martes, agosto 04, 2009

[Branding]








La marca es algo más que una palabra o un logo; representa toda la percepción que el cliente tiene de una empresa; es la imagen, la emoción, o el mensaje que la gente recibe cuando piensan en esa empresa o sus productos.

Se podría definir “branding” como “construcción de marca”. Es un concepto abstracto. Puede significar varias cosas. Por lo tanto es frecuente escuchar que la gente hable de branding y esté hablando de diferentes cosas.

El concepto más comúnmente asociado a branding es “awareness” o notoriedad de marca, presencia de marca. Algunos autores señalan que el término branding incluye a la Segmentación de Mercado, Apuntar a ese segmento (Segment targeting) y al Posicionamiento.

Las empresas y, sus productos y servicios necesitan a las marcas para diferenciarse y competir y, en este sentido, la gestión de la marca o branding, tiene una fundamental importancia y debe ser anterior a la comunicación de esa empresa con el mercado. Ya no basta con una correcta gestión del producto, de la comercialización, de la comunicación. Es necesaria también una gestión como es debido de la marca, el branding.


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No todos los buenos van al cielo




The Insight Point Juan Isaza

02/08/2009
Nunca habíamos oído hablar tanto de responsabilidad social empresarial y nunca habíamos visto a las compañías y a las marcas tan interesadas en hacer filantropía. Lo están haciendo tanto y con tanta fuerza que a veces nos genera dudas. Esta semana en una entrevista que Martin Lindstrom le hacía a Seth Godin, este último le decía que muchas de las iniciativas de sostenibilidad, por ejemplo, eran más muestras de “hipocresía de corto plazo” que un interés real de las marcas por transformar el planeta.

Posiblemente esto no sorprende a nadie y ya todos los teníamos claro. Lo que me parece interesante es abrir la discusión sobre este tema, pero sobre todo, dar algunas claves que podrían ayudar a que el marketing que tiene que ver con valores de responsabilidad social y sostenibilidad sea más útil para las marcas y más creíble para los consumidores.

Tal vez lo primero y lo más importante, lo dice Martin Lindstrom en el mencionado reportaje: Las actividades de responsabilidad social tienen que estar integradas a la marca. No tiene sentido que una marca de aguas embotelladas esté patrocinando un hospital para niños, por ejemplo. Tendría más sentido que esté llevando agua pura a las comunidades que en África carecen de agua potable o estar cuidando los manantiales naturales. Del otro lado, una marca de productos para niños podría actuar más coherentemente si apoyara un hospital infantil, por ejemplo.

Las acciones de responsabilidad social son mucho más creíbles cuando tienen una relación directa la promesa, la actividad o el campo de acción de la marca . Como Avianca cuando invita a la donación de millas para transportar a los niños que deben ser operados en otra ciudad, por ejemplo. O Dove cuando creó una fundación para el fomento de la autoestima en las niñas adolescentes (a propósito de su campaña global de “belleza real”). Igual que Colgate y sus programas para la salud oral de los niños.

Un segundo punto tiene que ver con el compromiso verdadero de la marca. No es posible que algunas acciones de responsabilidad social estén diseñadas para que sean los clientes los que den su donativo mientras la corporación tan sólo encamina los recursos. No quiero decir que esta última labor no sea importante, pero creo que los consumidores son cada vez más escépticos y hace falta demostrarles con hechos reales el compromiso que tiene la marca. Los créditos siempre deben ser para quien puso su aporte. Si fue el consumidor es el principal responsable del esfuerzo, no debe la corporación querer reclamar ese reconocimiento.

Lo tercero es la relevancia para el consumidor. Si bien algunas causas son más populares que otras (toda la gente quiere apoyar a los niños enfermos y tal vez menos a los delfines en vía de extinción), parte de la labor de la marca debe ser sensibilizar y también hacer marketing sobre la causa que está apoyando. En Latinoamérica algunas causas (por ejemplo, las ambientales) apenas empiezan a ser reconocidas. Sin embargo, al tiempo que el consumidor se hace consciente, la marca puede ayudar a que la causa tenga una difusión más fuerte y rápida. La inversión que la marca hace en multiplicar el interés por esa causa es, a fin de cuentas, una ganancia en el mediano y largo plazo.

Finalmente, creo que lo más importante es entender la diferencia entre responsabilidad social empresarial, como una herramienta de marketing y una forma inteligente de conectar emocionalmente a los consumidores con las corporaciones o las marcas, y el concepto de caridad, que fue la denominación que muchos le daban a los donativos que hacían las empresas. Debe haber un pensamiento estratégico y una visión de marketing antes de embarcarse en un proyecto, que además, deberá ser de largo plazo. Y lo último, tal vez obvio pero que no sobra recordarlo, es que siempre hay que decir la verdad. No puede ser que sin hacer el bien realmente, sin impactar positivamente una comunidad, y sin cumplir las promesas que hacen en la difusión de sus campañas, algunos empresarios todavía piensen que los consumidores los llevarán al cielo.
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lunes, agosto 03, 2009

Bienestar de los colombianos cayó menos de lo esperado



Pereira, la ciudad con mejor comportamiento

Por: Paola Cadavid*
En lo corrido del año, la tasa disminuyó -0,74%, una caída muy ligera frente a lo que se esperaba ante la desaceleración de la economía.

Los gustos de los consumidores


Los consumidores colombianos por cada dos bienes necesarios para su subsistencia compran uno más por gusto.

Mucho se habla sobre los efectos de la crisis, el desempleo y el consumo. Pero poco sobre uno de los elementos más importantes de la economía, el bienestar.

Por esta razón, Bodytech, Raddar, Caracol Radio y El Espectador vienen midiendo los niveles de bienestar entre la población colombiana.

El Bienestar Percibido se mide haciendo una relación sobre cuántos productos no necesarios pueden comprar las familias por cada bien necesario que adquieren. Es decir, que mide la capacidad que tienen los hogares de comprar lo que quieren y no solamente lo que necesitan.

Este indicador no tradicional sirve para comprender como los precios, las ofertas, los ciclos de consumo y las condiciones políticas afectan a los hogares.

Colombia ha presentado un promedio de 0,5 en los últimos 125 meses, es decir, que el colombiano por cada dos bienes necesarios compra uno más por gusto; este es un buen indicador comparado con la tasa media del mundo, donde Austria tiene el más alto con 0,80 y Estados Unidos presenta un 0,75.

En el primer semestre de 2008 la tasa de Bienestar Percibido más alta fue la de Pasto, mientras la que muestra el menor indicador fue Villavicencio. Vea la Variación de Bienestar Percibido y la Tasa de Bienestar Percibido.

En lo corrido del actual período de alcaldes, la ciudad que más ha mejorado en el indicador de Bienestar Percibido es Villavicencio, mientras Cúcuca es la ciudad del país, que muestra los niveles más bajos, aunque todas las ciudades han caído en este indicador, por la risis económica. Vea la variación por periodos de alcaldes y la variación en lo corrido del año.

En lo que resta del año se espera una recuperación en el Bienestar Percibido, por el repunte de la economía. Vea la tasa de bienestar del último año.

El consumo de artículos no necesarios aumentará en los próximos meses. Vea la cantidad de bienes no necesarios que compran por cada bien necesario.

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sábado, agosto 01, 2009

La estrategia del almacenamiento



Por: Redacción Especiales
Las empresas de bodegaje están mostrando los avances de un negocio que además de movilizar mercancía, ofrece esquemas de acopio de talla internacional.

La tecnología del almacenamiento
Foto: Herminso Ruiz
La rápida rotación de productos hace que las ganancias sean más altas.

Con un panorama en el que se viene anunciando una reducción en el consumo mundial, una caída en las compras internacionales que llegan a Colombia y un descenso en el transporte de mercancías internas, la cadena logística nacional, con estratégicas jugadas, está demostrando por qué, a pesar de la coyuntura, sigue creciendo y está a los mejores niveles de Latinoamérica en materia de almacenamiento y bodegaje.

Y lo están haciendo de la mano de verdaderos centros de distribución, donde más allá de un simple bodegaje, se prestan servicios con valor agregado como la postura de stickers en determinados productos, el empaquetamiento de promociones si el cliente lo desea, la rotación rápida de lotes de mercancía antigua y, en algunos casos, la consulta vía internet y en tiempo real del estado y cantidad de los productos que están guardados.

Lo cuentan sus protagonistas, quienes además aclaran que los empresarios están entendiendo por qué es adecuado tercerizar servicios y dedicarse de lleno a su propio negocio: “La tecnología lo que ha hecho es dinamizar, ha logrado hacer más rápidos los movimientos en los inventarios y eso hace que los costos de bodegaje disminuyan y las ganancias finales sean más altas”, detalla Ómar González, presidente de Almagrán-Almacenar. Y agrega: “Está la trazabilidad, con la que se puede ubicar la mercancía en cualquier punto de la cadena, en los aeropuertos, en el camión, en la bodega, donde sea que esté el inventario, y de esa manera tomar decisiones futuras”.

Quienes más se han visto beneficiados con este tipo de servicios son las grandes compañías, que han optado por concentrarse en la producción en serie y no en el gasto de recursos para bienes raíces y transporte. Lo explica Juan Guillermo Insignares, vicepresidente de Almaviva, quien comenta que “a las empresas no les interesa tener activos en bodegas que no les producen. Lo que están haciendo es liberar capital de trabajo y eso lo mandan a su objetivo de negocio. En nuestro caso somos además asesores, les hablamos con certeza del inventario y eso lo venimos haciendo, porque observamos que muchas organizaciones no saben de existencias, no conocen su rotación de productos y nosotros les damos toda esa información”.

De ahí que los esquemas logísticos se deban renovar cada tres años y en cada uno de esos cambios se tenga como primer objetivo el bodegaje de estrictamente los productos necesarios para atender a los clientes y proveedores. “Entre menos veces se tenga que manipular la mercancía, hay mayor seguridad de que se conserve en buen estado y de esa forma se gasta menos en procesos y se gana más al final de la cadena”, comenta Insignares.

Por eso en el país existen cada vez más espacios como estos centros de distribución, gracias a que los grandes y medianos empresarios han entendido que para ser más efectivos deben dejar este segmento del negocio en manos de expertos. “La mejor de las estrategias es entregarle a un tercero especialista el manejo de los inventarios. En Europa el 80% de las empresas ya lo hicieron, en Estados Unidos la cifra está por el 70% y aquí en Colombia no llega al 25%. Aún muchas compañías tienen sus propios sistemas de transporte, sus bodegas y hay que tener en cuenta que la logística es la que hace que la batalla de los negocios se gane o se pierda”, apunta González.

Lo cierto es que para lograr mayor productividad, en el negocio de la logística en un país como Colombia, donde los precios de transporte son tan altos y la finca raíz tan costosa, resulta más económico, efectivo y lucrativo dejar este eslabón de la cadena en las manos de quienes mejor lo saben hacer.

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El valor de la tienda de barrio no es sólo el fiao





Andrés Jimeno, Grupo de Prensa



A principios de los 90 algunos expertos predijeron la desaparición de las tiendas de barrio en Colombia frente a la llegada de las grandes cadenas de almacenes. Esta sentencia motivó a Dagoberto Páramo, docente e investigador miembro del Grupo de Investigación en Marketing perteneciente al Sistema de Investigaciones de la Universidad, a iniciar el trabajo: “La tienda tradicional colombiana, un espacio de reforzamiento cultural”.

Una de las conclusiones a la que se llegó, es que a pesar de las predicciones de desaparición, las tiendas se mantienen activas y representan un poco más del 62% del total de ventas al detal en el país, según un estudio realizado en tres grandes ciudades (Cali, Medellín y Barranquilla) y tres ciudades intermedias (Valledupar, Manizales y Neiva).

¿Que hay detrás de la tienda?
La tienda es un espacio fuertemente posicionado en la cotidianidad de muchos colombianos. En estos lugares se puede leer la identidad de quienes interactúan allí de forma permanente. “En su diario acontecer se tejen relaciones de tal intensidad que éstas han contribuido a mantener y prolongar en el tiempo, la historia que sus consumidores han compartido durante años. La tienda además de ser un ente comercial de distribución, es un espacio cultural”, comenta Páramo.

Dentro de estas fuertes redes sociales que existen alrededor de la tienda, que toma el papel de ente integrador de la comunidad, no importan las vestimentas, peinados o, incluso, si se va con dinero. El tendero en un acto de camaradería, sin necesidad de conocer la vida crediticia de sus clientes, les permite obtener el artículo que necesitan sin tener que efectuar el pago inmediatamente; eso que conocemos popularmente como fiao.

“Hemos detectado unas expresiones no verbales impresionantes, como el que alguien llegue con un envase de gaseosa, lo ponga en el mostrador, se dirija al botellero saque el líquido y luego se vaya sin necesidad de expresar una sola palabra. Claramente, la tienda tiene inmersa una cantidad de elementos socioculturales que no permiten su desaparición”, cuenta Páramo.

En este sentido se ha creado una peculiar comunicación entre tendero y vecinos que permite un entendimiento diferente y que es totalmente válido. “La tienda es la tienda”, así la define uno de los consumidores dependiente de ésta; quien ahí suele pedir dinero prestado, compra gracias al fiao, a veces va a socializar temas de política, en otras ocasiones a hablar del partido del día anterior, o de todos los temas del barrio sin ninguna incomodidad.

La familiaridad detectada entre consumidores y tenderos es de una gran significación, no sólo en relación con la función comercial que cumplen sino, y sobre todo, con respecto al conocimiento y acercamiento personal que existe entre estos. “La confianza mutua devenida en amistad e incluso, en intimidad y complicidad, ha servido para ratificar los auténticos lazos creados en la cotidianidad de sus existencias. El valor simbólico que tiene la tienda para el desenvolvimiento de la vida de la comunidad, es el que no ha permitido que la sobremodernidad se haya impuesto”, afirma el investigador.

La tienda representa la solución a cualquier necesidad improvista: hace de miscelánea, droguería, verdulería, carnicería, cafetería y estadero los fines de semana en ciertos sectores. Para los estratos altos, la estrategia más común de los tenderos, actualmente, es ofrecer el servicio a domicilio, con lo cual cambia de significación el papel de la tienda para estas personas. Sin embargo, la mayoría de la población colombiana es clase media-baja y muchos no tienen la posibilidad de hacer costosos mercados quincenales, por lo que la primera alternativa sigue siendo la tienda de la esquina.

Esta puede ser denominada “una institución social, es un lugar donde se estimula la permanencia de los consumidores, las interacciones entre ellos, la vida en comunidad. Es un espacio donde se estructuran las relaciones en un tiempo y un lugar concreto. Incluso existe una ONG (Organización de No Gorreros): un grupo de pensionados que se reúnen todos los sábado a beber y escuchar música disfrutando de unas buenas partidas de dominó. A las nueve de la noche terminan la faena y vuelven a reunirse el sábado siguiente”.

Al ser un espacio de reforzamiento cultural del consumidor, la tienda tradicional colombiana se ha convertido en parte vital de la comunidad, o mejor, imprescindible: en esa institución social en la que muchos ciudadanos confían parte de su existencia porque finalmente el tendero da ñapa, es amable y fía.

Al analizar la actitud del consumidor de tienda, y las relaciones que existen entre el lugar, el tendero y el cliente, se puede afirmar que el futuro de la tienda está asegurado. “Se detectaron claras diferencias entre los orientados al presente y los orientados al futuro pero sin que en uno o en otro caso exista peligro alguno para la supervivencia de la tienda. De todas maneras ellas están en el alma y el espíritu de sus consumidores, no importando los avances modernistas que se sienten en el ambiente de distribución al detal en Colombia. Vemos cómo el rol de la tienda está totalmente definido en la sociedad y entendida como un ente sociocultural. ¿Quién puede asegurar cuándo va a desaparecer? A mi generación no le va a tocar ver morir a la tienda”, asegura Páramo.


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viernes, julio 31, 2009

La verdad sobre la compra por impulso





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Durante años, los minoristas y fabricantes de bienes de consumo han dado por sentado que una presentación atractiva y una cierta extravagancia influían profundamente en la mayor parte de las decisiones de compra de los consumidores.

En su libro de 1999, Por qué compramos: la ciencia de la compra [Why we buy: the science of Shopping], Paco Underhill describió los supermercados como “lugares donde las compras se hacen por impulso. Aproximadamente de un 60% a un 70% de las compras realizadas en esos locales no fueron planeadas, según muestran los estudios realizados acerca de la industria de supermercados”.

El libro de Underhill y otros estudios posteriores han llevado a los minoristas a dedicar cada vez más recursos a las promociones realizadas en el interior de la tienda, como, por ejemplo, la colocación de ciertos productos al final de los pasillos y a lo largo de la fila de las cajas para incentivar la compra por impulso.

Esto no es lo que piensan, sin embargo, David R. Bell, profesor de Marketing de Wharton, y otros dos compañeros, que sostienen que la idea de que la mayor parte de las compras que se hacen en los supermercados no obedece a criterios preestablecidos no es más que una leyenda urbana. En un nuevo trabajo de investigación, Incidencia de compras no planeadas: quién compra, cómo y por qué, Bell y sus compañeros defienden que el volumen de compras no planeadas gira en torno a un 20%.

La investigación no prueba que el marketing hecho en el interior de la tienda sea irrelevante, pero que los minoristas tal vez deberían volver a pensar sus estrategias. Los investigadores constataron que ciertas características de los consumidores como, por ejemplo, la edad, ejercen una influencia más profunda sobre las compras no planeadas que la tienda propiamente dicha o su entorno.

En otras palabras, dice Bell, “las diferencias se basan en datos del tipo: quiénes son los clientes, y no a qué tipo de cosas están expuestos. Es una cuestión de naturaleza frente a educación. ¿Qué será realmente importante, la edad o el estímulo que se ofrece en el interior de la tienda? El punto de vista predominante favorece a la educación, pero nosotros defendemos que es la naturaleza”.

Daniel Costen, profesor de Operaciones y de Tecnología de la Escuela de Negocios del Instituto de Empresa (IE) de Madrid, y George Fox, profesor de Marketing de Tilburg University, en Holanda, trabajaron en la investigación con Bell. El estudio se basa en el análisis detallado del comportamiento de clientes de supermercados en Holanda, sin embargo los descubrimientos también se pueden aplicar indistintamente a los minoristas americanos, dice Bell.

Inicialmente, los investigadores revisaron un volumen sustancial de literatura académica que parecía corroborar la presuposición de compra por impulso de Underhill. De acuerdo con los autores, esa literatura, respaldada en parte por la Asociación de Marketing de Supermercados y por el Point of Purchase Advertising Institute, fue responsable del fuerte aumento del presupuesto de marketing en el interior de las tiendas en los últimos años.

“El debate acerca del volumen de compras no planeadas y las motivaciones subyacentes a ellas tiene enorme significado práctico”, observan los autores. “De esa discusión depende de cómo se gasten los dólares destinados al marketing (en la tienda o fuera de ella) y en qué cantidad”.

Analizando compras reales

Lo que los investigadores constataron que les faltaba a los estudios anteriores eran “datos sólidos y adecuados” de compras reales que revelaran la intención del consumidor en el momento en que recorría la tienda. Estudios anteriores tampoco definían claramente, y de modo satisfactorio para Bell y sus compañeros, el concepto de compras “no planeadas”. ¿Consiste en intercambiar el detergente de siempre por otro de una marca diferente? ¿Consiste tal vez en comprar un producto que no estaba en la lista de compras? Y si, por casualidad, el detergente formara parte de la lista, pero no se especificaba la marca o el tamaño, ¿la compra final habría sido planeada o no?

El punto de partida para el estudio de Bell, que fue parcialmente financiado por una gran empresa europea de bienes de consumo, consistió inicialmente en la ratificación, durante dos semanas, de los datos de 2.945 clientes de supermercados en julio de 2006. Los consumidores fueron a comprar a 21 supermercados diferentes, haciendo un total de 18.000 compras en 58 categorías de productos como pan, cerveza, café, frutas, detergentes, pañales, champús y acondicionadores.

Los consumidores respondieron a cuestionarios cortos sobre cada visita hecha al supermercado señalando las compras por categoría e indicando si la compra hecha había sido “planeada con antelación” o si consistió simplemente “en la decisión tomada en aquel momento”. Los consumidores adjuntaron el recibo de la tienda al cuestionario para comprobar la información prestada. Otras informaciones sobre las características de las familias y su impresión sobre el supermercado donde hicieron las compras se obtuvieron por medio de entrevistas de 90 minutos de duración realizadas en la casa del cliente.

El cuestionario y las entrevistas proporcionaron a Bell, Corsten y Knox los datos demográficos que deseaban, inclusive el nivel de renta de los consumidores y el patrón de vida; información sobre el “estilo de las compras” hechas, incluso si el cliente se consideraba “rápido y eficiente”, y si había conocido los precios a través del periódico o en la propia tienda. Los entrevistados respondieron también a preguntas sobre la información de qué disponían acerca de una tienda específica y el tipo de precios en ella, así como las ofertas de productos en promoción y la imagen que tenían del local; si compraron un día entre semana o el fin de semana, y si la permanencia en la tienda había sido larga o breve.

Bell observó que el consumidor americano es diferente del consumidor holandés en lo que concierne a por lo menos un aspecto que merece un análisis posterior más detallado. Mientras la mayor parte de los americanos va en coche al supermercado, los holandeses pueden ir a pie, en bicicleta o en coche. Los investigadores constataron que los consumidores que van a pie a las compras son menos propensos a comprar productos no planeados que aquellos que utilizan la bicicleta o el coche.

La investigación reveló también un dato recurrente respecto a las compras no planeadas: no hubo ninguna compra de ese tipo en poco más del 60% de las visitas a las tiendas. Con relación a las demás visitas, los clientes compraron, de media, tres ítems no programados, mucho menos de lo que la investigación anterior indicaba.

El montante de compras no planeadas aumenta según el número total de categorías de productos adquiridos por el consumidor, como pan o leche. Pero como un porcentaje menor de clientes es responsable de buena parte de las compras hechas por impulso, el número medio de compras no planeadas continúa siendo bajo.

Los investigadores obtuvieron datos aún más reveladores sobre el comportamiento de los clientes al correlacionar 32 variables al hecho de que en la mayor parte de las visitas hechas a los supermercados no hubo ninguna compra por impulso. A continuación algunas variables comparadas a la media total:

• Adultos jóvenes y solteros de renta elevada son responsables de más del 45% de las compras no planeadas.

• Entre las familias formadas por individuos más mayores y familias numerosas, el porcentaje de compras espontáneas cae y se sitúa entre un 31% y un 65%.

• Entre los consumidores que se informan a través de los periódicos o por los precios de los productos, la compra espontánea es de menos del 25%.

• Personas que se consideran “rápidas y eficientes” están mucho menos inclinadas a comprar por impulso, un 82% a menos que la media.

• Si el objetivo de la visita al supermercado se debe a necesidades “inmediatas o a ítems que el consumidor se olvidó de comprar”, la tasa de compras en las categorías no planeadas cae alrededor del 53%.

• Las compras espontáneas aumentan en torno a un 23% si la visita al supermercado no había sido planeada, pero caen un 13% si se trata de la visita semanal de compras.

• Si la visita al supermercado se acompaña de paradas en varias tiendas, hay un 9% menos de compras no planeadas en la segunda y en la tercera paradas.

• El volumen de compras no planeadas llega a un 44% si el consumidor va al supermercado en coche y no a pie.

En otras palabras, [...] el volumen de compras no planeadas está mucho más asociado a las diferencias entre un consumidor y otro que al ambiente de la tienda propiamente dicho”, dice Bell. “¿Es posible incentivar la compra espontánea por medio de estímulos cuando, en realidad, la mayor variación tiene lugar entre los individuos?”

Dos estrategias

La respuesta a esa pregunta, de acuerdo con Bell y sus compañeros investigadores, es sí, pero para eso serán necesarias estrategias de ventas basadas en más análisis e investigación de mercado. Los autores resaltaron que sus datos disponen de un número suficiente de detalles que les permite proponer a los minoristas dos estrategias posibles para incrementar las compras espontáneas en sus tiendas.

“Es posible ‘vender más’ con el número de clientes existente, o los comerciantes pueden deliberadamente intentar atraer [...] clientes más inclinados a hacer compras no planeadas”, señalan los autores. “La primera estrategia usa el mix de clientes existente como referencia y se concentra en el ambiente interno de la tienda. La estrategia ‘para atraer mejores clientes’ exige un cambio más amplio en la estrategia de mercado, imagen de la tienda, etc.”.

Los datos indican que la estrategia de vender “más” usando, por ejemplo, una señalización mejor elaborada en el interior de la tienda o aumentando el número de promociones, sería menos laboriosa, sin embargo menos eficaz que intentar atraer un número mayor de clientes dispuestos a comprar por impulso. Los beneficios de las dos estrategias tendrían que ser medidas en relación al coste.

“En general, las características [de los clientes] parecen más importantes que las condiciones [de las tiendas] en lo que concierne a la generación de incidencia de compras espontáneas”, observan los autores. “Esto suscita algunas preguntas importantes tanto para los minoristas como para sus proveedores. Los primeros tal vez se pregunten si el presupuesto actual de marketing destinado al interior de la tienda no sería demasiado alto. Los proveedores tal vez quieran reevaluar las asignaciones de su presupuesto: ¿deberían dar prioridad otra vez a las actividades de marketing que tienen por objetivo insertar firmemente su marca en las compras planeadas de los consumidores?

“La investigación mostró, sobre todo, que la ‘receptividad’ de los diferentes segmentos de consumidores varía en relación a las diferentes actividades de marketing. Por tanto, los profesionales de marketing deberán elaborar [...] planes que tomen en cuenta esos niveles varios de receptividad”.

Bell dice que una posible forma de aprender más sobre el grado de impulso del consumidor consiste en utilizar los datos que los minoristas obtienen a través de sus programas de fidelidad del cliente. “Ellos necesitan aprender más sobre el consumidor desde un punto de vista integral”.

Fuente: knowledge wharton



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Segundas marcas en acción




jueves, 30 de julio de 2009
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La crisis abre paso a las segundas marcas, sin embargo, no es sencillo para ellas apoderarse de los clientes de las líderes. Miguel Pereira, académico de ESADE y experto en marketing, explica cómo se debe actuar en el contexto actual y qué espera la gente de las segundas marcas.

En épocas de crisis, ante la contracción de la capacidad de consumo y de la tendencia al gasto, una de las estrategias recomendadas es lanzar o activar segundas marcas.
Sin embargo, si estas segundas marcas se apropian de atributos que luego perduran en la sociedad, pueden reposicionar a las primeras de modo tal que la imagen de éstas sufra al punto de dificultar el posterior retorno a las posiciones de liderazgo que detentaban antes de la crisis.

Para no perder mercado y mantener niveles de facturación que les permita superar la crisis, las empresas deben proponer a sus clientes opciones de productos y precios adecuadas a la realidad del momento.

Entre las características que se destacan es que sean:

  • Más económicas
  • Con versiones más básicas de productos y servicios
  • Con menores prestaciones
  • Aplicando la estrategia de contrasegmentación
  • Con mensajes acordes que, sin perder el optimismo, conlleven de manera implícita un cierto contenido de austeridad o cuidado en el gasto.

Contrariamente a lo que suele ocurrir en situaciones de expansión, cuando los componentes simbólicos de muchos productos y servicios adquieren mayor importancia, en estos momentos surge una revalorización de los aspectos funcionales y de economía, priorizándose en la decisión de compra las cuestiones de practicidad y control del gasto. Sea por no disponibilidad de recursos, sea por una rejerarquización (momentánea o perdurable?) de los valores imperantes en la sociedad.

Sin embargo, no siempre es recomendable que estos nuevos valores sean enarbolados por la misma marca que, quizá durante años, haya tenido una posición bastante distinta a la necesaria en este momento por haber fundamentado probablemente su notoriedad y prestigio, en esos valores que hoy se ponen en duda.

Algunos de esos atributos pueden ser: sofisticación, lujo, glamour excesivo, alta performance de la imagen, exclusividad (“es bueno si me incluya siempre que excluya a otros”), etc.

Dos son las razones principales para evitarlo: que no sea creíble y que el mercado perciba un comportamiento errático de la marca al abandonar principios por los que en su momento fue aceptada. Esos vaivenes son letales para su continuidad en el largo plazo.

Las nuevas promesas entonces deben ser encarnadas por las segundas marcas, quienes, apoyando su propuesta de menor precio, podrán desarrollar los argumentos por los caminos de la practicidad, el consumo inteligente, el consumo responsable, el cuidado de los recursos, el cuidado en el consumo, etc.

Un discurso más basado –entre otros- en la autosustentabilidad como valor principal, que es muy adecuado tanto para el consumidor que no dispone de recursos, como para el que, aún disponiendo de ellos, necesita la satisfacción psicológica de sentirse inteligente y responsable en el consumo. (esto no significa que no existan oportunidades tradicionales en grupos que estén “saturados” de la crisis y quieran un “bálsamo” como propuesta)

Todos sabemos que la crisis pasará… no sabemos cuándo, ni a cuántos habrá arrastrado en el camino, ni cómo quedarán configurados los valores y los puntos de referencia de la sociedad global… pero pasará.

Los valores que emerjan en esta situación de crisis quedarán instalados de manera definitiva?, servirá esta situación de shock para que se produzca un replanteo de fondo en la sociedad mundial?, a qué evento podría ser comparable?: la crisis del Tequila?, la caída del muro de Berlín?(como culminación de la anterior caída del bloque soviético), la crisis del 29?, la revolución de los Ayatollah en Irán?, la revolución industrial?, la revolución francesa? (no pareciere que fuese tan profunda, en tal caso solamente puede ser un nuevo preanuncio de transformaciones más profundas por venir).

No hay dudas que habrá cambios profundos, que las coordenadas de funcionamiento de la humanidad se modificarán, que necesitaremos nuevas brújulas, nuevos gps, nuevos satélites de orientación sociopolítica. Sólo que no sabemos cuáles serán ya que en este momento se están produciendo de manera casi invisible, fuertes pujas subterráneas entre diferentes corrientes de pensamiento, de las que algunas emergerán victoriosas y probablemente sean las que marquen las nuevas etapas.

La cuestión principal entonces es: cuando pase, ¿cómo quedará conformado el escenario de competidores?, ¿quiénes serán los ganadores y los perdedores?.

El especialista Fernando Moiguer, sostiene que será el momento de las segundas marcas con branding. Casi no hay dudas de que eso ocurrirá, lo que no se sabe y es bastante difícil predecir es qué pasará con algunas de las hoy primeras marcas: podrán recuperar su protagonismo? Habrán quedado atadas a un posicionamiento incómodo? necesitarán un reposicionamiento? podrán lograrlo?

¿Estaremos entonces en un escenario donde el “suplente” (la segunda marca) pasó a ser titular y el titular (la otrora primera marca) tuvo que pasar a”retiro”?, ¿o confinado a un nicho de altísima gama en un mercado muy reducido a la espera de nuevos vientos que las favorezcan?

Es casi un hecho que algunas no lo lograrán, por lo que las empresas no pueden dejar de plantearse estrategias de portafolio para escenarios como los ensayados aquí.

Fuente: Infobaprofesional, por Miguel Angel Pereira. profesor de Marketing de ESADE Business School Campus Buenos Aires y presidente de DUXIS - Marketing Estratégico y Operacional


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COLOMBIA - SURAMERICA

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