jueves, marzo 19, 2009

La crisis cambia la visión del cliente y lo aleja del "consumo ostentoso"







miércoles, 18 de marzo de 2009
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El mercado global sufrió un cambio y la época donde era justo darse un gustito llegó a su fin
.
El consumidor se fija cada vez más en el valor del producto y está decidido a cambiar marca y calidad por precio. Según los expertos, los hábitos durarán aún cuando el mundo empiece a estabilizarse. La crisis cambia la visión del cliente y lo aleja. El crac económico que traspasó las fronteras de Estados Unidos y que ya está haciendo ruido en Europa y Latinoamérica comienza a dejar sus huellas en un mercado de consumo que, hasta ahora, gozaba de viento a favor.
Según un informe de Wharton, los hábitos de los consumidores están cambiando y empiezan a desaparecer las frases como “yo me lo merezco”, “consumo ostentoso” y la “era dorada del lujo”.

La tendencia ya es clara en EE.UU., y está definiendo no solo lo que los consumidores americanos compran, sino también cómo entienden la experiencia de compra.

Si bien en normal que en época de crisis cambien los hábitos, según los expertos se notan modificaciones más fuertes en la experiencia de compra y está podrán perdurar por un período de tiempo más largo, aún finalizada la crisis.

“El consumidor terminará gastando de nuevo, pero sin el mismo ánimo proporcionado por el crédito fácil de los frenéticos años 2000”, explicaron los profesionales de Wharton. En Argentina, esa época de la compra a plazo con financiaciones sin interés acaba de ocurrir hace muy poco tiempo, y aún es anhelada por algunos sectores.

Cuidar el bolsillo
Wesley Hutchinson, profesor de Marketing de Wharton, sostiene que en los próximos 18 meses el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud incluso después de que se estabilice la economía.

“En cierto sentido, todo el mundo sabe ahora alguna cosa sobre los mercados financieros y el uso abusivo del crédito personal: en esa materia, el consumidor americano siempre ha mostrado ser un pésimo alumno. Teníamos el hábito de no prestar mucha atención al coste del dinero prestado”, comentó.

Hasta recientemente había una idea de merecimiento a la que las personas se encariñaban. Se trataba de una idea construida sobre la creencia de que el consumidor trabajaba duro y, por tanto, tenía el derecho de disfrutar de lo mejor para compensar el tiempo y la energía que dedicaba a ganar dinero.

Sin embargo, “el consumidor que aprendió a comprar productos más caros en épocas de prosperidad, ahora está aprendiendo a comprar productos más baratos”, explicó Stephen Hoch, profesor de Marketing de Wharton.

Los expertos sostienen que la gente se dio cuenta de que estaba gastando demasiado dinero en productos y servicios caros cuando había alternativas más baratas con poca pérdida real de calidad o satisfacción. “Muchos consumidores lamentan tener tantos gastos. Hoy, ellos están descubriendo un nuevo sentido de bienestar en esa actitud más exigente. El valor de las cosas se convertirá en un elemento cada vez más importante”, dice Hoch.

Adiós a los zapatos por u$s1.200
Erin Armendinger, directora gerente del Proyecto de Comercio Jay H. Baker de Wharton, dice que las personas “realmente han cambiado después de lo que ha sucedido. No creo que vuelvan a gastar como antes, por lo menos no de momento”.

El consumidor ha cortado drásticamente los gastos, no porque quisiera, sino porque las gestoras de tarjetas de crédito y otras instituciones crediticias retiraron el aval que daban a la fiesta de consumo que alimentó el colapso financiero actual. La interrupción de la expansión del crédito ha sido un duro golpe para el consumidor, que se ha visto obligado a retroceder y a revaluar su actitud en relación a los gastos que hacía.

En el futuro, el consumidor va a aprender que es importante comprender el valor de los bienes y servicios. Armendinger cita como ejemplo de esa nueva actitud los zapatos de firma. "Hace cinco años, los zapatos de marca se podían vender a u$s300 y hasta a u$s500. Antes de la crisis económica, el consumidor enamorado de los zapatos —impulsado por el crédito fácil y por una sensación de riqueza recién descubierta procedente de la revalorización del mercado bursátil y de los bienes inmuebles— llegó a pagar 800 y hasta u$s1.200 por un par de zapatos".

Según Paco Underhill, consultor especializado en el consumidor y autor de Por qué compramos: la ciencia de comprar, la reacción psicológica al derrumbe de las finanzas varía según la edad y la renta, aunque, de modo general, el estado de ánimo del consumidor está claramente tocado. “El nivel de depresión es general. Estamos atravesando una época extremadamente sombría. Espero que eso nos haga reflexionar mucho”.

Underhill describe lo que para él serían tres segmentos de consumo actuales divididos no por el nivel de renta, sino por la seguridad que proporciona:

* Un grupo está constituido por aquellos que perdieron el empleo y están en fase de declive. En el caso de la esposa de un banquero de Wall Street, eso tal vez signifique suspender las visitas semanales a la peluquería y a la manicura, mientras que para un trabajador de General Motors, que ha visto recortados sus beneficios, tendrá una mayor dificultad para pagar la hipoteca de la casa. “Para ellos, se trata de un acontecimiento traumático que no distingue entre clases económicas”, dice Underhill.

* Los que se encuentran en el segundo grupo no corren el riesgo inmediato de perder el empleo, pero tienen amigos o parientes desempleados. Esos consumidores, dice Underhill, están evitando gastar como medida preventiva. Ellos siguen gastando, pero ahora se sienten orgullosos de comprar a precios más baratos.

* Un tercer grupo prácticamente no se ha visto afectado por la crisis. Los individuos de ese grupo ya han pagado sus hipotecas y, aunque su cartera de inversiones pueda que se haya deteriorado fuertemente, aún cuentan con una buena protección. A pesar de eso, ese grupo también decidió gastar menos, porque entregarse al consumo ostentoso no parece una buena idea en un momento en que tanta gente pasa por dificultades.

Impacto según la edad
El cambio de la psicología del consumidor también afecta a los diferentes grupos de edad. Para la Generación Y, nacidos después de 1978, la crisis ha tenido un impacto mayor que el 11 de septiembre. "Éste es el primer trauma financiero de sus vidas. Ellos nacieron creyendo que el capital y los gastos eran ilimitados. Muchos se han quedado aturdidos. No tienen ni idea de lo que es un presupuesto”, explican los expertos.

Será curioso observar de qué manera va a reaccionar esa generación, añade Underhill, destacando que la Generación Y puede no aceptar los hechos durante algún tiempo, o podrían hacer frente a la crisis con un nuevo conjunto de opciones de consumo como, por ejemplo, la llamada “moda descartable” de Zara y de otros minoristas. Además de eso, dice, los padres de esa generación parecen dispuestos a recibirlos nuevamente en casa en caso de que se encuentren en una situación financiera más grave.

Para la Generación X —nacidos entre 1965 y 1977—, el gran problema es la devaluación de la casa en propiedad. Quien compró casa alrededor de 1995 con financiación hipotecaria de largo plazo aún puede contar, probablemente, con un cierto montante, que es producto del valor del inmueble menos el valor de la hipoteca debida. “Pero si compró su casa en 2005, o la intercambió por otra de mayor valor, su situación no es nada buena”, dice Underhill.

Los baby boomers, generación nacida en la posguerra, también se han visto sorprendidos por la caída del valor de sus casas. “Ellos se olvidaron de ahorrar, y creyeron que sus casas los salvarían”. Para esa generación, la idea de jubilación dejará de ser un periodo dorado de lujo; en vez de eso, va a adquirir aires más modestos de un estilo de vida semejante al de los años en los que aún trabajaban.

Secuelas
Carl Steidtmann, economista jefe y director de Negocios del Consumidor de Deloitte Research, destaca que la Gran Depresión, asociada a la Segunda Guerra Mundial, tuvo como resultado 15 años de restricción de gastos para el consumidor. En primer lugar, en virtud de la contracción económica y, después, en razón del racionamiento propio del esfuerzo de guerra.

Para Steidtmann, la crisis actual, desencadenada en diciembre de 2007, comenzará a perder fuerza a finales de este año, y no deberá tener el impacto prolongado que tuvo sobre el consumidor en la Gran Depresión.

Según su análisis, el impacto más duradero de la crisis actual tal vez tenga lugar en el segmento de propietarios de inmuebles residenciales, que se encuentran bajo enorme presión de la deuda hipotecaria. "Espera la llegada de una mentalidad de inquilino en el mercado de la vivienda, es decir, con menos énfasis en la posibilidad de usar el inmueble como vehículo de inversión.

Adémás agregó que en toda recesión, existe la hipótesis de que el consumidor sea castigado y que pase a vivir después de eso la vida simple de los monjes. “Eso todavía no ha ocurrido”, finalizó.

Fuente: Infobaeprofesional.com


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Ignacio Gómez Escobar
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Activos tóxicos


Opinión



Es común encontrar en los balances de importantes compañías una serie de bienes que no le añaden valor a nada y que por el contrario se encargan de deteriorar los indicadores de rentabilidad.

El último término que se inventaron algunos personajes de los altos círculos académicos y económicos en el mundo ha sido el de ‘activos tóxicos’. De ello se habló por primera vez para describir las pésimas inversiones que efectuaron los directivos de algunos importantes bancos estadounidenses. Y lo han puesto tan de moda que ya es común escucharlo en cualquier conversación o leerlo en todos los periódicos del mundo, incluido por supuesto Colombia, como si se tratara de algo común y corriente. Así como los médicos, ingenieros o abogados todos los días nos descrestan con terminología nueva y rebuscada, esta vez los economistas, que tampoco lo hacemos mal, le agregamos a la jerga de las finanzas un concepto bastante novedoso.
Y a propósito, ¿usted sabe qué son los activos tóxicos? Para comprender un poco mejor el tema, vale la pena recordar el origen del mismo. Está claro que el detonante de la grave situación económica que vive el mundo en la actualidad fue la crisis hipotecaria en Estados Unidos, generada a su vez por la feria de crédito hipotecario que hicieron los bancos en ese país y que trajo como consecuencia que el precio de la vivienda se pusiera por las nubes. Y recordemos también que estos generosos bancos, después de prestarle hasta al perro y al gato, empaquetaron todos estos préstamos y los endosaron (léase vendieron) a otros bancos y entidades financieras que los compraron con la esperanza de ganar mucho dinero y de paso generar ‘bonos recompensa’ para sus directivos.
Pues bien. Como en este mundo gracias a Dios existe la ley natural de la compensación, pasó lo que tenía que pasar y la burbuja se reventó. Los clientes ‘mala paga’ dejaron de cumplir con las cuotas de su crédito hipotecario; el precio de la vivienda volvió a ubicarse en los niveles normales y aquellos bancos que alegremente compraron los ‘paquetes hipotecarios’ se quedaron en sus balances con unos activos que no valen nada. Y lo que es peor aún, que les generaron pérdidas multimillonarias que a muchos llevó a la quiebra. De allí nació el término de activos tóxicos.
Pero separándonos un poco del origen del término y de la trillada crisis financiera internacional, en la práctica podemos afirmar que en la mayoría de empresas abundan los activos tóxicos. Es común encontrar en los balances de importantes compañías una serie de bienes que no le añaden valor a nada y que por el contrario se encargan de deteriorar los indicadores de rentabilidad. Y el caso es muy sencillo: si una empresa está llena de activos improductivos, llámense inventarios, cuentas de difícil cobro, bienes muebles o inmuebles, que no son involucrados en la operación del negocio pero que sí hacen parte del balance, al final del ejercicio los famosos indicadores de ROA y EVA van a verse afectados negativamente. Pero no entremos en temas complicados hoy.
Más bien vamos a lo cotidiano. Cualquiera de nosotros, a la hora de la verdad, está lleno de activos tóxicos. Muchos bienes suntuarios que sólo nos generan gastos; el segundo vehículo que sólo se utiliza para salir de paseo el fin de semana, pero que igual genera impuestos y mantenimiento; algunas vacaciones compartidas, etc. Reflexione tranquilamente y se dará cuenta de la larga lista de activos tóxicos que tiene. ¡Ah! y ojalá no le suceda lo mismo que a los bancos gringos.


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miércoles, marzo 18, 2009

Arturo Calle, elegido Empresario del Año

















El próximo dos de abril de 2009 en el Club El Nogal el diario La República hará entrega de la distinción Empresario del Año al señor Arturo Calle. Este galardón es el sexto que el medio de comunicación otorga a un empresario colombiano como reconocimiento a la labor de negocios desarrollada en pro del beneficio económico del país, el impacto en su gestión social y la generación de empleo, factores que sin duda alguna le permitieron a Arturo Calle su elección como Empresario del Año.

La labor en la Fundación que lleva su nombre, en la cual trabaja para superar las causas de la pobreza, para promover la construcción de una sociedad más justa y próspera, brindando apoyo económico a programas orientados al desarrollo social del país, son una muestra clara de su aporte al desarrollo de la economía colombiana.

Arturo Calle, un hombre humilde, perseverante y honesto, es catalogado en Colombia como el número uno de la moda masculina. Sus 48 años de trabajo le han permitido ganarse el respeto y uno de los mejores puestos de la industria de la confección en la nación.

Calle tiene proyectado establecer su marca en India, Canadá, Oriente Medio, Centroamérica y Suramérica, así como lanzar una línea de ropa femenina.

Para el próximo año, la marca Arturo Calle estará en todo el territorio colombiano, garantizándoles a sus clientes el mejor servicio y cumplimiento, y aportando su mejor vocación de generación de empleo en el sector de las confecciones para que algún día uno de sus mayores sueños desaparezca, la indiferencia social.

Metodología de elección

El Empresario del Año es elegido a través de un proceso de identificación por parte del equipo de redacción del Diario La República de los hombres de negocios que fueron noticia durante el año.

Este listado es entregado a la empresa Invamer Gallup, firma que a través de una encuesta a 200 presidentes y gerentes de las compañías de las principales ciudades del país, selecciona los diez más destacados y el de mayor puntaje es escogido Empresario del Año.

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martes, marzo 17, 2009

La estrategia de Olímpica








Supertiendas Olímpica en Medellín.
Foto: Archivo Semana
Supertiendas Olímpica en Medellín.
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03/17/2009

Cómo maneja su estrategia para enfrentar la crisis la tercera cadena comercial más grande del país. Precios y compras de empresas encabezan la lista.

¿Cómo competirá la cadena de supermercados Olímpica este año? Este negocio vende en Colombia algo más de $2,7 billones en el país, una cifra no muy lejana a la de Carrefour, que ocupa el segundo lugar en ventas en el país y bastante mayor que las de Alkosto y La 14 que le siguen en la tabla en el cuarto y quinto lugar.

Al parecer Olímpica escogió dos estrategias típicas para tiempos de dificultades. Vender con descuentos y crecer por adquisiciones.

“Nuestro lema es precios bajos, siempre”, explica Carlos Barrera, gerente de la operación de la empresa en Bogotá. El crecimiento la cadena este año se moverá mucho sobre esta estrategia.

Los eventos mensuales en los que hay descuentos especiales, son una parte del plan. Además la tarjeta de fidelización les permite a sus tenedores acceder a mejores precios.

Una segunda opción, menos visible sería el de la compra de empresas. La cadena tiene una larga historia de crecimiento por adquisiciones. Compró La Galería en Cali, Euro Supermercados de Sincelejo y once establecimientos del Éxito y Carulla en 2007. Luego La Canasta del Norte y Merkando a final del año pasado y La Economía en La Virginia, Risaralda, en febrero. Al parecer se verán más jugadas de esta naturaleza este año siempre que haya alguna oportunidad interesante.

Por ejemplo, los observadores del mercado encuentran que Olímpica no ha llegado aún a Bucaramanga y Cúcuta, que pueden ser dos ciudades perfectas para nuevas aperturas o compras.

Desde 2005 Olímpica tiene una operación en Costa Rica en el supermercado Megasuper. No hay decisiones claras sobre expansiones en el exterior, pero la puerta no está cerrada. “Si hay oportunidades de compra las evaluaríamos”, dijo Carlos Barrera.

Con los proveedores
Los proveedores no deberían ver cambios fuertes en la política de compras de Olímpica. “Somos aliados. Indiscutiblemente los invitaremos a todos los eventos”, dijo Barrera.

Pero a la vez, el supermercado continuará fortaleciendo su programa de marcas propias. Hoy deriva cerca del 7% de sus ingresos de la venta de productos con su marca. Este año tratarán de ampliar este porcentaje en muy buena parte de las categorías que manejan, incluyendo además de alimentos, textiles, electrodomésticos y elementos de aseo.

También puede haber una variación en la composición del portafolio de productos importados, que han subido de precio por efecto de la devaluación. Pero, como lo advierte Carlos Barrera, ese cambio en la composición de su oferta de productos depende completamente de lo que quiera el consumidor. Si siguen comprando importados, no habrá modificaciones.



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La crisis cambia la mentalidad del consumidor






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Atención consumidores: están agotados los siguientes productos: “idea de merecimiento”, “consumo ostentoso” y una “era dorada de lujo”. Por lo menos es lo que dicen los profesores de Wharton y otros expertos que apuntan a una nueva lógica que está definiendo no solo lo que los consumidores americanos compran, sino también cómo entienden la experiencia de compra.

Aunque el consumidor acostumbre a retraerse durante la fase baja de cualquier ciclo económico, la gravedad y las incertidumbres de la crisis actual tendrán mayores efectos prolongados en sus actitudes que en crisis anteriores, observan los expertos. El consumidor, dicen, acabará gastando de nuevo, pero sin el mismo ánimo proporcionado por el crédito fácil de los frenéticos años 2000.

“La Gran Depresión cambió el comportamiento del consumidor y sus actitudes durante toda una generación”, observa Wesley Hutchinson, profesor de Marketing de Wharton. “Es pronto para saber si la crisis actual dejará la misma cicatriz psicológica, pero hay un precedente de un gran cambio”.

En los próximos 18 meses, prevé Hutchinson, el consumidor aprenderá a comportarse de manera más frugal y no abandonará esa actitud incluso después de que se estabilice la economía. “En cierto sentido, todo el mundo sabe ahora alguna cosa sobre los mercados financieros y el uso abusivo del crédito personal: en esa materia, el consumidor americano siempre ha mostrado ser un pésimo alumno. Teníamos el hábito de no prestar mucha atención al coste del dinero prestado”.

Stephen Hoch, profesor de Marketing de Wharton, cree que el consumidor trabaja ahora con una nueva lógica. “Hasta recientemente, había una idea de merecimiento a la que las personas se encariñaban”, dice él. Se trataba de una idea construida sobre la creencia de que el consumidor trabajaba duro y, por tanto, tenía el derecho de disfrutar de lo mejor para compensar el tiempo y la energía que dedicaba a ganar dinero. Los profesionales de marketing de bienes de lujo promovieron el tema del “merecimiento” con mucha vehemencia, aunque hoy hayan abandonado prácticamente el asunto.

El consumidor que aprendió a comprar productos más caros en épocas de prosperidad, ahora está aprendiendo a comprar productos más baratos, añade Hoch. Se han dado cuenta de que estaban gastando dinero en productos y servicios caros cuando había alternativas más baratas con poca pérdida real de calidad o satisfacción. Muchos consumidores lamentan tener tantos gastos. Hoy, ellos están descubriendo un nuevo sentido de bienestar en esa actitud más exigente. “El valor de las cosas se convertirá en un elemento cada vez más importante”, dice Hoch. “Las personas van a percibir que ésa es una actitud inteligente”.

Zapatos de 1.200 dólares

Erin Armendinger, directora gerente del Proyecto de Comercio Jay H. Baker de Wharton [Jay H. Baker Retailing Initiative], dice que las personas “realmente han cambiado después de lo que ha sucedido. No creo que vuelvan a gastar como antes, por lo menos no de momento”. El consumidor, dice ella, ha cortado drásticamente los gastos, no porque quisiera, sino porque las gestoras de tarjetas de crédito y otras instituciones crediticias retiraron el aval que daban a la fiesta de consumo que alimentó el colapso financiero actual. La interrupción de la expansión del crédito ha sido un duro golpe para el consumidor, que se ha visto obligado a retroceder y a revaluar su actitud en relación a los gastos que hacía.

En el futuro, el consumidor va a aprender que es importante comprender el valor de los bienes y servicios, dice ella, y cita como ejemplo de esa nueva actitud los zapatos de firma. Hace cinco años, los zapatos de marca se podían vender a 300 y hasta a 500 dólares. Antes de la crisis económica, el consumidor enamorado de los zapatos —impulsado por el crédito fácil y por una sensación de riqueza recién descubierta procedente de la revalorización del mercado bursátil y de los bienes inmuebles— llegó a pagar 800 y hasta 1.200 dólares por un par de zapatos.

“¿Hubo un aumento del 100% en la proposición de valor? La respuesta es, probablemente, ‘no’”, dice Armendinger. “Todo el mundo participó en un ciclo de consumo ostentoso. Todos querían lo más nuevo, lo más moderno, lo mejor”.

Ahora, dice, esa “mentalidad insensata” ha desaparecido, y el consumidor quiere pagar sólo por cosas que necesita, o por productos de valor realmente extraordinario. “Volvemos a una época más simple, sin embargo el péndulo va a parar en algún punto intermediario del recorrido. Somos un país que, a lo largo de la historia, siempre ha comprado más de lo que necesitaba. Vamos a volver a un punto en el que compraremos nuevamente más de lo que estamos comprando ahora”. Con relación a los tiempos precrisis “de gastos abusivos, esa época ya no volverá, por lo menos no de momento”.

Según Paco Underhill, consultor especializado en el consumidor y autor de Por qué compramos: la ciencia de comprar, la reacción psicológica al derrumbe de las finanzas varía según la edad y la renta, aunque, de modo general, el estado de ánimo del consumidor está claramente tocado. “El nivel de depresión es general. Estamos atravesando una época extremadamente sombría. Espero que eso nos haga reflexionar mucho”.

Underhill describe lo que para él serían tres segmentos de consumo actuales divididos no por el nivel de renta, sino por la seguridad que proporciona. Un grupo está constituido por aquellos que perdieron el empleo y están en fase de declive. En el caso de la esposa de un banquero de Wall Street, eso tal vez signifique suspender las visitas semanales a la peluquería y a la manicura, mientras que para un trabajador de General Motors, que ha visto recortados sus beneficios, tendrá

una mayor dificultad para pagar la hipoteca de la casa. “Para ellos, se trata de un acontecimiento traumático que no distingue entre clases económicas”, dice Underhill.

Los que se encuentran en el segundo grupo no corren el riesgo inmediato de perder el empleo, pero tienen amigos o parientes desempleados. Esos consumidores, dice Underhill, están evitando gastar como medida preventiva. Ellos siguen gastando, pero ahora se sienten orgullosos de comprar a precios más baratos.

Un tercer grupo prácticamente no se ha visto afectado por la crisis. Los individuos de ese grupo ya han pagado sus hipotecas y, aunque su cartera de inversiones pueda que se haya deteriorado fuertemente, aún cuentan con una buena protección. A pesar de eso, ese grupo también decidió gastar menos, porque entregarse al consumo ostentoso no parece una buena idea en un momento en que tanta gente pasa por dificultades. Pero, prosigue Underhill, los individuos de ese grupo continúan viajando a lugares donde se sienten razonablemente seguros de gastar sin llamar la atención.

El cambio de la psicología del consumidor también afecta a los diferentes grupos de edad, dice Underhill. “Para la Generación Y [nacidos después de 1978], la crisis ha tenido un impacto mayor que el 11 de septiembre. Éste es el primer trauma financiero de sus vidas. Ellos nacieron creyendo que el capital y los gastos eran ilimitados. Muchos se han quedado aturdidos. No tienen ni idea de lo que es un presupuesto”.

Será curioso observar de qué manera va a reaccionar esa generación, añade Underhill, destacando que la Generación Y puede no aceptar los hechos durante algún tiempo, o podrían hacer frente a la crisis con un nuevo conjunto de opciones de consumo como, por ejemplo, la llamada “moda descartable” de Zara y de otros minoristas. Además de eso, dice, los padres de esa generación parecen dispuestos a recibirlos nuevamente en casa en caso de que se encuentren en una situación financiera más grave.

Para la Generación X —nacidos entre 1965 y 1977—, el gran problema es la devaluación de la casa en propiedad. Quien compró casa alrededor de 1995 con financiación hipotecaria de largo plazo aún puede contar, probablemente, con un cierto montante, que es producto del valor del inmueble menos el valor de la hipoteca debida. “Pero si compró su casa en 2005, o la intercambió por otra de mayor valor, su situación no es nada buena”, dice Underhill. Los baby boomers [generación nacida en la posguerra] también se han visto sorprendidos por la caída del valor de sus casas. “Ellos se olvidaron de ahorrar, y creyeron que sus casas los salvarían”. Para esa generación, la idea de jubilación dejará de ser un periodo dorado de lujo; en vez de eso, va a adquirir aires más modestos de un estilo de vida semejante al de los años en los que aún trabajaban.

Para lidiar psicológicamente con esos cambios se necesita una educación mejor y un proceso de aprendizaje financiero, dice Underhill. “Es importante que las personas sepan que no existen compras en la vida capaces de cambiar a alguien —ni una barra de labios, ni un iPhone, ni una nueva Chevy. Nada puede transformarlos en alguien que no éramos antes de efectuar la compra”.

Para Leonard Lodish, profesor de Marketing de Wharton, los americanos tal vez tengan fama de apreciar mucho las cosas materiales, pero su deseo de consumo ya no es característico de ellos en comparación con cualquier otro ser humano. Los franceses, dice, acuñaron el término “prestigio”, mientras que los japoneses, y ahora los chinos, ostentan niveles explosivos de consumo post-industrial.

No son los profesionales de marketing, dice Lodish, los que accionan el gatillo del consumismo. Ellos simplemente reaccionan a un deseo que viene de dentro de las personas. “Es muy difícil crear una necesidad innata. Eso es consecuencia de la interacción entre sociedad, valores y normas de la cultura”.

Montañas de ketchup

Armendinger llama la atención sobre otro impacto en los patrones de compras: la existencia de espacio suficiente para almacenar todas las compras hechas. El consumidor americano parece ocupar el primer lugar en la fila mundial del consumo, en parte porque dispone de tierra suficiente para construir casas amplias y locales para guardar todas sus pertenencias. “En resumen, tenemos demasiadas cosas”, dice ella. En Europa y en las economías emergentes, como India, el deseo de consumir existe, pero no se compara a la capacidad que tiene el americano de amontonar cosas. “No se ve en esos países la mentalidad de Costco de apilar papeles higiénicos o frascos enormes de ketchup, ya que las personas no disponen de ese espacio físico”.

Carl Steidtmann, economista jefe y director de Negocios del Consumidor de Deloitte Research, destaca que la Gran Depresión, asociada a la Segunda Guerra Mundial, tuvo como resultado 15 años de restricción de gastos para el consumidor. En primer lugar, en virtud de la contracción económica y, después, en razón del racionamiento propio del esfuerzo de guerra. Para Steidtmann, la crisis actual, desencadenada en diciembre de 2007, comenzará a perder fuerza a finales de este año, y no deberá tener el impacto prolongado que tuvo sobre el consumidor en la Gran Depresión.

Él dice que el impacto más duradero de la crisis actual tal vez tenga lugar en el segmento de propietarios de inmuebles residenciales, que se encuentran bajo enorme presión de la deuda hipotecaria. Él añade que espera la llegada de una “mentalidad de inquilino” en el mercado de la vivienda, es decir, con menos énfasis en la posibilidad de usar el inmueble como vehículo de inversión. Pero no se debe esperar de los nómadas modernos que apilen su mobiliario adquirido en Pottery Barn en sus SUVs a medida que abandonan sus McMansiones. “En toda recesión, existe la hipótesis de que el consumidor sea castigado y que pase a vivir después de eso la vida simple de los monjes”, dice Steidtmann. “Eso todavía no ha ocurrido”.

Él recuerda un reportaje de Time de junio de 2001, en periodo de desaceleración económica, titulado “La vida simple: adiós al deseo de tenerlo todo”. El artículo decía, entre otras cosas: “Después de diez años de alegrías, de sueños ambiciosos y de un consumismo impío, los americanos están comenzando a comprar cosas más baratas. Ellos quieren reducir su apego a los símbolos de estatus, las carreras meteóricas y las grandes expectativas de Tenerlo Todo. Sale el lujo y entra la prudencia. Los yuppies pertenecen a una civilización distante. Mostrar que tiene dinero ahora es considerado de mal gusto: ¡si lo tiene, por favor guárdeselo para sí mismo —o distribuya un poco!”

¿Le recuerda alguna cosa?

David Reibstein, profesor de Marketing de Wharton, observa que la angustia actual respecto al gasto del consumidor le hace acordarse de las recesiones de 2001 y de 1991. En ambos extremos de cualquier ciclo económico —en sus altos y bajos— se suele decir que en los ciclos de subida todo el mundo cree que el estatus quo nunca va a cambiar, mientras que durante los periodos de bajada, todo el mundo cree que la vida que vivíamos jamás volverá a ser la misma. “Entre un periodo y el otro, existe siempre esa preocupación”, dice él. “Lo que me impresiona es nuestra capacidad de adaptación”.

Reibstein se acuerda de las semanas y los meses que siguieron a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando parecía que nadie jamás tendría el coraje de volver a subirse en un avión. En el momento en que la crisis actual forzó la reducción de la demanda, el volumen de viajes aéreos había vuelto a la normalidad. “Va a tardar mucho tiempo para que superemos la crisis actual en virtud de la severidad y de la profundidad de ese ciclo”, dice Reibstein, “pero en cuanto la superemos, será fantástico observar la rapidez con la que las personas van a recuperarse de todo lo que han pasado”.

Gradualmente, añade, a medida que los choques económicos actuales sean absorbidos, las personas comenzarán a invertir nuevamente y, con mucha cautela, van a aumentar su volumen de compras. La confianza se fortalecerá en la medida en que las pérdidas de puestos de trabajo se estabilicen y haya nuevas contrataciones, dice. “Es todo una cuestión de tiempo”.



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Carrefour lanzará una nueva marca más económica

Perú Retail: Carrefour lanzará una nueva marca más económica



El grupo minorista francés tiene previsto lanzar una gama de productos a bajo precio que competirá directamente con la marca propia de Tesco, incluso con un nombre similar.

En el marco de la entrevista realizada a Lars Olofsson, el ejecutivo adelantó la creación de una nueva marca “Carrefour Value”, mientras que Tesco posee Tesco Value. El objetivo directo es la competencia con el discounter alemán Lidl.

La nueva línea contará con hasta 2.000 nuevas referencias de marca propia que ofrecerán un packaging sencillo, con paquetes de color blanco buscando mejorar su imagen en precios y competir con los supermercados más baratos.

Carrefour se había instalado en el concepto de los consumidores como uno de los supermercados más caro y de mayor calidad. Con la crisis, los compradores cambiaron a los supermercados de descuento.




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¿Quién compra dónde?: las claves del geomarketing para sortear la crisis

Perú Retail: ¿Quién compra dónde?: las claves del geomarketing para sortear la crisis


El consumidor está atento a los cambios del mercado y convencerlo para que realice una compra no es tarea fácil. No sólo hay que llegar a él, sino resultarle atractivo y útil. Marcela Seggiaro, de la consultora de marketing de Paradigma Sociedad de Soluciones, describe siete pasos a tener en cuenta

El consumidor es cada vez es más complejo, tiene abundante información y menos tiempo para decidir.

Entonces, se convierte en una herramienta clave saber cómo aprovechar y rentabilizar la red de distribución a partir de estrategias de localización que identifiquen los mejores puntos de venta y servicio.Las nuevas tecnologías, los procesos de concentración empresarial, los cambios en los hábitos de consumo y la aparición de nuevos formatos, han generado en los últimos años una verdadera revolución en el mundo de la distribución comercial.Las tendencias de consumo definen un cliente con más información, mayor nivel de gasto, con menos tiempo y más difícil de satisfacer. En este sentido, la oferta de productos responde a la convergencia de soluciones con formatos que resuelven las necesidades de un consumidor cada vez más complejo. El consumidor tiene mayor movimiento, cambia sus preferencias y modifica su radio de transacciones constantemente. Entonces debemos saber:
¿Dónde vive?
¿Dónde compra?
¿Por dónde transita?
¿Cuáles son los puntos de trasbordo?
¿Cuáles son los centros comerciales que visita?
La geografía humana como disciplina nos ayuda a conocer fenómenos como entidades de población, culturas, redes de comunicación y otras modificaciones realizadas por el hombre en el entorno físico. En este sentido, la geografía aporta al marketing la consideración del hombre como un ser con una dimensión espacial y nos permite entender y adelantarnos a la evolución del consumidor.Dentro del mundo de la distribución comercial, las técnicas de geomarketing permiten analizar la realidad económico-social desde un punto geográfico, a través de instrumentos cartográficos y herramientas de la estadística espacial. Así podemos incrementar la rentabilidad de las acciones comerciales a partir de incorporar las variables de ubicación a los modelos de segmentación.Al mismo tiempo, los aspectos geográficos nos ayudan a abordar cuestiones críticas de la distribución comercial. Entre ellas se distinguen siete variables:
¿Cuál es la mejor localización para mi negocio? ¿Es la óptima?
¿De que forma afecta al valor estratégico de mi red?
¿Cuántos puntos de venta debo mantener? ¿Están demasiado cerca o demasiado lejos unos de otros?
¿Cuál es la mejor combinación de localización para obtener la mayor rentabilidad?
¿Dónde puedo encontrar nuevos mercados?
¿Cómo puedo abastecer mejor los mercados en los que se encuentra mi negocio actualmente?
¿Dónde están los competidores? ¿Cómo me afecta su estrategia de localización?
En este sentido, resulta clave recopilar datos de fuentes primarias de la red y fuentes secundarias; analizar información de datos sociodemográficos, perfil y hábitos de consumo; y utilizar modelos de gravitación que nos permitan definir el tránsito y tráfico de la zona. Para llegar a un mapeo de datos inteligentes, en el cual quede definida la ubicación teórica de los puntos de venta de la red: más rentables, factibles y eficientes.De esta manera un modelo de localización estratégica facilita modelizar la demanda actual, proyectar el mercado potencial y conocer el escenario competitivo. Al mismo tiempo permite identificar oportunidades, para desarrollar nuevos productos o servicios o nuevas estrategias de marketing de recintos a partir de conocer al cliente por cluster de consumo.Citando a Séneca: “Si no se sabe a qué puerto se quiere navegar, ningún viento es favorable”. El geomarketing, como estrategia de localización, nos define el mejor puerto para aprovechar el mejor viento.
Marcela Seggiaro, consultora de marketing de Paradigma Sociedad de Soluciones
Especial para iProfesional.com




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