sábado, marzo 11, 2017

Ellos tienen la visión de las grandes empresas en Antioquia

Ellos tienen la visión de las grandes empresas en Antioquia

TOMADO DE EL COLOMBIANO

Ellos tienen la visión de las grandes empresas en Antioquia

  • Edifcio de Empresas Públicas de Medellín. FOTO ARCHIVO
    Edifcio de Empresas Públicas de Medellín. FOTO ARCHIVO



JUAN FERNANDO ROJAS T. Y FERNEY ARIAS JIMÉNEZ | PUBLICADO HACE 45 MINUTOS


En el mundo empresarial, la junta directiva es un órgano esencial que cumple varios roles, entre ellos, servir de enlace entre la sociedad y los accionistas, definir estrategias y aprobar las principales políticas y proyectos de expansión.
La firma de consultoría Deloitte explica que la junta define el nivel de riesgo de la compañía, está llamada a garantizar el trato equitativo a todos los accionistas, velar por la calidad de la información financiera y no financiera, así como verificar los requerimientos de gobierno corporativo.
En el caso de grandes compañías de origen antioqueño, las juntas directivas no escapan a esos deberes. Por el contrario, en los últimos años el compromiso asumido por sus integrantes les permitió, a buena parte de ellas, posicionarse como jugadores relevantes en Latinoamérica.
En el arranque de la temporada de asambleas empresariales, EL COLOMBIANO presenta a los integrantes de juntas directivas de las compañías antioqueñas más importantes y responsables de los balances que se darán en esas reuniones (ver recuadros).
En el primer estudio sobre juntas directivas en Latinoamérica de A.T. Kearney y Global Reporting Initiative (GRI), revelado en octubre, mostró que 61 % de miembros de junta consultados en Colombia considera que el mayor vehículo para crear valor a la empresa y a sus accionistas es la identificación temprana de riesgos y de formas alternas de alcanzar metas.
Para los empresarios antioqueños la última década ha sido clave para localizar oportunidades fuera de Colombia, capitalizarlas y ganar posiciones en sectores de alimentos, financieros, aseguramiento, comercio, energía e infraestructura.
En ese contexto, y en palabras del catedrático de Eafit, Juan Carlos López, detrás de las multilatinas antioqueñas hay una clase empresarial local destacada por su espíritu innovador, lo cual ha permitido superar momentos de crisis y darle vida a un modelo que se cimenta en los valores y se replica en otras latitudes.
Los ojos de los medellinenses en el manejo de EPM

De pie: Andrés Bernal, Orlando Uribe (sec. Hacienda, no es titular), Gabriel Ricardo Maya, Federico Gutiérrez, Manuel Santiago Mejía, Carlos Raúl Yepes. Sentados: Alberto Arroyave Lema, Claudia Jiménez, Elena Rico y Javier Gutiérrez. FOTO CORTESÍA EPM
De pie: Andrés Bernal, Orlando Uribe (sec. Hacienda, no es titular), Gabriel Ricardo Maya, Federico Gutiérrez, Manuel Santiago Mejía, Carlos Raúl Yepes. Sentados: Alberto Arroyave Lema, Claudia Jiménez, Elena Rico y Javier Gutiérrez. FOTO CORTESÍA EPM
Un experto en finanzas, Andrés Bernal), otro en derecho económico (Gabriel Ricardo Maya), un experimentado empresario (Manuel Santiago Mejía), un banquero retirado (Carlos Raúl Yepes), un veedor nato (Alberto Arroyave), una doctora en derecho especialista en gestión pública (Claudia Jiménez), una ingeniera que conoce al detalle el mundo de la energía (Elena Rico) y otro que lideró a ISA y Ecopetrol (Javier Gutiérrez). Esa titular comparte mesa con el alcalde Gutiérrez en la máxima instancia de EPM.
La de ISA, una junta con mucha energía

De izq. a der.: Carlos Caballero (exministro), Santiago Montenegro (Asofondos), Henry Medina (consultor) Carlos Felipe Londoño (rector EIA), María Ximena Cadena viceministra Hacienda) Jesús Aristizábal (exdirectivo EPM), Carlos M. Giraldo (Éxito). FOTO COLPRENSA
De izq. a der.: Carlos Caballero (exministro), Santiago Montenegro (Asofondos), Henry Medina (consultor) Carlos Felipe Londoño (rector EIA), María Ximena Cadena viceministra Hacienda) Jesús Aristizábal (exdirectivo EPM), Carlos M. Giraldo (Éxito). FOTO COLPRENSA
A pesar de que Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) es de mayoría estatal (51,41 %), esta multilatina acumula una tradición de gobierno corporativo orientado por decisiones técnicas y estratégicas, más allá de necesidades fiscales por parte de la Nación. Esa independencia es un activo intangible que ha dado confianza a los fondos privados de pensiones para que el ahorro previsional de 14,1 millones de trabajadores sea dueño de una quinta parte de ISA, no en vano Asofondos, gremio de las AFP, preside actualmente la junta directiva.
Consejo directivo de Eafit, una máxima instancia con acento empresarial
De pie: Julio Acosta (vicerrector), Cipriano López (Haceb), José Alonso González (experto en urbanismo), María Clara Aristizábal (directiva G. Argos), Carlos Ignacio Gallego (Nutresa), José Alberto Vélez (presidente y empresario), Juan Luis Mejía (rector), José Manuel Restrepo (exgerente de Caracol Medellín), y Hugo Castaño (Sec. Gral. Eafit). Sentados: Alejandro Ceballos (empresario), Magda Restrepo Arango (Fraternidad Medellín), Santiago Londoño (Energía y Potencia), Luz María Correa (El Cóndor), Juan Rafael Cárdenas (fundador), Jorge Iván Rodríguez (fundador) y David Escobar Arango (Comfama). FOTO Cortesía Eafit
De pie: Julio Acosta (vicerrector), Cipriano López (Haceb), José Alonso González (experto en urbanismo), María Clara Aristizábal (directiva G. Argos), Carlos Ignacio Gallego (Nutresa), José Alberto Vélez (presidente y empresario), Juan Luis Mejía (rector), José Manuel Restrepo (exgerente de Caracol Medellín), y Hugo Castaño (Sec. Gral. Eafit). Sentados: Alejandro Ceballos (empresario), Magda Restrepo Arango (Fraternidad Medellín), Santiago Londoño (Energía y Potencia), Luz María Correa (El Cóndor), Juan Rafael Cárdenas (fundador), Jorge Iván Rodríguez (fundador) y David Escobar Arango (Comfama). FOTO Cortesía Eafit
Si bien no tiene junta directiva, sino Consejo Superior, no es una compañía, sino una entidad sin ánimo de lucro, la universidad Eafit desde su fundación, en 1960, ha estado ligada a la intención de notables empresarios del país por aportar a una mejor educación. Por eso su Consejo Superior está compuesto de una pluralidad de talentos de distintas generaciones ligadas a la vida económica y académica. Ahora es presidido por José Antonio Vélez, expresidente del Grupo Argos, quien sucedió a otros empresarios como Álvaro Uribe Moreno y Nicanor Restrepo Santamaría.
Nota: no aparecen en la foto y son consejeros activos: Alicia Mendoza de Puerta, Jorge Londoño Saldarriaga, Jorge Posada Greiffenstein, Luis Miguel de Bedout, así como los miembros honorarios Franz X. Stirnimann y Bernard J. Hargadon Jr.
Bancolombia suma saberes y experiencias

De izq. a der: Roberto Steiner (Fedesarrollo), David Bojanini (Sura), Gonzalo Pérez (Suramericana), Arturo Condo (consultor), Hernando J. Gómez (excodirector Emisor), Andrés Felipe Mejía (empresario) y Luis Fdo. Restrepo (Crystal). FOTO CORTESÍA BANCOLOMBIA
De izq. a der: Roberto Steiner (Fedesarrollo), David Bojanini (Sura), Gonzalo Pérez (Suramericana), Arturo Condo (consultor), Hernando J. Gómez (excodirector Emisor), Andrés Felipe Mejía (empresario) y Luis Fdo. Restrepo (Crystal). FOTO CORTESÍA BANCOLOMBIA
Un banco no solo necesita banqueros o expertos en el mundo financiero. Eso lo demuestra la junta directiva del Grupo Bancolombia en que, sin corbatas, cada uno de sus miembros está especializado en diversos campos que suman a la estrategia corporativa. Además tienen una característica común: formación académica en el exterior. Así la máxima instancia detrás de las grandes apuestas y movidas del Grupo Bancolombia en el país y Centroamérica encuentra en la diversidad cómo llevar adelante una banca innovadora.
La junta de juntas: Grupo Sura

De izq. a der: Jorge Mario Velásquez (G. Argos), Carlos Ignacio Gallego (Nutresa), Luis Fernando Alarcón, Carlos Antonio Espinosa Soto, Alejandro Piedrahíta Borrero (G. Argos), Jaime Bermúdez y Sergio Michelsen (independientes). FOTO cortesía Grupo Sura
De izq. a der: Jorge Mario Velásquez (G. Argos), Carlos Ignacio Gallego (Nutresa), Luis Fernando Alarcón, Carlos Antonio Espinosa Soto, Alejandro Piedrahíta Borrero (G. Argos), Jaime Bermúdez y Sergio Michelsen (independientes). FOTO cortesía Grupo Sura
Por cruce de inversiones de portafolio entre mulitilatinas del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), se considera la máxima instancia de Grupo Sura como la junta de las juntas directivas y es referente en gobierno corporativo. Su presidencia reposa en un miembro independiente, Luis Fernando Alarcón Mantilla (exministro y exgerente de ISA). En la autoevaluación de junta para 2016, se lee del acatamiento en la administración de Grupo Sura y sus buenas relaciones: “se mantienen en un ambiente de diálogo franco y abierto”.
Nutresa centra sus apuestas en el gusto

De pie (izq. a der.): Mauricio Reina (Fedesarrollo), David Bojanini (G. Sura) y Gonzalo Pérez (Suramericana). En sillones: Antonio Mario Celia (Promigás), Jaime Palacio (Coldeplast), María Clara Aristizábal (G. Argos) y Cipriano López (Haceb). Cortesía Nutresa
De pie (izq. a der.): Mauricio Reina (Fedesarrollo), David Bojanini (G. Sura) y Gonzalo Pérez (Suramericana). En sillones: Antonio Mario Celia (Promigás), Jaime Palacio (Coldeplast), María Clara Aristizábal (G. Argos) y Cipriano López (Haceb). Cortesía Nutresa
La historia de este conglomerado empezó en 1920, en Medellín, con la fundación de Compañía Nacional de Chocolates Cruz Roja. La visión de sus administradores la tienen hoy como uno de los principales grupos de alimentos en Centroamérica, Colombia y Estados Unidos. David Bojanini (Sura), Gonzalo Pérez (Suramericana) y María Clara Aristizábal (G. Argos) son los miembros patrimoniales, y suman la visión de otros empresarios como Cipriano López (gerente de Haceb) y Antonio Mario Celia (presidente de Promigás).
Grupo Éxito tiene un directorio con acento francés

De izq. a der.: Philippe Alarcon (Casino), Daniel Cortés (consultor financiero), Yves Desjacques (Casino), Luis Fernando Alarcón (presidente de junta), Ana María Ibáñez Londoño (economista y académica), Bernard Petit (Casino), Matthieu Santon (Casino) y Felipe Ayerbe Muñoz (consultor legal). FOTO Cortesía Grupo Éxito
De izq. a der.: Philippe Alarcon (Casino), Daniel Cortés (consultor financiero), Yves Desjacques (Casino), Luis Fernando Alarcón (presidente de junta), Ana María Ibáñez Londoño (economista y académica), Bernard Petit (Casino), Matthieu Santon (Casino) y Felipe Ayerbe Muñoz (consultor legal). FOTO Cortesía Grupo Éxito
Actualmente la junta directiva del Grupo Éxito se compone de nueve miembros, de los cuales cinco son patrimoniales, en representación de la multinacional francesa Casino, dueña del 55,3 % de las acciones de la multilatina antioqueña de comercio minorista (retail). No obstante, el ingeniero y exgerente de ISA, Luis Fernando Alarcón, uno de los independientes, preside la junta, como en Grupo Sura. El directorio del Grupo Éxito hace juicioso seguimiento a la consolidación de inversiones recientes en Brasil y Argentina.
Construcciones El Cóndor: una junta muy independiente

Sentados (de izq. a der.): Alejandro Correa Restrepo, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez y Luis Fernando Pérez Cardona. De pie: Jairo González Gómez, Claudia Echavarria Uribe, José Jairo Correa Gómez y Oscar Antonio Echeverri Restrepo. FOTO cortesía Cóndor
Sentados (de izq. a der.): Alejandro Correa Restrepo, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez y Luis Fernando Pérez Cardona. De pie: Jairo González Gómez, Claudia Echavarria Uribe, José Jairo Correa Gómez y Oscar Antonio Echeverri Restrepo. FOTO cortesía Cóndor
A pesar de que este jugador antioqueño de las concesiones de las vías cuarta generación (4G) es de origen familiar, cinco de sus siete miembros son independientes y solo dos patrimoniales. Esta es una señal positiva para los inversionistas y está en línea con estándares internacionales de gobierno corporativo. Una junta idónea orienta las decisiones frente a seis proyectos 4G adjudicados (dos públicos y cuatro priavados) a esta empresa lisrada en Bolsa y que lleva 37 años desarrollando proyectos de infraestructura.
Grupo Argos, pilar de infraestructura

De pie (izq. a der.): Mario Scarpetta (Azurita), Ana Cristina Arango Uribe (inversionista), Carlos Ignacio Gallego (Nutresa), Jorge A. Uribe López (P&G) y David Bojanini (Sura). Sentados: Armando Montenegro (Ágora) y Rosario Córdoba (CPC) FOTO cortesía G. Argos
De pie (izq. a der.): Mario Scarpetta (Azurita), Ana Cristina Arango Uribe (inversionista), Carlos Ignacio Gallego (Nutresa), Jorge A. Uribe López (P&G) y David Bojanini (Sura). Sentados: Armando Montenegro (Ágora) y Rosario Córdoba (CPC) FOTO cortesía G. Argos
A la otrora compañía cementera, sus últimas tres administraciones le dieron un giro estratégico, del que surgió una holding con participación en sectores clave (energía, cemento, concesiones, puertos y actividades inmobiliarias) y fuerte presencia en Colombia, Centroamérica, El Caribe y el sureste de los Estados Unidos. Su junta de siete miembros, cinco independientes, promueve el mejor trato y atención a los empleados y los proveedores. El GEA aporta dos cuotas: David Bojanini (Sura) y Carlos Ignacio Gallego (Nutresa). La presidencia está a cargo de Rosario Córdoba, y la otra cuota femenina es Ana Cristina Arango, ingeniera y magíster en negocios. Expertos consultores complementan la nómina de junta.




Ferney Arias Jiménez

Periodista de economía de El Colombiano. Oidor de tangos. Sueño con una Hermosa sonrisa de luna.

Juan Fernando Rojas Trujillo

Reportero por vocación. Convencido de que el periodismo es para mejorar la vida de la gente. Ahora escribo de temas económicos en El Colombiano.

Una travesía por las montañas de Colombia en busca de un café casi perfecto – Español

Una travesía por las montañas de Colombia en busca de un café casi perfecto – Español



Hay más de 20 restaurantes y cafeterías en la plaza —pintada de colores pasteles— de Jardín, un pintoresco pueblo colombiano en Antioquia, en la parte norte de los Andes.
Elegí uno, me puse cómodo en una mesa de madera pintada de color azul eléctrico y pedí un café negro por 800 pesos, cerca de 25 centavos de dólar. Era lunes en la mañana y los paisas estaban socializando. Algunos parecían ser amigos y familiares que charlaban y reían bajo la sombra de una iglesia. Algunos me dijeron que eran tenderos que disfrutaban de un día libre después de pasar un fin de semana largo atendiendo turistas. En la mesa del lado, un campesino se relajaba con su sombrero sobre el rostro y su silla recargada contra la pared.
Si hubiera estado aquí durante la temporada de cosecha, habría visto a propietarios de fincas afuera de la sucursal de Bancolombia con bolsas de efectivo, rodeados por policías que brindan seguridad a los trabajadores que llegan a recibir su pago. Los sábados por la noche, esta plaza es una cacofonía estridente de la música de las discotecas y campesinos que pasean por el pueblo montados en caballos de exhibición; aún entonces hay cafés entre las cervezas sobre las charolas que las meseras llevan por las mesas.
El café es parte de la esencia de Jardín: la economía local que conforma una identidad cultural. Cuando llegó mi tinto, fue fácil ver por qué: el sabor era fuerte y robusto, fluía directamente de los granos y no de una capa quemada después de tostarlos. Le di otro sorbo a mi pequeña taza y me percaté de todas las personas que bebían café a mi alrededor; no había ningún termo ni vaso de papel. Nadie bebía su café para llevar. Todos se sentaban, sorbían, disfrutaban. Por eso vine: para dar rienda suelta a mi amor por el café. Jardín es un lugar perfecto, situado en el corazón de un cinturón del café en el suroeste de Antioquia, el productor más grande de los 32 departamentos de Colombia.

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Sacos de café en la cooperativa Delos Andes CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

En los noventa, un colapso en los precios del café fue un golpe fuerte a la economía de Colombia. La mitad de su mercado de café se desvaneció y miles de familias en regiones cafetaleras cayeron en la pobreza. Como estrategia para el futuro, el gobierno colombiano comenzó a fomentar y apoyar a fincas para cultivar granos de café de mayor calidad que calificaran para mercados especializados donde los precios son más altos y estables.
Jardín adoptó la tendencia. La mayoría de los granos que se venden en el almacén cooperativo del pueblo van directamente a Nespresso, la marca de lujo que vende cafeteras con comerciales televisivos en los que aparece George Clooney. Aquí, las colinas están llenas de fincas familiares que compiten entre sí para cultivar el mejor café. Con la ayuda de un guía contratado —José Castaño Hernández, hijo de campesinos cafeteros— estaba listo para ver de dónde venía la rica infusión de mi taza y explorar el territorio del café en el norte de los Andes.

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Paisaje de los Andes cerca del pueblo de Jardín CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

En la plaza, Hernández, de 41 años, me recogió en su auto y condujo a través de un puesto militar de control justo afuera del pueblo. Después de que los soldados nos señalizaron que podíamos pasar, mencionó que tomaríamos la ruta pintoresca para visitar una finca cafetalera a una altitud de 1800 metros sobre el nivel del mar. Con pintoresco quiso decir que era una ruta ecuestre. En la ladera de la montaña, se estacionó al borde de la carretera y nos reunimos con otro guía que tenía caballos ensillados. El trayecto a través de un camino lleno de piedras fue una serie de momentos impresionantes: vistas gloriosas del norte de Los Andes, rayos matutinos del sol que atraviesan nubes que parecen algodón; a veces pasaba algún tucán con su gracioso pico.
Después de algunas horas nos detuvimos y amarramos los caballos; Hernández abrió la entrada de una cerca alambrada. Era la puerta trasera de la Cueva del Esplendor. La entrada al público de esta atracción turística es un estacionamiento al otro lado del barranco, donde las personas dejan sus autos y caminan hasta la cueva. Desde este lado, descendimos a rappel gracias a unos cables de alambre. En la parte de abajo, entramos a una pequeña cueva con una cascada bañada por el sol que salía del techo de roca… otro momento increíble.

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La Cueva del Esplendor en las afueras de JardínCreditFederico Rios Escobar para The New York Times

Después de otra hora a caballo, era hora de almorzar en la finca, una simple granja cerca de la cima de la montaña con paredes de estuco blanco y pintura azul. Ese mismo azul vistoso acentuó el pedestal de un altar al niño Jesús, y también una cruz que estaba en la bajada frente a una vista magnífica: más de una decena de cimas andinas extendiéndose hasta donde llegaba la vista, con frondosos cafetos que cubrían cada ladera.
Almorzamos en una mesa que estaba en la entrada techada. El menú incluía huevos fritos con la yema cruda; dos tipos de plátanos fritos: unos maduros y dulces, y los otros verdes y en patacón; frijoles rojos, y chicharrón. Puse los frijoles en un tazón y encima un huevo y varias cucharadas de una salsa picante. A la vuelta de la esquina, los campesinos y sus familias se sentaban en otra mesa, una mezcla de hombres, mujeres y niños que comían frijoles, huevos y chicharrón. Hernández había pedido un almuerzo típico de la finca, y eso le dieron.
“Los colombianos almuerzan bien; es su comida principal”, explicó cuando me preguntó qué me pareció la comida. “Trabajar la finca requiere estar bien alimentado”.
Después de que recogieron los platos vacíos, una mujer me sirvió una taza del café de la casa, el tinto. Sonreí y suspiré con el sabor puro: tan terroso y abundante en mi paladar, pero a la vez limpio, sin dejar sabor de boca alguno. Después, el encargado de la finca, Juan Crisóstomo Osorio Marín, me pidió que siguiera un camino terroso que lleva a las plantas de café. Marín dirige las operaciones de campo de la finca mientras que su padre es el propietario. Llegamos a un lugar donde montones de bayas de café de color rojo y verde brillante colgaban de cada rama. Son plantas prodigiosas; cada una tiene el equivalente a 450 gramos de café molido y terminado. Las bayas rojas de café, que parecen arándanos, estaban maduras y listas para recogerse. Competí con Marín para ver quién recogía bayas más rápido. Tras 30 segundos yo tenía 50 bayas en la canasta y Marín tenía más de 200. Me mostró que el truco es mover una mano por debajo de la rama mientras despegas las bayas con el pulgar. Con un solo movimiento podía sacar 10 bayas o más.

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Bayas rojas de café en una finca de Jardín, Colombia CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

Durante la temporada de cosecha, Marín, de 40 años, reúne varias canastas de bayas de café para obtener más de 260 kilogramos diarios; lo hace en una ladera tan empinada que me pareció difícil permanecer erguido. Otros familiares hacen lo mismo. El año pasado, el padre de Marín, de 62 años, recogió más de 180 kilos en un día justo después de recuperarse de una fractura que sufrió en la pierna mientras jugaba fútbol.
Aun así, la producción aquí palidece cuando se le compara con la de plantaciones cafetaleras corporativas. La familia Marín enfatiza la calidad por encima de la cantidad. Nespresso califica estos granos como Triple A, su clasificación más alta de calidad y sostenibilidad.
Marín dijo que tres factores favorecían su café: la altura, que tiene la elevación suficiente para mantener lejos las pestes del café; la humedad, que se origina con las nubes que pasan y brindan una fuente constante de humedad, y la tierra roja.
“¿Por qué la tierra es tan roja?”, pregunté. Hernández me contó acerca de Nevado del Ruiz, un volcán que está en el norte de los Andes y arrojó ceniza a través de las cimas de las montañas.
“¿Eso es algo bueno?”, le pregunté a Marín a través de Hernández.
“Sí, claro, claro”, dijo Marín, asintiendo con la cabeza. La ceniza hace que la tierra sea rica y fértil. “Como una bendición; la tierra es mejor aquí arriba”.

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Un gallito de las rocas. Jardín es una zona popular para observar aves. CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

De regreso en la finca, me mostraron la despulpadora que separa los granos de la fruta (como quitarle huesos a unas cerezas) y la parrilla de secado donde ponen los granos antes de que los lleven a la cooperativa. Por 15.000 pesos (cerca de cinco dólares), compré una bolsa de su café Triple A y le di las gracias a Marín por su hospitalidad.
Durante el viaje de regreso a Jardín, Hernández me dijo que, en sus siete años como guía, yo fui apenas su segundo turista de cafetales. Todos sus clientes van a observar aves, pero a él le gustarían más viajes como este. El abuelo de Hernández se estableció y comenzó la finca de café cerca de donde creció. Cuando ocurrió la crisis de los noventa, sus padres se divorciaron y él abandonó la universidad en Medellín para regresar a casa y ayudar a su madre a saldar sus deudas. Fue durante este periodo problemático cuando Hernández encontró su vocación como guía, un trabajo que le permite ayudar a que otros entiendan el significado de la tierra que ama. Su madre aún está en la finca de la familia, pero el café, como todo cultivo, es un negocio difícil, y él no está seguro de que pueda continuar. “Las historias de estas colinas me dan esperanza”, me dijo mientras recorríamos un camino terroso.
Hernández me dejó en la hotel donde me estaba hospedando afuera del pueblo y me dijo que regresaría en un par de horas. A las 18:00 me recogió para cenar en otra finca, que también está en las colinas, rodeada de follaje.

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Un hombre a caballo cerca de JardínCreditFederico Rios Escobar para The New York Times

En la finca, una familia salió a la puerta —padre y madre con un hijo pequeño y una bebé— para saludarme con calidez; yo era el primer estadounidense que visitaba su casa (los suizos de Nespresso ya habían estado ahí). El propietario de la finca, Francisco Javier Ángel, sonrió y nos dijo que pasáramos a la mesa del comedor en la terraza al aire libre. Un solo bombillo en el techo atraía a las polillas y otros insectos del bosque, y a veces chocaban con mi cabeza mientras giraban en torno a la luz. Pero no había mosquitos, otra ventaja de la altura de la finca.
Ángel, de 37 años, parecía joven para ser dueño de una finca, pero es emprendedor. Había trabajado en esta finca cuando el propietario era un sacerdote local, quien se mostró impresionado por su ética de trabajo y le vendió la tierra. Su esposa, Mónica, fue a la cocina y regresó con vasos de limonada recién hecha con panela, una forma de azúcar mascabada. Ángel explicó que la panela también puede usarse para preparar el café chaqueta, que se sirve cuando hace frío o para darles a los recolectores de café una inyección de energía para los campos.
La cena familiar fue de frijoles, plátanos y chicharrón, esta vez acompañados de tiras de res, rebanadas de aguacate recién cosechado y arepas. Fue familiar pero gratificante, y mejor que cualquiera de las comidas que me dieron en los restaurantes del pueblo. Mientras cenábamos, Ángel explicó que su finca está certificada por Rainforest Alliance y sus granos están clasificados como de especialidad. La cooperativa en Jardín tiene un laboratorio entero dedicado a envasar y clasificar granos en cuanto se entregan.

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Una cafetería cerca del parque El Libertador en Jardín CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

Mientras la esposa de Ángel recogía los platos, pregunté si podía seguirla a la cocina para ver cómo preparaba el café. Me sonrió: “Sí”.
Preparar café es un proceso rústico y un ritual. Primero, calentó un litro de agua en una olla en la estufa de gas hasta que comenzaron a formarse burbujas en el fondo. Después le puso cinco cucharadas de café molido a la olla, apagó el gas y dejó que se asentara durante cinco minutos. “Silencio”, dijo. Mientras tanto, enjuagó cuatro tazas en agua caliente para que el cambio drástico de temperatura —si la bebida entrara a una taza fría— no impactara al café. Finalmente, lo sirvió a través de un pequeño colador en cada copa. Era una hermosa infusión oscura con un ligero halo de espuma café en los bordes.
De regreso en la mesa del comedor, sorbí y me quedé sorprendido por una simple taza de café por tercera vez ese día: tanta fuerza, tan rico, pero sin rastro de amargura. Pregunté qué hacía único a este café. Ángel y Hernández me lo explicaron.
El linaje cafetalero de Ángel data de tres generaciones, y él tuvo la idea de cultivar la misma variedad de granos que cultivó su abuelo hace 100 años… una suerte de café patrimonial. Sin embargo, no podían encontrar esas semillas; la cooperativa solo vende variedades modernas de café. Así que Ángel fue a cazarla a fincas abandonadas que habían sido destruidas por la crisis de los precios del café. En una encontró la vieja variedad de la generación de su abuelo.
Todos en el pueblo creyeron que Ángel estaba loco por plantar granos que sacó de barbechos, pero su café patrimonial está ganando adeptos. Lo vende con el nombre Pajarito, porque ve a muchas aves entre los arbustos donde se cultiva este café.

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Un campesino colombiano con su caballo CreditFederico Rios Escobar para The New York Times

“Veo una oportunidad en el café”, me dijo Ángel. Esa es una gran declaración, dado que muchos de sus compañeros agricultores de café en todo Colombia están abandonando fincas y buscando empleos en las grandes ciudades. “Es la tradición de esta familia”, dijo Ángel. “Es lo que hacemos”.
Ángel y su esposa se reunieron con sus hijos en la terraza para despedirse mientras Hernández y yo nos adentrábamos a la noche. El aire zumbaba con insectos que cantaban un coro nocturno y ferviente. Un rocío de luces blancas, como estrellas parpadeantes, brilló en el bosque oscuro ante nosotros.
Cuando llegamos con la luz de día, el follaje era tan espeso que no podía ver más allá de los árboles. Pero ahora me daba cuenta de que esas estrellas eran las luces de las terrazas de las fincas en la siguiente cadena montañosa; cada luz era un hogar como este.
Era un recordatorio de que el café es un asunto familiar. Si te detienes, tomas un sorbo y disfrutas el sabor, puedes probar la seria labor y las vidas dedicadas al café.

Tiendas como Justo & Bueno, D1 y Ara han incentivado las compras de los colombianos

Consumo entre los colombianos en 2016 | Negocios | Portafolio



Tiendas como Justo & Bueno, D1 y Ara han incentivado las compras de los colombianos

Según Raddar, los consumidores sienten que estas tiendas de conveniencia les ofrecen buenos precios y se sienten motivados a gastar.




Archivo Portafolio.co

Un informe revelado por la firma Raddar sostiene que durante el segundo semestre del año pasado los hogares colombianos mantuvieron el desánimo para gastar. Esta situación se dio por los cambios sensibles que tuvo la economía, por la expectativa de la reforma tributaria, el fuerte aumento de la inflación, que encareció los productos, y la devaluación de la moneda local.

Sin embargo, el informe señala que pese a que el desánimo persistió, el comportamiento del consumo sí mejoró frente al primer semestre, cuando llegó a una caída histórica de 3,5%. En la segunda mitad del año pasado, el consumo entre los colombianos varió 1,5%.

(Lea: El gasto de los hogares cayó menos en febrero).

Para Camilo Herrera, presidente de Raddar, hay un fenómeno que ha crecido en los últimos meses y que está llevando a que la gente no deje de comprar a pesar de las circunstancias de la economía nacional.

Se trata de la expansión de las tiendas de conveniencia y descuentos como D1, Justo & Bueno y Ara, entre otras, ya que ofrecen en el mercado productos más baratos, aunque con un menor valor agregado, pero con los que la gente siente que economiza.

“No solo la gente tiene la sensación de que ahorra porque gasta menos, sino que se les devolvió la emoción de consumir, porque al comprar allí los colombianos sienten estarle ganando a otros comercios”, señala el informe de Raddar.

Este fenómeno queda evidenciado en los buenos resultados financieros de estas cadenas.

(Lea además: La otra batalla de D1 y Justo & Bueno se libra en el mercado).

D1, por ejemplo, logró duplicar en 2015 sus ingresos, al pasar de 591.764 millones de pesos en 2014, a 1,16 billones el año pasado, con un crecimiento del 96,6 por ciento.

Si bien, aún no se conoce el informe financiero del 2016, se anticipa que la cadena superó las cifras del 2015. Además de los buenos resultados en materia financiera, el número de sus tiendas también creció y la marca tiene cerca de 500 locales en todo el país.

Justo & Bueno tampoco se queda atrás. Esta cadena facturó el año pasado 229.800 millones de pesos y su proyección para el 2017 asciende a un billón de pesos. En la actualidad esta cadena cuenta con cerca de 240 tiendas y espera abrir este año 210 más para un total de 450.

Ara también está en la pelea y grandes cadenas como Éxito, Colsubsidio y Oxxo ven en este segmento una fuente de crecimiento para sus negocios.

(Tiendas de conveniencia y de cómodos precios siguen creciendo en el país).

1 DE CADA 10 COLOMBIANOS, YA COMPRA EN PLATAFORMAS TECNOLÓGICAS

Para Camilo Herrera, al fenómeno de las tiendas de conveniencia se debe sumar la entrada de jugadores como Rappi y Domicilios.com, que han ayudado en la transformación del ecosistema del comercio, causando que la gente pida más domicilios y no vaya tanto a la tienda.

Estudios hablan que en las 4 grandes ciudades del país (Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla), 1 de cada 10 personas ya están haciendo mercado por estas plataformas.

LA GENTE GASTA MENOS EN LUJOS Y MÁS EN ENTRETENIMIENTO

El informe también señala que por el impacto que sintieron los bolsillos de los colombianos, por la difícil situación económica, la gente gasta ahora menos en lujos, productos semidurables como ropa y viajes, pero han compensado esto con el gasto en entretenimiento.

Hoy en día, la gente consume más en restaurantes, bares, cine y servicios de entretenimiento con servicios como Netflix, buscando un mecanismo de satisfacción de corto plazo.

“Esto se puede explicar desde la parte emocional o cognitiva del consumidor, ya que al no poderse dar gusto en los bienes durables y semidurables, el comprador salió a restaurantes, bares, cine y adquirió más servicios de entretenimiento en casa, buscando un mecanismo de satisfacción de cortoplacista”, concluye Camilo Herrera.

En el retail de hoy, gana quien negocia con datos, margen y rotación; no quien solo pide descuento. - IGNACIO GOMEZ ESCOBAR

En el retail de hoy, gana quien negocia con datos, margen y rotación; no quien solo pide descuento. Negociar modernamente significa entende...