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Ignacio Gómez Escobar
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Soy uno de los pioneros del Retail Hard Discount en Colombia y LATAM . Asesor Estratégico en Entrada a Mercados, Transformación y Crecimiento Escalable, miembro de Discount Retail Consulting y Asociación Colombiana de Retail, igomeze@colombiaretail.com
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Publicado por Agustin Besoain Moreno en 9:06 AM
La llegada de empresas del sector de retail como Falabella, Cencosud y Forus refleja que la nación cafetera es un atractivo polo de inversión.
Un alto ejecutivo de una empresa chilena cuenta que cuando lo destinaron a Colombia a instalar el negocio, muchos creyeron que era un castigo. "Nadie se quería venir para acá porque tenían la imagen de que era un país atrasado", cuenta.
Ahora, la lista de espera de ejecutivos de la misma empresa que piden ser trasladados a Colombia es tan larga como la lista de empresas chilenas que tienen inversiones o que exportan a la nación cafetera.
No por nada, se ha convertido en el principal destino de la inversión nacional: sólo en 2006 Chile aportó con cerca de US$ 2 mil millones a la balanza comercial colombiana y las cifras reflejan una tendencia al alza.Una situación que se debe principalmente a la estabilidad social y económica que ha proporcionado el gobierno de Álvaro Uribe, que acaba de empezar su segundo período de mandato.
Y el cambio, según quienes conocen el país cafetero, ha sido evidente.Cambios sociales"Desde que empezó su gobierno existe una mayor sensación se seguridad y eso se nota en un aumento importante del consumo y, especialmente, en el de productos de mejor calidad", advierte Cristián Benavente, gerente de exportaciones de Carolina Wine Brands (que reúne a marcas como Santa Carolina y Viña Casablanca) para Latinoamérica.
Según explica, el principal atractivo de este mercado es el creciente poder adquisitivo y el cambio en las conductas de consumo que ha tenido la clase alta en el país."Nuestras exportaciones están centradas en los vinos premium, porque es ahí donde se proyecta un mayor potencial de crecimiento. La gente más acomodada sale más afuera y además tiene una gastronomía muy desarrollada, lo que permite una entrada más fácil a los vinos", agrega.Tanto así, que sus exportaciones han crecido a tasas del 20% durante los últimos cinco años y con perpectivas para cerrar este año, según comentó Benavente, en torno al 25%.
Otro rubro que, por su poco desarrollo, se configuró como una atractiva posibilidad de inversión es el retail. No por nada, el 62% de las inversiones chilenas en Colombia corresponden a este sector.Cifras que, según la agregada comercial de ese país en Chile, María Victoria Irigorri, "responden a que el formato de tienda por departamento era desconocido en un mercado donde hasta ahora primaba un comercio más bien detallista o del denominado estilo boutique".
La primera en explotar este nicho fue Falabella, que se asoció con el grupo Corona de ese país y abrió su primera tienda en 2006 con ventas que superaron las expectativas. Actualmente cuenta con dos locales y se espera la apertura de 20 nuevas tiendas en los próximos diez años.Mientras, su filial Sodimac ya cuenta con nueve locales funcionando.
Un alto ejecutivo de esa empresa cuenta que durante los primeros días de operación se agotaron varios stocks. "Acá la clase media es muy numerosa y tiene un poder adquisitivo importante", asegura.Cotizada mano de obraA esto se suma la próxima llegada de Cencosud (asociada al grupo Casino), donde esperan abrir tiendas con el formato Easy, lo que implica una inversión conjunta cercana a los US$ 200 millones. Uno de los aspectos que genera consenso al momento de explicar el por qué del atractivo colombiano es la calidad del recurso humano.
"Acá la gente es muy esforzada y tiene una forma de tratar que acomoda a los chilenos porque en algunos aspectos somos bastante parecidos", dice un ejecutivo de un holding chileno de retail. Opinión que Luis Mansilla, gerente general de Agunsa, comparte. "Llevamos más de 15 años operando en Colombia y nuestra experiencia con los trabajadores ha sido muy buena.
A nivel técnico y profesional, la mano de obra es bastante mejor que en otros países".Otro factor importante es la firma del Tratado de Libre Comercio entre Chile y la nación cafetera. Gracias a éste, se reducirán los aranceles para varios productos. "Además, hay un capítulo especial para facilitar el proceso de inversión para los chilenos que quieran instalarse en nuestro país", agrega Victoria Irigorri.
http://www.economiaynegocios.cl/
POR JOSE LUIS RIVAS
Hay signos evidentes de que, luego de la aparición del CRM como una compleja y maravillosa tecnología sólo accesible a las grandes empresas, el concepto tecnológico ha cedido paso al filosófico, permitiendo que se comprenda verdaderamente la importancia práctica de aprovechar cada vez más las relaciones con el cliente y la información de calidad que se obtiene, y administrarlas de manera inteligente.
Inmersos como estamos en la era de las supertecnologías debemos estar atentos a no dejarnos cegar por ellas. Los avances en esta materia nos proporcionan herramientas cada vez más útiles para obtener resultados en muchas áreas de la actividad empresarial, que sólo son eficaces cuando tenemos claros los principios fundamentales de por qué queremos hacer las cosas.
Aunque parezca un ejercicio de extrema simplificación, debemos preguntarnos si estamos conociendo, comprendiendo y manejando todos los datos de nuestros clientes, que nos permitan crecer en relaciones productivas para ambas partes. Una vez más, lo obvio surgirá como lo más importante.
Con la imagen de gran tecnología con que fue presentado el CRM, las pequeñas y medianas empresas se han demorado un poco en dejarse seducir. La alta inversión y los cambios tan radicales que suponía parecían indicar que sus beneficios sólo estaban destinados a la gran empresa. Hoy en día, un porcentaje creciente de pymes hacen CRM, aún sin la tecnología, utilizando el sentido común y basándose en criterios básicos en el manejo de sus clientes.
¿El CRM es mejor para las grandes o pequeñas empresas?
Las pymes están mejor preparadas para aplicar los principios del CRM porque se encuentran generalmente más cerca del cliente. No han tenido que hacer un esfuerzo para entender su importancia; siempre ha sido así, de forma natural. Una tienda de barrio es un buen ejemplo de administración de relaciones con sus clientes porque incluye el contacto directo, valiosa información de cada uno de ellos y una relación de afecto sincero, no determinada automáticamente por la frecuencia o el volumen de compras.
Las grandes empresas tienen dificultades en lograr esto último. Pueden implementar costosas aplicaciones de software para automatizar y multiplicar los contactos por millones, generar un gran alcance en las comunicaciones de marketing y obtener montañas de datos. Pero la tecnología no puede generar calidez humana en las relaciones. Este objetivo tan deseado, cuya consecución debe prevalecer en la cultura empresarial por sobre la tecnología, comienza por una cabal comprensión de su valor estratégico, en todos los niveles de la estructura.
Las pymes tienen una gran facilidad para lograr acercamientos de gran contenido humano; lo que necesitan es reproducir sus efectos en mayor magnitud, a medida que crecen. Es entonces cuando la tecnología puede incorporarse como una ayuda porque no será vista como la salvación sino como una herramienta de crecimiento.
Para una pyme, es mejor construir lentamente un sistema de CRM, a partir de la filosofía de considerar al cliente el eje de todo el negocio. Es peligroso para ella dejarse seducir por ofertas tecnológicas que lo que pretenden es vender sus desarrollos, muchas veces ideados para organizaciones más grandes.
Una sabia actitud es resistirse a colocar en un protagonismo exagerado a estos sistemas e ir creando las herramientas apropiadas para un crecimiento de los beneficios, resultante de aplicar los principios de un CRM adaptado a las necesidades de la empresa.
Un deslumbrante y sofisticado software de CRM por sí solo no cerrará ventas ni traerá más clientes. Sí lo hará la aplicación de la filosofía de las relaciones con los clientes y prospectos, y la tecnología adecuada que se utilice para lograr este objetivo hará más fáciles las cosas en términos de rendimiento en la administración de estas relaciones.
José Luis Rivas M.
Publicado en la revista Tiempo de Mercadeo

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Por Germán Jiménez Morales Enviado especial-Cartagena "El consumidor colombiano es cero racional". La frase suena atrevida, pero la hace una entidad con autoridad en el tema, porque lleva más de 30 años haciendo radiografías sobre las variables claves para poner a sonar las cajas registradoras: el Centro de Investigación del Consumidor (Cico), que para no dejar dudas sobre la hipótesis, sentencia que "el 92 por ciento de los consumidores son emotivos". El portavoz de la organización es Diego Fajardo Gómez, director de Estudios Cuantitativos. Él perfila a los consumidores y destaca la manera como se dejan seducir por las promociones, por las impulsadoras de los productos, por la conversión de la mercada en un plan familiar y hasta el fervor que llegan a desarrollar por los programas de fidelización. Con estadísticas a la mano, derivadas de un reciente trabajo, Fajardo ayuda a derrumbar algunos mitos sobre las percepciones que los consumidores tienen. Su base es lo que 785 consumidores, entre los 15 y más de 45 años, declararon en unas entrevistas personales. 1. Los productos son más económicos en tiendas que en supermercados. Un 57 por ciento dice que sí. Esa creencia es más fuerte en Barranquilla, con 74 por ciento. También es más arraigada en los jóvenes (63 por ciento) que en los adultos (52 por ciento). ¿A cómo sale un producto cuando se vende por unidades? 2. Es más ágil comprar en tiendas que en supermercados. Sí, lo confirmó un 68 por ciento de los encuestados. 3. Me gustaría ver impulsadoras de los productos en las tiendas. Al 64 por ciento le encantaría. Los más entusiasmados con la idea son los mayores de 45, con 78 por ciento, frente a 59 por ciento de los jóvenes. 4. Las tiendas tienen mucha publicidad. Sí, para el 57 por ciento. 5. Se informa uno más de nuevos productos por las tiendas que los supermercados. El 48 por ciento lo cree así. 6. No le creo a las ofertas y promociones de los supermercados. Los incrédulos representan el 51 por ciento, pero sube al 60 por ciento en los mayores de 45 años. Regionalmente, Barranquilla es la ciudad más escéptica, con el 63 por ciento. 7. Ahora los supermercados parecen centros comerciales. Esa realidad ha sido bien captada por los consumidores, que respondieron sí en un 79 por ciento. 8. La visita a los supermercados se convirtió en un plan familiar. Así lo validó un 79 por ciento. Porcentaje de gran peso, considerando que la creencia general es que a los hombres poco les gusta la mercada. 9. Compro en tiendas porque encuentro productos en unidades más pequeñas. Esa fortaleza de los pequeños comerciantes cuenta. El 79 por ciento de los encuestados así lo reconoció. 10. Me gustaría encontrar degustaciones en las tiendas. Los tenderos y sus proveedores deberían ponerle atención al tema, porque el 78 por ciento dijo que sí, siendo mayor el peso entre los adultos, con un 84 por ciento. 11. Los supermercados se han vuelto entidades financieras. No lo son, en sentido estricto, pero esa creencia está arraigada en el 79 por ciento de los entrevistados por Cico. 12. Me gustaría que las tiendas entregaran facturas. Saltan de alegría los señores de la Dian, pues un 61 por ciento de los entrevistados dijo que sí le gustaría. 13. Compro más en supermercados que en tiendas, porque ofrecen facilidades de pago. La visión tradicional, es que el fiado de las tiendas es una fortaleza. Pero la bancarización que hacen los hipermercados, con sus propias tarjetas, se convierten en una fuerte competencia. El 62 por ciento de los consultados dijo que sí a esta pregunta. 14. Cuando no tengo dinero compro en la tienda. Sí, anotó el 79 por ciento. 15. Es más fácil robar en un supermercado que en una tienda. Sí, anotó un 63 por ciento. 16. En las tiendas puedo hacer efectivas las promociones, y en los supermercados no. Afirmativo, expresó un 56 por ciento, dejando un poco en la cuerda floja a los supermercados con esta respuesta. 17. El supermercado se convirtió en un sitio para actualizarse en cuanto a moda. Para un 67 por ciento eso es cierto. El porcentaje sube a 77 por ciento en Barranquilla, mientras que en una ciudad que respira moda, como Medellín, baja al 55 por ciento. 18. Las promociones de los supermercados son de productos viejos/pasados de moda. Un 43 por ciento piensa que sí. 19. El tendero se queda con las promociones que ofrece el fabricante. Qué mala fama: un 78 por ciento considera que así ocurre. 20. El tendero pone ese negocio porque se quedó sin trabajo. El 60 por ciento no está de acuerdo con esa opinión y en una ciudad como Barranquilla el porcentaje sube hasta el 79 por ciento. 21. Hacer las compras en supermercados da status Nada qué ver. En desacuerdo con esto se declaró el 68 por ciento. 22. A los supermercados les faltan zonas de entretenimiento. Sí, dijo el 61 por ciento. 23. Los productos que ponen en promoción en el supermercado son los de menor venta. Para un 58 por ciento eso es verdad. 24. Los promotores e impulsadores en los supermercados hacen que uno cambie la decisión de la marca o producto a comprar. Buen dato: un 67 por ciento le atribuye tal poder a los promotores. 25. Los supermercados están muy saturados de publicidad. Para el 61 por ciento, sí. 26. Las revistas de supermercados que a uno le llegan, ayudan a decidir el sitio donde ir a comprar. Sí, respondió el 82 por ciento. 27. Cuál considera que es el supermercado más bonito. El Éxito gana en Medellín y Bogotá; La 14, en Cali; y Vivero, en Barranquilla. 28. Cuáles son los aspectos que tienen en cuenta para visitar un supermercado: Cercanía, un 56 por ciento. Promociones, un 43 por ciento. Es el habitual, 18 por ciento. Economía, 4 por ciento. Variedad de productos, 4 por ciento. Higiene, 3 por ciento. |

Barbara Kahn las llama junglas de chucherías (caramelos); son las tiendas donde se venden golosinas al peso y que se han convertido en algo habitual en los centros comerciales de Estados Unidos. En sus paredes, los recipientes de plástico alienados contienen gominolas en forma de melocotón, plátano, ositos e incluso gusanos creando un atractivo mundo de colores. A los niños se les van los ojos intentando llenar las pequeñas bolsitas de plástico que nunca parecen acabarse.
“Cuando entras en estas tiendas, es algo parecido a los restaurantes chinos”, dice Kahn, profesora de marketing en Wharton y autora de numerosos estudios sobre marketing aplicado a los supermercados y a la alimentación. “Da la sensación de que hay muchísimas cosas. Pero si miras con algo más de atención ves que muchas de ellas en realidad están repetidas. Por ejemplo, sólo hay tres tipos de gominolas rojas; simplemente tienen formas diferentes”.
Kahn estaba intrigada por tal exhibición de gominolas y por la, en cierto modo, frenética respuesta de los consumidores ante la misma. La gente ¿compra más cuando ve lo que parece ser una variedad sin límites? Crear una percepción visual de actividad y de abundante oferta ¿hace que el consumo aumente?
La respuesta es que sí, de acuerdo con los experimentos que Kahn realizaba en colaboración con el profesor de la University of Illinois Brian Wansink y que próximamente serán publicados en el Journal of Consumer Research. Su trabajo, titulado The Influence of Assortment Structure on Perceived Variety and Consumption Quantities (La influencia de una estructura de surtido sobre la percepción de variedad y la cantidad de consumo), encontraba que la percepción de variedad, aunque ésta fuese una mera ilusión, incita a la gente a consumir más. Las investigaciones de Kahn y Wansink refuerzan otros estudios recientes que ponen en duda el supuesto generalmente aceptado de que la capacidad de controlar los excesos con la comida, con el consumo o con cualquier otra cosa por parte de una persona dependa tan sólo de su fuerza de voluntad, o de su falta. Ahora los investigadores sociales están encontrando que factores medioambientales como el tamaño de las porciones, el precio o el número de opciones presentadas también tienen su función en la bien documentada pasión de los estadounidenses por los excesos.
Por ejemplo, un estudio previo realizado por Wansink encontraba que si a las personas que iban al cine se les daba un paquete de palomitas extra-grande, comían el 45-50% más que aquellas a las que se les daba un paquete de un tamaño inferior, incluso aunque las palomitas estuviesen algo pasadas. Los resultados de otro estudio mostraban que los empleados, independientemente de si tenían hambre o no, estarían constantemente picoteando durante las horas de trabajo si una mesa de la oficina estuviese llena de galletas y dulces; otras investigaciones revelaban que cuanto más grande fuese el cabezal del cepillo de dientes, más pasta se utilizaría. Y cuando a los consumidores se les ofrece un surtido con yogures de tres sabores diferentes, consumen un 23% más de media que en el caso de surtidos con tan sólo un sabor.
Este estudio realizado por Kahn y Wansink añade un nuevo matiz. “En general, en todas las disciplinas se asume que aumentar la variedad del surtido puede incrementar la cantidad consumida”, escriben. “Sin embargo, nosotros demostramos que la variedad percibida también puede tener influencia sobre el consumo, incluso aunque de hecho la variedad no haya cambiado”.
Todo tiene que ver con modelos, dice Kahn, que además cree firmemente que, a la luz de la creciente obesidad y a los problemas de salud asociados, los consumidores necesitan empezar a ser más conscientes de que las técnicas de marketing pueden estar afectando su comportamiento. “La gente a menudo se sorprende de todo lo que consume, y esto indica que probablemente les influencien a nivel básico o perceptivo”, nivel sobre el que no están alertados, escriben Kahn y Wansink.
El artículo describe los resultados de seis experimentos independientes que muestran cómo afectan al consumo factores como la organización, el tamaño y la entropía (el grado de desorden) de un surtido de productos. Por ejemplo, en uno de los experimentos los investigadores cambiaron la organización de 24 tipos de gominolas, cuantificando el consumo de la gente cuando las gominolas estaban en orden o todas desordenadas. Sorprendentemente, la gente comía más gominolas cuando estaban ordenadas.
Pero cuando Kahn y Wansink ofrecían únicamente seis diferentes sabores de gominolas y realizaban de nuevo el experimento, la gente prefería las que estaban desordenadas. “Eso es lo que queremos decir con el término variedad percibida. Esta relacionado con el número, pero también depende del modo en que se exhiben. Cuando hay poca variedad de colores y están todas desordenadas, parece como si hubiese mucha más variedad de la que en realidad hay. Cuando parece que hay más variedad, aparentemente tiene sentido coger más”, dice Kahn.
A pesar de lo importante que es para los investigadores, las tiendas de alimentación y los fabricantes saber que la mera percepción de variedad puede influir sobre el consumo, esta “descerebrada influencia” sobre los consumidores –dice Kahn-, constituye un resultado clave y práctico de la investigación. Otros estudios han demostrado que el autocontrol de la gente es menor cuanto menor es su capacidad para controlar su comportamiento. Para los diabéticos, los que están a dieta o cualquier persona que esté intentando comer menos, comprender que una bandeja llena de canapés o un recipiente lleno de gominolas podrían poner a prueba su autocontrol es un importante paso para lograr controlar el consumo. Algo tan simple como no ofrecer a la gente que repita de un plato durante la cena o poner todo el puré de patata en una enorme bandeja en lugar de en tres más pequeñas también puede ser una buena idea. “En los buffets el problema no es sólo la cantidad de comida que hay, sino también toda la variedad que se percibe”, dice Kahn.
Y al contrario; las dietas de los hospitales o residencias de la tercera edad, así como los padres de niños con poco apetito, podrían ayudarse de pequeñas cantidades de muchas cosas diferentes para estimular el apetito.
¿Tienen parte de culpa las cadenas de comida rápida y los fabricantes de comida envasada, que ahora se enfrentan a casos judiciales en los que se les acusa de la epidemia de obesidad en Estados Unidos? Kahn afirma que promover estilos de vida saludables claramente va en beneficio de los intereses de los clientes. “Creo que en muchas ocasiones la gente se alimenta según ciertos modelos de consumo en lugar de guiados por el apetito, y al final las cadenas de comida rápida y los fabricantes de comida envasada podrían fácilmente formar parte de la solución.
“En un modelo económico normal, la gente comería cuando tiene hambre o compraría cosas cuando las necesita y no las compraría cuando no las necesita. Pero no creemos que en la actualidad la gente sepa comer; simplemente buscan modelos a seguir. Y la mayoría de la gente no se da cuenta de que los surtidos de productos animan a coger más. Ninguno de nosotros somos conscientes de muchas de las decisiones que tomamos”.
Publicado el: 8/27/03
EE. UU.: La revolución de "ALDI": de marca propia a marca de gran poder global. DRC Discount Retail Consulting GmbH La cadena de...