viernes, diciembre 11, 2009

El ocaso de las marcas (y cómo evitarlo)



 
















Ultimanente se ha hablado y escrito mucho sobre la crisis y cómo la situación económica afecta dramáticamente a las marcas.

Por ejemplo, un estudio (1) realizado entre 2.672 consumidores en EE.UU. encontró que en los últimos 2 años un 18% de los consumidores de marcas premium de gran consumo han probado marcas “value” (de bajo coste), de los cuales un 46% piensa que esos productos más baratos son mejores de lo que esperaba y una gran mayoría piensa que esos productos son mucho mejor que lo que esperaba. Como resultado, el 34% de esas personas dicen que ya no prefieren a los productos caros con marcas y otro 41% dice que, aunque prefiere a las marcas premium, “no valen el dinero que cuestan”.

La recesión está actuando como un acelerador de la prueba de productos más baratos, y los consumidores, una vez que abandonan a las marcas, se dan cuenta que los productos baratos en realidad no son tan malos.

Pero existe otro fenómeno subyacente, aún más grave para las marcas, que comenzó a ocurrir antes de la actual crisis económica. Por lo menos desde hace cinco años las fórmulas tradicionales para construir y sostener marcas parece que han dejado de funcionar y, como resultado, el valor de las marcas para el consumidor ha declinado sin parar.

Este es el sorprendente hallazgo de un estudio de marcas realizado por Young & Rubicam (2) que cubre 40.000 marcas en 44 países a través de 70 variables. La reconocida agencia de publicidad lleva a cabo ese estudio entrevistando a casi 500.000 consumidores cada año (unos 15.000 cada trimestre en EE.UU.) desde 1993 como parte de su instrumento de medición de “Brand Equity” llamado “Brand Asset Valuator”.

Los responsables del estudio comenzaron a notar a mediados de 2004 una tendencia alarmante: las actitudes de los consumidores en casi todos los segmentos habían comenzado a decaer en todas las variables relacionadas con una marca, incluyendo reconocimiento (“awareness”), confianza, atracción, admiración, etc.

Es esperable que con el tiempo algunas marcas pierdan su valor mientras otras lo ganan, pero lo dramático de la situación es que este declive se producía no solo para unas pocas marcas sino para miles, abarcando categorías enteras tales como bienes y servicios de gran consumo, aerolíneas, bebidas, seguros, hoteles, supermercados, etc.

Ese declive que los investigadores comenzaron a notar en 2004 continúa sin parar hasta hoy y muestra que la relación entre las marcas y los consumidores se está rompiendo.

Como parte de esa medición periódica, los investigadores miden 4 variables que construyen el “brand equity” de la marca: confianza, conocimiento, aprecio y estima. En el tiempo que llevan midiendo esas variables, la confianza en las marcas se ha desplomado más del 50%, el conocimiento de las marcas ha bajado un 20% y tanto el aprecio como la estima por las marcas se han reducido un 12%. Incluso la percepción de calidad ha caído un 24%.


Por ejemplo, en 1997 un 52% del total de marcas analizadas por el estudio eran consideradas como fiables, en 2008 ese porcentaje había caído a solo el 22% (menos de la mitad, representando una caída anual promedio de 8%).

Esa caída de los valores de las marcas muestra una creciente “comoditización” ya no solo de marcas específicas sino de categorías enteras. Parece que los consumidores, a pesar de conocer muy bien algunas marcas, ya no se sienten tan inspirados por ellas como para comprarlas.


El CEO de Unilever, Paul Polman, un ejecutivo con experiencia en las 3 empresas más grandes de gran consumo (antes de Unilever, fue ejecutivo de P&G y de Nestlé) dice: “es definitivamente más difícil llegar al consumidor y conectar con él (…) hay una tendencia hacia menos marcas, marcas más grandes”.

Es así que hay excepciones a la tendencia global, ya que algunas marcas han logrado fortalecer su posición en estos años, como por ejemplo Google, Apple y Nike, pero esas marcas son solo excepciones dentro de una tendencia generalizada de debilitamiento.

En el siguiente gráfico podemos ver la posición de algunas marcas líderes frente al resto de las marcas (los puntos rojos marcan el promedio de cada categoría).


Es evidente que las marcas líderes se destacan muy por encima del resto. Por ejemplo, Axe tiene un nivel de diferenciación 3,6 veces superior que la marca promedio en la categoría de desodorantes; Google, iPod y Target tienen un compromiso emocional dos veces superior al promedio de sus categorías.

También de ese gráfico resulta evidente que la gran mayoría de las marcas (los puntos rojos representan su promedio) están indiferenciadas (abajo en el eje vertical) o tienen bajos niveles de estima por parte del consumidor (a la izquierda en el eje horizontal).

Para contrastar los resultados de esa investigación podemos ver los resultados de otros estudios. El “Henley Centre”, una firma de análisis de mercado en Londres, ha encontrado resultados similares en el Reino Unido desde 1999. En su estudio anual sobre las 17 marcas británicas más grandes y tradicionales, 16 han mostrado un declive en la confianza del consumidor. En otros estudios realizados entre el año 2000 y el 2007, el “Carlson Marketing Group”, una firma de marketing con sede en Minneapolis, EE.UU., ha encontrado un declive en la lealtad de los consumidores a las marcas. En el estudio realizado en el año 2000, 4 de cada 10 consumidores mostraban una preferencia genuina o un compromiso hacia una marca en cada categoría, pero esa cifra había caído a solo 1 de cada 10 consumidores en el año 2007.

Estos estudios confirman que la brecha entre las marcas y los consumidores se sigue agrandando, lo cual resulta alarmante porque una vez que ese vínculo se ha roto, la marca deja de existir. Debemos recordar que una marca no es un ente independiente con vida propia, sino que existe en la mente de los consumidores, y sigue viva siempre y cuando los consumidores perciban que tiene un valor diferencial al de otras marcas.

Si ese valor diferencial, medido en variables como reconocimiento, confianza y lealtad, desaparece, entonces la marca muere y los productos se convierten en “commodities” donde la única variable que lleva a los consumidores a elegir un producto por sobre otro es el precio.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? ¿Qué ha ocurrido en los últimos años para que las marcas estén perdiendo su valor de forma dramática?

Responder a esas preguntas resulta esencial si queremos revertir la tendencia actual que llevará, invariablemente, a la muerte de las marcas.

Si bien podemos identificar varias causas interrelacionadas hay 3 que merecen ser destacadas: proliferación de marcas, falta de innovación y publicidad desenfocada.

Proliferación de marcas

La primera razón del declive de las marcas se debe a una realidad de mercado: el mundo está saturado de marcas y a los consumidores cada vez les resulta más difícil diferenciarlas. En el año 2006, la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU. emitió 196.400 patentes de marcas, casi 100.000 más que en 1990 (es decir, casi el doble). Un supermercado promedio ofrece hoy en día en sus lineales unas 30.000 marcas diferentes, más de tres veces la cantidad que ofrecía hace 30 años. La globalización y una frenética carrera de las empresas para lanzar productos nuevos hace que la complejidad en el mercado no haga más que crecer. Según un reporte de Datamonitor, en el 2006 se lanzaron 58.375 productos nuevos a nivel global, más del doble que en 2002. Como resultado, y a pesar de que el gasto publicitario ha crecido de 271 billones de dólares en el 2005 a 285 billones de dólares en el 2006, el 81% de los consumidores no pueden nombrar ni siquiera uno de los 50 nuevos productos más vendidos lanzados en el 2006, un récord de “desconocimiento” de marca y un gran empeoramiento desde el 57% medido el año anterior.


El efecto negativo debido al lanzamiento acelerado de nuevos productos se ve agudizado por la creciente dependencia en extensiones de marca. Las empresas, acuciadas por lanzar nuevos productos con presupuestos limitados, recurren a la vieja fórmula de utilizar sus marcas existentes, sin darse cuenta de que con cada nuevo producto que lanzan utilizando la misma marca diluyen su valor y poder de diferenciación. Esa estrategia parece verse recompensada inicialmente cuando las ventas crecen rápidamente a pesar de la baja inversión publicitaria, pero a largo plazo resulta altamente nociva no solo para el producto nuevo sino para el producto anterior, cuyas ventas también se erosionan cuando pasa el efecto novedad y los consumidores se encuentran aún más confundidos.

Finalmente otro efecto contribuye a la confusión, especialmente en los bienes de gran consumo: la proliferación de las marcas del distribuidor. Tras varios años de experimentar, los distribuidores se han dado cuenta que las marcas propias pueden ser un gran instrumento de fidelización y generador de margen, con lo cual se han lanzado de forma masiva a ofrecer su marca en una cantidad creciente de categorías. Esa oferta creciente se ha visto recompensada con una demanda renovada ya que los consumidores se encuentran altamente satisfechos con estos productos que superan con creces el nivel mínimo de aceptabilidad en cuanto a calidad y que a cambio tienen un precio imbatible, más de un 40% inferior al de sus homólogos con marcas tradicionales.

Falta de innovación

Lejos han quedado aquellos tiempos donde las marcas sabían innovar. Hoy en día, lo que las compañías llaman innovación, en muchos casos no deja de ser una versión levemente remozada del producto de siempre, que en el mejor de los casos ofrece un desempeño marginalmente superior y en el peor de los casos no pasa de un simple rediseño del embalaje (“packaging”) o del logo.

Pocas marcas siguen innovando de verdad. ¿Cuántas compañías han desarrollado y lanzado iPods o iPhones en los últimos años? ¿Cuántas Google o Wikipedia han sido lanzados?

Los jabones para lavar parecen ser los mismos (excepto por fragancias y concentrados marginalmente relevantes), los pañales siguen funcionando igual que hace 50 años, las aerolíneas de red siguen ofreciendo, en mayor o menor medida, el mismo tipo de servicio, los seguros siguen siendo tan aburridos como siempre y los bancos siguen prometiendo “cercanía” pero las sucursales no han cambiado en décadas.

Los departamentos de I+D de las compañías gastan cada vez mayores sumas para obtener mejoras cada vez más marginales, que en la mayoría de los casos siguen directrices científicas y se alejan cada vez más de las necesidades reales de los consumidores.


Es verdad que en un mundo con una proliferación creciente de productos, cada vez más globalizado, la dificultad de innovar es cada vez mayor, pero eso no justifica la falta de “grandes ideas” que termina generando innovaciones irrelevantes. Esta es una de las verdaderas razones del crecimiento en todas las categorías y en todos los países de las marcas del distribuidor: si una marca reconocida se queda estancada o nos pide que paguemos más por innovaciones “artificialmente” creadas y que son irrelevantes, probablemente nos decantemos por una marca no tan reconocida, que nos ofrece un producto satisfactorio por una fracción del precio.

Publicidad desenfocada

La comunicación, y especialmente la publicidad, es el nutriente de las marcas.

Una vez elegido un posicionamiento, se planta la semilla de la marca, y se la riega año tras año con el presupuesto de marketing. Uno de los más importantes nutrientes que necesita la marca para crecer es la publicidad, de nada sirve haber definido en el papel un posicionamiento relevante y diferencial, si los consumidores no lo conocen porque, como una planta sin nutrientes, nunca crecerá lo suficiente como para ser observada y reconocida.

Como ya decía allá por 1955 David Ogilvy (3), maestro de la publicidad moderna,: “cada anuncio debe contribuir a ese símbolo complejo que es la imagen de marca” y en sus discursos explicaba “cada anuncio es parte de la inversión a largo plazo en la personalidad de la marca”.

Si bien otros medios comienzan a ser cada vez más importantes (especialmente Internet), al observar los últimos años, el medio que fue y sigue siendo más relevante en la generación de marcas es la TV, y por ende, es el medio donde debemos buscar las razones del declive reciente de las marcas.

Es así que, cuando analizamos los anuncios de TV, no toma demasiado tiempo ver un factor inquietante: la mayoría de ellos son muy divertidos, invitan a la sonrisa, nos entretienen y nos hacen comentar “qué buen anuncio”, pero si a los 5 minutos alguien nos preguntara de qué empresa o producto se trataba diremos “ni idea, creo que era de Telefónica porque había un teléfono, pero qué divertido cuando al tío se le congela el brazo y no pude andar más”.

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(si no ve el vídeo, haga click aquí)

Y si a base de costosas repeticiones lográramos recordar la marca publicitada, entonces probablemente diríamos “sí, se trata de la marca xx, pero ¿por qué debería cambiarme a la marca xx? ¿Por un actor gracioso al que se le congela el brazo?”.

De la misma manera, cuando consideramos hacer una inversión de más de 10.000 €, ¿logran unos muñecos simpáticos que salgamos convencidos a comprar un coche?

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Muchos anuncios (por no decir una alarmante mayoría) parecen haber perdido el norte, olvidando su razón de ser, que no es otra que vender comunicando los valores diferenciales de una marca.

Como explicaba el gran David Ogilvy (3) describiendo un fenómeno que ya comenzaba a ocurrir a finales de los 1980s: “cuando escribo un anuncio no quiero que me digas que es ‘creativo’, quiero que lo encuentres tan persuasivo que te haga comprar el producto, o comprarlo más frecuentemente. Esa ha sido mi filosofía durante 50 años y nunca la he abandonado, sin importar cuán grandes han sido las tentaciones para unirse al tren de moda que afecta el negocio publicitario (…) Basta de publicidad que se olvida de ofrecer un beneficio, o que hace un alarde de pura creatividad, si alguien se gasta su presupuesto entreteniendo al consumidor, es un tonto, ninguna ama de casa comprará un detergente porque el fabricante le ha contado un chiste en la TV la noche anterior, lo compra porque le han prometido un beneficio (…) hoy en día los departamentos creativos y las agencias están dominados por especialistas en TV cuya ambición solo es ganar premios en los festivales. No les preocupa si sus anuncios venden siempre y cuando sean entretenidos y ganen premios, estos creativos del entretenimiento le han provocado un gran daño al negocio de la publicidad”.


Esa mentalidad no solo es perjudicial para la industria de la publicidad, es también culpable del declive de las marcas. Si la publicidad solo entretiene y gana premios pero no vende es porque no promete ningún beneficio y si no promete ningún atributo diferencial, ¿cuál es la razón para pagar un precio “premium” por una marca reconocida?

Aclaremos que un anuncio no tiene que ser aburrido y falto de creatividad para posicionar una marca efectivamente. De hecho, en una sociedad sobre-comunicada como la actual, la creatividad es un elemento esencial en cualquier anuncio, pero debe ser una creatividad al servicio de la marca, no una creatividad abstracta cuyo fin es ser creativa en si misma. Claro que es más fácil sucumbir al ego y buscar aplausos en lugar de ventas, pero cuanto más se enfocan los publicitarios en producir anuncios “creativos” per se, menos razones le dan a los consumidores para elegir a las marcas y como resultado, más se debilitan los vínculos entre estas y las personas.

*****

Si no se revierte esta situación, donde las marcas están sufriendo una erosión del valor para los consumidores y cuyo vínculo con las personas sigue una tendencia inexorable de deterioro, podría ocasionar que la mayoría de las categorías se convirtieran en “commodities” y, con la excepción de unas pocas marcas exitosas, la gran mayoría se ahogarán en un mar de indiferenciación.

Entonces, ¿qué podemos hacer para evitar que esta situación ocurra?

Claramente no se trata de simplemente redoblar los esfuerzos para recuperar el reconocimiento, estima y respeto de los consumidores. Al analizar las pocas marcas que siguen siendo exitosas y que mantienen su nivel de relevancia para los consumidores, ¿qué elementos las distingue del resto? De ese análisis vemos que la mayoría de las marcas deben cambiar algunos aspectos clave que podemos resumir en 3 dimensiones: visión, innovación y comunicación.

Una visión inspiradora

El primer elemento que debe cambiar es la definición del posicionamiento de las marcas. Como hemos visto, en un mundo con sobreabundancia de marcas ya no basta con prometer un atributo básico. Se debe encontrar un punto de diferenciación real con los productos competidores y construir la marca consistentemente alrededor de ese posicionamiento.

El posicionamiento elegido debe originarse en la convicción y la reputación de la compañía que fabrica el producto, y debe ser suficientemente inspirador como para sobresalir en la maraña de mensajes que recibimos a diario.

Para ser inspirador un posicionamiento debe buscar una dirección clara y debe resaltar cuál es el punto de vista de la marca en el mundo.

Algunas marcas que todavía logran mantener esa visión diferencial son General Electric, Walmart, IKEA y Toyota, enfocadas en ofrecer un mejor “valor por su dinero” a los consumidores en sus respectivas categorías, Southwest Airlines una de las pocas aerolíneas que promete un buen servicio y cumple su promesa, e incluso Subway, que inventó una nueva categoría de comida rápida y al mismo tiempo saludable.

Conseguir una visión inspiradora para la marca es algo básico, pero muchas compañías lo han olvidado y en un mundo abrumado con marcas y productos resulta aún más importante.

Innovación relevante

El segundo elemento clave que las marcas deben cambiar es su nivel de innovación. Este es probablemente la variable más funcional de las tres que estamos analizando y se construye a través de la asociación táctil y sensorial entre la marca y su experiencia de consumo, así como con otras interacciones físicas con el producto tales como la iconografía de la marca, el diseño del embalaje (“packaging”), la tecnología aplicada, el diseño de la tienda y el servicio del cliente.

Es paradójico que un mundo donde las empresas se gastan presupuestos récord en innovación y desarrollo de productos, los consumidores cada vez las valoren menos.

Eso ocurre porque la mayoría de las innovaciones son irrelevantes para los consumidores, ya sea porque fueron generadas por un científico aislado en un laboratorio o porque implican un desempeño de un producto demasiado por encima de lo que buscan los consumidores, quienes no encuentran razonable pagar por algo que no necesitan.


Innovación no es cambiar el color del embalaje (“packaging”) o lanzar un nuevo sabor. Innovación verdadera es lanzar un producto enteramente nuevo como el IPod, de alta relevancia para el consumidor, mientras se mantienen los atributos de posicionamiento de la marca que realimentan en un círculo virtuoso la percepción de los demás productos con el mismo nombre. Innovación es Google, es Facebook, es Amazon, es Twitter, aunque no necesariamente deben ser marcas de Internet o de tecnología.

Innovación también es Wholefoods, el hipermercado especializado en alimentos frescos que presenta una serie de atributos para el consumidor (entre ellos, foco en productos locales a través de acuerdos de largo plazo con pequeños productores, una variedad de surtido más allá de lo imaginable, productos naturales y orgánicos, etc.) que son completamente innovadores pero al mismo tiempo sumamente relevantes para el consumidor. Innovación también es W Hotels, con su cuidadosa atención a los detalles buscando siempre exceder las necesidades de sus huéspedes.

Para desarrollar una verdadera innovación se debe tener en cuenta el desempeño total del producto su experiencia de consumo completa, y los intereses reales de los consumidores, tal como lo muestra el caso de la Wii de Nintendo o, en sus inicios, Starbucks.

El lector estará pensando “pero esos grandes saltos son muy arriesgados” especialmente si uno gestiona una marca reconocida que tradicionalmente ha contado con un volumen de negocio importante en el pasado. ¡Claro que son arriesgados! Si una innovación no presenta cierto grado de riesgo es que no es suficientemente innovadora como para ser percibida como tal por los consumidores. La verdadera innovación requiere valentía y decisión, y aunque existen formas para mitigar los riesgos al final del día hay que dar el paso cuya recompensa puede significar que la marca sobreviva y no se hunda en el mar de las innovaciones irrelevantes.

Comunicación enfocada y multidimensional

Finalmente, el tercer elemento que la mayoría de las marcas deben cambiar es su comunicación. Si la dimensión anterior (la innovación) era la más física y palpable, la comunicación es la dimensión más abstracta y etérea. Tiene que ver con la forma en que la marca se comunica con el consumidor y crea una personalidad, logrando que los consumidores se transformen en sus defensores y evangelistas. Las marcas logran esto según sea la forma en que se presentan a si mismas ante el mundo, tradicionalmente a través de publicidad o eventos de marketing, hoy a través de marketing digital.

Como vimos anteriormente, la mayoría de las marcas ha caído en los últimos años en la tentación de una publicidad 'entretenida' pero indiferenciada, que no hace foco en la marca y sus atributos sino en la creatividad 'per se' y donde lo importante es ganar premios.

Tal como decía hace ya mucho tiempo Claude Hopkins (4), uno de los padres-fundadores de la publicidad: “La publicidad no existe para generar un golpe de efecto, no está para poner el nombre del producto en frente de las personas, el rol de la publicad es vender. Enfaticemos ese punto: el único propósito de la publicidad es lograr ventas”. Varias décadas después, Sergio Zyman (5), el ex-Director de Marketing de Coca-Cola Company, coincidía: “El marketing tiene que impulsar a los consumidores a actuar. El objetivo no es la notoriedad. No quiero un consumo virtual, lo único que importa es el consumo real (...). Una campaña que no consiga que los consumidores compren más es, por definición, una porquería".

Es esencial que la publicidad, así como toda la comunicación, venda la marca. Una vez que estamos de acuerdo en ese postulado podemos pasar a analizar cómo hacerlo.

Para vender, las marcas deben ser relevantes ante los ojos de los consumidores y para construir esa relevancia las marcas deben centrar su comunicación en la visión que hayan elegido, comunicando consistentemente un posicionamiento claro, relevante y diferencial. Es esencial que los atributos elegidos para posicionar la marca sean relevantes (importantes para el consumidor) y diferenciales (diferentes de los elegidos por la competencia) y luego resulta clave que la comunicación se enfoque consistentemente en esos atributos.

Además, las marcas que logran destacar llegan a permear en la cultura popular dándole a los consumidores algo sobre lo cual hablar, facilitando discusiones entusiastas de bocaboca en los diferentes ecosistemas de la marca.

Algunas marcas que han logrado este nivel de comunicación con sus consumidores son Harley Davidson con sus eventos comunitarios que atraen religiosamente a consumidores desde miles de kilómetros, AXE con su publicidad irreverente y creativa pero completamente enfocada en sus atributos de marca o Red Bull esponsoreando eventos ligados al deporte extremo que refuerzan sus atributos de marca.

Otro componente esencial de la comunicación que cobra cada día más importancia es la multidimensionalidad. Las marcas que logran cobrar vida ya no dependen de un solo medio como la TV, sino que abarcan múltiples puntos de contacto con sus consumidores, incluyendo eventos, presencia en redes sociales, marketing viral, etc.


No es casualidad que una de las marcas líderes de desodorantes, la cual no ha perdido un ápice de su relevancia, sea AXE. Como explica Paul Polman, el CEO de la compañía que lo fabrica (Unilever): “hay diferente medios para diferentes consumidores. Si miramos a una campaña de publicidad de, por ejemplo, Axe, más de la mitad del presupuesto ya se está invirtiendo en actividades digitales. Y el espacio digital evoluciona muy deprisa. Lo que era YouTube ayer, Twitter es hoy y quien sabe qué será mañana. Esos cambios requieren un “brand manager” que esté muy atento a la sociedad, que sea ágil, cercano a las nuevas tecnologías, que sea franco, cada vez más global, y que lleve a cabo su tarea con una perspectiva más amplia.”.

La clave es estar presente en todos los puntos de contacto que el consumidor utiliza para conocer sobre las marcas y decidir cuál comprar, y para hacerlo se requiere un cambio de mentalidad. Ya no alcanza con productor un buen “spot” y comprar cierta cantidad de GRPs en un movimiento unidireccional, hoy es necesario actuar de forma paralela y simultánea en varios medios y aceptar que el movimiento ya no es unidireccional (nosotros hablamos y ellos escuchan) sino bidireccional (ahora nosotros también debemos aprender a escuchar) con un feedback constante del consumidor al cual se debe prestar atención si no queremos que se vuelva en nuestra contra.

Con esto no queremos decir que se debe abandonar la TV, el medio masivo por antonomasia (que continuará siendo el medio líder por algún tiempo) sino que, además de utilizar la TV de forma efectiva centrando la publicidad en la marca y sus atributos diferenciales en lugar de utilizar mensajes 'divertidos' e irrelevantes, se debe combinar la TV con los medios digitales, cuya característica permite construir una marca de forma multidimensional y bidireccional.


*******

En resumen, la tendencia actual nos lleva al ocaso de las marcas y si no cambiamos nada resulta fácil visualizar un mundo futuro donde, salvo unas pocas excepciones, miles y miles de marcas indiferenciadas competirán en un desierto de categorías convertidas en “commodities”. Para evitar ese futuro es necesario cortar de cuajo la tendencia actual y cambiar en tres dimensiones –visión, innovación y comunicación- dejando de lado la simpleza, el facilismo y el egoísmo, para enfocarnos en crear marcas verdaderas, marcas que creen relaciones relevantes e inspiradoras con los consumidores.



Fuente:
(1) McKinsey & Company, encuesta Agosto 2009
(2) Gerzema J. & Lebar E., The Trouble with Brands, Strategy+Business, issue 55, Summer 2009, Booz & Co
(3) Roman, Kenneth, The king of Madison Avenue, David Ogilvy and the making of modern advertising, Ed. Palgrave Macmillan, 2009
(4) Hopkins, Claude, Scientific Advertising, 1923
(5) Zyman, Sergio, El final del marketing que conocemos, 1999
ADMINISTRACION DE LA CADENA DE ABASTECIMIENTO, MONTAJE Y OPERACION DE TIENDAS Y SUPERMERCADOS, INVESTIGACION DE MERCADOS CUALITATIVA Y CUANTITATIVA.
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Ignacio Gómez Escobar
ESTRATEGA EN MERCADEO
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La revolución que se viene



Durante décadas los peruanos hemos vivido con un paradigma: el canal moderno, es decir, los supermercados, tiendas por departamentos y grandes tiendas de mejoramiento del hogar, no podían progresar en el país porque los peruanos “somos diferentes”. Nuestros arraigados hábitos, como la compra diaria de productos frescos, la atención personalizada del “caserito” y otros, hacían ver que el retail moderno era para sociedades diferentes a la nuestra.

Confirma esta percepción el hecho de que Lima fue una ciudad que hasta el año 2006 mantuvo un promedio inferior a los ochenta supermercados, de los cuales, además, casi todos estaban ubicados en las zonas más pudientes. ¡Ochenta supermercados para una ciudad de más de siete millones de habitantes! Esto daba un promedio de un supermercado por cada 90 mil habitantes, mientras que en Santiago de Chile el promedio era de uno por cada 24 mil. En las demás ciudades del Perú el avance era inclusive menor; sólo había unos pocos esfuerzos individuales de arriesgados inversionistas locales.

Sin embargo, en los últimos años hemos visto un cambio radical en este tema. Se abren supermercados, tiendas por departamento y tiendas de mejoramiento del hogar a gran velocidad y en lugares inimaginables (Limas conurbanas y provincias) y, además, la mayoría tiene éxito.

¿Qué pasó? La respuesta es simple: no era un problema de falta de demanda, sinó un problema de falta oferta. El canal moderno está satisfaciendo necesidades latentes que estaban a la espera de ser cubiertas y, al hacerlo, está generando cambios importantes en los hábitos de consumo de la población.

Hoy es común ver en estas tiendas modernas a personas de niveles socioeconómicos bajos haciendo pequeñas compras, las que antes hacían en el canal tradicional. En este cambio, juega también un rol importante la presencia de la tarjeta de crédito, instrumento que, si es bien utilizado, se comporta como un facilitador de la compra. El uso de este tipo de crédito también constituye un cambio importante en los hábitos de compra de la población de menores recursos.

¿Qué viene ahora? No es difícil deducir que con la aún baja penetración del canal moderno en el Perú, con la presencia de grandes jugadores (con espaldas financieras sólidas) y con la confianza en la estabilidad económica del país, se va a acelerar la apertura de tiendas. Veremos cada vez más tiendas en lugares insospechados y, seguramente, en poco tiempo veremos nuevos formatos, aún desconocidos por la población peruana pero ya presentes desde hace varios años en otros países de la región.

¿Significa esto que desaparecerán las bodegas, puestos de mercado, ferreterías, bazares y otros formatos del canal tradicional? De ninguna manera. No podemos olvidar que todavía tenemos segmentos de la población con hábitos arraigados y para los cuales el canal moderno sigue siendo ajeno a su cultura, aunque esto poco a poco irá cambiando. Tampoco debemos olvidar que estos negocios al estar basados en estructuras familiares, tienen puntos de equilibrio muy bajos, por lo cual pueden soportar reducciones en sus ventas.

Lo que si debemos ver es que estos formatos tradicionales tienen que adaptarse al nuevo entorno competitivo. Su alta resistencia a los embates del canal moderno no es infinita y, eventualmente, pueden llegar a desaparecer. En este sentido quizás vale la pena revisar las experiencias de México y Brasil, donde se ven tendencias opuestas.

En México, el canal moderno viene ganándole la batalla al canal tradicional. El canal moderno ha incorporado nuevos formatos (tiendas de conveniencia, establecimientos de hard discount y soft discount, entre otros) que satisfacen necesidades latentes de los consumidores. Por el contrario, el canal tradicional no ha tenido mayores avances en su esfuerzo de adaptación.

Por el contrario, en Brasil el canal tradicional, alentado por mayoristas y distribuidores (actores principales, cuya supervivencia depende del progreso de estos canales), se ha  modernizado y está haciendo retroceder al canal moderno. Es común ver que lo que antes era una bodega hoy es un mini market y con tecnología moderna. También se ve que las bodegas se han agrupado, formando centrales de compras y haciendo ofertas conjuntas.

¿Quién ganará con esta competencia en nuestro país? Desde la perspectiva actual, todo indica que el canal moderno; pero no podemos despreciar la capacidad de adaptación y la iniciativa de los miles de peruanos que son dueños de comercios tradicionales.

Bodegas, puestos de mercado, ferreterías y bazares, se verán obligados a elevar sus estándares de higiene, surtido y atención. Supermercados, tiendas de departamento y tiendas de mejoramiento del hogar, tendrán un gran cuidado para atender esas necesidades que hoy no atienden correctamente y que son bien cubiertas por el canal tradicional.

Al final, como siempre ocurre, la competencia hace que haya un gran ganador: el consumidor.


Alberto Haito Moarri
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Opinión / ¿Qué hay de cien pesos?




Carlos Eduardo Tijaro Gutiérrez
CIUDAD Y FUTURO


Detrás de esta desprevenida pregunta de un niño en una tienda de barrio, además de la inocencia se esconde un drama cruel que ha cobrado graves dimensiones en nuestro país: la cruda pobreza que, a pesar de los avances, alcanza cifras que preocupan y entristecen.
De esa pregunta se desprende también la pérdida de valor adquisitivo de nuestra moneda, el ínfimo presupuesto de las familias de los sectores más deprimidos de la sociedad y el agobiante incremento del costo de los productos básicos.
En la tienda de barrio se encuentran cada vez más, abundantes ejemplos de cómo la calidad de vida de muchas gentes se envilece a ritmo acelerado.
Solo así se explica que los diferentes productos alimenticios básicos, que ya contemplaban presentaciones con pequeñas cantidades con destino a los bolsillos más humildes, ni siquiera siendo los más económicos del mercado, estén ya al alcance de los mermados presupuestos de muchas familias colombianas.
Hoy es común ver en las tiendas aceite de cocina en improvisadas bolsitas plásticas por cien pesos, o pequeñas bolsas de leche de un cuarto de litro que antes jamás formaron parte del surtido de estos expendios, y que muestran cómo el mercado ha tenido que adecuarse gradualmente a las sumas ínfimas con las que escasamente cuentan estos compradores.
Y cada día es mayor el índice de familias que por falta de dinero no pueden consumir las tres comidas diarias.
Según los entendidos, se establece que una familia está en situación de pobreza cuando no alcanza a acceder a la canasta básica de bienes y servicios, y entra en el rango de la indigencia, si gastando todos sus ingresos en alimentos, no alcanzarían a adquirir los nutrientes que necesita el organismo para su funcionamiento normal.
Hoy, cerca de veinte millones de colombianos están en condición de pobreza y ocho millones en la indigencia, 3% más que hace 4 años.
Por otra parte, el coeficiente de Gini, diseñado para medir la desigualdad de ingresos, una cifra entre 0 y 1 donde 0 representa la perfecta igualdad de ingresos y 1 la completa desigualdad en la que una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno, marca para Colombia 0.59 ubicando al país como el de mayor desigualdad en América Latina.
He aquí otro gran reto para todos los estamentos de la sociedad, tanto públicos como privados.

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jueves, diciembre 10, 2009

"Tenemos la mirada puesta en el mercado de Brasil"

 

La periodista Paola Ochoa, directora de Hora de los Negocios y miembro de la mesa de trabajo de 6 a.m. de Caracol entrevista a Andrés González, gerente General de quala.

Quala es una de esas multinacionales colombianas que adora tener bajo perfil, pese a jugar en las grandes ligas: Vende más de 500.000 millones de pesos al año, tiene 3.200 empleados, comercializa 28 marcas y tiene fábricas en cinco países de América Latina.

Como si fuera poco, pelea de tú a tú con las grandes multinacionales del consumo masivo en el mundo, como Nestlé, Colgate, Unilever, Kraft, Nabisco o Procter & Gamble.

Sus marcas están en todos los rincones del país: Frutiño, Quipitos, Bonice, Instacrem, Doña Gallina, La Sopera, Ricostilla y muchas otras más. Su última conquista: el mercado de cuidado personal, con estrellas como los champús Savital y Ego.

Ahora, sus ojos están puestos en Brasil, un mercado cinco veces más grande que el colombiano. Hace tres meses, Quala montó una operación en Sao Paulo, para introducir una nueva marca en ese mercado: Ice-Gurt, un yogurt congelado similar al Yogoso.

Como si fuera poco, Quala fue galardonada la semana pasada como la mejor empresa para trabajar en Colombia. Según el último estudio de la multinacional Great Place to Work, no existe mejor lugar para trabar en el país como esta compañía, modelo de innovación en toda América Latina.

Felicitaciones por el premio a la mejor empresa para trabajar en Colombia...
Muchas gracias. Estamos felices los 3.200 empleados.

¿Con cuántos arrancaron?
Con siete empleados. Eso fue hace 28 años, en un garaje de veinte metros cuadrados. Era una bodega sobre la Avenida Boyacá, donde producíamos InstaCrem, nuestro primer producto en el mercado.

¿Qué presencia tienen hoy en Colombia?
Tenemos distritos en Bogotá, Cali, Medellín, Pereira, Bucaramanga y contamos con agencias de ventas tienda a tienda en 18 ciudades adicionales.

¿Y en cuántos países están presentes?
Tenemos plantas en México, República Dominicana, Venezuela y Ecuador. Y hace tres meses ingresamos al Brasil, que es nuestra gran movida del año.

¿En qué consiste exactamente ese negocio en Brasil?

A Brasil estamos entrando con un negocio de maquila. Creemos que es el modelo más adecuado para empezar en ese mercado, dado el tamaño de la operación.

¿Maquilar qué?

Nosotros estamos produciendo un producto que acá se conoce como Yogoso, pero que allá se llama Ice-Gurt. Es un yogurt congelado. Una compañía láctea brasilera nos lo produce y nosotros después lo empacamos y distribuimos, bajo nuestro propio esquema de distribución.

¿Exactamente en dónde?
En Sao Paulo tenemos la operación. Y en Campiña tenemos los maquiladores.

¿Vienen más productos?

Por ahora no tenemos nada más pensado para Brasil. Nuestros planes a corto plazo son dedicarnos a lograr el éxito con el yogurt.

¿Y en Colombia?

En Colombia estamos enfocados en tres negocios: refrescos en polvo, caldos y recientemente cuidado personal. En total, tenemos 28 productos.

¿Y cómo les ha ido en el mercado de cuidado personal?
Muy bien. Hoy somos la tercera compañía de champús del país, con nuestras marcas Ego, Savital y Frutive. En cremas dentales estamos de segundos, con nuestra marca Fortident.

Ese era un mercado reservado exclusivamente para las grandes multinacionales..

Hoy, entre champús y cremas dentales, ya somos el tercer jugador más grande del país, detrás de Unilever y Procter & Gamble.

¿No es un poco como David contra Goliat?
Lo digo con mucho orgullo y con mucho respeto: nosotros competimos con grandes compañías como Nestlé, Colgate o Unilever. La esencia de Quala es llevar productos muy innovadores, muy colombianos, para poder competir de tú a tú con esas firmas tan grandes y poderosas.

Incluso hasta los han copiado...
Sí, claro. Nosotros fuimos pioneros en el mundo con el caldo de costilla. Hoy ese producto lo comercializan las grandes multinacionales bajo las marcas Knorr o Maggi, en 30 países diferentes.

¿Qué se siente sacar a una multinacional de un mercado, como el caso de los refrescos en polvo?

Nuestro único competidor en ese mercado es Kraft y su marca Tang. Ellos retiraron a comienzos del año la línea Fresco Royal. Hoy somos dueños absolutos de ese mercado, con 97 por ciento de participación.

¿Qué participación tienen en el mercado de sopas y caldos?
En caldos somos los líderes del mercado desde hace un año, con un 45 por ciento de participación. Y en sopas tenemos 35 por ciento del total del mercado.

¿También se metieron al negocio de los condimentos?
En condimentos estamos con nuestra marca Del Fogón y, recientemente, compramos Sasoned.

No veo por ningún lado a BonIce o Quipitos...
Por supuesto que sí! BonIce es una unidad de negocios muy importante para nosotros y Quipitos es nuestra golosina por excelencia.

¿Cómo les ha ido en otros países, especialmente en Venezuela?
En Venezuela tenemos nuestra planta en Valencia. Allí estamos adaptando todos nuestros esquemas de negocios, para operar de la mejor manera con la restricción que hay en la frontera y con los pagos Cadivi. Es una operación que lleva más de 10 años y estamos haciendo todo lo posible por mantenerla.

¿Todo es qué?

Es un tema muy complejo, realmente no podría dar más detalles. Pasa por todas las estrategias de rentabilización, de operación y de disminución del riesgo al máximo.

¿Pero piensan quedarse?
Sí, claramente.

¿Cómo van en México?
México es uno de los mercados más interesantes para nosotros. Estamos muy esperanzados en tener una operación muy sólida y muy grande en el mediano plazo. En este momento, estamos ingresando con nuestras primeras marcas.

¿Cómo cuáles?
El año pasado, por ejemplo, lanzamos EGO, nuestro champú para hombres.
Es la primera marca que lanzamos de manera simultánea en México, Ecuador, Venezuela y Colombia. Son nuestros primeros pinitos como multinacional.

¿Han pensado en comprar compañías en estos países?
En esos países, no. En Colombia, sí estamos muy abiertos a contemplar otras estrategias de crecimiento diferentes al lanzamiento de marcas propias.

¿Están en conversaciones con alguien?
Por ahora no, pero estamos muy abiertos a comprar algo.

Hace unos meses se dijo lo contrario: que Quala estaba en venta y que la Compañía Nacional de Chocolates quería comprarla...
Falso de toda falsedad. Nosotros no estamos en venta. Por el contrario, estamos dichosos con nuestra empresa y con los nuevos planes de expansión e internacionalización.

Por sus respuestas, deduzco que 2009 fue un buen año para ustedes...
Fue un año bastante positivo. La verdad pensamos que iba a ser más apretado, pero afortunadamente vamos a exceder todos nuestros presupuestos. Según mis cálculos, vamos a tener un crecimiento en las ventas de dos dígitos, alrededor del 10 por ciento.

¿Y 2010 pinta mejor?
El año 2010 está apretado. Creemos que la crisis económica sigue ahí latente. Sin embargo, tenemos planes agresivos para seguir creciendo.

¿No han pensado en salir a Bolsa?

No. Nuestro manejo societario continuará siendo el mismo que tenemos hasta la fecha.

¿Ni siquiera a colocar bonos?
Nosotros estamos en una posición de financiamiento pequeño. Por ahora, no tenemos la necesidad de salir a conseguir crédito de manera masiva.

Por esta época, empieza la negociación entre grandes cadenas y proveedores. ¿Cómo pinta el pulso?
Nosotros tenemos excelentes relaciones con Exito, Carrefour y todas las cadenas. Por ahora no estamos pensando en ninguna negociación, pero seguramente el año entrante nos tocará sentarnos y llegar a una relación gana-gana con las cadenas.

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Ignacio Gómez Escobar
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miércoles, diciembre 09, 2009

La gran prueba o test de los alimentos que nos venden




 Amplio reportaje inglés sobre lo que anuncian las etiquetas y envases de productos, su contenido real, promesas cumplidas o incumplidas, pruebas científicas que los avalan. Reportaje no emitido (por alguna razón) en ninguna de nuestras TV´s hispanohablantes. ConsumoTV se lo traduce, comenta, facilita. Solo aqui.



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Cencosud contará con cuatro Easy en Colombia



 Empresas

Doblar su presencia en Colombia en el corto plazo es la meta de Easy.

Esto ya que la división de homecenter del holding Cencosud prevé la apertura de otros dos centros de mejoramiento para el hogar durante el próximo año en ese país.

Cabe recordar que hace un par de semanas la empresa anunció la apertura de su segunda tienda en el país cafetero, con una inversión estimada de US$ 21 millones. Según comentó el presidente de Cencosud, Horst Paulmann, la semana pasada, se prevé para febrero la inauguración de un tercer punto de venta en ese país y para mayo, un cuarto, lo que está contemplado dentro del plan de inversiones de US$ 700 millones de la compañía para 2010.

El gerente general Corporativo de Cencosud, Daniel Rodríguez comentó al diario colombiano  Portafolio que están satisfechos con su primer año de operación en ese país.

“Esta acogida le ha dado la razón a la confianza de los accionistas en el mercado colombiano. No se equivocaron cuando pusieron sus ojos en este país y en su sólido manejo económico” manifestó el ejecutivo.

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El poder del Hábito



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Los expertos aseguran que más de un 90% de nuestras acciones cotidianas son guiadas por el
inconsciente. Respiramos de forma automática, caminamos, conducimos nuestro coche hasta el destino mientras llamamos por teléfono... Nuestra parte inconsciente realiza una serie de tareas y decisiones, que ocurren casi de forma automática sin ocupar nuestra parte consciente. Nuestro cerebro está diseñado para adquirir hábitos, repetir tareas simples, seguir patrones estables de comportamiento.

En mi opinión el hábito es posiblemente el gran reino a conquistar por las marcas. Conseguir que los consumidores hagamos cosas prácticamente sin pensarlas es como ganarse la confianza de nuestros cerebros para que nunca más se pregunten si ésta marca es la mejor opción y simplemente automaticemos la toma de decisiones.
Consultar "Google" de forma habitual, consumir coca-cola, no cambiar de procesador de texto porqué nos da pereza "reaprender" uno nuevo...el mundo del Marketing está lleno de ejemplos de los que han conseguido generar un hábito. 
Paradójicamente la piedra filosofal del "Marketing de toda la vida" no es el hábito, sino la satisfacción. Desde que aprendemos la disciplina nos inculcan que lo más importante es conseguir la satisfacción del cliente. Por desgracia la satisfacción no suele ser un indicador de la repetición en muchos casos. Estamos satisfechos con nuestra marca de coches, pero cambiamos a otra. Estamos satisfechos con un restaurante hasta que nos sorprende uno mejor, satisfechos hasta con nuestro Banco hasta que otro nos da mejores condiciones...
Ya hace años y en este mismo blog compartía con todos mis comentarios críticos hacia la satisfacción de clientes. Hoy además me acabo de leer uno de los mejores libros que conozco sobre el tema.
En "Habit, the 95% of behavior Marketers Ignore" el Dr Neale Martin critica muy duramente porqué el Marketing sigue centrándose en exceso en la parte consciente, en los procesos cognitivos, en la satisfacción de clientes como si constantemente estuviésemos valorando todas las opciones. Centrarse en conseguir generar hábitos implica hacer mejor investigación de mercados (basada en actitudes inconscientes), mejor desarrollo de productos (basada en la simplicidad) y por supuesto mejor comunicación (que muchas veces rompe un hábito consiguiendo el efecto contrario). Según Martin el Marketing es un proceso parecido al de entrenar animales a base de estímulos y recompensas adecuadas que fomenten poco a poco determinados patrones automatizados. Sin duda un tema suficientemente transgresor e interesante para debatir y profundizar en mi teoría de que esto va de "enseñar a comprar". Estoy abierto a cualquier trabajo académico o profesional que complete algunas de estas visiones porqué sigo convencido que desarrollar marcas para que generen hábitos es uno de los modelos a trabajar en el futuro.
El Neuromarketing está muerto, larga vida al hábito.
Acepto apuestas.

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Ignacio Gómez Escobar
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EE. UU.: La revolución de "ALDI": de marca propia a marca de gran poder global.- DRC Discount Retail Consulting GmbH

  EE. UU.: La revolución de "ALDI": de marca propia a marca de gran poder global. DRC Discount Retail Consulting GmbH La cadena de...