestra casa y a lo largo de dos calles. Mi padre accionó una palanca de su acumulador de carga. Las luces parpadearon en el aire.
El gentío estalló en una exclamación de júbilo. Unos aplaudían mientras otros lloraban de emoción. Pero la señora Simona Vega, que era nuestra vecina, se quedó mirando el pesebre con la boca abierta.
-Ay, don Juan -le dijo, con sus ademanes de dama distinguida-: usted perdone, pero los Reyes Magos no llegaron en helicóptero.
-Sí llegaron -replicó mi padre.
-Pero si en esa época no existían los helicópteros -protestó la señora Simona.
-Ellos lo inventaron -dijo mi padre, sonriente-. ¿No ve que eran magos?
En ese preciso momento, yo, que tendría nueve o diez años, descubrí dónde es que quedan los territorios sagrados de la poesía.
Por último, les pido un favor: no se les ocurra contarle nunca esta historia al papa Benedicto. Que Su Santidad no vaya a enterarse, por Dios santísimo, de que mi padre ponía motocicletas y helicópteros en el pesebre. Imagínense ustedes, si con el pobre burro se armó semejante problema...
JUAN GOSSAÍN
Para EL TIEMPO


IGNACIO GOMEZ ESCOBAR igomeze@gmail.com skype: igomeze (+57) 3014152370

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