Soy uno de los pioneros del Retail Hard Discount en Colombia y LATAM . Asesor Estratégico en Entrada a Mercados, Transformación y Crecimiento Escalable, miembro de Discount Retail Consulting y Asociación Colombiana de Retail, igomeze@colombiaretail.com
Grupo Éxito anuncia nuevo gerente corporativo para su marca Carulla
10 de agosto 2021
Tras 5 años liderando la operación de Devoto, cadena de almacenes de Grupo Éxito en Uruguay, llega a Colombia Guillermo Matías Destefanis como nuevo gerente corporativo para Carulla, la marca premium de Grupo Éxito.
Guillermo es un ejecutivo con experiencia en varios países de América Latina, cuenta con una trayectoria de 20 años en marketing masivo tanto en el sector manufacturero como en el minorista, ha trabajado en compañías como el Grupo Libertad en Argentina y el Sistema Coca-Cola.
Durante su paso por Devoto, en Uruguay, se destacó por el lanzamiento de la estrategia omnicanal en este país, además del fortalecimiento del formato fresh market y la expansión del negocio a través del formato de proximidad ‘Devoto Express’. Además, Guillermo viene impulsando procesos de transformación digital en su paso por Libertad, Devoto y ahora Carulla.
"Llegar a una marca como Carulla, con 116 años en el mercado colombiano es un reto enorme. Promover la alimentación balanceada, continuar impulsando la compra local y materializar nuestro compromiso con el cuidado del planeta serán asuntos prioritarios en la estrategia de la marca. Además, continuaremos fortaleciendo la transformación digital de Carulla, teniendo al cliente siempre en el centro de nuestras decisiones y trabajando por robustecer la estrategia omnicanal de la compañía. Este año traemos una nueva generación de nuestro formato FreshMarket y tenemos proyectadas varias renovaciones en nuestros almacenes", afirma Guillermo Destefanis, gerente corporativo de Carulla.
Con la llegada de Guillermo a la marca Carulla, Grupo Éxito busca fortalecer sus modalidades de comercio electrónico y directo como la app Carulla, carulla.com, domicilios, Compra y recoge y entregas de última milla. Asimismo, Destefanis llega a fortalecer el formato FreshMarket que venía liderando en Uruguay, es así como durante el año la marca realizará 5 renovaciones en sus almacenes llevando, a tiendas ubicadas en Antioquia y Bogotá, el formato FreshMarket que continúa creciendo, en el segundo trimestre del 2021 representó el 34% de las ventas de la marca.
El 60 % de los consumidores apuesta de manera simultánea por el comercio físico y por el e-comerce Al 90% no le importa compartir su información si esto le garantiza una mejor experiencia de compra
Hace unos meses leía un artículo en la revista Marketing + Ventas titulado El consumidor ‘figital’: codiciado objeto de deseo de los retailers. El concepto “figital”, que cada vez adquiere mayor fuerza, procede de la unión de las palabras físico y digital. Este fenómeno se debe a la movilidad del cliente en entornos en los que desenvuelve con la misma facilidad. Hay que destacar que ese tipo de consumidor no apuesta por uno de esos internos sino que dependiendo de su conveniencia da prioridad a uno sobre el otro. Y por ello, como apunta dicho artículo, se ha convertido en un cliente muy buscado por las empresas de retail. La consultora estadounidense Mindtree ha realizado un estudio sobre los clientes “figitales” y ha establecido cinco puntos clave que para definirlo.
Espera de los retailersidénticas experiencias de compra tanto en el canal offline como en el online. El 60% de los consumidores apuesta de manera simultánea por el comercio físico y por el e-comerce. Y un 33% quiere realizar sus devoluciones en la tienda física independientemente del canal por el que lo adquirió.
Desea sacar partido a la tecnología disponible en los puntos de venta físicos de los retailers. Un 33% de los consumidores quiere utilizar la tecnología para localizar los productos en la tienda y utilizar cajas de autopago. En este punto es importante contrastar los datos con un estudio de GFK sobre el uso creciente del smartphone en las tiendas que arroja datos muy interesantes:
Esta dispuesto a compartir información personal, pero no en los medios sociales. Al 90% no le importa compartir su información con lo retailers si esto le garantiza una mejor experiencia de compra.
Quiere más información, tanto vía online como offline. El 23% desea tener acceso a vista 360º del producto y el 20% de los que consumen alimentación quiere sugerencias de recetas y productos. Según el Estudio de eCommerce 2015 de la IAB Spain, el 56% de los usuarios busca información directamente en la web de la tienda; mientras que el 51% utiliza motores de búsqueda; un 34% inicia la búsqueda por webs de agregadores de ofertas; el 30% comienza por foros y blogs; el 29% se dirige a comparadores y un 21% lo hace en la propia tienda física.
Si disfruta de una buena experiencia de compra, está dispuesto a pagar más. Al 18% de los compradores de ropa les gustaría valerse de la tecnología para saber si hay muchos clientes en un momento determinado. Y a un 14% les gustaría poder crear listas de compra que puedan ser modificadas.
Según cifras de Euromonitor la industria del pan en Colombia logró ventas por $4,71 billones en 2020, un dato superior en 8,9% a la registrada hace cinco años, cuando movió $4,32 billones.
Es por eso que varias empresas que se especializan en este producto han logrado posicionarse en la mente de los colombianos, como es el caso de Bimbo, que continúa liderando el ranking de las compañías más grandes en ventas con una participación de 15,8% del total; seguida de Comapan y Don Maíz, con 1,7% y 1,4% del mercado, respectivamente.
Según Nielsen Colombia, 39% de los consumidores prefieren el pan blando; 22% seco; 20% pan para sándwich; y 11% pan tajado; Bogotá, Medellín y Atlántico siguen siendo las regiones de mayor consumo.
Llevan una década diciéndonos que es absurdo seguir yendo a tiendas, que es de perdedores, de cavernícolas, que casi todo, o todo, llegará a tu casa, pues es más conveniente, barato y rápido.
Ése es su argumento definitivo. Por tanto, siguiendo su argumento, debes saber que jamás volverás a ir a un bar a tomarte una cerveza. Porque si lo piensas bien, andar del sofá de tu casa a la nevera de tu cocina, es ultraconveniente, mucho más barato, e infintamente más rápido que ir a un bar a tomar esa cerveza.
¿Por qué la gente sigue yendo a eso tan inconveniente, caro, y lento que es un bar o un restaurante? Entre otras cosas, porque ahí hay gente, y somos seres infinitamente sociales.
Los apologistas del consumo entre las 4 paredes de tu casa, dirán que no es lo mismo ir a un restaurante o a un bar que ir a tiendas. Y, será justo en ese instante, cuando nos daremos cuenta de que viven en un mundo irreal, y por supuesto que desconocen la historia: desde Babilonia, pasando por Grecia, Roma… El ser humano ha socializado mayormente en los lugares de culto, hogares y los comercios. Y seguirá siendo así, incluso en un mundo de conexiones digitales, mientras que debajo de nuestras pieles haya huesos, sangre, pulsiones.
Si sus teorías absurdas se tornaran reales, y en el horizonte próximo (20, 30 años) desaparecieran las tiendas, mercados, centros comerciales, y todo se amazonizase, sencillamente tendríamos un caos social, urbanístico, sin precedente: todas las ciudades del mundo se han construido en torno a los barrios gremiales comerciales, en torno a las tiendas, a los pulmones comerciales, porque el ser humano desde hace siglos, su tiempo lo ha gastado mayormente en su hogar, el trabajo y en ir a los comercios.
Los apologistas del mañana supradigital, dicen que este fin de las tiendas, en una distopia sonriente, te convertirá en un ser con más tiempo, más libre. Y el problema es que estos apologistas de la conviencia, la rapidez, la satisfacción individual, han perdido toda noción de lo social y lo comunitario. Viven en un mundo que por lo visto, ser joven es sinónimo de "odiar" ir a tiendas. E ignoran que viven en una Europa que tiene más personas mayores de 60 años que jóvenes, personas que en su mayoría, ir a una tienda cada día, es su mejor momento del día, porque es su único acto social en el día. Viven en una España donde más de 5,7 millones de personas vivirán solas en 2035, casi 1/3 de todos los hogares. Les da lo mismo, dicen que el fin de las tiendas os hará más libres,con más tiempo para la familia, los amigos, las mascotas, sin perder el tiempo en eso tan inconveniente que es ir a tiendas, donde van los otr@s como tú, donde hablas, observas, sientes, en definitiva donde vives en un mundo habitado por otr@s como tú.
Están en un error
El futuro pasa por la convivencia en perfecta armonia entre el comercio electrónico y las tiendas físicas. Porque los consumidores querremos las 2 opciones. Y otras nuevas que nacerán. Lo querremos todo
"¡Ah, qué antigüedad!", dicen los de la izquierda. "¡Oh, qué locura esa novedad!", dicen los de la derecha, en esta ilustración satírica de Alexis Chataignier (1797).
Libertad, igualdad, fraternidad... y una gran renuncia, en un aspecto de la vida cotidiana que no siempre se asocia inmediatamente con la Revolución Francesa.
Sin embargo, dado que París fue el epicentro de ese terremoto social, no extraña que las ondas sísmicas sacudieran un mundo en el que solía dictar las reglas: el de la moda.
A lo largo de la historia, los hombres y las mujeres en Occidente habían usado ropa y accesorios esplendorosos para denotar su estatus.
Telas fastuosas, colores brillantes, joyas relucientes, pelucas enormes, polvos en el pelo y rostros y diseños extravagantes e imprácticos para mostrar cuán ricos eran y cuán poco trabajo manual tenían que hacer.
Pero de repente, estalló la Revolución y todo cambió, incluso en sociedades como la británica, donde la aristocracia rechazaba horrorizada la destrucción de su forma de vida al otro lado del Canal de la Mancha.
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Ni en estilo ni en sustancia
El cambio ya había empezado con el movimiento intelectual que llegó a conocerse como la Ilustración, que trajo consigo un nuevo respeto por lo racional y útil, y un énfasis en la educación en lugar de los privilegios.
La moda masculina se inclinó hacia prendas más prácticas, y hasta los aristócratas ingleses habían comenzado a usar ropa simplificada más a tono con su trabajo de gestión de sus grandes propiedades en el campo.
La Revolución reforzó esa tendencia hacia la sencillez y fue más allá.
En su fervor, hasta los objetos y costumbres más comunes se convirtieron en emblemas políticos y fuentes potenciales de conflicto político y social, y la vestimenta pasó a ser una forma de expresar simpatías políticas.
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No exactamente jeans y camiseta, pero esta era la moda "sencilla" en Francia durante la penúltima etapa de la Revolución Francesa (1795-1799).
La vestimenta masculina se volvió particularmente emblemática; el traje distintivo de los partidarios más militantes de ese movimiento, los sans-culottes, -pantalones largos con doblez abajo, así como el carmagnole (chaqueta corta) y el gorro frigio de la libertad-, se convirtió en símbolo del igualitarismo jacobino.
A medida que los radicales y los jacobinos se hicieron más poderosos, creció la repulsión contra la alta costura debido a su extravagancia y su asociación con la realeza y las aristocracia.
Los caballeros tenían que parecer como si fueran hombres de acción y resolución, nada parecidos a la odiada nobleza, ni en estilo ni en sustancia.
Así, los pantalones largos desplazaron a los bombachos de seda hasta la rodilla que usaban las clases altas, y detalles como las grandes y elaboradas hebillas de metal cortado con joyas falsas "al estilo París" fueron abandonadas, así como los colores brillantes. Y aunque la alta moda y la extravagancia regresaron a Francia durante la época del Directorio, (1795-1799), la forma de vestir de los hombres había cambiado para siempre.
El "influencer"
En Inglaterra, el joven George "Beau" Brummell, amigo del príncipe de Gales y árbitro de la moda masculina, notó que el cambio tenía mucho en común con varios de los valores tradicionales ingleses, como la modestia y la templanza.
Desarrolló entonces un estilo que era enteramente nuevo y discreto.
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Todo un influencer.
Un caballero, insistió, debe estar fastidiosamente limpio, delgado y elegante.
Su ropa debía ser admirada por la perfección de su corte y ajuste, y debía estar hecha en tonos sutiles y tenues.
En resumen, los hombres debían mostrar su valía a través de su atención a los detalles, sus conocimientos y sus obras, y no sencillamente cubriéndose de símbolos de riqueza.
En detalle, su uniforme era un abrigo azul con un chaleco de ante, camisa de lino blanquecino con una corbata blanca, pantalones de ante y botas de montar oscuras. Por la noche, el chaleco era blanco, el pantalón negro, con calcetines de seda a rayas y zapatillas negras.
Además, reemplazó la dependencia de perfumes y polvos para la higiene personal por el concepto de un baño diario.
Su estilo se extendió de una manera parecida a lo que ocurre de hoy: alguien influyente innova y todos en su círculo -que gracias a su amistad con la realeza y su encanto era el 1% de la sociedad británica- lo imitan.
Su ropa representaba una elegancia discreta que incluía un desdén por todo lo "exagerado", y lo que hizo a principios del siglo XIX todavía conforma el consenso de muchos sobre cómo se ve el buen gusto en la moda masculina.
Atroz
El cambio no complació a todos, por supuesto.
A algunos les pareció tan atroz que en 1929, en Reino Unido, surgió el Men's Dress Reform Party (MDRP), o el Partido por la reforma de la vestimanta masculina, para el que movimientos como la Revolución Francesa habían propiciado una manera de vestir aburrida que era "deprimente" y carente de creatividad que impedía la individualidad.
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Entre los objetivos del MDRP estaba "liberar el cuello" usando el "estilo Byron" (como el poeta), así como la de las partes nobles, con la falda escocesa.
Abogaban por mejorar la salud y la higiene de los hombres cambiando los estilos y materiales típicos de la vestimenta masculina, que cada vez eran más restrictivos y dañinos, en contraste con la "emancipadora" ropa de las mujeres.
El psicólogo John Carl Flugel, uno de sus miembros, sostenía que, desde el final del siglo XVIII, los hombres habían dejado progresivamente de usar formas de ornamentación más brillantes, elaboradas y variadas, "haciendo de su propia sastrería la más austera y ascética de las artes".
Fue él quien le dio a ese evento el nombre de "la gran renuncia masculina", o la ocasión en la que los hombres "abandonaron su pretensión a ser considerados hermosos" y "desde entonces aspiraron solamente a ser útiles".
Imagina una ciudad. Una ciudad donde está esta tienda. Si esta tienda despareciera, la ciudad seguiría allí. Pero nada sería igual.Las tiendas son la piel de las ciudades.