Humberto López López / Hulolo
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Soy uno de los pioneros del Retail Hard Discount en Colombia y LATAM . Asesor Estratégico en Entrada a Mercados, Transformación y Crecimiento Escalable, miembro de Discount Retail Consulting y Asociación Colombiana de Retail, igomeze@colombiaretail.com
Una ola de fusiones y adquisiciones sacudió la industria de la distribución en Chile durante 2004 y principios de 2005. Las principales cadenas de supermercados y tiendas minoristas expandieron sus negocios o se diversificaron, en un proceso de consolidación que ya no les deja mucho espacio para crecer internamente. Después de décadas de crecimiento local, y tras haber demostrado su fortaleza y peculiaridad a operadores globales como Sears, JC Penney, Ahold, Home Depot y Carrefour, que se vieron obligados a abandonar el país tras años de pérdidas, los nombres de empresas chilenas del rubro, como Falabella, Jumbo, Ripley y Sodimac, se han vuelto familiares entre los consumidores de vestuario, electrodomésticos y alimentos de Argentina, Perú y Colombia.
La clave de su éxito ha sido combinar las mejores prácticas de los líderes internacionales con el conocimiento local, una oferta diversificada que incluye servicios bancarios y la supervivencia en un mercado altamente competitivo.
En un caso atípico dentro de América Latina, el retail chileno está controlado por firmas locales que, además, prácticamente concentran todo el mercado minorista, habiendo desplazado a los tradicionales almacenes de barrio o tiendas especializadas. El rubro de los supermercados se compone de dos actores que se reparten el 90% de la facturación: Líder y Jumbo. Respecto a las tiendas por departamento, tres firmas concentran las ventas de vestuario y electrodomésticos: Falabella, Almacenes París y Ripley. Algo parecido ocurre con las farmacias, donde tres cadenas de grupos locales (Fasa, Cruz Verde y Salcobrand) controlan más del 90% de las ventas de medicamentos. Y la gran mayoría de estas compañías ya ha cruzado las fronteras.
Tras un vertiginoso crecimiento de la mano de los supermercados Jumbo y las tiendas para el hogar Easy en Chile y Argentina, el grupo Cencosud, del chileno-alemán Horst Paulmann, se transformó en marzo en el holding comercial más grande del país, al lograr hacerse, tras un tira y afloja de varios meses, con la mayoría del capital de la tradicional tienda por departamento Almacenes París. Esa fue su quinta adquisición de empresas en dos años, movimientos que lo harán sumar ventas totales por más de 3.200 millones de dólares al año.
Con esas jugadas, Cencosud superó a la cadena de tiendas por departamento Falabella-Sodimac, que vendió 2.885 millones de dólares en 2004, y al principal operador local de supermercados con la marca Líder (D&S, de propiedad familiar), que facturó 2.586 millones de dólares el último año. Con la integración lograda y el conocimiento del mercado argentino a través de los hipermercados Jumbo, a los que sumará los locales de la recién adquirida cadena Disco a la holandesa Ahold, pocos dudan de que Cencosud potenciará Almacenes París y la llevará a su primer desembarco internacional en Argentina.
Un sendero internacional que Falabella-Sodimac, controlada por las familias Solari y Cúneo y que en 2004 se fusionó con el grupo Del Río, dueño de la cadena Sodimac dedicada a productos para el mejoramiento del hogar, ya abrió en 1993 con su primera tienda en Buenos Aires (hoy posee nueve) y que más tarde se amplió a Perú (1995). Ahora, su objetivo inmediato es entrar en Colombia. A principios de 2006 prevé inaugurar su primer local en Bogotá, en el marco de un plan conjunto con el grupo local Corona, que pretende abrir entre seis y siete locales Falabella en un plazo de cuatro años. Todo indica que a la tienda chilena le irá bien: es un formato no muy extendido en esa nación, por lo que podría repetir su éxito en Perú, donde Falabella se ha posicionado como la primera gran tienda del mercado.
Sergio Olavarrieta, director de la Escuela de Economía y Administración de la Universidad de Chile, piensa que el proceso de integración vivido por los hóldings comerciales chilenos se debe a que estos operadores necesitan un tamaño para competir regional o localmente. “Si ellos logran un tamaño importante, pueden lograr niveles de eficiencia que los hacen competitivos a nivel mundial, y eso al final se traspasa a los consumidores chilenos”.
En el caso de Jumbo y Easy o de firmas como la aerolínea LAN –con presencia en Ecuador, Perú y que se apresta a levantar vuelo desde Argentina- no sólo se produce un tema de economías de escala, dice el académico experto en Márketing y Estrategia, sino “también de cercanía de los mercados locales (Argentina o Perú) y de conocimiento de éstos para actuar ahí. Esas son otras experticias que se están produciendo. Si Jumbo es competitivo, eso se traslada a los otros operadores del sector. En general, la gente que trabaja ahí y luego se mueve, llevará esa cultura a sus nuevas empresas”. Según Olavarrieta, así se genera un efecto competitivo “espectacular” dentro de la economía.
Buenos imitadores que se adaptan a los mercados
Es claro que el conocimiento del mercado local y de las preferencias de los consumidores resulta clave. Y ésa es, tal vez, la gran fortaleza de los retailers chilenos. Constanza Bianchi, académica de la Universidad Adolfo Ibáñez, dice en un documento de investigación que las firmas locales del rubro son administradas y lideradas por profesionales chilenos que han enfrentado eficientemente a la competencia extranjera mediante una peculiar estrategia: la observación e imitación de sus mejores prácticas, sumándole el toque local de conocimiento del mercado. “Esta fórmula ha resultado exitosa para la mayoría de las empresas comerciales en Chile y se ha traducido en una mayor oferta de productos y servicios para el consumidor chileno”.
Después de varios años cosechando pérdidas, Sears, JC Penney, Ahold, Home Depot y Carrefour se retiraron de Chile. Probablemente, esa experiencia la entrada en el país de cadenas globales de supermercados como Wal-Mart y Casino, a pesar de tener operaciones en mercados vecinos.
Luis Alfredo Lagos, gerente general en Chile de la firma de marketing Research International Cadem, recuerda que la estadounidense JC Penney llegó al país en los noventa con una actitud de “nosotros vamos a cambiar hábitos”. “Pensaban que iban a ser capaces de introducir modas o líneas nuevas, pero no funcionó nada”. Por eso, el ejecutivo concuerda en que lo fundamental para quien quiera desarrollar un producto o una marca es contar con el suficiente conocimiento de ese mercado y sus peculiaridades, “sin olvidar la idiosincrasia de ese pueblo”.
Entre las grandes tiendas, Lagos dice que el icono es Falabella. “Es una empresa en la que han trabajado mucho en términos de lograr una conexión con sus clientes y eso sucede en todas las categorías”. Años atrás, explica el ejecutivo, las empresas desarrollaban productos o marcas y después iban al mercado y se preguntaban ¿a cuánta gente le gustará esto? Pero, añade, hoy es mucho más difícil ser exitoso, ya que los mercados son cada vez más competitivos y la gente es bombardeada por diversas alternativas. “La mirada ahora es distinta. Se plantea: vamos primero a los mercados y detectemos ahí cuales son las necesidades y, en función de eso, desarrollemos los proyectos”.
Eso, precisamente, es lo que hace Falabella, asegura el experto. “La tienda está en un programa permanente de contactarse con los consumidores y conocerlos en profundidad e ir adaptando su oferta. No es casual, no se trata de que alguien ahí tenga buen gusto para la ropa, por ejemplo. Mi percepción es que las otras compañías –Almacenes París y Ripley- han ido mirando este benchmark que tienen y han replicado el modelo”.
Oferta diversificada y el gancho del negocio del crédito
Bianchi complementa que otro elemento que caracteriza a los retailers chilenos es la incorporación cada vez mayor de productos y servicios para ganarse a los consumidores. Además del hecho de que todos cuentan con una tarjeta de crédito corporativa, los supermercados, por ejemplo, han incorporado secciones de jardinería, muebles, electrónica y vestuario, mientras las grandes tiendas han agregado áreas de literatura, salones de belleza, agencias de turismo y cafeterías.
El negocio financiero es una de las mayores peculiaridades de las tiendas por departamento chilenas. Sólo Falabella tiene 3 millones de tarjetas y la emisión de plásticos es el core de su negocio: generó cerca del 40% de los ingresos del holding en 2004. El éxito del segmento crédito ha sido tal que los tres mayores operadores del sector entraron, en los últimos años, en el negocio bancario, formando Banco Falabella, Banco Ripley y Banco París.
Según Rina Jarufe, analista de Fitch Ratings, esta estrategia que ya habían utilizado los retailers estadounidenses, en Chile resultó tan positiva porque el objetivo de las tarjetas de crédito de las grandes tiendas fueron los consumidores de menores ingresos. “Claramente un segmento que no cubría la banca chilena. Entonces, ese espacio lo han llenado los bancos París, Falabella y Ripley”.
Otra cualidad del comercio minorista chileno es su elevada concentración. Entre los supermercados y las grandes tiendas canalizan cerca del 80% de las ventas del comercio, es decir, la gran mayoría de los productos de una canasta de consumo familiar. “En Argentina, Brasil o incluso en Europa, el retail no tiene una presencia tan masiva y dominante como en Chile. Es un mercado realmente duro y eso ha frenado el ingreso de gigantes globales como Wal-Mart”, argumenta Lagos.
Sin embargo, el ejecutivo advierte de que, pese a su sofisticación, a los supermercados chilenos todavía les falta por superar la etapa de ser oferentes de productos básicos –esto es, alimentos perecibles y no perecibles- y entrar en otras áreas, como uno de sus principales referentes: Wal-Mart. “Por eso, no es casualidad que Cencosud haya comprado Almacenes París, cuando se ve el desarrollo de los supermercados en otras latitudes”. Lagos explica que lo que vende un negocio chileno del rubro ocupa un tercio de los locales en Estados Unidos o Europa, donde el resto es electrónica, vestuario y una oferta bastante más completa. “Acá, los supermercados han hecho una apuesta al tema del precio y eso es de corto aliento. El desafío es ofrecer más valor agregado y abandonar su orientación a la oferta primordial. Yo creo que tienen todas las miradas puestas hacia allá”.
| Irely Guzmán /iguzmán@larepublica.com.co/Bucaramanga | |
| Don Julio, el Quincenazo, Madrúguele a Diciembre y las demás promociones con las que durante 40 años el Ley conquistó a los consumidores bumangueses no se volverán a ver en la capital santandereana a partir de septiembre próximo. Para esa fecha los tres almacenes que posee la cadena de supermercados en Bucaramanga y Floridablanca empezarán a operar bajo el formato Exito, poniendo fin a la historia del Ley en la ciudad. | |
| Paola Ramírez Leaño/paramirez@larepublica.com.co/Bogotá | |
| La Supersubsidio aprobó la fusión de Comfamiliar Cartago con Comfandi Valle. Así lo anunció el superintendente, César Córdoba, quien explicó que la entidad vigiló todo el proceso, el cual, en su concepto, se hizo de una forma transparente. Comentó que con la operación de integración, los trabajadores de Cartago (Valle) se han beneficiado significativamente, ya que pueden acceder a los servicios de una caja de compensación más grande. | |

En los barrios de Filadelfia, no muy lejos del campus de Wharton, hay un establecimiento llamado Ed´s Beer Store (la tienda de cerveza de Ed). Es un fabuloso nombre trivial. Los clientes saben lo que allí se puede adquirir y, en caso de tener alguna queja, saben con quien han de hablar.
Pero, ¿qué pasa con empresas cuyos nombres son Agere, Agilent o Altria? ¿O Diageo, Monday y Verizon? ¿O Accenture, Cingular y Protiviti?
Exceptuando el nombre de Monday (Lunes), que puede resultar algo extraño para llamar a una empresa pero no obstante es una palabra que existe, todos esos nombres son inventados. Es más, ninguno de ellos -ni siquiera Monday-, indica a los potenciales clientes nada sobre el tipo de negocio al que se dedica la empresa. Además, suenan tan artificiales que se podría pensar que lo único que lograrán en el mercado será la risa y la confusión.
Sin embargo, de acuerdo con profesores de marketing de Wharton, éste no tiene porqué ser el caso. Por sí mismos, en un principio los nombres peculiares no significan nada. Pero si se respaldan con una buena campaña de marketing acabaran significando lo que las empresas deseen.
“Mi sentido común me dice que el nombre realmente no importa” dice el profesor David J. Reibstein. “Las empresas acaban haciendo una considerable cantidad de publicidad y creando una imagen alrededor del nombre".
Reibstein sugiere que nombres relativamente nuevos como Diageo -propietaria de Pillsbury, Burguer King, Guinness y relevantes marcas de licor-, o Agere -fabricante de componentes de comunicaciones adquirido por Lucent Technologies-, pueden parecer extraños. Pero esos nombres no tienen mayor ni menor significado que Ford, Marriott, Coca-Cola u otras marcas de renombre. Mismamente, según la empresa Lucent -filial de AT&T-, su nombre quiere decir ‘marcada por la claridad’ o ‘brillando con la luz’. Por su parte la base de Diageo se encuentra en las palabras ‘día’ en latín y ‘mundo’ en griego.¿Por qué se eligió un nombre como Diageo? La empresa explica que cada ‘día’, alrededor del ‘mundo’, consumidores compran sus productos.
“¿Qué significa Pillsbury? Pillsbury significa muchas cosas debido al personaje vestido de soldado de sus anuncios" dice Reibstein. “¿Cuáles son dos de los nombres más famosos surgidos durante la pasada década? Amazon y Starbucks. ¿Significa Starbucks café? Rotundamente no. La mayoría de estos nombres no significan nada. Pero empezamos a conocer una empresa y a partir de aquí se crea una imagen. General Motors nos proporciona algo de información sobre lo que hace la empresa, en cambio Ford solo nos dice cuál es el nombre del fundador de la empresa".
¿Y qué podríamos decir sobre AFLAC, una gran aseguradora a nivel internacional con un nombre apenas conocido hasta hace pocos años? "Es asombroso la cantidad de la gente que conoce AFLAC gracias a un pato en la televisión", dice Reibstein.
El profesor David Schmittlein está de acuerdo al afirmar: "No creo que el nombre de la empresa sea algo muy importante en el largo plazo". Y añade que incluso los nombres inventados son ‘nombres reales’ ya que “son palabras que se pueden pronunciar. Pienso en ellos como grandes navíos vacíos -navíos vacíos, fiables y duraderos que con el tiempo se pueden ir llenando con asociaciones de ideas positivas”.
Según la profesora Barbara Kahn, " muchos estos nombres son excéntricos". Pero al final eso no importa."El éxito de un nombre depende mucho más de la puesta en marcha de la estrategia de marca" que del nombre en sí mismo.
Algunos de los nombres insólitos con que se bautizan hoy en día las empresas no difieren realmente mucho del tipo de nombres que durante años las empresas farmacéuticas han dado a sus medicamentos (Claritin, Celebrex, Lipitor) o las empresas automovilísticas a los coches (Corvette, Celica).
Si piensas en ello, las empresas farmacéuticas y tecnológicas han tenido siempre nombres muy exóticos, como Xerox, Cephalon o ImClone. En su libro, A Random Walk Down Wall Street (Un paseo aleatorio por Wall Street), el profesor de Princeton Burton G. Malkiel recuerda el ‘boom tronics’ de los años 60 cuando las empresas pensaron que los inversores se sentirían atraídos por cualquier nombre que evocase a electrónica o a la era espacial.
Malkiel escribe: "Había una multitud de ’trons’ como Astron, Dutron, Vulcatron y Transitron, y de ‘onics’ como Circuitronics, Supronics y Videotronics, también existían varias empresas ‘electrosonics’. Para no dejar ningún cabo suelto incluso un grupo reunió en un único nombre la combinación ganadora de Powertron Ultrasonics”.
Reibstein señala que tanto para elegir el nombre de la empresa como de uno de sus productos las tres cosas más importantes que la empresa debe considerar son: asegurarse de que legalmente tiene derecho a utilizar esa palabra, de que la palabra no signifique algo embarazoso o negativo en un idioma extranjero, y que la palabra no implique alguna otra connotación no deseable. "La mayoría de las veces, siempre y cuando no elijas un nombre con connotaciones negativas, podrás crear la imagen que quieras".
Schmittlein señala que muchos nombres de empresas, al ser un juego de palabras, pueden ser relacionados en la mente de los consumidores con atributos positivos o ventajas. En su opinión, dos ejemplos acertados son Agilent, con evocación a la palabra 'agilidad, y Cingular, nombre que la empresa espera evoque la idea de singularidad o auto-expresión. Agilent, una empresa de comunicaciones, electrónica y ciencias procede de una escisión de la firma Hewlett Packard. Por su parte Cingular es una empresa de telefonía sin cable creada gracias a una ‘joint venture’ entre SBC Communications y BellSouth.
Por el contrario, a la hora de evocar inmediatamente alguna asociación de ideas positivas -dice Schmittlein-, Accenture no es un nombre tan acertado como Agilent o Cingular. Accenture, anteriormente Andersen Consulting, ha tomado medidas para distanciarse de su antiguo nombre. Su página web contiene escasas referencias a Andersen Consulting, y todas las noticias publicadas antes del cambio de nombre han sido redactadas de nuevo para reemplazar Andersen Consulting por Accenture.
Otro nombre de empresa que Schmittlein opina no ser tan acertado como otros es Monday, el recientemente anunciado término para PwC Consulting, anteriormente parte de la empresa contable PricewaterhouseCoopers. Debido a la asociación de ideas negativas relacionadas con Monday –el comienzo de cualquier horrible semana laboral en la mente de muchos-, la empresa debería haber elegido otro nombre. "Les deseo los mayores éxito con su nuevo nombre, pero yo no lo habría escogido" dice Schmittlein. " Si tuviese que elegir un nombre sería Friday (viernes)".
¿Son algunos nombres –incluso aquellos que han sido inventados por corporaciones y consultorías- intrínsecamente mejor que otros? "Una cosa que es importante es la ‘pronunciabilidad’" apunta Schmittlein. "Otra es el grado de significatividad cultural que el nombre parezca tener. Si el nombre se relaciona con cierta cultura, a veces puede ser positivo pero otras negativo”. Por ejemplo, el agua mineral vendida por una empresa con un nombre distintivamente europeo puede ser más exótico, y por tanto más atractivo, para el consumidor americano que el agua embotellada en el país”.
Por muy extraños que sean muchos de los nombres de las empresas, su origen no suele ser casual:
Kahn afirma que a medida que las empresas adoptan cada vez en mayor medida estrategias de marca globales, deben buscar nombres -tanto para ellas como para sus productos-, con escasa o ninguna asociación de ideas previa. "Ahora, con estrategias globales de marca, definitivamente quieres escoger un nombre que no tenga diferentes significados en distintos idiomas" dice Kahn. "Con imaginación puedes crear nombres de marcas para cualquier cosa que sea pronunciable. Si quieres que haya cierta asociación y tienes un mensaje simple y coherente, podrás crear todas las asociaciones de ideas que quieras para tu marca. Lo que buscas para una marca es algo único e identificable que la diferencie de las demás. Piensa en los nombres de las numerosas marcas: son nombres de personas, los cuales son a su vez inventados”.
Un nombre adecuado puede ayudar a la empresa, pero hasta ahí llegan sus ventajas, especialmente si los consumidores no están contentos con el producto o el servicio. Como señala Schmittlein: "Los nombres no parecen tener tan enorme impacto como para compensar las experiencias que hayan tenido los consumidores con la empresa”.
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