jueves, septiembre 22, 2011

El poder de las expectativas



21 DE SEPTIEMBRE DE 2011


El poder de las expectativas

Por César Pérez Carballada






Una marca es un conjunto de promesas sobre ciertos atributos que un producto posee y que satisfarán necesidades racionales o emocionales.

En un mundo sin marcas nos veríamos forzados a analizar desde cero cada vez que nos enfrentáramos a la elección de un producto o estaríamos obligados a elegir basándonos en confusas señales del producto mismo. Por eso las marcas nos permiten simplificar el proceso de decisión, ya que esperamos encontrar ciertas cualidades en el producto que la porta. Si un chocolate no tiene marca no sabemos cómo será pero si en el envoltorio pone “Godiva” inferimos que el chocolate será delicioso.


Ese proceso es resultado de nuestra experiencia previa con la marca o incluso, si nunca la habíamos probado, es resultado del valor que nos comunican otras personas o mensajes masivos como la publicidad. Independientemente de su origen, existe una asociación entre la marca “Godiva” y ciertos atributos en nuestra mente lo cual nos facilita la decisión frente a la miríada de opciones que tenemos en la categoría chocolates.

Lo mismo ocurre cuando tenemos que elegir entre un reloj con una marca desconocida y uno que dentro de la esfera pone “Rolex”. En este último caso sabemos que al usar el reloj sentiremos estatus y exclusividad, atributos emocionales que no nos brinda el reloj con marca desconocida.

Como una marca es un conjunto de promesas de ciertos atributos, el pre-requisito es que la gente asocie la marca a esas promesas, lo cual resulta de un posicionamiento relevante y diferenciador. Si no se ha establecido ese posicionamiento previamente, no habrá asociación con ningún atributo y los consumidores no tendrán ninguna razón para elegir la marca.


Cuando una persona consume el producto pueden pasar dos cosas, por un lado la marca puede cumplir con su promesa y así el consumidor satisface la necesidad que sentía hacia sus atributos específicos, en este caso el ciclo se retroalimenta y la marca refuerza su posicionamiento. Por otro lado, si en el momento de consumirlo, el producto no está a la altura de las expectativas generadas por la marca, el posicionamiento duramente construido se perderá y los consumidores no la volverán a elegir. Si un anuncio promete que un jabón quita hasta las peores manchas pero al comprarlo y usarlo vemos que eso es falso, no volveremos a comprar el producto nunca más, con lo cual el marketing, lejos de vender mentiras, puede ser un acelerador del fracaso en aquellos casos donde el producto no está a la altura de sus promesas.

Es así que, en cierta manera, podemos entender a una marca como el conjunto de expectativas que tenemos de un producto o servicio que luego se materializan o no en el momento del consumo.


La expectativa construida alrededor de un producto y materializada en su marca es el objetivo a largo plazo del marketing ya que si logramos construir una expectativa fuerte (un posicionamiento relevante y diferenciador) que luego se cumpla, podremos vender más y a mayor precio.

Como hemos visto, la experiencia real con el producto puede romper el ciclo de construcción de una marca. ¿Pero eso es siempre así?

Algunos estudios académicos han encontrado que en ciertos casos las expectativas pueden ser tan fuertes que incluso modifican la experiencia de consumo del producto y no a la inversa. Uno de esos estudios (1), llevado a cabo por académicos de las Universidades de Columbia y el MIT, demostró esa fuerte influencia en la categoría de las cervezas.


Como parte del estudio, los académicos dividieron a un conjunto de voluntarios en tres grupos. Al primer grupo le dieron de probar dos cervezas de forma ciega, sin que supieran de qué marca se trataba, para que dijeran cuál preferían. Lo que los voluntarios no sabían era que las dos cervezas eran la misma (Budweisser) aunque en uno de los dos casos los académicos le habían agregado un ingrediente inusual: tres gotas de vinagre balsámico por cada onza de cerveza.

Habían elegido el vinagre por ser un producto conceptualmente ofensivo (anteriormente habían testeado la idea de agregar vinagre a una cerveza, a lo cual 80% de los encuestados dijo que el vinagre haría que la cerveza tuviera un peor sabor).

Los académicos repitieron el procedimiento con el segundo grupo, solo que esta vez, antes de que probaran la cerveza con el vinagre, les dijeron a los voluntarios que contenía ese ingrediente.

Con el tercer grupo hicieron la misma prueba, solo que les dijeron a los voluntarios que se trataba de cerveza con vinagre balsámico después de la degustación, pero antes de que dijeran cuál preferían.

Así los tres grupos probaron ambas cervezas, con y sin vinagre, el primer grupo sin saber que una de las cervezas tenía vinagre (el grupo de control), el segundo sabiendo cuál era la que tenía vinagre antes la degustación, y el tercer grupo también sabiendo, pero después de la degustación.


En el primer grupo (a ciegas, sin saber que una de las cervezas tenía vinagre) un 59% de los voluntarios dijo que prefería el sabor de la cerveza que tenía vinagre. Esto de por sí resultó llamativo, ya que a priori, la idea de que tuviera vinagre hacía pensar a la gente que empeoraría el sabor, aunque la realidad es que unas pocas gotas de vinagre balsámico mejoran el sabor de la cerveza.

En el segundo grupo de voluntarios, a quienes se les dijo cuál era la cerveza que tenía vinagre antes de probarla, solo el 30% eligió esa cerveza, es decir, solo la mitad que en la prueba a ciegas (una diferencia más que estadísticamente significativa).


Pero lo verdaderamente interesante ocurrió en el tercer grupo, donde el 52% eligió la cerveza con vinagre, aún sabiendo que contenía ese ingrediente, una diferencia con el primer grupo que no es significativamente estadística. Es decir que este grupo, aún sabiendo que la cerveza contenía vinagre, la eligieron casi al mismo nivel que si no supieran que contenía vinagre.

Al analizar todo el experimento el primer hecho interesante es que la gente prefiera el sabor de la cerveza con vinagre (siempre que no sepa que tiene ese ingrediente), de hecho dos experimentos posteriores confirmaron ese resultado. Antes de que Ud. comience a embotellar cerveza con vinagre debe saber que ese ingrediente es bastante caro y además, en cuanto los consumidores lean en la botella que contienen vinagre, actuarán como el grupo 2 antes descripto y no la elegirán.

El segundo hecho llamativo fue que, cuando los consumidores sabían que la cerveza tenía vinagre, la rechazaron. Ese rechazo provino de las expectativas más que del sabor mismo, porque en la prueba a ciegas una mayoría eligió el sabor de la cerveza con vinagre, solo la expectativa de que el vinagre empeoraría el sabor hizo que la gente lo rechazara.

El tercer hecho interesante es la diferencia entre los grupos 2 y 3. Si bien ambos grupos de voluntarios sabían que la cerveza contenía vinagre, los resultados fueron dramáticamente diferentes si esa información se brindaba antes o después de la degustación. Si la información llegaba antes de la prueba, los voluntarios rechazaban la cerveza, pero si la información llegabadespués de haber probado la cerveza, casi no había diferencias con la prueba a ciegas y una mayoría elegía el sabor de la cerveza con vinagre.

Podría pensarse que la información sobre el vinagre resulta un elemento más al evaluar el sabor, pero en ese caso los grupos 2 y 3 deberían haber mostrado los mismos resultados ya que al igual que en el grupo 2, en el grupo 3 la información contradecía la preferencia de sabor, pero como en este caso la degustación fue anterior, ésta no se vio modificada por la nueva información.


Esto demuestra que las expectativas pueden llegar a afectar la experiencia real, el sabor en este caso, siempre que sean anteriores al consumo del producto. La información no actúa como un input negativo modificando de forma retrospectiva la interpretación de la experiencia, sino que afecta la preferenciainfluenciando la experiencia en sí misma. En otras palabras, la información no altera de forma externa el análisis sino que modifica la misma percepción haciendo que “sintamos” de manera diferente, en el caso del sabor las expectativas parecen afectar las papilas gustativas o la parte del cerebro que interpreta las señales gustativas (2).

Si la información, en este caso un ingrediente pero en otros casos la marca o cualquier otra promesa de un producto, se comunica antes del consumo real del producto, los consumidores tienden a percibir el producto según esa información por encima incluso de la experiencia real. Es importante el “timing” ya que si la información es posterior al consumo, entonces prevalece la experiencia real.

Estas expectativas anteriores al consumo pueden ser generadas en gran medida por las marcas, por la publicidad, por el boca a boca y, en general, por las actividades de marketing. Y allí reside su poder, porque esas expectativas que pueden ser construidas a voluntad por una empresa pueden llegar a primar sobre la experiencia real del consumo, con lo cual la preferencia de un consumidor por un producto puede ser establecido por esas expectativas más que por el producto en sí mismo.

Evidentemente si la expectativa es marcadamente diferente de la realidad se producirá una decepción que jugará en contra del producto, o si el consumo puede ser medido con exactitud (por ej, la dureza de un material en bienes industriales) el efecto de la expectativa también será menor, pero en la gran mayoría de los casos donde el consumo es subjetivo y la diferencia de desempeño entre productos no es tan claro ni evidente, las expectativas pueden influenciar la percepción del consumo mismo.

Esto ha sido demostrado en incontables estudios en otras categorías, por ejemplo, cuando los consumidores prueban Coca-Cola la califican más favorablemente cuando la beben en un vaso que tiene su logo vs. un vaso sin marca (3), un trozo de pavo es mejor evaluado cuando se piensa que es de una marca reconocida que de una marca desconocida (4), Perrier es preferida a otras marcas siempre y cuando se pruebe sabiendo que se trata de esa marca, pero pierde cualquier superioridad en prueba a ciegas (5), la preferencia por una cerveza en particular desaparece si se remueven las etiquetas en la prueba de manera tal que no se sepa qué cerveza se está probando (6), describir las proteínas de una barra de cereales como “proteína de soja” hace que parezcan más granuladas y con menos sabor que si la palabra “soja” no se incluye en la descripción (7), el café parece menos amargo si falsamente se les dice a los consumidores que no es amargo (8), el yogurt de fresas y el queso para untar parecen tener mejor sabor si en la etiqueta dice “entero“ en lugar de “desnatado” (9) y la gente come más helado de vainilla si en la etiqueta dice –correctamente- “rico en grasas” que si dice “bajo en calorías” (10).


Es importante recalcar que, según la información sea percibida como positiva o negativa, la empresa deberá comunicarla antes o después del consumo. Una promesa positiva (por ej, limpia más rápido) hará que la gente perciba que el producto realmente tiene ese atributo si se comunica antes del consumo, mientras que una información que puede ser percibida en forma negativa (por ej, el vinagre en la cerveza) debe ser comunicada después del consumo, cuando ya no afecta la percepción del producto y tampoco su nivel de preferencia.

Esta influencia de las expectativas se aplica también en otras categorías, más allá de las bebidas o comidas. Por ejemplo, un estudio (11) encontró que el nivel de disfrute de una película está influenciado tanto por la expectativa de su calidad (por ej, según las críticas que haya recibido) como por la calidad real de la película o las condiciones en que fue vista, y otro estudio (12)encontró que anuncios intencionalmente exagerados de la calidad de una camisa de J.C. Penney mostrados antes de que los consumidores pudieran examinar la camisa conducían a una valoración más favorable de la misma.

La importancia de las expectativas que se generan sobre un producto incluso excede al producto mismo y se pueden generar desde el entorno.

En otro reconocido estudio (13), unos académicos de Harvard, LBS y Duke dispusieron en una cafetería universitaria una tabla donde los profesores y el personal administrativo podían servirse el café. Dividieron a la gente en tres grupos: en el primero (el grupo de control) solamente estaba el café en la tabla, en el segundo grupo al lado del café había una serie de condimentos para que las personas los agregaran al café si así lo deseaban, en envases elegantes de cristal y metal con etiquetas indicativas cuidadosamente impresas, mientras que para el tercer grupo los académicos dispusieron los mismos condimentos al lado del café pero en recipientes de plástico y con carteles indicativos escritos descuidadamente a mano.


En todos los casos los condimentos eran los mismos y de hecho, se trataba de condimentos extraños para que nadie los eligiera: nuez moscada, dientes de ajo, cáscara de naranja, anís, pimentón dulce, etc.

Los consumidores del grupo donde los condimentos estaban presentados de forma más lujosa evaluaron más favorablemente al café que los otros dos grupos, con diferencias estadísticamente significativas, a pesar de que se trataba del mismo café, y a pesar de no haber usado ninguno de los condimentos que se ofrecían. El solo hecho de manipular la calidad percibida de los elementos alrededor del café bastó para que la gente tuviera la expectativa de un mejor café y finalmente modificara la experiencia para realmente percibir que ese café tenía mejor sabor.


Esta es la razón por la cual en los restaurantes de autor o cocina creativa los platos son cuidadosamente presentados o la razón por la cual en los restaurantes lujosos todo el entorno es diseñado de forma ostentosa. También es la razón por la cual en los menús de esos restaurantes cada plato se describe de forma rebuscada y excéntrica, ya que todo ello incrementa nuestras expectativas que a su vez, incrementan la probabilidad de que percibamos más favorablemente la comida.

Esa táctica que utilizan los restaurantes está disponible incluso para nosotros mismos. El agregar algún condimento exótico cuando tenemos invitados en casa no hará que los platos sean mejores en un test a ciegas, pero incrementará la probabilidad de que nuestros invitados piensen que tienen mejor sabor.


Los vinos se perciben como mejores cuando se beben en copas grandes específicas para esa bebida, aunque en estudios controlados a ciegas la forma de la copa no influye en el sabor del vino (2), es así que aunque la forma de la copa no influye en el sabor real sí influye en el sabor percibido con lo cual si uno mismo se olvida de estos estudios llegará a sentir un mejor sabor en el vino si lo bebe en la copa adecuada.

Finalmente, el gran poder de las expectativas es que perdura en el tiempo. Un reconocido estudio (14) probó que las expectativas iniciales, a pesar de ser refutadas por la experiencia, pueden rápidamente regresar para dominar nuestras preferencias. Esto es una mala noticia para aquellos productos con expectativas negativas: en el mencionado estudio, los participantes en un test a ciegas vieron que no podían distinguir las galletas "bajas calorías" de las normales, demostrando que las galletas bajas calorías no tenían peor sabor, sin embargo al regresar un mes después al laboratorio la expectativa de que esas galletas tendrían peor sabor se habían re-instalado; pero es una gran noticia para aquellos productos que logren instalar expectativas positivas, ya que estas perdurarán en el tiempo, en algunos casos aun si el mismo consumo del producto las contradice.

*****

El éxito del marketing y las marcas reside, en gran parte, en el poder de las expectativas, en cómo la perspectiva que tenemos sobre un producto puede influenciar la forma en que percibimos su consumo. De hecho las expectativas pueden llegar a ser más importante que la realidad misma. Podemos utilizar ese poder a nuestro favor pero siempre recuerde gestionarlo con responsabilidad.





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Fuentes:
(1) Lee L.,Frederick S. y Ariely D. (2006), Try it, you’ll like it, Association of Psychological Science, Vol 17, Number 12
(2) Predictably irrational, Dan Ariely, HarperCollins Publishers, 2009
(3) McClure, S.M., Li, J., Tomlin, D., Cypert, K.S., Montague, L.M., & Montague, P.R. (2004). Neural correlates of behavioral preference for culturally familiar drinks. Neuron, 44, 379–387.
(4) Makens, J.C. (1965). Effect of brand preference upon consumers’ perceived taste of turkey meat. Journal of Applied Psychology, 49, 261–263
(5) Nevid, J.S. (1981). Effects of brand labeling on ratings of product quality. Perceptual and Motor Skills, 53, 407–410.
(6) Allison, R.I., & Uhl, K.P. (1964). Influence of beer brand identification on taste perception. Journal of Marketing Research, 1, 36–39.
(7) Wansink, B., Park, S.B., Sonka, S., & Morganosky, M. (2000). How soy labeling influences preference and taste. International Food and Agribusiness Management Review, 3, 85–94.
(8) Olson, J.C., & Dover, P.A. (1978). Cognitive effects of deceptive advertising. Journal of Marketing Research, 15, 29–38.
(9) Wardle, J., & Solomons, W. (1994). Naughty but nice: A laboratory study of health information and food preferences in a community sample. Health Psychology, 13, 180–183.
(10) Bowen, D.J., Tomoyasu, N., Anderson, M., Carney, M., & Kristal, A. (1992). Effects of expectancies and personalized feedback on fat consumption, taste, and preference. Journal of Applied Social Psychology, 22, 1061–1079.
(11) Klaaren, K.J., Hodges, S.D., & Wilson, T.D. (1994). The role of affective expectations in subjective experience and decision making. Social Cognition, 12, 77–101.
(12) Hoch, S.J., & Ha, Y. (1986). Consumer learning: Advertising and the ambiguity of product experience. Journal of Consumer Research, 13, 221–233.
(13) Bertini M., Ofek E., Ariely D. (2009) The impact of add-on features on consumer product evaluations. Journal of Consumer Research, Vol 36.
(14) Tuorila, H., Cardello, A.V., & Lesher, L.L. (1994). Antecedents and consequences of expectations related to fat-free and regular-fat foods. Appetite, 23, 247–263.


Autor: César Pérez Carballada
Artículo publicado en 
http://www.marketisimo.com/


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Supermercados portugueses llegarán al país



Supermercados portugueses llegarán al país


septiembre 21 de 2011 - 8:54 pm



Foto: Archivo Portafolio.co
Colombia será el próximo destino para la cadena de comercio al por menor Jerónimo Martins.

La decisión de escoger al país y no a Brasil, la primera opción, es que el mercado ya está dominado por grandes como las francesas Casino y Carrefour, a las cuales incluso tendrá que enfrentar en Colombia. Tampoco descarta alianzas con cadenas locales.

La versión de entrada de Jerónimo Martins (JM) a Colombia es confirmada por el embajador de Portugal en Bogotá, Augusto Saraiva Peixoto.

“Están prácticamente instalados y los viajes de gestión de los ejecutivos de la empresa han sido frecuentes”, reveló al diario Sol, de Portugal.

El pasado 21 de junio, una comitiva de administradores del grupo portugués, liderada por su ‘timonel’, Pedro Soares dos Santos, fue recibida por el presidente Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño. Saraiva Peixoto agregó que inicialmente JM se había puesto como objetivo del proyecto a dos años, aunque podría hacerlo antes.

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miércoles, septiembre 21, 2011





Cómo haremos el súper en el futuro?
2011



Que los grandes operadores del sector de la alimentación se encuentran en plena etapa de renovación es un hecho. Sus caídas en las ventas, unidas a los cambios en las tendencias del consumidor, obligan a estas cadenas a apostar por la innovación, creando lo que para muchos se trata de lossupermercados del futuro.

El nuevo consumidor –creado a partir de la crisis– ha provocado que se vuelva a la proximidad en las compras. Y no sólo eso, sino que los hábitos de consumo dan un giro completo y han pasado de realizar sus compras en grandes cantidades en los hipermercados de las afueras a mantenerse fieles a los `super´ del barrio para elaborar sus compras semanales, incluso diarias.

Esto ha provocado cambios en uno de los sectores más potentes dentro del mundo de la franquicia, el de la alimentación –supermercados–, que se ha visto reflejado en el lavado de imagen de una de las cadenas más significativas del mercado, Carrefour.

La enseña francesa acaba de presentar su modelo `Carrefour Planet´. "Estamos ante un nuevo concepto comercial, un nuevo modelo de superficie comercial más dinámico y multiespecialista", anuncian desde la compañía.

Nuevos servicios, más tecnologías a disposición del cliente para ofrecer una experiencia de compra"totalmente completa". 'Carreforu Planet' pone además a disposición de sus clientes las últimas tecnologías aplicadas a la compra, como las cajas de autopago; cajas de fila única o puntos de información digital que permiten al cliente acceder al catálogo online de productos, consultar sus listas de la compra o imprimir sus cupones descuento.

Supermercados futuristas

Mientras, en el otro lado del mundo, concretamente en Corea, la cadena número dos del país asiático –TescoHome Plus– ha ideado una estrategia online con el fin de arrebatar cuota de mercado a su principal competidor,E-Mart, con la peculiaridad de que para conseguirlo no ha sido necesario abrir nuevos centros.

Para ello la enseña se ha lanzado a las principales estaciones de metro y ha instalado allí una simulación de los lineales del supermercado. Los `productos´ allí expuestos incorporan un código QR –utilizado por smartphones– para que los clientes sólo tengan que escanearlo y realizar así la compra que posteriormente les llega al domicilio.

Los resultados no se han hecho esperar y la cadena Tesco se ha posicionado como la número uno en ventas online –estas crecieron un 130% gracias al aumento del 76% de usuarios registrados en el supermercado virtual–.

Por su parte, la cadena chilena de supermercados Jumbo –perteneciente al Grupo Cencosud– ha realizado una iniciativa similar denominada Jumbo Mobile, con el fin de acercar este avance a sus consumidores.

Estrategias distintas, mismo objetivos. Mientras la gala Carrefour ha optado por un cambio de imagen y funcionalidad en sus centros, en Asia y América del Sur han apostado por innovar fuera del supermercado. Habrá que esperar a los resultados para saber si se trata de técnicas eficaces.

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martes, septiembre 20, 2011

Reputación, el activo mayor






Firmas de consumo son líderes

Reputación, el activo mayor

Por: Héctor Sandoval Duarte

Un estudio de la firma Good Will, hecho para el Reputation Institute, reveló que las firmas más reputadas en Colombia fueron Nestlé, Colgate Palmolive, Familia y Postobón.

Firmas de consumo
Firmas de consumo.
Los líderes de las grandes empresas de Colombia y del mundo que llevan décadas enteras de vigencia tienen clara una cosa que proclama Charles Fombrun, presidente del Reputation Institute: conservar la reputación como pasado y futuro de una compañía y también como el mayor activo.

Para poder estimar cuáles son las empresas más reputadas del mundo, el Reputation Institute puso en marcha desde 2006 un estudio en 41 países, llamado Rep Trak Pulse, pero este año se incluyó a Colombia a través de una investigación hecha por la firma Good Will. De entrada, el estudio mostró que las compañías con mayor reputación son las del sector consumo.

Con las 100 empresas más grandes del país repartidas en 17 sectores, la firma Good Will emprendió el estudio y halló que después de las empresas del área de consumo, las más reputadas son las de alimentación, transporte y logística, bebidas, automóviles, distribución-general, distribución-alimentación y productos industriales. A esta lista le sigue el sector de aerolíneas, finanzas y aseguradoras, petróleo y energía, materias primas, telecomunicaciones, cajas de compensación y empresas prestadoras de salud.

Ana María Martínez, socia directora de Good Will, contó que “la mayoría de los sectores con buena reputación en el país coinciden con los resultados mundiales. Los sectores de producto tienen mejor reputación. Los colombianos castigan más a los servicios”. Muestra de ello es que empresas como telecomunicaciones, cajas de compensación y EPS ocuparon los lugares débiles del prestigio.

Martínez explicó que los colombianos encuestados lo que más tienen en cuenta de las empresas más grandes del país son sus productos, seguidos de aspectos como responsabilidad social, ética corporativa, oferta, innovación, entorno laboral (firma como buena empleadora) y por último, la solidez financiera. Dijo también que los colombianos fueron más “condescendientes” con las firmas debido a que las empresas nacionales registraron una media reputacional superior a la de otros países.

“Cuando se habla de la reputación de una empresa, se trata de ser sostenible en el tiempo. Esto se refleja en resultados económicos. Con buena reputación los clientes compran y los accionistas creen. Es un círculo de conductas de apoyo”, opinó la socia directora de Good Will, quien concuerda con el gurú mundial en que la reputación es el mayor activo para una compañía. 

En el ranquin presentado para Colombia, las compañías con mejor reputación fueron Nestlé, Colgate Palmolive, Familia, Postobón, Colombina, Johnson & Johnson, Deprisa, Alpina y Chevrolet. Según Martínez, en el caso de Nestlé “pesa mucho la oferta de productos y servicios, Además, ha tenido muchas estrategias completas para que los colombianos la quieran”.

Contó que en el estudio fue sorpresivo el caso de Argos, compañía del sector de materias primas que, pese a estar en un área de reputación media, logró destacarse dentro del escalafón.

Para la compañía colombiana Argos, el concepto de reputación es “la medida más integral que existe para conocer qué piensan y cómo ven los diferentes públicos de interés a la compañía. La reputación es la mejor forma de saber cómo se encuentra de manera integral una compañía”.

Según fuentes de Argos, el tema de reputación es como un “chequeo general de signos vitales” a la compañía debido a que comprende dimensiones como “productos, marca, resultados financieros, compromiso social, entre otros, y permite tomar decisiones y acciones de fondo”.

Pese a los resultados de Argos, estar en un sector “involucrado en el cumplimiento de legislaciones, regulaciones ambientales y laborales, impacta la imagen de la compañía”. 

El estudio de Good Will también encontró numerosos vínculos emocionales de los entrevistados con empresas de extensa trayectoria como la Empresa de Teléfonos de Bogotá, Nutresa, Coltejer e incluso Avianca. Para quienes desarrollaron el estudio, fue llamativo el caso particular del sector transporte debido a que el acceso de los colombianos a un tiquete aéreo o a un vehículo se ha incrementado, hecho que impacta de forma directa el buen nombre de las firmas.

El empresario Arturo Calle, presidente de la compañía de retail que lleva su nombre y que fue la que mejor reputación de su sector obtuvo en el escalafón, aseguró que factores que construyen el buen nombre de una compañía son “servicio al cliente, retail, estar actualizados en diseño, decoración, calidad, precios justos que puedan llegar al mercado nacional de estratos 3 al 6, honestidad y respeto”.

Consideró que la reputación es el mayor activo de su compañía, que lleva 50 años en el mercado, además del consumidor. “Usted, dinero consigue y los bancos le prestan. También, trabajando se puede. Lo que no se consigue es la buena reputación”. Para el empresario, si una firma no conserva un activo como su consumidor, desaparecerá.

Camilo Herrera Mora, presidente de la firma encuestadora Raddar, opinó que actualmente y en el futuro, la reputación de las empresas se transmite en el prestigio de las marcas. “La empresa sólo puede ser reputada si los productos son admirados. Es el caso de Coca-Cola, donde muchas veces predomina el producto”.

Coincidió con el gurú de la buena imagen empresarial en que “la reputación es uno de los activos más valiosos en el mercado. Aunque muchas empresas trabajan mucho en esto, a otras no les importa”. Recordó el caso de un lote de latas de salchichas tipo viena producidas por Zenú que presentaron un caso de contaminación, hecho que llevó a la compañía a tomar “una decisión histórica”: retirar de supermercados y tiendas todas las latas para poner productos nuevos, sin importar las pérdidas que esto acarreara. “Para Zenú en ese momento era importante la reputación”.

En el mundo, el estudio del Reputation Institute correspondiente a 2010 mostró que las áreas con una reputación fuerte fueron las de productos de consumo, electrodomésticos y electrónica, sector informático, distribución y productos industriales.

En el escalafón, y ubicadas en el sector de reputación media, se encuentran las compañías de alimentación, bebidas, automóviles, productos farmacéuticos, aerolíneas, servicios, medios de comunicación, conglomerados, química, materias primas, construcción (ingeniería e infraestructura), transporte, sector financiero, bancos, seguros y energía.

Asimismo, los sectores con mala reputación en el mundo según el estudio son telecomunicaciones, utilities y  tabacaleras.

Cuando el estudio se refiere a América Latina, se halló que en Argentina la marca con mayor reputación es Mercedes Benz; en Bolivia, Coca-Cola; en Brasil, Nestlé, y en Perú, Gloria.

En el caso norteamericano, la firma más reputada de Estados Unidos es Campbell y en Canadá, la empresa Jean Coutu Group. En cuanto a Europa, en Alemania primera compañía en el listado es Sony; en España, Google; Francia, Michelin; Reino Unido, Rolls Royce y en Suiza, Swatch.


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No todo es precio. Proximidad e innovación ganan en el lineal



Estudio Shopper 2011

Por Paloma Pascual
Última actualización 21/09/2011@05:33:06 GMT+1
Uno de cada tres consumidores ha cambiado sus hábitos de compra en 2011. Ya lo había hecho al inicio de la crisis, en 2008 y ahora nos encontramos en valores muy parecidos. Al igual que entonces, la mayoría, ocho de cada diez (81 %) ,declara que cuando la situación mejore mantendrá su rutina de compra actual, lo que supone un ligero aumento respecto a 2009, cuando esa era la opinión de casi el 70%. El comprador sigue siendo igual de marquista que hace tres años (40%), aunque es algo menos racional (40% en 2011 frente al 45% en 2008). El precio ha dejado de ser la única clave de decisión de compra y sólo motiva a uno de cada cuatro compradores.. No obstante, “el comprador cada vez tiene menos reparo en declararse ahorrativo” (20% frente al 15%).
Este es a grandes rasgos el nuevo perfil del consumidor actual, según las conclusiones del estudio “Shopper 2011”, realizado por Symphony IRI, que ha sido presentado esta mañana en Madrid por Jordi Guzmán, director de Analytics & Shopper Knowledge (ASK) de la consultora.

El proceso de compra ha cambiado. Si en 2003 el 39% de las decisiones se tomaban frente al lineal, en 2009 este porcentaje ascendía al 71% y en 2011 ha caído hasta el 57,1%. Para Guzmán “se ha asentado un nuevo marco de fidelidad en la cesta de la compra, con un presupuesto ya adaptado a la situación actual “. En su opinión “ lo que los fabricantes tenían que perder por efecto de la crisis, ya lo han perdido”. Volvemos a las tendencias anteriores.

Uno de cada dos compradores de marcas líderes predeterminan la compra en casa, mientras que en el caso de consumidores de MDD la tasa alcanza a uno de cada tres.

En 2008 el contexto de los mercados provocó altos niveles de promiscuidad en el punto de venta, que se tradujeron en un gran desarrollo de la MDD. Hoy sigue creciendo, pero forma más moderada, como indican las cuotas alcanzadas en los dos últimos años, un 29,8% en 2010 y un 41% en el acumulado hasta junio de 2011.

Todo ello conduce a un dato significativo: “sólo en uno de cada cuatro consumidores el precio es el motivador de la compra”. Algo más de un cuarto (26,9%) decide en el lineal en función del precio, por lo que queda un 75% para quien el precio no lo es todo.

Guzmán afirma que 14 puntos porcentuales del 41% que alcanza el peso de la marca del distribuidor en valor no vienen explicados por el precio. Por tanto, asegura que todavía sigue habiendo oportunidades por explorar, ya que existe un margen en el que “los fabricantes pueden luchar sin entrar en la guerra de precios “ y así aumentar el nivel de su cuota (59%).

El contexto económico favorece al precio, pero es necesario trazar una estrategia de posicionamiento, tanto en precio promocional, como en precio regular. Existen otras variables dentro del establecimiento con las que trabajar , como son visibilidad, surtido, promoción y stock. Uno de cada dos compradores cancelan la compra en caso de no encontrar el producto. “Lo que no se ve no se coge, lo que no se coge no se compra”.

Guzmán también ha hecho referencia a la innovación como uno de los atributos más importantes tanto para los distribuidores como para los fabricantes., advirtiendo que los niveles de innovación han caído a ritmos del 75%. Su recomendación para los retailers, partir de los datos del estudio, son “ nutrirse de contenidos de imagen, que no se debe hacer de forma tradicional, sino innovadora”, tomar la proximidad como un valor clave y romper esquemas. Carrefour Planet, Mercadona, Bonpreu, Consum o El Corte Inglés, con su marca Aliada son algunos ejemplos de experiencias en innovación.

Por lo que respecta a los fabricantes, las tendencias apuntan a la personalización y democratización del surtido. Uno de cada cuatro compradores de MDD, no descarta volver a compras marca del fabricante. No hay tiempo que perder. 
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lunes, septiembre 19, 2011

EE. UU.: La revolución de "ALDI": de marca propia a marca de gran poder global.- DRC Discount Retail Consulting GmbH

  EE. UU.: La revolución de "ALDI": de marca propia a marca de gran poder global. DRC Discount Retail Consulting GmbH La cadena de...