sábado, enero 15, 2011

Un extraño concepto de «oferta», aunque expresado de forma honesta, en cualquier caso


Un extraño concepto de «oferta», aunque expresado de forma honesta, en cualquier caso


Desde luego… engañar, no engañan
(Lo fotografió Sebastià en el Leroy Merlin de Marratxi (Mallorca), ¡gracias por enviarlo!)

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Carrefour vendióen el país 5 billones de pesos en 2010

 Carrefour vendióen el país 5 billones de pesos en 2010
El crecimiento del consumo interno y las nuevas aperturas de locales pusieron a sonar más la registradora de Carrefour Colombia durante el año pasado.
Pasó de largo los 4 billones de pesos en ventas y alcanzo los 5,09 billones de pesos (1.704 millones de euros).
En el 2009, las ventas de esta cadena de origen francés en el país habían sumado 3,72 billones de pesos (1.347 millones de euros), por lo que el incremento respecto a las de ese ejercicio fue 36,8 por ciento en términos nominales. El último trimestre de 2010 los ingresos de Carrefour Colombia subieron de 408 a 484 millones de euros.
El balance revelado por Carrefour en París, refleja el excepcional desempeño de la confianza de los consumidores colombianos y un crecimiento importante en las ventas de bienes durables como electrónicos y electrodomésticos. También contribuyó al buen resultado de Carrefour Colombia el aumento de la superficie de venta (aperturas de nuevos supermercados). El año pasado replicó en Colombia el formato mayorista brasileño Atacadao, contribuyendo igualmente al resultado final.
De otra parte, Carrefour, que es la mayor cadena de supermercados europeos y la segunda de Colombia, también mantuvo su objetivo de ganancias para el 2010 dado que superó expectativas con un incremento de 5,1 por ciento en las ventas del cuarto trimestre del año pasado, que fueron conducidas por la fortaleza de los mercados emergentes.
A nivel mundial, la facturación del grupo francés alcanzó 101.018 millones de euros en el 2010, un 5,8 por ciento más que en 2009.
Carrefour ganó en el 2010 unos 3.025 millones de euros. Además, tiene 15.500 tiendas en 35 países y sus ventas del cuarto trimestre del año pasado subieron a 27.128 millones de euros, cifra que superó los 26.900 millones de euros calculados en un sondeo de Reuters.

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viernes, enero 14, 2011

¿Enfadado o arrepentido?: La importancia de aprender a leer las emociones del consumidor insatisfecho


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¿Enfadado o arrepentido?: La importancia de aprender a leer las emociones del consumidor insatisfecho

Quién no ha acudido alguna vez a un hotel o restaurante y se ha sentido defraudado con el servicio ofrecido, bien porque la calidad del mismo no cumplía con las expectativas que se había creado o porque la empresa prometía cosas que no se correspondían con la realidad. Por uno u otro motivo, al final, todos, como consumidores, nos hemos sentido insatisfechos alguna vez y hemos tenido diferentes reacciones ante esta situación.
Las consecuencias derivadas de esa insatisfacción son muy negativas, ya que es muy probable que el consumidor insatisfecho abandone la relación con el proveedor de servicios, experimente desconfianza hacia él o hable negativamente del mismo, con el perjuicio que esto conlleva para la empresa. Por eso, la actuación del proveedor del servicio en el momento que se produce el fallo y la respuesta a dicha situación es de suma importancia porque determinará los comportamientos del consumidor en el futuro.
Es más, muchas veces, el cliente decide abandonar al proveedor no por el fallo en sí mismo sino por una respuesta inadecuada de la empresa ante el mismo. Pero no todos los clientes insatisfechos comunican sus emociones o sentimientos a la empresa. Algunos optan por el silencio haciendo imposible que ésta ponga en marcha estrategias de restitución del servicio, mediante el ofrecimiento de descuentos, disculpas, etc. con el objetivo de recuperar, de alguna manera, la confianza del consumidor.
Hay diversos factores que hacen que el consumidor manifieste o no esa queja y, entre ellos, destacan las emociones negativas experimentadas en el encuentro del servicio y que son objeto de estudio en un reciente trabajo de investigación del Departamento de Investigación de Mercados de la Universidad de Valencia, en España, titulado "Consecuencias de la insatisfacción del consumidor: Un estudio de servicios hoteleros y de restauración". El estudio fue publicado en Universia-Business Review.
Los tres autores del mismo, el catedrático Enrique Bigné y los profesores Rafael Currás Pérez e Isabel Sánchez García, parten del supuesto de que estas emociones negativas poseen características específicas que hacen que el consumidor reaccione de formas distintas. Ellos creen que conocer esos patrones de comportamiento en función de la emoción predominante- en este caso, enfado vs arrepentimiento- durante una experiencia insatisfactoria sería muy valioso para los gerentes y la puesta en marcha de estrategias de restitución del servicio por parte de la empresa.
Enfado vs arrepentimiento
Los autores escogieron para su estudio estas dos emociones –el enfado y el arrepentimiento- "porque son las que habitualmente emergen en el consumidor cuando éste vive una experiencia insatisfactoria". Según explican, la naturaleza de ambas emociones es muy diferente. El enfado hace referencia a la sensación que experimentan los sujetos cuando perciben una alta responsabilidad de los demás ante eventos negativos, además de un elevado control de otras personas sobre los mismos. "Estos consumidores sienten como si explotaran, pueden experimentar sentimientos de violencia y piensan en lo injusto de la situación", señala el trabajo de investigación.
El arrepentimiento, por su parte, es la emoción que se experimenta cuando alguien se da cuenta o imagina que la situación que vive podría haber sido mejor si hubiera tomado otra decisión. Por ejemplo, un turista podría sentirse decepcionado con la elección de un hotel si le habían prometido vistas al mar y, cuando llega al establecimiento, la habitación finalmente asignada no ofrece dichas vistas. Pero experimentaría arrepentimiento si le hubieran dado la opción de pagar un suplemento para tener mejores vistas y hubiera decidido no hacerlo. Cuando llega al hotel, se arrepiente porque piensa que haber pagado el sobreprecio hubiera valido la pena.
La típica reacción de alguien arrepentido es autoculparse por las consecuencias y un fuerte deseo de deshacer la situación en la que se encuentra. En definitiva, "los sujetos enfadados culpan a otro –la empresa o empleado- por el hecho ocurrido, mientras que los arrepentidos se culpan a sí mismos de la experiencia insatisfactoria", señalan.
Según los autores esta diferente naturaleza de las emociones se pone de manifiesto en el grado y en el modo en que se comportan los consumidores en el momento de la queja, posteriormente a que haya ocurrido la experiencia negativa y en cómo reciben las estrategias de recuperación de la confianza que pudiera aplicar la empresa. Para evaluarlo hicieron un estudio empírico en el sector de los servicios hoteleros y de restauración "porque tienen un elevado componente hedónico, por lo que se espera que se refuerce el papel que cumplen las emociones en las reacciones del consumidor ante una experiencia negativa".
En el mismo, se pidió a consumidores españoles mayores de 18 años que afirmaban haber vivido una experiencia insatisfactoria con un servicio turístico, como un hotel o un restaurante, en el año anterior a la recogida de información, en 2008, que contestaran a un cuestionario utilizando para ello la experiencia retrospectiva. Al final, se obtuvieron 660 cuestionarios válidos y se dividió a los participantes según la predominancia de una emoción u otra.
Las apariencias engañan…
Las conclusiones a las que llegaron pusieron de manifiesto que los llamados "consumidores enfadados" tienden a quejarse más a la empresa, verbal o formalmente, solicitando la hoja de reclamaciones, pidiendo la devolución del dinero, acudiendo a asociaciones de consumidores o emprendiendo acciones legales. "Este resultado es razonable, por cuanto los sujetos enfadados creen que es la empresa la causante de la circunstancia indeseada, piensan en lo injusto de la situación, y sienten como si explotaran sobrepasados por las emociones, lo que se traduciría en una mayor tendencia hacia la queja, utilizada como válvula de escape para aliviar la tensión acumulada durante la experiencia".
Es decir, probablemente este consumidor genere situaciones más delicadas y de mayor tensión para la empresa y sus empleados en el momento del fallo del servicio que el consumidor arrepentido, pero también, le está proporcionando información muy valiosa que, bien gestionada, le da la oportunidad de subsanar el problema y evitar que ocurra en el futuro.
Por su parte, el "consumidor arrepentido", al considerarse él mismo parte culpable del fallo en el servicio, sentirá más comprensión y empatía con los empleados. Por lo que, previsiblemente, estos consumidores se mostrarán más calmados y conciliadores en el momento en que se produzca la situación de insatisfacción. Sin embargo, los autores advierten que esta actitud aparentemente positiva es una autentica amenaza para la empresa, ya que estos consumidores, "no se quejan, no comunican su insatisfacción, pero no regresan y hablan mal de la misma". Así, el sujeto arrepentido, al contrario que el enfadado, "puede pasar inadvertido para la empresa, siendo igualmente peligrosos en términos de comportamiento negativo, con lo que se complica la aplicación de estrategias de restitución de la confianza del servicio".
En este sentido, escriben, "los sujetos enfadados son más transparentes y fácilmente detectables que los arrepentidos y la empresa podrá poner en marcha de forma más rápida estrategias de compensación".
… pero los gestos, no.
Teniendo en cuenta los resultados obtenidos, los autores del trabajo de investigación recomiendan a los gestores poner el parche antes de la herida y proponen que la empresa se esfuerce en reducir la probabilidad de que el cliente acabe enfado o arrepentido. Para ello sugieren que no sólo se implementen acciones de mejora de la calidad del servicio o el diseño de mapas detallados de la prestación del mismo (blueprinting), "también es fundamental desarrollar estrategias de segmentación y posicionamiento acordes a las ventajas competitivas de la organización y comunicar dicho posicionamiento de forma clara y prometiendo únicamente lo que realmente se puede cumplir".
Si los consumidores pueden comparar los servicios de la empresa con los de los competidores, "se lograría reducir la presencia de sujetos arrepentidos puesto que les ayudaría a realizar una elección más satisfactoria". Por ejemplo, "un alojamiento hotelero que va a dirigido principalmente a familias no debería tratar de venderse también a parejas, dado que estas últimas suelen buscar tranquilidad y ésta puede ser más difícil de conseguir con la presencia de niños. Si se enfatiza que el hotel es para familias con niños sin tratar de destacar también su idoneidad para parejas, se conseguirá una reducción de clientes arrepentidos y, por tanto, también de las consecuencias comportamentales negativas mencionadas". Esto, dicen, es muy importante porque aunque el hotel ofrezca una calidad de servicio impecable "es posible que no pueda satisfacer simultáneamente a cualquier segmento".
Durante el encuentro del servicio cobra un gran protagonismo la adecuada planificación del servicio y todos los aspectos relacionados con la calidad del mismo. Un aspecto que los autores recomiendan tener en cuenta es "la escucha activa del cliente" y el intento por ofrecerle asesoramiento, así como considerar sus necesidades y no únicamente tratar de "vender" el producto.
Para ilustrarlo, los autores citan la necesaria intervención del camarero en un restaurante para averiguar los gustos del cliente y evitar que, por ejemplo, pida demasiada cantidad de comida o un plato con demasiadas especias, lo que podría provocar su arrepentimiento en la selección de la comida ese día. Y como los consumidores muchas veces no expresan su insatisfacción sería recomendable que los empleados preguntasen a los clientes acerca de su satisfacción, pero sin ser demasiado agresivos a la hora de hacer las averiguaciones.
En este sentido, los autores consideran incluso interesante formar a los empleados en métodos de observación de signos externos (actitudes, frases  o expresiones corporales) "que muestren si un determinado sujeto está experimentando una sensación de arrepentimiento o de enfado u otras emociones". Ellos comentan que existe toda una línea de investigación en el área de la psicología que analiza el lenguaje anatómico-fisiológico de las emociones que permiten identificar expresiones faciales con emociones específicas. "Expresiones faciales como arquear las cejas o apretar los labios se han asociado a sentimientos de enfado".
Por otro lado, si un empleado se encontrara con un cliente enfadado o arrepentido debería llevar a cabo diferentes acciones de restitución del servicio. En el caso de encontrase con un sujeto experimentando arrepentimiento, escriben, "debería encaminar sus esfuerzos en reducir la sensación de culpabilidad y responsabilidad de lo sucedido que conlleva el arrepentimiento; por ejemplo, pedir disculpas y asumir la plena responsabilidad por el suceso insatisfactorio, recordar sus ventajas diferenciales frente a otras alternativas del mercado (minimizando el atractivo de la competencia), presentar el hecho como algo aislado e infrecuente u ofrecer compensaciones en forma de tickets descuento".
Esto, dicen, debería ayudar a suavizar el principal efecto negativo que tiene el arrepentimiento: la mayor intención de abandonar a dicho proveedor de servicios por parte de los sujetos que experimentan ese estado anímico. Este sentimiento también invade al consumidor enfadado, pero al arrepentido más porque, según creen, éste conoce mejor la existencia de otras alternativas superiores en el mercado, y precisamente se siente arrepentido por haber elegido mal. "Este consumidor tomó una decisión más informada que el sujeto enfadado que, en muchos casos, no tiene en mente dichas alternativas o simplemente no sabe que éstas son más atractivas que la elegida en primer lugar".
Además, los autores sugieren que los gerentes lleven a cabo acciones similares de restitución del servicio si la emoción predominante es el enfado, ya que la investigación no encontró diferencias en la valoración de las distintas estrategias de recuperación del servicio entre los dos tipos de sujetos. En ambos casos, dicen, "el ofrecer una disculpa o explicar las causas de la insatisfacción y decir qué es lo que la empresa va a hacer para solucionar el problema pueden ser más efectivos para suavizar emociones negativas que el ofrecer un descuento u otro tipo de compensación económica".
Nunca, escriben, las empresas proveedoras del servicio deberían ofrecer el silencio como explicación a una experiencia insatisfactoria porque la respuesta que den al cliente determinará la pérdida de ese cliente o su comunicación boca-oído negativa.
Por último, después de ofrecer el servicio, los gerentes deberían tratar de sacar el máximo provecho a la experiencia, aunque no se haya cumplido con las expectativas del cliente. Éstos deben retroalimentar un proceso de aprendizaje continuo que permita prevenir situaciones en futuros encuentros y para ello los autores sugieren que se establezca un sistema de comunicación bidireccional fluido -desde el personal de contacto con el cliente hacia la gerencia y viceversa- que permita maximizar dicho efecto aprendizaje.


Publicado el: 12/01/2011
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martes, enero 11, 2011

Medellín Imparable


Producto del espíritu emprendedor de su gente y su clase dirigente del sector público y privado, durante muchos años se consideró a Medellín como la ciudad industrial de Colombia; Fabricato y Coltejer fueron símbolos de su emprendimiento. Pero con visión estratégica sus líderes se dieron cuenta a tiempo que el cambio hacia la modernidad y al desarrollo, lo definen tres palabras: globalización, innovación y competencia.
En este contexto, han hecho de Medellín un destino turístico de talla mundial; se nota desde que se aterriza en el moderno aeropuerto internacional ubicado en Rionegro. Se destaca el entorno verde y limpio de la vía que conduce a la ciudad. Los taxistas son amables; la atención en los hoteles y en los sitios visitados, denotan una cultura para atender, impresionar y agradar al turista. Al fin y al cabo, “turista satisfecho, vuelve y trae más turistas”.
Impresiona el aseo de calles y zonas verdes debido a la alta calidad del servicio y a la cultura ciudadana. Para el tráfico y la movilidad urbana, disponen de vías de muy buena calidad, sin un hueco. El metro de la ciudad, de cuarenta kilómetros de longitud, se distingue por ser uno de los más modernos, eficientes y aseados del mundo; ni una colilla, ni un asomo de graffíti, producto de lo que llaman sus usuarios, “la cultura metro”. Al norte de la ciudad, en su última estación, comienza el metro cable o teleférico como medio novedoso de transporte a las grandes comunidades del nor-oriente urbano. Los conductores son disciplinados, nadie pita sin necesidad, ni se acosa u ofende al de adelante cuando el semáforo está en amarillo.
El turista observa una ciudad verde, muy arborizada, con muchos parques y jardines esmeradamente cuidados y apreciados; esto demuestra que el desarrollo y el urbanismo no necesariamente tienen que ser enemigos de la naturaleza. Museos, iglesias, centros deportivos y culturales, excelentes centros comerciales, jardín botánico, edificio inteligente de las poderosas Empresas Publicas, impresionante Centro de Convenciones y las numerosas esculturas donadas del maestro Botero, son algunos de los muchos atractivos de una ciudad singular por su iluminación decembrina y su feria de las flores. Medellín es imparable.
Publicada por
Gustavo Galvis Hernandez

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lunes, enero 10, 2011

Recetas para innovar y escapar de la crisis, según Tom Peters

 Recetas para innovar y escapar de la crisis, según Tom Peters


Tenemos todo un año por delante que para algunos puede ser una angustia, para otros un período de transición y para el resto un ejercicio excelente. Tres perspectivas distintas que definen otras tantas maneras de plantarle cara a esta época de incertidumbre desde el punto de vista empresarial.
Buscando alguna solución práctica que invite al optimismo y para que el tercer grupo de los descritos tenga más adeptos, hemos encontrado al gurú de los negocios Tom Peters, quien nos da algunas claves prácticas para que no cunda el desánimo en su último libro “Las pequeñas grandes cosas”.
En él lanza algunas reflexiones muy útiles para que la innovación sea la alternativa que nos permita pasar por alto la crisis, contestando a preguntas como ésta: ¿Cómo podemos hacer lo que nunca se ha hecho antes? O dicho de otra manera, ¿qué proyecto podemos sacar adelante que mejore la experiencia del cliente de forma “drásticamente diferente” a la de nuestro competidor, que además haga que captemos nuevos clientes y nos ayude a aumentar la facturación?

Globalización y excelencia

Bueno, no parece algo sencillo de contestar a primera vista, pero Peters ofrece algunas ideas preliminares:
  • Aunque todo el mundo hable de la globalización como la gran excusa que explica por qué van mal las cosas, la verdad es que influye muy poco en nuestras vidas porque nuestras empresas venden una parte casi testimonial de sus productos y servicios más allá de las fronteras nacionales
  • La excelencia no es exclusiva de las grandes corporaciones sino que está en la farmacia del barrio en la que depositamos nuestra confianza, en el comerciante donde hemos comprado siempre porque nos vende productos de calidad y en el empleado de la gasolinera cuya amabilidad supera el trabajo que desempeña
  • Quienes de verdad mueven el dinero son las mujeres por aquello de que son las que manejan la economía familiar, donde los presupuestos se disparan, sin perder de vista a las generaciones de más de 50 años de edad, cuya posición ya desahogada les permite tener más lujos. Unas y otros reúnen casi todo el dinero disponible para gastar, de modo que no hay que perder mucho tiempo en atender especialmente a los supuestos creadores de modas (jóvenes) porque no tienen un duro
  • Definitivamente, la mayoría de nuestros trabajos no están amenazados por China, India o cualquiera de los países emergentes
Esta radiografía hecha desde el punto de vista norteamericano tampoco dista mucho de nuestra realidad, aunque cada entorno económico tenga sus matices particulares.

Recetas para innovar

Pero volvamos al concepto del principio, cómo innovar para que nuestra industria destaque sobre la competencia, cómo dar con la gran idea. Para ello lo primero es tener predisposición, actitud para encontrarla, dar vueltas y vueltas y más vueltas, equivocarse y volver a empezar hasta dar con ella, o al menos conseguir una aproximación a lo que puede ser la gran idea.
Hay que pensar diferente captando ideas de todos los lados. Supongamos que su empresa fabrica componentes de alto contenido tecnológico y que está harto de leer documentación que siempre habla de lo mismo, de lo suyo. ¿Por qué no entablar una conversación con el encargado del supermercado que tenga más a mano para que le cuente cómo consigue mantener la tienda en orden? ¿O con el entrenador de baloncesto del colegio de su barrio sobre cuál es su método para inculcar a los jugadores esa motivación que tienen todos los equipos deportivos? Mejor aún, que esa conversación privada se convierta en una pequeña conferencia que escuchen sus empleados.
Los grandes descubrimientos surgen de los pequeños detalles. Lo básico es mejor que lo brillante, por lo que no se consiguen grandes gestas si no se ponen los pies en el suelo. Desde la humildad es más fácil acometer proyectos originales.

Conclusiones

Innovar, ese verbo mágico que muchos emplean pero que casi nadie sabe conjugar en valor, significa pensar, probar, arriesgarse, emprender, equivocarse y volver a empezar. Algo que puede ser agotador, pero que hay que convertirlo en estimulante. La solución está en manos de cada uno, pero por voluntad que no quede.
En Blog SAGE: Las pymes también pueden y deben innovar
Más información | “Las pequeñas grandes cosas”, Tom Peters
Imagen | FlyingSinger


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Droguerías se convierten en un negocio para grandes cadenas

 Droguerías se convierten en un negocio para grandes cadenas

Droguerías, un negocio para grandes cadenas
Foto: Archivo / EL TIEMPO

Cafam se crece tras acuerdo con Éxito, Colsubsidio planea expansión y Carrefour busca nuevo aliado.

La reciente alianza entre Éxito y Cafam deja a la caja sin la administración de supermercados pero la concentra en el negocio de las droguerías, una actividad que relega a la farmacia de barrio y la convierte en un escenario de grandes jugadores.
Como Cafam, otros actores dan la pelea por un mercado estimado en 4 billones de pesos. Es el caso de firmas como Olímpica, Colsubsidio, Farmasanitas, La Rebaja, Acuña y de las venezolanas Locatel y Farmatodo.
Además de las ventas al público, varias participan de negocios institucionales con clínicas, hospitales y empresas de medicina prepagada.
Álvaro Del Castillo, gerente nacional de Medicamentos de Cafam, explica que la meta es que el 26 de enero la marca asuma todas las droguerías de Éxito en el país. De esta manera completará la administración de 160 droguerías, mientras que antes de la alianza tenía 69.
La expansión le permite elevar sus ventas de 170.000 millones del 2010 a 290.000 millones este año. "Nos hemos preparado para esta operación desde el punto de vista tecnológico y desde la parte administrativa, haciéndola más sólida y más fuerte" explica.
Sobre la evolución del sector, señala que hace unos años la gente iba a comprar el medicamento y no tenía muchas alternativas. Hoy son grandes cadenas más eficientes en sus compras y más profesionales en el servicio.
A lo anterior, se suma que con el mayor acceso a los medicamentos por la Ley 100, las droguerías han tenido que complementar su oferta, con el perfil de pequeños supermercados.
Es probable que por el fortalecimiento del Éxito en el campo de droguerías, gracias a la alianza con Cafam, su competidora Carrefour no se quede atrás, ya que está por vencerse el acuerdo para que en sus hipermercados operen farmacias Colsubsidio. En el sector se habla de que busca nuevo aliado y que Farmasanitas es la que podría estar más cerca de un acuerdo.
Colsubsidio es otro jugador del negocio. Alejandro Fajardo, jefe de la división comercial, destaca su fortaleza en la operación de 139 establecimientos al público y el objetivo de crecer más este año.
"Ya las droguerías dejaron de ser un sitio para conseguir lo que receta el médico. Damos la posibilidad de que las personas puedan adquirir cosas dirigidas hacia su bienestar", dice Fajardo.
En ventas totales el año pasado creció 6,5 por ciento. La caja desarrolla un plan de servicio al cliente, hace seguimiento a los productos de mayor demanda y, en razón de eso, cuenta con estrategias de mercadeo como los clubes para personas que sufren del colesterol o la tensión alta.
"La marca ha sido clave y nos hemos vuelto un formato de conveniencia. Los supermercados, de la mano de las droguerías, han sido un beneficio de mayor cercanía para los clientes y los afiliados". dice el directivo de Colsubsidio.
Comercio detallista de las medicinas está atomizado
Juan Diego González, gerente financiero de Farmasanitas, dice que en América Latina y en Colombia el mercado de las farmacias está atomizado y todavía falta que se definan aún más quiénes se quedarán con el mercado, para beneficio de un consumidor que busca mejores precios.
El ejecutivo o explica que Farmasanitas tienen cuatro áreas de negocios: la venta directa al público, la venta directa a clínicas y hospitales, la venta a contratos con IPS y empresas de medicina prepagada, y el modelo de 'outsourcing' de la farmacia intrahospitalaria que consiste en la dispensación, almacenamiento y entrega de medicamentos en las principales clínicas del país.
La venta al público en el 2010 fue el 11 por ciento de las ventas totales, pero la meta es que este año sea de 17 por ciento, en virtud de la meta de crecimiento de locales al público de 93 a 139 droguerías. Así, el propósito de esta cadena es crecer 18,3 por ciento.
Pequeños bajo 'sombrillas'
Maximio Visbal, presidente de Asocoldro, gremio de pequeños droguistas, dice que si bien ha arreciado la competencia por la llegada de grandes competidores, los pequeños se han podido mantener porque han estado al lado de quienes tienen el músculo para hacerse a las grandes negociaciones con las firmas de medicamentos. Ese es el caso de Copidrogas que suma alrededor de 4.500 droguerías afiliadas. Según las estadísticas más recientes, es la primera cooperativa del país por ingresos, al sumar al año 801.150 millones de pesos. Esta empresa también franquicia la red bajo la marca FarmaCenter. Otra firma es Copservir que tiene la cadena La Rebaja. La cooperativa tiene más de 600 puntos de venta. Para Visbal, nuevos actores recomponen el mercado y, en esa medida, hay más comensales para una torta que, si crece, es vía aumento de precios, pero no por mayor demanda de medicamentos formulados. De hecho, las cifras del Dane muestran un descenso en la comercialización de productos farmacéuticos. Por eso, productos colaterales o complementarios como de cosmética, aseo personal o miscelánea, así como los medicamentos de venta libre, compensan el negocio a favor, explicó Visbal.
CONSTANZA GÓMEZ G.
Redacción Económica


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La falsa disyuntiva entre los anuncios de respuesta directa y los anuncios de “branding”


 

La falsa disyuntiva entre los anuncios de respuesta directa y los anuncios de “branding”

Por César Pérez Carballada





Cuando se busca catalogar a los anuncios, muchas veces se utiliza una clasificación que los divide entre respuesta directa y “branding”.

Típicamente unos buscan una respuesta inmediata y van directamente al punto –“llame ya”- mientras que los otros están llenos de emociones y buenos sentimientos que van al corazón. Las agencias de publicidad, las agencias de medios, los creativos y todos los involucrados en su desarrollo tienden a diferenciar entre esos tipos de anuncios, dando por sentado que ambos tienen objetivos diferentes y, por ende, características distintivas.

Anuncios de respuesta directa serían no solo los “infomerciales” que salen tarde por la noche en la TV sino también aquellos de menor duración que vemos durante el día, por ejemplo, los que emite la aseguradora Línea Directa (ver a continuación), donde comunican claramente y sin ambigüedades los beneficios de sus pólizas seguidos de un número telefónico a donde llamar inmediatamente.

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(si no ve el anuncio, haga click aquí)

Anuncios de “branding” serían, por ejemplo, los que emite L’Oreal para sus productos de belleza o los que emite P&G para Gillette (ver a continuación), donde explican los atributos de los productos en un tono más sofisticado, con mayores valores de producción, buscando formar una imagen favorable en la mente de los consumidores hacia la marca.

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(si no ve los anuncios, haga click aquí)

Pero esa diferenciación puede resultar sumamente peligrosa. Generalmente se sobreentiende que un anuncio de respuesta directa tiene como objetivo primario generar ventas, ¿pero cuál es el objetivo de un anuncio de “branding”?

Allí comienzan los problemas. La respuesta más común que dan aquellos que no saben de lo que hablan es que un anuncio de “branding” busca generar “marca” sin dar más detalles, como si ese no fuera el objetivo de todas las actividades de marketing (incluyendo también, aunque en menor medida, a los anuncios de respuesta directa). Otros dicen que el objetivo es generar “notoriedad” (es decir, que más gente conozca la marca) como si ella fuera en sí misma el objetivo final de la publicidad. Pero el grado de desconocimiento de algunos profesionales del tema queda al descubierto cuando, al analizar una pieza de “branding” o al planear su producción, se les comenta que el anuncio “no vende”. La respuesta que se puede escuchar ante este reclamo es que justamente el anuncio es de “branding” y por ende no busca vender.

Si alguna vez escucha ese tipo de respuesta, deben comenzar a sonar todas las alarmas en su cabeza.

¿Cómo que un anuncio no busca vender? Entonces más que un anuncio, será una pieza de arte, y para eso están los artistas o las fundaciones sin ánimo de lucro. La razón de ser de una empresa es maximizar la utilidad para sus accionistas (i.e. sus dueños) y el marketing contribuye a ese objetivo al buscar el aumento de las ventas utilizando eficientemente sus recursos.

EL OBJETIVO DEL MARKETING ES VENDER


Ya lo decía uno de los creadores de la publicidad moderna, David Ogilvy (1) describiendo un fenómeno que comenzaba a ocurrir a finales de los 1980s: “cuando escribo un anuncio no quiero que me digas que es ‘creativo’, quiero que lo encuentres tan persuasivo que te haga comprar el producto, o comprarlo más frecuentemente. Esa ha sido mi filosofía durante 50 años y nunca la he abandonado (…) Basta de publicidad que se olvida de ofrecer un beneficio, o que hace un alarde de pura creatividad, si alguien se gasta su presupuesto entreteniendo al consumidor, es un tonto, ningún ama de casa comprará un detergente porque el fabricante le ha contado un chiste en la TV la noche anterior, lo compra porque le han prometido un beneficio (…) hoy en día los departamentos creativos y las agencias están dominados por especialistas en TV cuya ambición solo es ganar premios en los festivales, estos creativos del entretenimiento le han provocado un gran daño al negocio de la publicidad”.


Esa mentalidad no solo es perjudicial para la industria de la publicidad, es también culpable del declive de las marcas. Si la publicidad solo entretiene y gana premios pero no vende es porque no promete ningún beneficio y si no promete ningún atributo diferencial, ¿cuál es la razón para pagar un precio “premium” por una marca reconocida?

Claro que es más fácil sucumbir al ego y buscar aplausos en lugar de ventas, pero cuanto más se enfocan los publicitarios en producir anuncios “creativos” per se, menos razones le dan a los consumidores para elegir a las marcas y como resultado, más se debilitan los vínculos entre estas y las personas.

Tal como decía hace ya mucho tiempo Claude Hopkins (2), uno de los padres-fundadores de la publicidad: “La publicidad no existe para generar un golpe de efecto, no está para poner el nombre del producto en frente de las personas, el rol de la publicad es vender. Enfaticemos ese punto: el único propósito de la publicidad es lograr ventas”. Varias décadas después, Sergio Zyman (3), el ex-Director de Marketing de Coca-Cola Company, coincidía: “El marketing tiene que impulsar a los consumidores a actuar. El objetivo no es la notoriedad. No quiero un consumo virtual, lo único que importa es el consumo real (...). Una campaña que no consiga que los consumidores compren más es, por definición, una porquería".


Así como la publicidad, toda actividad de marketing debe tener como objetivo vender más productos, a más gente con mayor frecuencia. La única diferencia entre todas las potenciales actividades del marketing es en cómo contribuyen a ese objetivo.

Algunas actividades generan ventas directas e inmediatas, por ej. una promoción en el punto de venta, mientras que otras son indirectas y toman más tiempo, por ej. el entendimiento que proviene de una investigación de mercado se aplicará a otras actividades que a su vez generarán ventas. De la misma manera, una reducción en el precio probablemente incremente las ventas a corto plazo, mientras que un anuncio en TV requiera cierto tiempo hasta que la frecuencia de visionado del mismo sea suficiente como para alterar las actitudes y comportamiento de los consumidores.

Justamente esa dilación en el tiempo brinda la tentación o facilita el error de olvidarse del verdadero objetivo de toda actividad de marketing: incrementar las ventas.

Regresando a los anuncios de “branding”, es evidente que ellos son diferentes de aquellos anuncios de respuesta directa aunque debemos reconocer que ambos buscan vender. Para entender qué los diferencia y cuál elegir debemos recordar cómo se debe decidir el tipo de anuncio a realizar en primera instancia.

PROCESO DE DECISIÓN DEL CONSUMIDOR

Como hemos visto anteriormente, las actividades de marketing representan una inversión a largo plazo que mueve a los consumidores a través de una serie de pasos, comenzando desde el conocimiento inicial del producto hasta llegar a su compra.

Una característica esencial de este proceso es que cada paso es requerido para pasar al siguiente, es decir, una persona inicialmente no conoce una marca, luego por efecto de las comunicaciones de marketing, sabe que existe (“awareness”), luego pasa a tener un conocimiento sobre esa marca (“knowledge”), luego se forma un estado afectivo por el cual le gusta o no la marca específica (“liking”), luego se forma una preferencia de esa marca por sobre otras (“preference”), luego esa preferencia se confirma para finalmente pasar a la acción y comprar el producto (“purchase”).


Lo interesante de este modelo es que reconoce una linealidad (cada paso ocurre después de los demás) y que cada paso es condición necesaria para los demás (sin los pasos anteriores no se pueden dar los posteriores).

Es así que los ejecutivos de marketing deben lograr que el mayor número posible de consumidores conozcan su marca (notoriedad), la considere como una marca potencial a comprar (consideración), la prefiera sobre otras marcas (preferencia), finalmente la elija (compra) y en última instancia, vuelva a comprarla (lealtad).

Cada marca presenta una situación específica. Algunas marcas se enfrentan a un alto grado de desconocimiento (es difícil que un consumidor nos elija si no nos conoce) mientras que otras marcas a pesar de ser muy conocidas no resultan elegidas al momento de la compra.

El presupuesto de marketing de cada marca se debe invertir de acuerdo a estos cuellos de botella. Si una empresa tiene alto reconocimiento de marca pero no consigue ser la preferida, debe entender las razones por las cuales los consumidores eligen a la competencia (por ej. rediseñando el producto para ofrecer los atributos valorados por los consumidores) e invertir su presupuesto de forma acorde. Si una marca que es elegida frente a la competencia descubre que esa preferencia no se ve reflejada en la ventas debe actuar sobre esas barreras (quizás sea un problema de precio o simplemente que no tiene el nivel de distribución necesario para capitalizar la ventaja de producto).


Resulta muy ineficiente decidir en qué gastar el presupuesto sin saber dónde está el cuello de botella de nuestra marca. Aunque eso suene evidente, en el mundo real la mayoría de las empresas desconoce dónde está su cuello de botella, y si tienen presupuesto de marketing, simplemente hacen publicidad porque “es lo que tienen que hacer” sin darse cuenta que quizás otras herramientas sean más aconsejables para su situación en particular, y aún si la publicidad resultara ser la herramienta adecuada, el tipo de publicidad y el peso de diferentes mensajes dependerá de esos cuellos de botella.

En definitiva, los cuellos de botella en el proceso de decisión del consumidor son los que definen qué herramientas de marketing se deben priorizar.

LA FALSA DICOTOMÍA

Ahora bien, el objetivo de un anuncio llamado de “branding” es generalmente la comunicación de los atributos del producto de manera tal que los consumidores prefieran y compren a la marca en cuestión. Para lograr este objetivo esos anuncios deben comunicar claramente los atributos racionales o emocionales que harán que el consumidor elija a la marca anunciada sobre las demás marcas. Es evidente que para lograr la venta, los consumidores deben tener claro de qué marca se trata (notoriedad) pero en modo alguno este es el único objetivo del anuncio: se trata simplemente de un pre-requisito para lograr las ventas, en otras palabras, es una condición necesaria pero no suficiente. La TV está llena de anuncios que buscan incrementar la notoriedad sin convencer a nadie para que elija a la marca publicitada resultando un gran desperdicio de recursos.

Un anuncio de respuesta directa tratará de remover esencialmente los cuellos de botella asociados con la venta, pero un anuncio de “branding”, si bien puede actuar sobre los demás cuellos de botella, también tiene que estar asociado a las ventas.


Es aceptable que un anuncio de “branding” no tenga un “call to action” (llamado a la acción) tan explicito como el que tiene un anuncio de respuesta directa (por ej. mostrando un número de teléfono), también es aceptable que un anuncio de respuesta directa tenga un tono más enfocado en la venta inmediata, mientras que un anuncio de “branding” puede elaborar con mayor detalle una historia para vender el producto, pero ambos tipos de anuncios buscan, en última instancia, la venta.

La dicotomía entre ambos tipos de anuncios es llamativa al analizar diferentes medios. Algunos especialistas calculan que el 75% de la publicidad en TV es de “branding” mientras que el 80% de la publicidad en Internet es de respuesta directa (“clicks”). Cada vez que se discute el tema, un grupo de especialistas defiende en discusiones acaloradas a los anuncios de “branding” diciendo que son esenciales para tener éxito a largo plazo, mientras que otro grupo de especialistas los desprecia, defendiendo a los anuncios de respuesta directa al decir que son los únicos que logran ventas concretas.

Ambas posiciones extremas están equivocadas, porque los dos tipos de anuncios pueden llegar a ser útiles según la situación de la empresa, es más, en muchos casos se potencian entre sí: un anuncio de respuesta directa funciona mucho mejor si antes se ha logrado construir una imagen de marca alrededor de ciertos atributos relevantes y diferenciales en la mente del consumidor.


Al final del día, ambos tipos de anuncio tienen un gran común denominador. Como explica Perianne Grignon, ex-CMO de Sears (4): “los anunciantes de puro “branding” y los de respuesta directa miden la misma cosa. Solo que ambos lo hacen de maneras diferentes, a velocidades distintas y llaman a la medición de distinta manera. En la esencia de ambos está el deseo por un producto y más allá que lo llamen conversión o intento de compra, los dos llevan al mismo sitio: una compra”.

Si esto no se entiende comienzan a suceder todo tipo de disparates. Los creativos pueden insistir en incluir elementos irrelevantes para el consumidor que lo entretienen pero no aportan ninguna razón para la venta (dejando unos consumidores que comentan qué divertido o interesante es tal o cual anuncio, pero compran decididamente los productos de la competencia), las agencias de medios pueden proponer una mezcla de medios con un alto peso de “prime-time” aduciendo que los anuncios de respuesta directa no están en “prime-time” porque son “distintos y buscan vender” (como si los demás anuncios no buscaran lo mismo), y un sinnúmero más de barbaridades que ocurren todos los días.

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Recuerde que todas las actividades de marketing buscan vender, ya sea de forma directa o indirecta, en el corto o en el medio plazo. Cualquier actividad que no tenga un vínculo fácilmente identificable con las ventas debe ser cancelada inmediatamente para utilizar esos recursos en actividades más rentables.

Si alguna vez tiene que optar entre un anuncio de respuesta directa o de “branding”, utilice los cuellos de botella de su marca para decidir cuál es estos dos mecanismos es el más indicado y finalmente, recuerde que no importa por qué anuncio se decante, el objetivo final de ambos será la venta.


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